MEMORIAS
MEMORIAS Isaac Asimov
Título original: I, Asimov
Año de publicación: 1994
Editorial: Ediciones B
Colección: Vib nº 138/5
Traducción: Teresa de León
Edición: Febrero de 1998
ISBN:
Precio: 6,61 EUR

Isaac Asimov, sin ningún género de dudas, es el autor más conocido, respetado y reverenciado de la ciencia-ficción.

Hay otros muchos autores que le superan en todo o en parte, como literatos, como fabuladores, como articulistas, pero en lo que ninguno puede superarle es en popularidad y, cosa casi imposible, en el número obras publicadas.

En estas son las segunda memorias que escribió Asimov, las primeras, en 1977, se habían agotado hacía mucho y toda una serie de cuestiones crematísticas y temporales (el propio Asimov era consciente de que se le acababa el tiempo) le llevaron a finales de los ochenta a escribirla de nuevo, pero de una forma muy distinta a aquella primera, que se trataba simplemente de una exposición cronológica de su vida y obra.

En esta ocasión, y a instancias de Janet, su segunda mujer, Asimov no se limitó a desgranar los años. Escribió cortas entradas independientes de todo aquello que de alguna u otra forma le había marcado durante su vida, para finalmente ordenarlas cronológicamente. Por eso, en algunas ocasiones se producen extraños saltos en el tiempo e incluso repeticiones de sucesos, que únicamente hacen confiar en la sinceridad de Asimov al redactar este libro.

Realmente hay pocas cosas que un seguidor de la obra de Asimov (y prácticamente cualquier aficionado a la ciencia-ficción) no supiera ya. En sus recopilaciones (COMPRE JÚPITER, LA EDAD DE ORO DE LA CIENCIA-FICCIÓN, etc.) Asimov ya situaba de una forma notablemente desenfadada el tiempo y las circunstancias que rodeaban la escritura del mismo.

Sin embargo, el tono que usa en estas MEMORIAS no es nada festivo, y aunque ameno, como siempre en Asimov, tampoco es indulgente consigo mismo y así, confiesa que cuestiones, como su doctorado en biología, que casi todo el mundo ha usado como demostración palpable de que la ciencia-ficción no es un género escrito por patanes fantasiosos, fue el resultado final de una carrera académica desastrosa y eso si, muy sacrificada.

Tampoco le duelen prendas al reconocer su limitada capacidad como escritor. El era el primero en saber, y muy bien, cuales eran sus capacidades, que podía y que no podía escribir y como podía hacerlo. En este sentido es injusto acusar a Asimov de escritor poco dotado. Tanto él como sus compañeros de generación (Pohl, Kornbluth, Heinlein, Simak, Williamson...) se iniciaron en los pulp. Escribían para un medio en el que era necesario entretener a un lector sin grandes exigencias, únicamente la de rentabilizar al máximo los diez centavos que pagaba por el tocho de papel, si este objetivo se conseguía con un mínimo de dignidad, el trabajo estaba asegurado, y desde luego hay que tener en cuenta que Asimov no es precisamente un autor olvidado, y que su calidad intrínseca le hizo transcender a aquella primera época oscura, en la que la mediocridad era moneda común.

Asimov era muy consciente de esta y de otras muchas de sus limitaciones. Quien pensara que era dueño de un ego de dimensiones galácticas y se creía un genio sin parangón está muy equivocado. En estas memorias describe paso a paso como él mismo descubrió que de genio, nada. Académicamente, de párvulo casi prodigio paso a bachiller del montón para convertirse finalmente en un universitario bastante malo. Sin embargo había algo que sabía hacer mejor que la mayoría de sus condiscípulos, y eso era escribir, y con el tiempo se dio cuenta de que era capaz de hacer con una soltura y un dominio de la situación poco comunes algo que a la gente le aterra; hablar en público.

Con su familia tampoco es especialmente indulgente. A su hijo le califica sin reparos como vago inútil, admite sin ambages el tremendo error que fue su primer matrimonio, el gran respeto que sentía por sus padres, la adoración por su hija y su segunda mujer y, las diferentes relaciones con sus hermanos. En este sentido tampoco se muestra conciliador a la hora de hablar de sus colegas de profesión. Frío, distante y casi crítico, aunque no por ello menos admirador de su obra, con Heinlein, cálido con sus amigos, como Frederik Pohl o Lester del Rey, y profundamente agradecido a la mayoría de sus editores, entre los que Campbell siempre ocupó para él el número uno.

Este libro aclara también una leyenda negra que siempre ha rodeado a Asimov; la existencia o no de negros que le ayudaran a escribir la ingente cantidad de obras publicadas con su nombre en la portada. El tema es complejo por cuanto es el propio Asimov quien no se atribuye algunas de las obras que firma. Cuando ya era muy famoso, y quizá más como divulgador científico que como autor de ciencia-ficción, era continuamente requerido para prestar su nombre a obras de terceros. El objetivo obvio de todos (terceros y editores) era aprovechar el tirón comercial del apellido Asimov, pero era el propio Asimov, quien con una honestidad que le honra, insistía en participar de algún modo en el libro, ya fuera haciendo correcciones, aportando datos o escribiendo entradillas. Desde luego Asimov no era tonto, y si no le era posible colaborar, no tenía inconveniente en prestar su nombre si la obra le satisfacía, pero no la anotaba en su registro personal, e incluso insistía en que el verdadero autor fuera en primer lugar en la portada. Noble, pero generalmente, ignorada petición.

Otra cuestión que tira por tierra la teoría de los negros es que Asimov era adicto a la escritura. Para él, escribir era su mejor terapia, su mejor entretenimiento y su mejor droga. Podía pasarse horas escribiendo ajeno a todo lo que le rodeaba, y en las ocasiones en las que la vida le castigaba con sus peores reveses, se refugiaba en la escritura para evadirse de la realidad. No es extraña, por tanto, su fabulosa y extensa producción.

En fin, este es un libro interesante en todos los aspectos, entretenido (Asimov podría no ser un genio, pero le encantaba hablar de si mismo) y sobre todo con un enorme aporte de datos que harán comprender mejor la obra y motivaciones de este autor.

© Francisco José Súñer Iglesias, (1.017 palabras) Créditos