La República del Cielo. Milton, Blake y universos paralelos en «La materia oscura» de Philip Pullman
1.- En tierras fronterizas: recepción y polémica
por Francisco Gimeno

El presente texto constituye una reelaboración y ampliación de la conferencia La República del Cielo. Huella de Milton y Blake en La materia oscura de Philip Pullman, que tuve la oportunidad de pronunciar —con escasa audiencia y menor repercusión, a decir verdad— en la Ibercón de Vigo y el Fórum Fantástico de Lisboa de 2005. De alguna manera, pues, este trabajo pretende paliar mi deuda y expresar mi reconocimiento a Philip Pullman, no sólo gran escritor sino persona extraordinariamente sencilla y cordial, por su amable respuesta a algunas cuestiones que le planteé por medio del correo electrónico, y por el generoso envío de su conferencia del 25 de octubre de 2005 en Londres, en calidad de presidente honorario de la Blake Society, sobre Blake's Dark Materials. Espero que, en la medida de mis posibilidades, pueda así contribuir a un mayor conocimiento de La materia oscura en nuestro país.


Es cierto —dijo mecánicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno—; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve.

Augusto Monterroso, EL PARAÍSO IMPERFECTO.
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La trilogía His Dark Materials de Philip Pullman, compuesta por las novelas LUCES DEL NORTE (NORTHERN LIGHTS, 1995) LA DAGA (THE SUBTLE KNIFE, 1997) y EL CATALEJO LACADO (THE AMBER SPYGLASS, 2000) toma su título de un verso de PARAÍSO PERDIDO de John Milton —obra de la que se erige como deliberada contrafigura— y se ha traducido en España de forma un tanto libérrima como La materia oscura.

Rodeada desde su aparición por un aura de polémica, bien por sus presuntos ataques al cristianismo —extensibles en realidad a cualquier forma de teocracia o de totalitarismo dogmático—, bien por el posicionamiento radical de Pullman contra la globalización capitalista o por sus críticas a ilustres predecesores como Tolkien y C. S. Lewis, lo cierto es que la ambición temática de La materia oscura, aunada al despliegue imaginativo de su compleja trama, han logrado conciliar su enorme popularidad entre el público juvenil y adulto con el reconocimiento general de la crítica literaria. Muestra de lo primero son su elevado número de ventas (más de ocho millones de ejemplares en todo el mundo, aproximadamente la décima parte de las ventas de Harry Potter) la creación de diversas versiones radiofónicas y teatrales —amén de la inevitable trilogía cinematográfica, cuya primera parte se encuentra en pleno rodaje—, sus numerosos galardones en el ámbito de la young-adult literature, y, en fin, su elección por la encuesta de la BBC Big Read, efectuada en el año 2003 entre 750.000 votantes, como la tercera obra más apreciada de la literatura británica, sólo por detrás de EL SEÑOR DE LOS ANILLOS y ORGULLO Y PREJUICIO de Jane Austen.

Por lo que respecta al reconocimiento crítico, la obtención del Premio Whitbread al mejor libro británico del año en 2001 por EL CATALEJO LACADO, hito que supuso la primera concesión de este galardón a una obra incluida dentro del campo de la literatura juvenil, desató una auténtica fiebre pullmaniana en los medios literarios anglosajones y dio pie a la proliferación tanto de estudios divulgativos de la más diversa especie como de tesis doctorales y sesudos análisis académicos sobre His Dark Materials que celebraban, o denostaban, su supuesta apoteosis de la intertextualidad. Una recepción a todas luces inusitada para un libro de género, pero que ha tenido escasa repercusión en nuestro país, donde, pese a haber recibido los elogios de autores tan reconocidos como Andrés Ibáñez y José María Guelbenzu (no ha aparecido, que yo sepa, fabulación más interesante desde LA HISTORIA INTERMINABLE, de Michael Ende), la trilogía, editada por Ediciones B y Círculo de Lectores, ha conocido un moderado éxito de ventas y pasado en general bastante inadvertida. Mi propósito, pues, no es otro que ofrecer, sin pretensión alguna de exhaustividad, un análisis crítico tanto de los factores implicados en el fenómeno Pullman como del calado literario de His Dark Materials, obra que, pese a la insistencia de su autor en considerarse ante todo un narrador de historias, ha abierto sin duda nuevos campos a los géneros de la fantasía y la literatura juvenil, ampliando extraordinariamente su ámbito temático mediante su audaz inversión del imaginario jerárquico de PARAÍSO PERDIDO. Una inversión inspirada directamente, digámoslo ya a fin de justificar el título de este trabajo, en la obra de William Blake.

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Philip Pullman

Aunque resultaría imposible, y quizá contraproducente, intentar resumir aquí la compleja trama de la novela, señalaremos que a grandes rasgos cabe sintetizarla mediante la imbricación de tres grandes líneas temáticas estrechamente interrelacionadas. En primer lugar, el marco general aportado por el UNIVERSO IMPLICADO, vasto entramado de infinitos universos paralelos, donde del Polvo o materia oscura, una vez que ésta alcanza su propia consciencia, surgen todos los demás seres conscientes, y cuyas partículas, gracias al enredo (entangling) cuántico, poseen alguna forma de pensamiento común que permite a ese Polvo comunicar mensajes a los personajes de los diversos mundos, mediante artilugios como el aletiómetro de la precoz Lyra —en el singular mundo de Lyra, donde cada persona posee un daimonion zoomórfico indisociable de su propio yo—, o el I Ching y el ordenador de la física Mary Malone en el nuestro. En segundo lugar, el hilo narrativo estructurado en torno a la rebelión contra la Autoridad dogmática, el falso Dios de las religiones monoteístas sobre el que se ha sustentado históricamente la alianza Iglesia-Estado, llevada a cabo por un ejercito multiversal comandado por la ambigua figura del padre de Lyra, Lord Asriel. Esta rebelión, sin embargo, sólo alcanzará sus fines gracias al esfuerzo y sacrificio de dos jóvenes de once y doce años respectivamente, Lyra y Will, procedentes de distintos mundos y ayudados en su empeño por infinidad de personajes variopintos —los giptanos, los osos y las brujas del Norte, los ángeles rebeldes, los diminutos gallivespianos, etc—; tras descubrir el amor, ambos habrán de renunciar a él en aras de un bien mayor, la liberación y fusión con el universo de las almas de la humanidad, atrapadas en un siniestro Hades o mundo de los muertos. Por último, como eje de la novela que permite focalizar las dos líneas anteriores, una profunda reflexión, trenzada en torno a la historia de Lyra y Will, sobre la naturaleza humana y el tránsito de Inocencia a Sabiduría/Experiencia: es decir, según ha señalado Pullman, aquel tránsito que constituye la historia central de nuestras vidas.

Este breve esbozo, insistamos, apenas si puede dar una pálida idea de la enorme variedad de fuentes y temas imbricados en el devenir narrativo de la obra. Si en una primera lectura resulta patente la huella de la tradición folclórica, los mitos de la Antigua Grecia, la Biblia, Dante, John Milton, William Blake... y la teoría de supercuerdas surgida del desarrollo de la física cuántica, el lector avisado (the astute) en palabras del prestigioso crítico del Washington Post Michael Dirda, descubrirá además en ella ecos y alusiones, entre otras cosas, a: la Cábala judía, la doctrina gnóstica, la controversia sobre la «muerte de Dios», Perelandra, los libros de Oz, El anillo de los Nibelungos de Wagner, los viajes de Eneas, Ulises y Dante al inframundo, la leyenda del Grial y el Rey Pescador, Peter Pan, la panteísta Oda a la inmortalidad de Wordsworth, la doctrina del Dios oculto y las especulaciones en torno a la pluralidad de universos, la ética situacionista —sólo las acciones, no las personas, son buenas o malas—, el fin de los milagros, La guerra de las galaxias, la evangelización colonialista, la doctrina de las simpatías del siglo XVII, la mitología popular en torno a los jesuitas como maestros de la realpolitik, los superhéroes del cómic e incluso la primera novela para adultos de Pullman, Galatea. Los fans de la ciencia-ficción y la fantasía encontrarán además resonancias de los libros de Terramar de Ursula K. Le Guin, los relatos de espada y brujería de Fritz Leiber sobre Fafhrd y el Ratonero Gris, o las elegantes narraciones sobre la Tierra Moribunda de Jack Vance.

Tal despliegue de alusiones cultas y populares exige inevitablemente su articulación dentro de una sofisticada arquitectura narrativa, cuyos ambiciosos propósitos la crítica académica, encarnada por Lauren Shohet en su ensayo Reading Dark Materials, ha descrito en términos un tanto anonadantes: la trilogía despliega para su lectura los cuatro niveles propios de las alegorías del Re nacimiento: narrativo (la historia de Lyra y Will); simbólico (al explorar la relación entre Lyra y Will como modelo de las relaciones entre arte/narrativa [«the Lyric»] y deseo/acción [«the Wil l»]); moral (indagando en la naturaleza de las personas y comunidades de los distintos mundos descritos en cada novela); y «anagógico» o apocalíptico (la batalla entre fuerzas sobrenaturales opuestas, que implica resolver el problema de la muerte) Afirmación esta última, digámoslo de paso, cuando menos osada, ya que Pullman ha negado reiteradamente que en su obra aparezca elemento sobrenatural alguno. Bajo los limitados poderes de personajes como las brujas de Laponia o las profecías aparentemente mágicas del aletiómetro subyacería siempre una explicación científica, más o menos especulativa, derivada de la propia noción cuántica respecto a la alteración de las leyes físicas en los distintos universos, aspectos analizados con notable claridad por John y Mary Gribbin en THE SCIENCE OF PHILLIP PULLMANīS HIS DARK MATERIALS (Hodder, Londres, 2003), traducido en nuestro país bajo el equívoco título de LOS MISTERIOS DE LA MATERIA OSCURA (Ediciones B, Byblos, 2005)

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John Milton

Reducida a la mera enumeración de sus fuentes, en cualquier caso, esta apoteosis de la intertextualidad podría espantar a cualquier lector (fuere o no avisado) temeroso de encontrarse ante una apoteosis de la fatuidad. Gracias sin embargo a su extraordinaria imaginación y pulso narrativo, Pullman consigue integrar tan diversos materiales —que más tarde intentaremos situar en su debido contexto— dentro de una historia fascinante y perfectamente accesible a quien carezca de instinto alegórico, jamás haya leído a Milton y Blake, nada sepa de la Cábala, la ética situacionista o los misterios de la mecánica cuántica, y ni siquiera, lo que no deja de ser una lástima, haya acompañado a Cugel el Astuto y Rhialto el Prodigioso en sus vagabundeos por la Tierra Moribunda. Lo realmente sugerente de la obra, como señala el novelista Michael Chabon, no es su acopio de referencias, sino su decidido propósito de situarse en las tierras fronterizas... donde todo misterio reside, en los márgenes entre la vida y la muerte, la infancia y la madurez, la física newtoniana y la cuántica, la literatura «seria» y «de género» A esta decidida confrontación con el misterio... de la que las historias más auténticas han obtenido siempre su fuerza se debe, sin duda, que His Dark Materials, anagógica o no, haya logrado tan excepcional acogida entre el público juvenil. Y nada mejor para resumir los motivos de este recibimiento que las palabras de una joven admiradora de Pullman, mi alumna de 4º de ESO Giovanna Buceta, cuyo comentario reproduzco sin comentarios:

Para mi forma de ver el mundo, La Materia Oscura es uno de los mejores libros que he leído.

Es un libro que sabe combinar las aventuras, la curiosidad de los niños por descubrir el mundo, las tretas que hacen para descubrirlo, y todo esto incrementado por la crítica a la sociedad y la iglesia.

Este libro, creo, hace pensar a quien lo lee si es cierto lo que nos inculcan nuestros mayores, muestra la visión de la vida como un camino que no lleva al cielo ni al infierno, sino a un foso común, demostrando así que todos somos iguales, seamos buenos o malos, mejores o peores... Además de la crítica a la iglesia al decir que Dios sólo fue Dios al principio de los tiempos, pero que fue sustituido y encerrado, careciendo así de todo poder.

Las palabras de Giovanna —cuyo sentido de la maravilla envidio con artrítica añoranza— nos permiten enlazar con otro elemento contextual que realza la singularidad de esta trilogía: los encarnizados ataques dirigidos contra ella por buena parte de los círculos conservadores y religiosos del Reino Unido. El toque a rebato de esta campaña fue, en 1999, un artículo del Catholic Herald donde se afirmaba que la obra de Pullman debía ser rechazada por los padres cristianos, pues sus temas: que los padres son el enemigo, que Dios es un fraude, y que no existe cielo alguno más allá de la leve expiración de las partículas atómicas constituían, según su culta autora, el material de que están hechos las pesadillas infantiles; y se sugería, de forma supuestamente jocosa, que los fundamentalistas que atacaban a Rowling podían encontrar cosas más merecedoras del fuego que los libros de Harry Potter. La hoguera atizada por tan macabra humorada iría creciendo a la par que el reconocimiento de la trilogía.

En enero de 2002, pocos días después de anunciarse el resultado del Premio Whitbread, el crítico Peter Hitchens publicó en The Mail on Sunday un artículo donde describía a Pullman como el autor más peligroso de Inglaterra, y a lo largo de los años siguientes la emisión de una versión radiofónica por la BBC y el blasfemo estreno de su versión teatral en Navidades de 2003 dieron pie a nuevos ataques, entre cuyas líneas se percibe con claridad la nostalgia de la censura: desde las amenazas recibidas por parte de su editor estadounidense a la no por pintoresca menos siniestra imputación de egoísmo al autor por equiparar al Dios dador de vida con el oscuro Señor Sauron y el malvado mago Voldemort, en un tiempo en el que los jóvenes, sean cuales fueren su religión o sus creencias, han contemplado la fragilidad de la vida después del 11 de septiembre, y necesitan de todos los recursos espirituales para hacer frente al futuro. Afirmación que no sé si calificar de cínica o autista —por no emplear epítetos poco cristianos— en un mundo donde cientos de miles de niños mueren cada año por causa de la hambruna o las guerras.

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Esta polémica, que se verá sin duda recrudecida tras el estreno de la versión cinematográfica, no refleja al cabo otra cosa que la guerra sorda emprendida por las fuerzas neoconservadoras contra la libertad de expresión: una batalla que, cuando la versión creacionista del diseño inteligente lucha por imponerse en las universidades estadounidenses frente a la teoría neodarwinista de la evolución, parece haber elegido las aulas escolares y la literatura juvenil heterodoxa, simbolizada por Pullman, como un campo de batalla decisivo. Muestra de ello fueron los virulentos ataques lanzados contra el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, cuando, en marzo de 2004, sugirió en un comunicado público la conveniencia de incluir en el currículo de los estudiantes mayores de 15 años el conocimiento del llamado ateísmo de protesta, mediante el estudio de la temática mítica de la rebelión contra Dios en las obras literarias de Shelley, Blake y Pullman. De manera inmediata The Times publicó un editorial acusando a Williams de hacerse el moderno, y poco después Rupert Kaye, presidente de la Asociación de Profesores Cristianos, que a raíz de la versión teatral había afirmado su deseo de ver La materia oscura prohibida en todas las escuelas primarias de Inglaterra..., se reafirmó en que la novela constituía un caso de herejia y blasfemia.

El sustrato político subyacente a toda la polémica asoma sin disfraces su patita en otro apocalíptico escrito de Peter Hitchens. Este supuesto narrador de historias no es, se nos dice, otra cosa que un fundamentalista del ateísmo y el caos social, empeñado en arruinar la idílica imagen de Inglaterra descrita en las Crónicas de Narnia de C. S. Lewis, y corromper la mente juvenil con un ideario que, traduzco literalmente, podría perfectamente haber sido extraído de las páginas de The Guardian, o de las conversaciones políticamente correctas mantenidas en la sala de profesores de un millar de escuelas públicas. Entre los buenos de esta trilogía figuran gitanos, un príncipe africano, un ángel homosexual, y una monja renegada que abandona su fe pero obedece las órdenes de otro ángel (de orientación sexual desconocida) que le habla por medio de una pantalla de ordenador. Los malvados se encuentran siempre entre los religiosos, los respetables y los bien nacidos. Uno de esos malvados es descubierto en su opulenta mansión, y Pullman describe el hecho enfáticamente: «Todo lo que Will contemplaba hablaba de riqueza y poder, del tipo de superioridad informal que muchos miembros de la clase alta inglesa consideran todavía su derecho.». A primera vista, la verdad, ni esta frase ni la reivindicación de africanos (políticamente correcto a su manera, Hitchens omite con evidente pesar el término negro), gitanos u homosexuales implican una incitación inmediata al caos social; y, dado que la lectura de la obra no ha provocado por ahora olas de nihilismo y violencia revolucionaria entre sus innumerables lectores adolescentes, cabe preguntarse por qué La materia oscura continúa despertando críticas tan desmesuradas entre los religiosos, los respetables y los bien nacidos. Cuestión que intentaremos responder en los siguientes apartados.

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Notas

A fin de aligerar las notas, se han suprimido los textos originales en inglés —todos ellos, excepto cuando se haga mención expresa de lo contrario, traducidos por el autor—. Siempre que me ha sido posible encontrar el texto citado en Internet, he introducido la referencia para facilitar su consulta. En cuanto a los textos de Blake, que grababa tanto la letra como las ilustraciones de sus Libros Iluminados y variaba a menudo la paginación en sucesivas reimpresiones —baste señalar que, entre los ejemplares conservados, pueden encontrarse 18 ordenaciones distintas de SONGS OF INNOCENCE AND OF EXPERIENCE -, he seguido la edición de David V. Erdman THE COMPLETE POETRY AND PROSE OF WILLIAM BLAKE (Anchor Books, Doubleday, Nueva York, 1988) indicando al final de cada pasaje su paginación. Ediciones digitales de este texto pueden encontrarse en Blake Digital Text Project, y el extraordinario The William Blake Archive.

Curiosamente —o no tanto tratándose de Pullman —, el film viene precedido de nuevas controversias debido a la supuesta abjuración de sus principios por el novelista, quien habría permitido que en el guión la Autoridad divina y el Magisterio eclesiástico fueran sustituidos respectivamente sólo por algún tipo de entidad suprema, sin referencias religiosas específicas, y por un estado totalitario. Tal discusión queda fuera del campo de este artículo, máxime cuando el guión no se ha dado aún a conocer. Información exhaustiva sobre la película, producida al igual que EL SEÑOR DE LOS ANILLOS por New Line y protagonizada entre otros por Nicole Kidman y Daniel Craig, puede encontrarse en la completísima página web BridgeToTheStars, His Dark Materials fansite

El País, Babelia, 16 agosto 2003. En un artículo publicado este mismo año (Los últimos serán los primeros, Qué Leer, enero 2007) Emili Teixidor se quejaba de la ausencia total en los suplementos literarios de los periódicos de cualquier referencia a la literatura infantil y juvenil, y en concreto de que la ya clásica trilogía de Philip Pullman La materia oscura, alabada en el extranjero por muchas revistas literarias de prestigio, no haya recibido entre nosotros ni una sola línea excepto en publicaciones dedicadas expresamente a la literatura de género. Aunque coincido con el fondo del artículo, quisiera mencionar como excepción, además del texto de Guelbenzu, la magnífica crítica de Andrés Ibáñez Los materiales oscuros de la ficción infantil (Revista de libros, Abril, 2001. nº 52) que califica a la obra de interminablemente luminosa y clásico ineludible de la literatura juvenil (quiero decir, de la Literatura con mayúsculas), aunque se ve lastrada a mi juicio por conceder excesiva importancia a los elementos gnósticos del libro, cuya decidida aceptación del aquí y ahora del mundo material es, como el propio Pullman ha señalado, incompatible con el gnosticismo (v. también nota 10) Por lo demás, si bien es cierto que en el mundo anglosajón existe una mayor atención académica a la literatura de género, las palabras de Michael Chabon que reproducimos en la nota 6, o, digamos, la lamentable postergación crítica del talento de J. G. Ballard, quizá el mayor escritor inglés vivo, hasta que publicó dentro del mainstream EL IMPERIO DEL SOL (galardonado con los premios Guardian Fiction y James Tait Black Memorial y nominado para el Booker) revelan que la situación de estas literaturas fuera de nuestro país no es tampoco halagüeña.

Tucker, Nicholas: DARKNESS VISIBLE: INSIDE THE WORLD OF PHILIP PULLMAN, Wizard Books, Cambridge, 2003; pg. 89.

Dirda, Michael: THE AMBER SPYGLASS, Washington Post, 29 de octubre de 2000.

Shohet, Lauren: Reading Dark Materials, incluido en Lenz, Millicent y Carole Scott (eds): HIS DARK MATERIALS ILLUMINATED: CRITICAL ESSAYS ON PHILIP PULLMAN'S TRILOGY, Wayne State University Press, 2005; pg. 23.

Chabon, Michael: DUST & DAEMONS, The New York Review of Books, Volumen 51, nº 5, 25 de marzo. Incluido asimismo en la colección de ensayos NAVIGATING THE GOLDEN COMPASS: RELIGION, SCIENCE AND DAEMONOLOGY IN PHILIP PULLMAN'S HIS DARK MATERIALS, ed. Glenn Yeffeth, Benbella Books, Dallas, 2005. Dado que en su versión digital el artículo es de pago, no puedo resistirme a reproducir aquí para los lectores los dos párrafos subsiguientes, que constituyen una decidida reivindicación de la literatura de género, en particular de la juvenil y fantástica, similar a la realizada por Pullman en reiteradas ocasiones: Like a house on the borderlands, epic fantasy is haunted: by a sense of lost purity and grandeur, deep wisdom that has been forgotten, Arcadia spoilt, the debased or diminished stature of modern humankind; by a sense that the world, to borrow a term from John Clute, the Canadian-born British critic of fantasy and science fiction, has «thinned». This sense of thinning-of there having passed a Golden Age, a Dreamtime, when animals spoke, magic worked, children honored their parents, and fish leapt filleted into the skillet-has haunted the telling of stories from the beginning. The words «Once upon a time» are in part a kind of magic formula for invoking the ache of this primordial nostalgia. But serious literature, so called, regularly traffics in the same wistful stuff. One encounters the unassuageable ache of the imagined past, for example, at a more or less implicit level, in American writers from Cooper and Hawthorne through Faulkner and Chandler, right down to Steven Millhauser and Jonathan Franzen. Epic fantasy distills and abstracts the idea of thinning-maps it, so to speak; but at its best the genre is no less serious or literary than any other. Yet epic fantasies, whether explicitly written for children or not, tend to get sequestered in their own section of the bookstore or library, clearly labeled to protect the unsuspecting reader of naturalistic fiction from making an awkward mistake.

Tomamos la cita de la recensión realizada por su propia autora, Leonie Caldecott, en un artículo posterior, donde acusaba de manipuladores a Pullman y sus acólitos por malinterpretar lo que sólo era una defensa de Rowling, y, de paso, se lamentaba de la concesión del tercer puesto a His Dark Materials en la encuesta The Big Read: Phillip Pulman, The Big Read and the big lie, The Catholic Herald, 26 diciembre 2003.

Hitchens, Peter: THIS IS THE MOST DANGEROUS AUTHOR IN BRITAIN. The Mail on Sunday, 27 de enero de 2002.

Caldecott, Leonie: PARADISE DENIED. PHILIP PULLMAN & THE USES & ABUSES OF ENCHANTMENT, Touchstone Magazine, 2003.

Una versión reducida de los principios expuestos en este comunicado (Belief, unbelief and religious education, 8 marzo 2004) puede encontrarse en el artículo escrito por el propio Williams en The Guardian, (10 de marzo de 2004) A near-miraculous triumph, comentando la versión dramática de His Dark Materials representada por el National Theatre: A modern French Christian writer spoke about purification by atheism - meaning faith needed to be reminded regularly of the gods in which it should not believe. I think Pullman and Wright do this very effectively for the believer. I hope too that for the non-believing spectator, the question may somehow be raised of what exactly the God is in whom they don't believe. No deja de ser curioso, por otra parte, que en este mismo artículo Williams señale la discrepancia básica entre Pullman y el gnosticismo que —como en el caso de Blake — parece haber escapado a tantos críticos: Like some of the Gnostic writers of the second century, Pullman turns the story upside down - the rebels are the heroes. Unlike them, though, this is all done to reaffirm the glory of the flesh, the actuality of here and now. A near-miraculous triumph'. Belief, unbelief and religious education

Association of Christian Teachers Responds to Archbishop of Canterbury's speech on «Belief, unbelief and religious education».

The Spectator, 18 January 2003.

© Francisco Gimeno, (5.094 palabras) Créditos