Star Trek FILM, 6
AQUEL PAÍS DESCONOCIDO
AQUEL PAÍS DESCONOCIDO EE.UU., 1991
Título original: Star Trek VI: The Undiscovered Country
Dirección: Nicholas Meyer
Guión: Nicholas Meyer, Denny Martin Flinn
Producción: Paramount Pictures
Música: Cliff Eidelman
Fotografía: Hiro Narita
Duración: 110 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (James T. Kirk); Leonard Nimoy (Spock); DeForest Kelley (Leonard McCoy); James Doohan (Montgomery Scott); Walter Koenig (Pavel Chekov); Nichelle Nichols (Uhura); George Takei (Hikaru Sulu); Kim Cattrall (Valeris); Mark Lenard (Sarek); Grace Lee Whitney (Janice Rand); Brock Peters (Cartwright); Christopher Plummer (General Chang); John Schuck (Embajador Klingon); Michael Dorn (Coronel Worf)

Este film significó un punto de inflexión en la franquicia cinematográfica trek, ya que fue el último protagonizado por los héroes clásicos de la Enterprise al completo. Tras el relativo fracaso de LA ÚLTIMA FRONTERA, la Paramount decidió conmemorar el vigesimoquinto aniversario de Star Trek con una película espectacular y emotiva, con la que poner un brillante punto final a las aventuras de Jim Kirk y su tripulación. El proyecto ilusionó a todo el mundo menos a Harve Bennet, que había llevado las riendas de la saga fílmica desde LA IRA DE KHAN. Bennett pretendía rodar un prólogo de la saga, que, bajo el título provisional de STARFLEET ACADEMY, narraría las aventuras de los tripulantes de la Enterprise en sus años de Academia. Al principio la Paramount mostró gran interés por la idea, pero, al aproximarse las bodas de plata de Star Trek, optó por lo más lógico desde el punto de vista de los aficionados; es decir, por rodar una última aventura de Kirk, Spock, McCoy y los demás. Frank Mancuso, jefe de los Estudios, propuso a Bennett posponer el rodaje de su precuela hasta después del estreno de STAR TREK VI. Harve no aceptó y su personalísimo proyecto acabó en el fondo del cajón. El veterano productor, dolido, se apartó de todo lo relacionado con la franquicia, por lo que en AQUEL PAÍS DESCONOCIDO sus funciones fueron realizadas por Ralph Winter y Stephen-Charles Jaffe.

Mancuso contrató como productor ejecutivo a Leonard Nimoy, una decisión muy acertada, pues éste era, sin ningún género de dudas, la persona que mejor conocía el universo trek después de Gene Roddenberry. Una de las primeras decisiones de Nimoy fue la de exigir que Nicholas Meyer, a quien ya se había contratado como guionista junto a Denny Martin Flinn, se encargase también de la dirección. El primer problema serio surgió durante la preproducción, cuando Meyer y Flinn tuvieron que trabajar sobre el argumento esbozado por Lawrence Konner, Mark Rosenthal y el propio Nimoy. Los dos primeros pertenecían al cuerpo de guionistas fijos de la Paramount y gozaban de mucho predicamento en los Estudios, pero, a juicio de Meyer, sus ideas dejaban mucho que desear, y lo único aprovechable de ellas era precisamente lo escrito por Nimoy. La actitud corporativista imperante en la Paramount obligó a Meyer y Nimoy a incluir a Konner y Rosenthal en los créditos del film, a pesar de que, como declararían posteriormente Nicholas y Leonard, ninguna de sus ideas fue utilizada en el guión final. Parece ser que la Paramount pretendía otorgarles a Rosenthal y Konner la autoría de la historia de STAR TREK VI, lo que fue evitado in extremis por Nimoy, que amenazó con llevar a la Productora a los tribunales si insistían en ese punto. Finalmente se llegó a una solución de compromiso, en virtud de la cual se aceptó la inclusión de Rosenthal y Konner en los créditos como coguionistas, aunque Meyer y Nimoy siguieron afirmando, incluso años después, que ninguno de ellos había aportado absolutamente nada de relevancia al guión de AQUEL PAÍS DESCONOCIDO.

La premisa argumental del film fue idea de Leonard Nimoy, que propuso trasladar la situación política contemporánea, marcada por la caída del comunismo y la desintegración de la URSS, al universo ficticio trek. Puesto que Mihail Gorbachov había empezado a desarrollar su Perestroika a partir del accidente de la central nuclear de Chernobyl, Nimoy y Meyer decidieron potenciar el paralelismo entre realidad y ficción utilizando como punto de partida de su historia la explosión de Praxis (luna de Qro´Nos, el planeta de origen de los klingons), y creando el personaje del canciller Gorkon, interpretado por David Warner, que vendría a ser una suerte de Gorbachov klingon. Añadiendo una trama conspiratoria en la mejor tradición del cine de espionaje, con magnicidios incluidos y héroes y traidores en las filas de ambos bandos en liza, construyeron el escenario ideal para la extraordinaria última misión de la tripulación clásica.

A Gene Roddenberry, que por aquel entonces estaba ya gravemente enfermo, el planteamiento de STAR TREK VI no le convencía en absoluto. Gene estaba muy débil y tenía que desplazarse en silla de ruedas, pero aún así asistió a la proyección privada de la película que se hizo para los ejecutivos de Paramount, y aunque éstos se mostraron satisfechos con la cinta, dando luz verde a su distribución comercial, él no dudó en criticar abiertamente todo aquello que no era de su agrado. De todos los largometrajes rodados hasta ese momento, éste fue el que provocó las mayores diferencias de opinión entre el creador del universo ficticio trek y la Paramount. Al Gran Pájaro de la Galaxia no le gustaba la a su juicio excesiva militarización del ambiente del film, aunque, en honor a la verdad, hay que admitir que ésta es coherente con el argumento de la cinta. Nicholas Meyer quería que la teniente Saavik, personaje secundario creado por él mismo para LA IRA DE KHAN, formase parte del complot para asesinar al canciller Gorkon y al presidente de la UFP. Roddenberry se opuso, alegando, con razón, que Saavik era ya un personaje muy querido por los fans, y que éstos jamás aceptarían que la bella e inteligente vulcaniana traicionara a Kirk y a la Federación. Meyer pretendía que Kirstie Alley, que había interpretado a Saavik en STAR TREK II, retomara el papel en STAR TREK VI, y a punto estuvo de conseguirlo. Pero Alley, cuya cotización profesional había subido como la espuma gracias a su trabajo en series como Cheer´s y Mascarada y a su participación en algunos films de éxito, exigió demasiado dinero y la Paramount vetó su contratación. Meyer recurrió entonces a Kim Catrall, quien, consciente de la poca aceptación que había obtenido Robin Curtis como Saavik en la tercera y cuarta entregas fílmicas de la saga, se negó en redondo a ser la tercera actriz en interpretar el papel, lo que obligó a Nimoy y Meyer a crear el rol de Valeris.

Pero lo que más le dolió a Roddenberry fue la inclusión de una escena en la que Kirk, cuando Spock le dice que los klingon van a desaparecer, responde, con un silabeo rabioso y el odio brillando en sus ojos: «¡Que desaparezcan!» Semejante reacción no era propia de Jim Kirk, y el bueno de Gene, cuya vida se apagaba inexorablemente, consumió sus últimas fuerzas tratando de preservar la integridad moral del personaje que había creado un cuarto de siglo antes, imbuyéndole unos principios y unos valores humanísticos que, con esa simple frase en el guión, quedarían irremediablemente destruidos. William Shatner apoyó a Roddenberry con firmeza, arguyendo que Kirk jamás diría algo así. La escena ya había sido rodada y Meyer insistía en mantenerla, por lo que Shatner sugirió rodarla de nuevo, con una pequeña variación: él pronunciaría la misma frase, pero la suavizaría con un gesto que demostrara claramente que, en realidad, no era eso lo que el capitán quería decir, que no era eso lo que el personaje sentía en lo más profundo de su ser. Meyer accedió, pero en el montaje del film se insertó la primera toma. Will protestó enérgicamente. Meyer le aseguró que no tenía por qué preocuparse, pues pensaba incluir la escena modificada en el montaje final, antes del estreno oficial del film, pero no lo hizo. En todo caso, lo que no puede negarse es que Roddenberry y Shatner tenían razón. Kirk es un personaje íntegro en todos los aspectos, y los fans nunca habríamos aceptado que nuestro héroe sucumbiera a pasiones tan bajas como el odio o la venganza. En STAR TREK III: EN BUSCA DE SPOCK tenemos una escena muy reveladora del verdadero carácter del capitán. En la lucha final cuerpo a cuerpo entre Kirk y Kruge, cuando éste último queda colgado al borde de un precipicio, Jim no duda en intentar salvarle, a pesar de que se trata del klingon que poco antes ordenó la ejecución de su hijo, David. No debe extrañar, por tanto, que ésa escena entre Kirk y Spock sea la más criticada por los fans.

Roddenberry murió el 24 de octubre de 1991, apenas mes y medio antes del estreno oficial de la película, a causa de un paro cardiaco provocado por la diabetes que padecía. Su muerte conmocionó a los actores de la serie clásica y a millones de trekkies. La Paramount deseaba rendirle homenaje, por lo que se redactaron varios borradores de textos para honrar la memoria del Gran Pájaro de la Galaxia, con la intención de insertar alguno de ellos antes de los créditos iniciales del film. Esto provocó un nuevo enfrentamiento entre Nimoy y Mancuso. Nadie había conocido a Roddenberry mejor que los actores de la serie clásica. Todos ellos sabían que el creador de Star Trek era un hombre sencillo, que detestaba las frases pomposas y los elogios desmedidos, y, en consecuencia, apoyaron a Leonard y se opusieron con todas su fuerzas a la inclusión en el film de una dedicatoria demasiado rebuscada. Fue Nicholas Meyer, que también admiraba y respetaba profundamente a Gene, quien sugirió la sencilla frase que da paso a los títulos de crédito: for Gene Roddenberry.

El mayor problema que planteó el proyecto de STAR TREK VI fue, para no variar, su financiación. La Paramount consideró excesivo el presupuesto presentado por Meyer y Nimoy, exigiendo que se recortase al menos en una cuarta parte. Así las cosas, tanto los artistas como los técnicos que intervenían en el rodaje, la mayoría veteranos de la serie fílmica trek, aceptaron importantes reducciones en sus emolumentos, lo que dice mucho y bueno de su compromiso personal con Star Trek. Todos deseaban conmemorar el vigesimoquinto aniversario de la saga con una buena película, y todos y cada uno de ellos sacrificó su interés personal en bien del proyecto. Los mayores recortes en materia de salarios se les aplicaron a William Shatner, Leonard Nimoy y Deforest Kelley entre los actores, y a Nicholas Meyer, Steven Charles Jaffe y Ralph Winter en el equipo de producción. A pesar de ello, el coste de la cinta seguía siendo demasiado elevado, a juicio de los asesores económicos de los Estudios, de modo que se decidió reducir las partidas previstas para efectos especiales, decorados, atrezo, etcétera. Llegó a barajarse la posibilidad de contratar los servicios de una compañía de efectos especiales más barata que la ILM (Industrial Light & Magic), pero como la empresa de George Lucas no tenía (ni tiene aún hoy día) rival en su especialidad, se optó por otra vía para disminuir los costes de producción. Buena parte de la cinta se filmó en los sets de rodaje de Star Trek: TNG, aprovechando que los integrantes de esta serie estaban de vacaciones. Todos los ambientes de la Enterprise se recrearon en los platós números 5, 8 y 9 de los Estudios Paramount, los mismos utilizados para representar la nave de Picard, modificándolos para adaptarlos a la estética característica del Star Trek original. Posteriormente, una vez finalizado el rodaje, hubo que dejarlo todo tal y como estaba antes, para que el equipo de TNG pudiese trabajar normalmente y sin retrasos tras el descanso veraniego. Esto permitió a la Paramount ahorrar una considerable suma de dinero, pero Mancuso y sus asesores no estaban satisfechos con lo ahorrado hasta entonces, de modo que se tomó la decisión de eliminar en lo posible la filmación en exteriores, que, como es sabido, se lleva un buen pellizco del presupuesto de cualquier película. Las escasas tomas al aire libre se rodaron en lugares muy próximos a los Estudios. Como dato curioso, cabe mencionar que el rodaje de STAR TREK VI comenzó con la filmación de las escenas que describen la huida de Kirk, McCoy y Martia por la superficie helada de Rura-Penthe, que fueron rodadas en un parque situado justo debajo de la colina californiana en la que se alza el enorme cartel que reza HOLLYWOOD, y que celebra la fama universal del más renombrado distrito de Los Ángeles. La nieve era falsa, de plástico y fibra de vidrio, pero las pieles que llevaban los actores eran reales, y como la temperatura ambiente era elevadísima incluso para la época, Shatner y los demás las pasaron canutas, sudando como en una sauna mientras duró el rodaje en tan adversas condiciones.

A pesar de todos los recortes mencionados, los contables de la Paramount insistían en que era imprescindible reducir aún más el costo del film, por lo que Meyer y Nimoy se vieron obligados a tomar la drástica medida de suprimir un buen número de tomas de efectos especiales. El plan de rodaje inicial incluía 110 secuencias con trucajes, que fueron reducidas a sólo 51. El ahorro fue considerable, pero durante la postproducción se descubrió que muchas partes del film adolecían de una notable falta de espectacularidad, algo que sin duda afectaría negativamente a su rendimiento en taquilla. Nimoy y Meyer se enfrentaron de nuevo a los Estudios, consiguiendo autorización para incluir 30 escenas más de efectos especiales, a fin de complementar adecuadamente algunas secuencias que resultaban algo flojas.

El rodaje de STAR TREK VI: AQUEL PAÍS DESCONOCIDO se inició el 11 de abril de 1991, prologándose durante 55 días. Aunque se trabajó bajo una gran presión, pues la Paramount exigía que el film estuviese listo para estrenarse antes de finales de año, lo cierto es que la filmación se realizó en un ambiente casi festivo. Los actores, conscientes de que estaban trabajando en la película que pondría punto final a las aventuras de la tripulación clásica de Star Trek, se entregaron al máximo, tratando de dar lo mejor de sí mismos en cada toma. Todo iba como una seda, hasta que llegó el último día de rodaje. Entonces ocurrió algo que Nick Meyer recordaría tiempo después, entre perplejo y admirado. Ése último día ninguno de los siete actores principales— Shatner, Nimoy, Kelley, Doohan, Koenig, Takei y Nichols — parecía capaz de hacer su trabajo. Estaban como ausentes, actuaban sin naturalidad y olvidaban sus diálogos. Meyer no tardó en descubrir la razón de tan extraño comportamiento: Shatner y sus compañeros se habían dado cuenta de que estaban rodando las últimas escenas de una saga que había durado un cuarto de siglo, una producción que los había unido como a una familia, e, inconscientemente, se negaban a decirse adiós. Mark Lenard, que había interpretado al embajador Sarek, padre de Spock, tanto en la serie original como en los films EN BUSCA DE SPOCK y THE VOYAGE HOME, admitió sentir lo mismo que los miembros del reparto fijo de Star Trek. Deforest Kelly, el emotivo y gruñón Bones, declararía que aquel había sido uno de los días más tristes de su vida. A pesar de la insólita atmósfera de tristeza que planeaba sobre el plató, pudo concluirse el rodaje en el plazo previsto, acontecimiento que fue celebrado con unas botellas de champagne. Puesto que era la última aventura de Jim Kirk y su entrañable tripulación, se decidió abrir los créditos finales de la película con unas animaciones que recreasen los autógrafos de los protagonistas, como un último guiño de complicidad a los fans que, contra viento y marea, habían apostado por Star Trek durante un cuarto de siglo.

STAR TREK VI: AQUEL PAÍS DESCONOCIDO produjo enormes beneficios en taquilla, siendo nominada a los Oscars de ese año en los apartados de mejores efectos de sonido y mejor maquillaje, aunque no obtuvo ninguno de los dos galardones. De todas formas, la Paramount y la comunidad trekkie mundial quedaron más que satisfechas con la épica aventura final de Kirk y sus compañeros, un film que clausuró dignamente toda una época de la mejor ciencia-ficción televisiva y cinematográfica.

La edición de la película en vídeo doméstico incluyó varios minutos de metraje adicional, no visto en salas comerciales. Se trataba de dos escenas que, sin ser imprescindibles para la perfecta comprensión del relato, lo enriquecían considerablemente. En la primera de ellas, el Comandante en Jefe de la Flota Estelar, asistido por otros oficiales, presentaba al presidente de la Unión Federal de Planetas el proyecto de una operación de comando para rescatar a Kirk y McCoy, que habían sido arrestados por los klingon acusados del asesinato de Gorkon. El presidente rechazaba el plan, arguyendo que algo así resultaría contraproducente en el momento en que se trataba de negociar un tratado de paz con el Imperio klingon. En la segunda escena suprimida en las copias para exhibición en cines, se descubría que el klingon que había intentado asesinar al presidente de la UFP en Camp Kithomer era, en realidad, el coronel West, otro oficial de la Flota Estelar implicado en la conspiración. A éste personaje le dio vida nada más y nada menos que René Auberjonois, quien apenas un par de años más tarde se convertiría en otro ídolo trek gracias a su genial creación del metamórfico Odo en la nueva serie Star Trek: Espacio Profundo 9.

En el apartado de efectos especiales, lo que más canta, a mi juicio, son las transformaciones de la camaleónica Martia, pues adolecen de los mismos defectos que ya apunté en su día, refiriéndome a Maya en Espacio 1999 y Odo en Star Trek: DS9, en mi artículo Cuestión de metamorfosis, publicado en el Sitio. Pero ésta es, en definitiva, una pifia menor que no empaña en absoluto la brillantez de uno de los mejores largometrajes de toda la saga.

STAR TREK VI cerró una etapa y abrió otra. Tras su estreno, la Paramount, deseosa de seguir explotando el filón creado por Roddenberry, empezó a acariciar el proyecto de lanzar a las pantallas cinematográficas a Jean-Luc Picard y su tripulación. Pero ésa es otra historia.

© Antonio Quintana Carrandi, (2.936 palabras) Créditos

Como su propio nombre indica es la 6ª película de la sagas y última que protagoniza la geriátrica tripulación de la nave estelar Enterprise. He de confesar que es la película que mas me gusta de toda la serie, incluyendo las tres de la Nueva Generación. ¿Por que me pasa esto? trataré de explicarlo:

En primer lugar la tripulación está para el arrastre y a punto de jubilarse. Ya no son los superheroes de la serie o las anteriores películas. Kirk se comporta como un humano normal, con sus fobias y odios pero capaz de comprender que lo que le ordenan es coherente y bueno para todos. La película tiene una parte muy vinculada a las películas de Sherlock Holmes, que son mi debilidad y además tenemos batallas, traidores (es la primera vez que en la Federación se ven disensiones). Además por fin Icaru Sulu consigue el mando de una nave estelar, nada menos que la Excelsior. Por consiguiente en mi ranking va el número 1, lo que resulta curioso porque nunca segundas partes, o sextas fueron buenas. En esta caso la segunda parte LA IRA DE KHAN me gusto más que la 1ª y la sexta mas que la segunda, aunque también me ocurrió en el PADRINO.

Un personaje que me gusta mucho, aunque está metido con calzador (¿de que conoce a Spock?), es la teniente Valeris. Una traidora clásica que es capaz de sacrificar a cualquiera y a sus disciplinas Vulcanas para conseguir la guerra entre la Federación y el Imperio Klingon.

Es también una historia de amistad, tal y como se daba en EN BUSCA DE SPOCK. Los oficiales afines a Kirk desobedecen órdenes expresas para rescatar a sus amigos. Los efectos especiales son aceptables, aunque se nota la reducción del presupuesto con respecto a otras películas de la serie.

En definitiva decir que las dos películas realizadas por Meyer son las mejores del ciclo.

Frase para recordar:

Kirk: ¡Transmita! El Enterprise se rinde.

Recomendarla a todos los amantes del cine de ciencia-ficción en general y a los admiradores de Imán.

© Alfonso Merelo, (398 palabras) Créditos