CÁNTICO POR LEIBOWITZ
CÁNTICO POR LEIBOWITZ Walter M. Miller
Título original: A canticle for Leibowitz
Año de publicación: 1959
Editorial: Ediciones B
Colección: Nova ciencia ficción, nº 47
Traducción: I. Peypoch, revisada por Pedro Jorge Romero
Edición: 1992
ISBN:
Precio: 11 EUR
Comentarios de: Santiago L. Moreno

Que el género ha evolucionado en los últimos cuarenta años no es un hecho que se pueda someter a duda. Nuevas temáticas, nuevos estilos y, en definitiva, nuevas inquietudes han venido a transformar la ciencia ficción y a convertirla en lo que es en nuestros días. Algunos autores como Gibson, Simmons, Egan y algunos otros han introducido importantes novedades en las dos últimas décadas, creando en algunos casos subgéneros (como el ciberpunk) dentro del género madre. Otros incluso han intentado ir más allá, tratando de dotar a sus novelas con una calidad literaria que pudiera acercar las cotas estilísticas de la ciencia ficción escrita a la corriente principal, eso que todo el mundo se ha empecinado en denominar mainstream, sucumbiendo una vez más a la terminología anglosajona.

Curiosamente, la persecución de la dignidad del género como gran literatura ha conseguido, en la mayoría de los casos, lo contrario. La excesiva pomposidad unida a las ordenanzas editoriales de nuestro tiempo, cuyo primer mandamiento es engordar las novelas para así poder cobrar más por ellas, han hecho que la pesadez se haya apoderado de muchos de los libros publicados en esta década que acaba.

Por eso no es extraño que uno sienta la necesidad, de vez en cuando, de oxigenarse con una buena dosis de sencillez, para lo cual, la mejor opción es siempre mirar hacia atrás y sumergirse en la refrescante lectura que proporciona cualquier novela de la década de los 50.

El libro que nos ocupa es un doctorado sobre la sencillez; cómo contar algo realmente importante de manera amena, con una estructura harto sencilla y en apenas 350 páginas. La carencia de pretensiones de estilo hace que se lea en un suspiro.

CÁNTICO POR LEIBOWITZ ataca varios temas, aunque de una manera pacífica. El motor central es el eterno viaje paralelo de las dos mayores creaciones humanas, ciencia y religión, siempre en lucha, pero como nos cuenta el autor, siempre condenadas a complementarse. Esta batalla de amor y odio es el instrumento del que se vale Miller Jr. para enseñarnos las dos caras de la moneda y presentarnos a su vez otras tramas menores que en realidad no son tal. El libro, dividido en tres capítulos principales, nos arrastra a través de más de 1200 años de historia terrestre. Los nombres de los mismos dan la clave de lo que nos encontramos en su interior.

Comenzamos el viaje (Fiat homo) cientos de años después de un holocausto nuclear que ha sumido al mundo en una nueva edad oscura. La ciencia, causante de todos los males, es perseguida, y sólo encuentra cobijo, curiosamente, en la Orden Albertiana de San Leibowitz, dedicada a cuidar los libros que sobrevivieron a la quema posterior a la guerra, y convirtiendo el cuidado de la Memorabilia en su razón de ser. No más de cinco personajes bastan y sobran para presentarnos rotundamente cómo es el mundo superviviente. Magistralmente, se marcan las pautas de lo que será el nuevo comienzo de la Humanidad.

Transcurridos 600 años, abordamos la segunda parte del libro (Fiat lux), y nos encontramos con una incipiente civilización que vuelve a despertar por el único camino que el hombre conoce: la guerra. Y gracias a la Orden de Leibowitz, también por la ciencia, por supuesto. El conflicto es claro para los monjes que tan bien han guardado el saber durante centurias: puesto que la ciencia es la causante de la destrucción de la Humanidad, ¿deberían dejar que saliera de su refugio? ¿Qué sería de ellos si todo el mundo tuviera lo que es el sentido de su existencia?

Finalmente, 600 años después (Fiat voluntas tuas), el Hombre ha vuelto a su recuperado esplendor, en el que la amenaza de la destrucción volverá a estar más presente que nunca, y en el que la última esperanza reposará, como siempre fue, en la religiosa Orden que da nombre a la novela. La religión como soporte de la civilización. Los supersticiosos monjes de Leibowitz como guardianes de la Ciencia, del monstruo exterminador, en sus sótanos; guardando el recipiente del saber humano, del enemigo, en sus entrañas.

A lo largo de toda la narración pervive el conflicto moral entre los dos grandes protagonistas del progreso humano, para bien o para mal, compenetrándose y finalmente combatiendo en un maravilloso último capítulo, en el que además Miller Jr. nos regala con las dudas morales de los monjes, meros guardianes que ven impotentes como su criatura se les escapa de las manos, a los que no les queda otro camino que la resignación y aceptación de su papel en el destino de la raza humana. El instante más intenso aparece en esa última parte, con la eutanasia como excusa, presentándonos el verdadero dilema que separa religión y ciencia, creencia y saber. Mención aparte tienen el personaje del vagabundo inmortal, el lector en realidad, y los buitres, imperecedera representación del paso del tiempo, que todo lo devora.

Cuando acabamos la novela, hemos asistido a un ciclo más de la evolución humana. Pero no hay que equivocarse, el libro no nos presenta un destino cíclico cerrado, porque el final, por muchas razones, abre nuevas expectativas para el futuro. Al fin y al cabo, no somos el centro del Universo.

Más de mil años de historia, los conflictos morales humanos y, sobre todo, la inevitabilidad de la estupidez del Hombre, presente en sus genes, y por tanto imposible de extirpar, son algunos de los elementos de estudio de este CáNTICO POR LEIBOWITZ.

Todo a través de la más sublime sencillez, valiéndose, nada más, de una docena de personajes, efímeros, pero perfectamente descritos. Increíblemente, la obra de un escritor que no ha publicado mas que esta novela en su vida.

Sencillamente, una extraordinaria novela a la que Nova, por cierto, debería haber otorgado una portada a su altura.

© Santiago L. Moreno, (1.108 palabras) (Lista de #cienciaficcion) Créditos