CONTRA EL INFINITO
CONTRA EL INFINITO Gregory Benford
Título original: Against Infinity
Año de publicación: 1983
Editorial: Ediciones Destino S. A.
Colección: CronoS nº 4
Traducción: Domingo Santos
Edición: Noviembre de 1988
Páginas: 282
ISBN:
Precio: 9,32 EUR

Esto de las mudanzas es pasmoso. Si se ignoran los inconvenientes que acarrea el cambio de domicilio, el sufridor de turno puede llegar a redescubrir las ingentes maravillas que se acumulaban por maleteros y estanterías, injustamente olvidadas mientras criaban una hermosa capa de polvo.

Al tener que embalar mi biblioteca, además de tragar parte de ese polvo tan pacientemente acumulado, me volví a encontrar con una buena cantidad de libros que ni siquiera recordaba que tenía. Así me luce el pelo, resulta que LOS IMPOSTORES, de Alfred Bester, lo tengo por duplicado; y no lo sabía... lo que dice muy poco acerca de mi memoria y de la propia novela.

Pero junto a anécdotas como esta surgían aquí y allá curiosidades, como tres o cuatro volúmenes de esta colección de Destino. Sospecho, por lo poco que se la cita, que Cronos tuvo una vida más entusiasta que longeva, se publicaron títulos como EL EXPERIMENTO DOSADI, de Frank Herbert, GILGAMESH EL REY, de Robert Silverberg, y esta misma CONTRA EL INFINITO, pero la última referencia que tengo de ella es SU HIJA UNIGÉNITA, de James Morrow, y ya no supe más.

El caso es que me hizo gracia encontrarme con esta curiosidad y sin pensármelo mucho elegí CONTRA EL INFINITO a modo de relectura conmemorativa. Y digo que sin pensármelo porque no es Benford un escritor que me entusiasme demasiado. Siempre he pensado que aún siendo un autor de ideas magníficas, acaba por echarlo todo a perder por las excesivas ínfulas literarias de las que hace gala. Su ciclo de El Centro Galáctico peca en demasiadas ocasiones de pomposo, no parece bastarle con hacer buena ciencia-ficción, sino que además quiere hacer excelente literatura, y aunque Benford es buen escritor, no parece ser consciente de sus limitaciones y consigue en muchas ocasiones que sus obras se conviertan en auténticos tostones.

Aunque muy lejos de eso, CONTRA EL INFINITO tiene algunos pasajes que Benford bien podría haber ahorrado a sus lectores. Son, precisamente, aquellos en los que intenta describir las apariciones del Alef, el extraño artefacto alienígena que campa a sus anchas por Ganímedes sin que el hombre, en su lucha por terraformar el satélite, sea capaz de hacer nada contra él. Si lo que quería Benford en esos pasajes era expresar lo informe e indescriptible del Alef desde luego que lo consiguió, pero por el poco afortunado método de escribir párrafos huecos y sin sentido.

Pero Benford siempre consigue sorprenderme, incluso cuando se trata de una relectura. Sus ideas superan con mucho a su estilo, y los métodos de terraformación que ingenia son tan sorprendentes como originales. Lejos de las grandes plantas de transformación química, satélites de control atmosférico, importaciones masivas de agua congelada en forma de asteroides y otros muchos inventos, Benford se decanta por la terraformación bio-técnica. Las plantas químicas son difíciles en su construir y caras de mantener. La siembra de bacterias y la nanotecnología es eficaz, pero por las magnitudes a las que se mueve lenta, demasiado lenta, entonces, ¿por qué no dejar el proceso en manos de plantas químicas vivas? Los biólogos de Benford crean toda una serie de fabulosos animales especializados que se alimentan de metano y lo transforman, eliminando la capa de hielo, generando agua, convirtiendo Ganímedes en, al fin, un lugar habitable. Esos animales se reproducen, se perpetúan a si mismos continuando el proceso y dejando que sus creadores dediquen su tiempo a otros trabajos.

Pero las inhóspitas condiciones de Ganímedes y la inestabilidad de la materia genética de esas factorías vivientes hacen que las mutaciones sean moneda corriente, y se hagan necesarias expediciones de poda para eliminar a los ejemplares defectuosos. Durante una de esas expediciones Manuel, el protagonista, conoce más de cerca la leyenda del Alef, las historias verídicas y fabuladas que su herrática presencia en el satélite a generado, y la pasión por la caza que despierta en todos los expedicionarios. El Viejo Matt, maestro y guía de Manuel, le ayuda a comprender lo incomprensible, y Manuel, fascinado por el Alef, lo busca y persigue hasta llegar a una extraña comunión con él.

Pese a lo que he escrito un poco más arriba, CONTRA EL INFINITO, se deja leer con gusto, y si exceptuamos los pasajes en los que a Benford le da por ponerse pesado, quiero decir, literario, es, como siempre en Benford, un buen libro de ciencia-ficción.

© Francisco José Súñer Iglesias, (731 palabras) Créditos