2001, UNA ODISEA DEL ESPACIO
2001, UNA ODISEA DEL ESPACIO EE.UU., 1968
Título original: 2001: A Space Odyssey
Dirección: Stanley Kubrik
Guión: Stanley Kubrick y Arthur C. Clarke
Producción: Stanley Kubrick
Música: selección de Stanley Kubrick
Fotografía: Geoffrey Unsworth
Duración: 149 min.
IMDb:
Reparto: Keir Dullea (Doctor Dave Bowman); Gary Lockwood (Doctor Frank Poole); William Sylvester (Doctor Heywood R. Floyd); Daniel Richter (Moon-Watcher); Leonard Rossiter (Doctor Andrei Smyslov); Margaret Tyzack (Elena); Robert Beatty (Doctor Ralph Halvorsen); Sean Sullivan (Doctor Bill Michaels); Douglas Rain (HAL 9000 (voz))

Comentar una película de las consideradas míticas es una tarea muy complicada. Se ha escrito y opinado de ella hasta la saciedad en contra y a favor y, supongo que, aportar algo nuevo puede resultar una imposibilidad manifiesta.

Contar a estas alturas el argumento, y mas aún en un sitio dedicado a la Ciencia Ficción, sería un desperdicio de tiempo y espacio. Propongo, por tanto, realizar un pequeño recorrido por los puntos esenciales que a mi parecer hacen de esta película un icono para todos los amantes de la Ciencia Ficción.

Lo primero a destacar es la fuerza visual del film. Pese a que muchos críticos la vean como pretenciosa y sin substancia, la misma potencia de las imágenes hace que el espectador se pueda quedar enganchado simplemente contemplando la impresionante belleza de las imágenes. Desde el amanecer del hombre, hasta la impresionante Rueda, o la huesuda Discovery desplazándose rumbo a Júpiter, componen un mosaico de imágenes difícilmente olvidables o igualables. El acompañamiento musical ayuda indudablemente a mantener la atención en la pantalla y a dedicarnos sin mas a disfrutar de las imágenes.

Pero no sólo la belleza estética hacen que una película sea inolvidable. Hay pues que considerar algo mas para poder decir que estamos ante una obra maestra.

Tengamos en cuenta, entonces, los otros aspectos destacables de 2001.

En primer lugar un guión, que para muchos se hace incomprensible, pero que aporta, si no originalidad absoluta, ideas y fortaleza en su desarrollo. Las tres partes, o cuatro si somos realmente escrupulosos, en los que se divide la cinta, tienen un sólo nexo de unión: La Losa (y le llamo losa porque, aunque no se aporta en ningún momento su composición, he de suponer que no es de piedra y por tanto no es un monolito. (¿Verdad Francisco?). Esta losa no tiene una explicación definida en el film. Su coguionista, Clarke, si aporta en su novelización y posteriores secuelas, información acerca de que es, pero deberíamos obviarlas ya que en el film su autor no nos lo aclara. La historia es la historia de la losa y su interacción con los humanos, desde el principio salvaje hasta la sociedad tecnificada del futuro cercano.

En segundo lugar un impresionante alarde de maravillosos efectos visuales que no se han superado, y es de lamentar, pese a la tecnificación posterior de los efectos especiales. El purismo de Kubrick le hizo investigar a fondo las posibilidades de recrear lo mas fielmente posible lo que podía ser la vida en el espacio. Las escenas a bordo de la Discovery son impresionantes. El centrífugo, donde desarrollan su vida los cosmonautas es inigualable en precisión y realismo. Es un film en el que Kubrick, tan minucioso como siempre, fuerza al máximo sus exigencias de verosimilitud. Sin embargo también tiene sus fallos, algunos de ellos clamorosos. Uno de los mas destacables se encuentra en la escena de la conferencia en la Luna, presidida por el Dr. Floyd. Todos andan y se mueven como si estuvieran en una oficina del Pentágono o de la NASA.

En tercer lugar encontramos la subtrama de HAL. Un ordenador que ha sido programado para llevar a cabo el control de la nave espacial y, en su caso, completar la misión. El conflicto que se produce, a mi parecer, es originado por la imposibilidad de otorgar el más mínimo sentimiento humano hacia él por parte de Bowman(aunque teniendo en cuenta que los dos astronautas humanos no se hablan en todas las escenas anteriores, no es descabellado pensar que éstos son un ejemplo de inhumanidad manifiesta, tal vez consecuencia del entrenamiento recibido).

HAL le solicita opinión y ayuda. La respuesta de Bowman es terrible: ¿Preparas ya tu informe psicológico? Esto desarma a HAL que como única alternativa posible planea y ejecuta fríamente el asesinato de sus compañeros humanos. HAL es mas humano, pese a su soporte sin base de carbono, en algunos momentos, que su colegas de expedición. Textualmente expresa en el diálogo con Bowman: Quiero demasiado a esta máquina para permitir que usted la ponga en peligro. ¿Sentido de la conservación y autoconciencia o programa básico de protección? (algo así como la tercera ley de la robótica). A mi parecer esto queda muy claro en la durísima escena de la desconexión. Siente miedo. Sabe que va a morir como entidad pensante, y este mismo hecho lo hace humano.

Es innecesario decir que este film me parece la mejor película de Ciencia Ficción de todos los tiempos, incluso admitiendo que tiene defectos palpables como la larguísima escena psicodélica del viaje iniciático de Bowman, que es un ejemplo de innecesaria pretenciosidad visual. Con varios minutos menos hubiéramos tenido bastante. Y otro fallo de verosimilitud: ¿Por que sabe leer en los labios HAL? ¿Se le ha programado para esto? ¿Con qué objeto? Es algo que siempre me ha resultado traído por los pelos. Y aún más: si los astronautas no consideran consciente a HAL, ¿Por qué se ocultan de él para decidir que van a hacer?

Recomiendo por supuesto su visionado en un buen cine dotado de pantalla gigante y con un buen equipo de sonido. Aseguro que notarán una gran diferencia.

Anecdotario:

En este caso se pueden contar por varias decenas las que se podrían reseñar. Pero daré un pequeño repaso a las que considero mas curiosas.

La primera frase se pronuncia a los 30 minutos y es tan banal como: ¡Ya estamos, señor! Nivel principal

La famosa pluma voladora del Dr. Floyd se consiguió pegándola a un cristal circular de 2, 5 metros de diámetro. Sabiendo como se hizo el truco, es un ejercicio divertido ver como se mueve la pluma en el interior del transbordador.

Se construyó una centrifugadora real de 12 metros de diámetro, que se movía a cinco kilómetros por hora. Al tratarse de una estructura cerrada hubo que diseñar cámaras robot que pudieran seguir la carrera de Poole (esta escena es autocopia de otra similar de SENDEROS DE GLORIA, en la que se veía a Kirk Douglas andando por las trincheras, con seguimiento posterior y anterior de la cámara).

El film costó 10, 5 millones de dólares (de los 60). Sería imposible encontrar equivalencias en precios actuales, pero parece ser que el telescopio de Monte Palomar costó mas o menos lo mismo y por la misma época.

Se eliminó del montaje definitivo un prólogo de 10 minutos de duración en el que se entrevistaba a once personalidades entre ellas, astrónomos, físicos, biólogos, hasta ¡un rabino!

La película originalmente tenía una duración de 161 minutos. Después de la premiere del 3 de abril de 1968, Kubrick decidió cortar 19 minutos, reduciéndolo al metraje de 142 minutos que todos conocemos. Se eliminaron secuencias del Amanecer del Hombre, el viaje de Floyd, ejercicios de Poole en la centrifugadora y su paseo en el exterior de la Discovery

Gary Lockwodd (Poole), fue el primer antagonista del capitán Kirk a bordo del Enterprise. Una mutación le hacía avanzar en la evolución. En esta ocasión le ocurre a Bowman y es que las cosas se repiten una y otra vez.

Hay una continuación cinematográfica titulada 2010: ODISEA DOS, dirigida en 1985 por Peter Hyams, y tres literarias. Las dos últimas ruego a los lectores que ni se molesten en hojearlas.

Bibliografía:

  • STANLEY KUBRIK DIRIGE. Alexander Walker.Taller ediciones JB
  • 2001: UNA ODISEA DEL ESPACIO. Ramón Freixas. Libros Dirigido. Col. Programa doble n. 7
  • REVISTA DIRIGIDO. Nº 279. Artículo de José Antonio Jiménez de las Heras.
  • LAS 100 MEJORES PELÍCULAS. John Kobal. Alianza Editorial LB. 1502.
  • THE MAKING OF KUBRIK´S 2001. Jerome Ángel. The New American Library.
  • THE LOST WORLDS OF 2001. Arthur C. Clarke. The New American Library.

Para saber más y otras hierbas

© Alfonso Merelo,
(1.282 palabras) Créditos

La primera vez que la vi, tenía unos trece años, me llevó mi abuela (la cual tuvo pesadillas alucinatorias con la película durante semanas) y no me enteré de nada. Eso de los monos y el monumento cubista, la nave espacial que no es abordada por las tropas del imperio de Darth Vader, sino que es boicoteada por un ordenador parlanchín y ese final con feto malayo gigante... aquello no tenía ni pies ni cabeza.

La segunda vez que la vi, tenía unos 20 años, llevé a una novieta (la cual me dejó a los 3 días por incompatibilidad de gustos cinematográficos) y no me enteré de nada. Aunque relacionaba vagamente a los monos y al cubilete rectangular con el don de la inteligencia humana que se manifestaba en aprender a utilizar garrotes para sacudir a los monos vecinos por la posesión de una charca, seguía sin comprender que quería decir con aquello. El descubrimiento de ese mismo cubilete en la luna, miles de años después con la curiosidad humana satisfecha al mandar una nave a Júpiter por el mero hecho de que la señal de comunicaciones venía de allí, seguía sin tener ningún sentido. La parte de la lucha entre Hal (de la serie 9000) y el astronauta me pareció terrible, pues quien mejor me caía era la máquina, que era capaz, al contrario de su oponente humano, de ser razonable, de ser comunicativa, de confundirse, de matar y de morir. El lenguaje humano visto desde el punto de vista de un no-humano. Y ese final barroco incomprensible, lleno de colores, de imágenes, de sonidos, fruto sin duda alguna de la imaginación humana o, en su caso, de una sobredosis de peyote mexicano mal digerido.

La última vez que la vi, después de incontables visionados en la televisión y lectura de miles de artículos sobre el tema, amén de la novela del insigne A. C. Clarke, fui solo (ya nadie quiere venir conmigo al cine) y seguí sin enterarme de nada. Sigo saliendo igual de confuso y perplejo, porque sigo sin entenderlo todo. Y en eso consiste la genialidad de Kubrick, en que se niega a dar explicaciones. Porque también dentro del hombre se encuentra lo desconocido, aquello que no entendemos ni podemos razonar: futuro, locura, vida distinta a la nuestra, muerte, Dios...

En fin, que sigo sin poder dar explicaciones racionales a la película. Lo que sí puedo es aplicar mis cinco elementos mágicos para saber si cualquier libro, obra de arte, película o videojuego me interesan: inteligencia, curiosidad, lenguaje, imaginación y tratamiento de lo desconocido. Es posible que alguno tenga 1, 2, 3 o 4 presentes. Pero quien tenga los 5, tiene una obra maestra, y 2001 los tiene. A pesar de que el título se haya quedado, ya y por desgracia, anticuado.

© Manuel Nicolas Cuadrado, (467 palabras) Créditos

A mí no me gusta la película 2001, al tiempo que me encanta la novela de Clarke. De todos modos no es ninguna novedad; siempre que comparo una película con la obra en la que está inspirada (aunque a veces esto es mucho suponer) sale perdiendo, salvo honrosas excepciones, la película.

Claro está que yo soy mucho más aficionado a la literatura que al cine (me pasa absolutamente con todos los géneros y no sólo con la ciencia-ficción), por lo que me suele disgustar ver destripada la novela al ser llevada al cine. Un amigo mío, muy cinéfilo, afirma con razón que se trata de dos cosas distintas que hay que contemplar de modo distinto. Yo admito la adaptación de la novela al pasarla a un guión, pero no la modificación pura, simple y gratuita simplemente porque al director le apetece enmedar la plana al autor. Podría poner muchos casos, pero quizá los más escandalosos son por ejemplo los de las películas inspiradas (es un decir) en las novelas de Julio Verne, donde por ejemplo siempre se las apañan para meter con calzador protagonistas femeninas (que no aparecen en la novela) simplemente porque es comercial... O la película EL NOMBRE DE LA ROSA, una adaptación excelente en general pero donde introducen una modificación absurda únicamente por criterios comerciales, concretamente cuando el pueblo amotinado asalta el carro de la Inquisición para rescatar a la chica.

Así pues siempre veo con reticencias estas adaptaciones, y todavía más cuando descubro cosas como que muchos escritores están muy cabreados por las películas basadas en novelas suyas (aunque, eso sí, no devuelven el dinero cobrado por los derechos) o el cinismo de un directos (no recuerdo el nombre) que llegó a afirmar en unas declaraciones que él prefería dirigir adaptaciones de novelas de escritores muertos porque los vivos le incordiaban con sus protestas... Sin comentarios.

Pero centrémonos en el tema de 2001. He de confesar que, reconociendo su valía, a mí Kubrik me gusta más bien poco. Pero es que en 2001, desde mi punto de vista, se cargó completamente el final filosófico de Clarke con esas extrañas escenas que ni dios es capaz de entender si antes no ha leído la novela... Aunque leer la novela en realidad le servirá de poco, ya que tampoco se parecen mucho ambos finales. Y no es que sea metafísico, es que el dichoso final es críptico, ampuloso, barroco y confuso. Yo creo que hubiera sido mucho más sencillo seguir la línea de Clarke, pero...

Y otra cosa, Kubrik también se cargó (¿por qué?) el viaje del Discovery a Saturno; os recuerdo que en la novela el monolito se alza en la superficie de Japeto, mientras que en la película está flotando en órbita alrededor de Júpiter. Claro está que luego llegó el jeta de Clarke y, al escribir 2010 con un nada disimulado propósito de hacer la película correspondiente, se enmendó a sí mismo poniendo el monolito en Júpiter y no en Saturno... Claro está que, con el morro que gasta el buen señor, todavía me parece poco que traicionara a su propia obra.

© José Carlos Canalda, (518 palabras) Créditos

Me parece una obra maestra, porque permite su disfrute en varios niveles. Como cúmulo de sensaciones que entran por ojos y oídos es la belleza en celuloide. Lo de la elipsis tras el lanzamiento del hueso es Historia del séptimo arte. Quien ha visto 2001 ya nunca podrá oír las notas del Danubio Azul sin acordarse de la peli.

Además, permite ejercer su lectura desde distintos puntos de vista. La película es una caja abierta de la cual cada uno saca sus conclusiones, y por muy dispares que estas sean, son perfectamente viables. Se puede hacer una lectura religiosa creyendo que el monolito es Dios o cualquier ser superior y se puede hacer una lectura agnóstica, interpretando el monolito como el instrumento de una civilización más allá de nuestro entendimiento. Incluso se pueden hacer interpretaciones más extrañas aún, como la que sale en la revista Stalker, y ser perfectamente coherentes.

En definitiva, es una experiencia audiovisual ante la cual sólo hay que sentarse y dejar volar la imaginación.

© Santiago L. Moreno, (168 palabras) Créditos