Star Trek FILM, 5
LA ÚLTIMA FRONTERA
LA ÚLTIMA FRONTERA EE.UU., 1989
Título original: Star Trek V: The Final Frontier
Dirección: William Shatner
Guión: David Lougherey
Producción: Paramount Pictures
Música: Jerry Goldsmith
Fotografía:Andrew Laszlo
Duración: 107 min.
IMDb:
Reparto: William Shatner (James T. Kirk); Leonard Nimoy (Spock); DeForest Kelley (Leonard McCoy); James Doohan (Montgomery Scott); Walter Koenig (Pavel Chekov); Nichelle Nichols (Uhura); George Takei (Hikaru Sulu); David Warner (St. John Talbot); Laurence Luckinbill (Sybok); Charles Cooper (Korrd); Cynthia Gouw (Caithlin Dar); Todd Bryant (Klaa); Spice Williams (Vixis); Rex Holman (J´onn)

LA ÚLTIMA FRONTERA, quinta entrega cinematográfica trek, está considerada la peor de todas las películas de la franquicia, opinión que creo conviene matizar. Porque, si bien es cierto que fue acogida con frialdad por el público en general y con tibieza por los trekkies, no puede negarse que posee suficientes atractivos para considerarla una cinta interesante, algo fallida pero no mala. O, en todo caso, no tan mala como han pretendido dar a entender muchos aprendices de críticos, que, para no variar, optaron en su día por ponerla de vuelta y media porque sí, sin razonar mínimamente sus opiniones; y, lo que es todavía peor, sin tener ni idea de las tremendas dificultades de todo tipo a las que tuvo que hacer frente Shatner para rodarla. Así pues, en vista de la pésima imagen que se tiene de STAR TREK V gracias a la encomiable labor de tantísimo especialista como pulula por ahí, me he decidido a romper una lanza en favor de este film y de su injustamente denostado director, explicando con detalle cómo se gestó esta quinta entrega fílmica trek, y ahondando en las causas de su supuesto fracaso.

Empecemos por decir que la idea del film se le ocurrió a Will Shatner al ver uno de esos programas de telepredicadores, tan populares entre ciertos espectadores americanos con déficit de neuronas. El show en cuestión era presentado por un iluminado que aseguraba que Dios hablaba a través de él. El increíble éxito de audiencia de semejante majadería dejó boquiabierto al actor, quien de inmediato se olió que de allí se podía sacar un buen argumento para una nueva película de Star Trek, en la que la tripulación de la Enterprise, subyugada por una suerte de predicador galáctico, emprendería un viaje épico en busca de..., Dios. Shatner, que deseaba debutar en la dirección, presentó la idea a la Paramount y a Harve Bennett, el productor responsable de las tres últimas entregas de la saga, pero éstos la acogieron con grandes reservas, por otra parte sobradamente justificadas. Lo más espinoso del asunto era eso de que la Enterprise acabara por encontrar a Dios, tal como planteaba Shatner en el primer borrador de su historia. Ni los ejecutivos de la Paramount ni Bennett estaban dispuestos a rodar algo así, pues eran conscientes de que un público como el norteamericano, mayoritariamente creyente y protestante, jamás aceptaría semejante premisa. Además, en el supuesto de que Kirk y los suyos encontraran, por fin, a Dios, ¿cómo representarlo en pantalla? Cada persona tiene un concepto distinto de la divinidad, así que, por muy fuerte que fuese la inversión en efectos especiales para crear la imagen de Dios, ésta siempre sería decepcionante para el público en general. Sin embargo, consideraron que el punto de partida de Shatner podía dar mucho juego y se avinieron a estudiar la posibilidad de utilizarlo para la siguiente entrega trek, con la condición de que el actor cambiara el final de la historia, convirtiendo al supuesto dios en un alienígena camuflado, por así decirlo. Porque eso sí: tras el apabullante éxito de STAR TREK IV: THE VOYAGE HOME (el título español me parece abominable), estaba claro que los trekkies de todo el mundo aguardaban con ilusión una nueva aventura de sus personajes favoritos.

Las negociaciones entre Shatner, Bennett y los Estudios se prolongaron durante largo tiempo, razón ésta que explica, en parte, el retraso con el que se estrenó el nuevo film de Star Trek. Desde LA IRA DE KHAN, lo normal había sido que transcurriese un intervalo de dos años entre cada título de la saga. Pero entre los estrenos de THE VOYAGE HOME y THE FINAL FRONTIER hubo un paréntesis de nada menos que tres años de espera. Esto, en principio, redundó en beneficio de la saga, pues hizo aumentar la ansiedad de los trekkies, que esperaban el nuevo film como agua de mayo. Porque es obligado reconocer que STAR TREK V fue, con mucho, la cinta más esperada de toda la historia de la franquicia..., y también la que, al final, más profundamente dividiría a los fans; o, al menos, a una gran parte de ellos.

La responsabilidad del supuesto fiasco de THE FINAL FRONTIER se le adjudicó arbitrariamente, como se ha dicho, a Will Shatner, del que se llegaron a escribir auténticas barbaridades, tachándole poco menos que de inútil para la dirección cinematográfica. Sin embargo, y pese a todo, Will hizo un trabajo magnífico que, si bien en su momento no fue reconocido debido al relativo fracaso del film, posteriormente sería reivindicado por los aficionados más lúcidos y menos radicales. Hoy, sabiendo como sabemos cómo se desarrolló el proyecto y los enormes problemas que afrontó Shatner a la hora de dirigirlo, hemos de admitir que el bueno de Will llevó a cabo un trabajo muy aceptable, dadas las circunstancias.

Uno de los aspectos más criticados de la cinta fue su guión, del que también se responsabiliza a Shatner, olvidando que lo escribió David Loughery. El argumento fue idea de Will, es cierto. Pero se tiende a pasar por alto el hecho de que la historia que narra el film apenas se parece en algo a lo imaginado por el actor. Will, consciente de que un buen guión es lo más importante en una película, recomendó a la Paramount que contratase a Nicholas Meyer para escribirlo. Meyer, director, productor y escritor, había dirigido LA IRA DE KHAN, el mejor título de toda la saga, y colaborado en el guión de THE VOYAGE HOME. Shatner estaba convencido de que con él en el equipo la película se convertiría en un éxito. Pero, por las razones que fuesen, los Estudios optaron por darle el trabajo a David Loughery, profesional capaz pero en absoluto genial, del que lo mejor que se puede decir es que hizo lo que pudo con el material que tenía a su disposición.

El guión especificaba que, en determinado momento de la historia, Spock y McCoy traicionaban a Kirk seducidos por el influjo de Sybok, al que decidían seguir en su mística búsqueda. Nimoy y Kelley se negaron en redondo a rodar tal escena, alegando, con gran sensatez, que nada podría hacer que Bones y el vulcano traicionaran al capitán. Hubo un ligero tira y afloja entre Shatner y sus compañeros por este asunto, aunque al final Will admitiría su error, instando a Loughery a modificar ésa secuencia.

La alteración más notable del guión afectó al personaje de Sybok, que en el texto original de Shatner era un antiguo amigo de Spock y se llamaba Zar. En un intento de darle más emotividad y dramatismo al relato, se decidió convertirle en hermanastro de Spock, algo considerado un error por Shatner, que no convenció en absoluto a Nimoy y que dejó perplejos a los fans. Pero como los que mandaban eran Bennett y la Paramount, a los actores no les quedó otra que tragar. Los Estudios querían a Sean Connery para dar vida a esa especie de santón vulcano. Al actor escocés le habría encantado participar en Star Trek, pero acababa de firmar un contrato con la Fox para interpretar al padre de Indiana Jones en LA ÚLTIMA CRUZADA, por lo que no pudo aceptar la tentadora oferta. Es indudable que la presencia de este gran actor habría redundado muy positivamente en el éxito del film. Pero ante su negativa, la Paramount contrató a Laurence Luckinbill, que guardaba un gran parecido físico con Connery. Shatner, visiblemente contrariado porque le habría gustado trabajar con el escocés, decidió homenajearle en el film. Y así, el nombre vulcaniano de la morada de Dios, lo que nosotros llamaríamos el Edén, es Sa´Ka´Ree, que en inglés suena muy parecido a Sean Connery.

Shatner deseaba ofrecer a los trekkies una cinta tan espectacular como las anteriores, de modo que presentó a la Paramount una batería de atractivas novedades que, sin duda, habrían mejorado sustancialmente la película. Pero entonces los mandamases de los Estudios metieron la pata hasta el fondo, reduciendo drásticamente el presupuesto asignado al film. Entre las propuestas de Will figuraba la de cambiar el look de los miembros de la Flota Estelar, diseñando unos nuevos uniformes de servicio, más funcionales. Lo único que se salvó de esta idea fueron los trajes de campaña que lucen los miembros del comando federal en Nimbus III, cuyo boceto original parece que fue obra del propio Shatner, y que nunca más volveríamos a ver. Los vistosos efectos especiales que quería el director fueron reducidos al mínimo imprescindible y, así mismo, varias escenas de gran espectacularidad fueron suprimidas por su elevado coste.

Lo peor llegó durante la postproducción. Lo rodado duraba más de dos horas y Shatner optó por suprimir algunas escenas que, a su juicio, ralentizaban la acción. Sin embargo, cuando ya creía tener la película lista para estrenarla, la Paramount, inexplicablemente, exigió más cortes. Will trató de defender la integridad de su obra con uñas y dientes, pero el contrato que había firmado le obligaba a atender las sugerencias de los Estudios y, así, tuvo que presenciar, impotente, cómo su film sufría una arbitraria mutilación que se llevó por delante secuencias enteras, que él consideraba indispensables para una correcta comprensión del argumento.

La cinta fue proyectada a los ejecutivos de la Paramount, quienes dieron su visto bueno, a pesar de que Shatner no estaba en absoluto conforme con el resultado final. LA ÚLTIMA FRONTERA se estrenó el 9 de junio de 1989 en 2.202 salas cinematográficas de EE. UU. No fue, como insisten en afirmar machaconamente muchos indocumentados, un sonado fracaso. En los tres primeros días de exhibición recaudó más de 17.000.000 de dólares, cifra que aumentó considerablemente en los seis meses siguientes. Si bien es cierto que no rompió las taquillas, como LA IRA DE KHAN, EN BUSCA DE SPOCK y THE VOYAGE HOME, también lo es que cubrió costes holgadamente y generó sustanciosos beneficiosos. A pesar de ello, tuvo una tibia acogida, en parte porque no fue adecuadamente publicitada, y en parte, también, porque su estreno coincidió con el de cintas tan bien promocionadas como CARIÑO, HE ENCOGIDO A LOS NIÑOS, INDIANA JONES Y LA ÚLTIMA CRUZADA, BATMAN, ARMA LETAL 2, MIRA QUIÉN HABLA y REGRESO AL FUTURO 2.

Es importante señalar que las primeras críticas que recibió LA ÚLTIMA FRONTERA fueron muy elogiosas, aunque, con el paso del tiempo, y sin que se sepa muy bien por qué, ciertos sectores trekkies empezaron a denostarla inmisericordemente. Y como ya se sabe que todo se pega menos la hermosura, en años posteriores todo zascandil con veleidades de crítico cinematográfico, fuera o no trekkie, se unció al carro de los detractores del film, colaborando entusiásticamente en la execrable labor de defenestrar una cinta que no merecía ser blanco de tanta y tan estúpida inquina.

La percepción de esta película en España fue incluso peor que en el resto del mundo, ya que aquí ni siquiera llegó a estrenarse en salas comerciales; con lo cual, los trekkies españoles tuvimos que esperar hasta la distribución del film a través del vídeo de alquiler para poder verla. Para los coleccionistas, como el que suscribe, la espera fue más larga, pues hasta 1992 no se puso a la venta la edición en VHS, que salió al mercado al mismo tiempo que STAR TREK VI: AQUEL PAÍS DESCONOCIDO. Es decir: que la cinta llegó a España con mucho retraso y, lo que es aún peor, precedida por una mala reputación construida en base a los discutibles argumentos de unos críticos de dudosa valía. Esto ejerció una influencia muy negativa sobre gran parte del colectivo trekkie español, que asumió como canónicas unas críticas cimentadas en prejuicios individuales y razones de gusto personal, y no en un análisis objetivo y desapasionado del film y las circunstancias en que fue concebido.

Con todo, es innegable que LA ÚLTIMA FRONTERA es la entrega más floja de la saga por muchos motivos. Sus defectos son harto notorios, pero no puede culparse de ello a Shatner exclusivamente. Él rodó lo que Loughery escribió, y no olvidemos que el guionista seguía instrucciones de Bennett y de la Paramount. Está claro que Shatner no se desenvolvió en la realización con la soltura de Nimoy, que había dirigido con mano maestra la tercera y cuarta entregas de la saga; pero eso no significa, necesariamente, que sea un mal director. Los encargados de diseñar las escenas de acción y los especialistas declararon que Shatner poseía una habilidad innata para filmar esta clase de secuencias. Pero donde más destacó Will fue en la dirección de actores. Buen conocedor, como no podía ser de otro modo, de la personalidad y del método interpretativo de sus compañeros de reparto, supo sacar de ellos el máximo partido posible, y ésta es, posiblemente, la entrega trek en la que más atención se presta a las relaciones personales del trío protagonista, pues ahonda especialmente en su inquebrantable amistad y camaradería, que nunca antes nos habían sido presentadas de forma tan explícita. Las escenas de la acampada de los tres amigos en el parque de Yosemite, dura y estúpidamente criticadas por ciertos seudotrekkies, están cargadas de gran emotividad. El mismísimo Gene Roddenberry alabó esta parte de la película, considerándola como una de las mejores. El diálogo entre los tres amigos, al amor del fuego, es conmovedor y electrizante a un tiempo, y patentiza el grado de intimidad que han alcanzado esos hombres, cuya única familia parece ser la Flota Estelar y todo cuanto ésta representa, y que incluso pasan los permisos juntos. Es esa extraordinaria amistad que une a los protagonistas lo que ha hecho del Star Trek clásico una obra de culto. En ninguna otra producción de ciencia-ficción, ni siquiera en las restantes sagas trek, hay una relación tan sincera, tan profunda, como la existente entre Kirk, Spock y McCoy. Quizás porque, en el fondo, tal amistad era real y no interpretada.

Y es que, insisto, ése es uno de los pilares sobre los que reposa el Star Trek de siempre. Sulu y Chekov, compañeros en las consolas de pilotaje y navegación, también pasan juntos su permiso. ¿Y qué decir de Scotty y Uhura? La relación amistosa del ingeniero jefe y de la oficial de comunicaciones, forjada durante la misión de cinco años narrada en TOS, parece haberse transformado en algo más, a juzgar por la sugerente escena en el puente de la Enterprise. Por desgracia, esta línea argumental no fue explotada como muchos habríamos deseado, de modo que nos quedamos sin conocer la evolución de este naciente romance trek, ya que la siguiente entrega fílmica no contiene ninguna alusión al mismo. Una pena.

Por cierto, Nichelle Nichols fue blanco de críticas, tan gratuitas como absurdas, por la escena en la que baila desnuda en lo alto de una colina de Nimbus III para atraer la atención de los hombres de Sybok. Es verdad que la actriz ya tenía sus buenos 56 tacos cuando se rodó la película, pero también lo es que se conservaba muy bien para su edad. A aquellos que se rieron de esta secuencia, habrá que recordarles que la acción transcurre de noche, y que lo único que pueden ver los sicarios de Sybok a la difusa luz de las lunas de Nimbus III, es la silueta de una mujer desnuda que baila insinuantemente y canta una sugestiva canción. Más claro, el agua.

La secuencia más interesante, desde mi punto de vista, es la de la sala de observación, ésa en la que Sybok emplea su peculiar poder de sugestión para obligar al doctor y al primer oficial científico a revivir los momentos más dolorosos de sus vidas. El que se lleva la palma es McCoy, pues aquí se revela su gran tragedia personal. Tiempo atrás, cuando era un joven y prometedor médico que iniciaba su vida profesional, se vio obligado a desconectar la máquina que mantenía con vida a su padre, para evitarle sufrimientos inútiles y preservar su dignidad humana. Bones tomaba tan difícil decisión en respuesta a la desgarradora petición del autor de sus días, quien le suplicaba que le aliviara el dolor. Por desgracia, poco después del fallecimiento de su padre, la ciencia médica halló la cura para el mal que éste había padecido. Desde entonces, McCoy viviría con un fuerte sentimiento de culpa atenazándole el corazón. Excusado es decir que esta contundente referencia a la eutanasia provocó airadas protestas por parte de los sectores más conservadores de la sociedad estadounidense, aunque fue bien acogida por el público en general. Lo más importante es que la revelación de esta sombra en el pasado de McCoy lo enriquece psicológicamente, potenciando más aún la profundidad emotiva de un personaje que siempre se ha caracterizado por su gran humanidad. En cuanto a Spock, Sybok le hace presenciar el momento de su nacimiento, cuando su padre, Sarek, al tenerlo en sus brazos por primera vez, observó con cierto deje de desprecio en su voz que era demasiado humano. Pero aunque en principio el primer oficial de Kirk parezca muy afectado por ello, en realidad ésa es una parte de sí mismo que tiene perfectamente asumida desde hace mucho tiempo, así que se recupera enseguida de su momentánea... ¿impresión? El único que se resiste a Sybok es Kirk, quien alega que no quiere que le quiten su dolor porque lo necesita para vivir, para no olvidar nunca que es humano. Spock y McCoy tampoco sucumben al influjo de Sybok y se niegan a seguirle, permaneciendo fieles a su capitán y demostrando así, por enésima vez, que la amistad que los une es indestructible.

La película, como puede observarse, tiene momentos memorables en la tradición del mejor Star Trek. Sin embargo, no funcionó como se esperaba. ¿Por qué? Pues porque el guión de Loughery deja demasiados cabos sueltos. Algunos puntos de la trama no están bien explicados y otros parecen no encajar con la historia que se pretende narrar. Por ejemplo, en ningún momento se nos explica cómo ha obtenido Sybok sus sorprendentes poderes. Spock dice que su hermanastro es un revolucionario, que renegó de la filosofía lógica vulcaniana y optó por explorar sus emociones para conocerse mejor a sí mismo. Pero eso, en realidad, no aclara nada. Tampoco está nada claro por qué el general Kord, un veterano guerrero klingon, accede a ayudar a Kirk. La información que se nos proporciona acerca de Nimbus III y esa peculiar alianza klingon-romulana-federal para colonizarlo es puramente anecdótica. Por no hablar de lo increíble que resulta que la Enterprise A, una nave nueva del paquete —como decimos en España—, que le fue entregada a Kirk al final de THE VOYAGE HOME, tenga tantísimas averías sin haber salido ni una vez al espacio profundo.

Pero quizás el más acusado defecto de STAR TREK V sea su intermitente falta de ritmo narrativo, algo que puede deberse tanto a la bisoñez de Shatner en la dirección, como a los numerosos cortes de última hora impuestos por los Estudios, y que sin duda mermaron considerablemente la calidad final del film. A este respecto, resultaría interesante ver la película tal como su director la concibió en su momento, antes de que la Paramount decidiera meterle tijera. Tal vez entonces muchos detractores de Will Shatner tendrían que tragarse, por infundadas, sus inmisericordes críticas.

STAR TREK V: LA ÚLTIMA FRONTERA, carga, como se ha dicho, con la dudosa fama de ser lo peor de lo peor en el vasto universo trek. Pero no es, ni de lejos, el bodrio que muchos dijeron que era. En todo caso, sus defectos, que los tiene, no pueden achacársele sólo a Will Shatner, como se empeñan en afirmar ciertos críticos nada rigurosos. Representó, eso sí, un bache, un relativo bajón en la saga fílmica de Star Trek, pero nada más. Espero que estas líneas hayan servido para aclararles algo las ideas a quienes se han dedicado, con un entusiasmo digno de mejor fin, a verter diatribas contra ella.

© Antonio Quintana Carrandi, (3.318 palabras) Créditos

Sin duda ninguna la mas denostada de toda la serie en el cine. Primera dirigida por William Shatner, y última dicho sea de paso. Sin embargo yo no la considero la peor (para mí es mucho mas horrible INSURRECIÓN e incluso LA PRÓXIMA GENERACIÓN), aunque es cierto que adolece de un guión pobremente desarrollado en cuanto a las ideas.

De momento aparece un hermano de Spock, Sibock, que no sabemos de donde sale. Parece que es Vulcano puro, pero no se nos explica. es de suponer que rompe la continuidad de la serie, pero si este es un criterio del guionista, que al menos tenga la amabilidad de dar una explicación. Este hermano trata de buscar a Dios, que parece que se encuentra en el centro de la barrera galáctica. Como parece obvio, la única posibilidad es conseguir una nave estelar y como no ésta ha de ser el Enterprise. (una nueva nave, en la que nada parece funcionar correctamente).

A mi me parece un film intrascendente, pero no excesivamente malo. Supongo que los costos de rodaje han sido bajos, lo que resiente los efectos especiales indudablemente. Pero tiene cosas interesantes. La principal idea puede ser la noción de que todas las razas del universo adoran o creen en un dios, y que anhelan el encontrarlo. Una idea muy de Roddemberry. La aparición de este dios y el desenlace de su encuentro con Kirk, también entra a formar parte del concepto mitológico de la serie original. Siempre hay una explicación racional para los fenómenos extraños.

Aparte de este final nos encontramos, también, con un reforzamiento de la amistad entre el trío protagonista. Pese a los poderes de Sibock (¿de donde los habrá sacado?), el buen doctor decide aliarse con sus dos amigos debido a sus fuertes lazos de unión. Esta amistad ha sido una constante en este universo Trek de la primera época, que no se ha vuelto a repetir en ninguna de las miles de series y películas posteriores. Deberían ser recordados como Los tres mosqueteros del espacio, aunque me falte uno (Chejov podría ser D´artagnan).

Recomendable para amigos del esoterismo científico ¿?

Frase para recordar:

Kirk (dirigiéndose a dios) -Perdone, pero ¿para qué necesita dios una Nave Estelar?

© Alfonso Merelo, (367 palabras) Créditos