CAMPO DE CONCENTRACIÓN
CAMPO DE CONCENTRACIÓN Thomas M. Disch
Título original: Camp Concentration
Año de publicación: 1968
Editorial: Ultramar
Colección: Ciencia-Ficción nº 79
Traducción: A. Laurent
Edición: Junio de 1989
Páginas: 196
ISBN:
Precio: ---

Leyendo CAMPO DE CONCENTRACIÓN no podía evitar pensar en otras obras similares en desarrollo; MEMORIAS ENCONTRADAS EN UNA BAÑERA, de Stanislaw Lem, y EL CASTILLO, de Franz Kafka. En las tres, el protagonista es víctima de lo que se podría llamar conspiración de fuerzas que están más allá, no tanto a su entendimiento, como a sus posibilidades para escapar de ellas; el fatalismo con el que afrontan sus particulares situaciones es más una actitud hacia la vida que parte de la circunstancia que viven, y pese a que los desenlaces difieran enormemente de una a otra obra, el regusto amargo que dejan los hace más cercanos entre si.

Sin embargo, CAMPO DE CONCENTRACIÓN tiene su propia personalidad, como no podía ser menos, y sus propios defectos, porque virtudes apenas se las veo.

El argumento no puede ser más breve; en una prisión o campo de concentración, que no acaba de quedar finalmente demasiado claro, se utiliza a presos políticos para experimentos biológicos. Esto, que podría haber dado juego a un desarrollo mucho más interesante que el propuesto por Disch, que se queda en un rosario de panfletos, no siempre demasiado conexos, donde se exponen las ideas y obsesiones del autor.

Se puede decir que prácticamente cualquier obra se fundamenta en los temas que más perturban e interesan a los autores. Naturalmente no hay nada que objetar a esto, sin embargo, hay una cierta diferencia entre una obsesión contada con gracia e interés y una serie de opúsculos encadenados con los que el autor sólo pretende desahogarse importándole bien poco el lector. A mi, este tipo de obras me resultan muy fastidiosas; el autor no quiere contar historias, quiere que ser escuchado, no tanto para compartir sus inquietudes como para proclamarlas a los cuatro vientos, sin que importe mucho o poco que el oyente/lector se aburra soberanamente y sólo pretenda hacer un educado mutis. Es lo que llamo efecto borracho de bar.

Por si esto fuera poco Disch adorna el libro con decenas de citas y referencias eruditas, o eso parece, de las que, sinceramente, no he sido capaz de contrastar ninguna. Hace años esto me hubiera sumido en un desagradable estado de inferioridad cultural. Hoy por hoy cuanta más cita erudita tiene un libro más bajo está en mi personal grado de aprecio. No se muy bien si los autores lo hacen por mostrar sus infinitos y arcanos conocimientos o para humillar al lector demostrándole lo ignorante que es. Pero como crear una referencia erudita es sencillísmo y citar en falso fácil y hasta barato, como ya digo, a más cita erudita menos aprecio por la obra en cuestión. ¿Exagero? No mucho, una de estas dos citas es falsa, la he creado yo y resulta un proceso asombrosamente sencillo;

El hombre es a si mismo lo que el Emperador a los ciudadanos Livio Claudio

Todos los malos precedentes han tenido origen en decisiones acertadas Julio César.

No voy a decir, por supuesto, que todas o siquiera alguna de las referencias utilizadas por Disch sea falsa, pero si que tanta cita es molesta, y realmente no demuestra más que pura y simple acumulación de conocimiento, no verdadera sabiduría.

Por último, el final de CAMPO DE CONCENTRACIÓN es patético. ¿Será que Disch había llegado a un punto en el que no sabía salir del barrizal retórico en el que se había metido? Probablemente, puesto que es la cosa más ridícula que he leído desde el memorable final de ENDER EL XENOCIDA; no apto, en definitiva, para criterios medianamente estrictos.

En resumen; una novela de un cierto renombre a que, personalmente, no recomendaría a nadie, aunque quizá los amantes de las conspiraciones y la narrativa densa les llegue a interesar.

© Francisco José Súñer Iglesias, (618 palabras) Créditos

Como siempre, encontré alguna similitud, concurrencia o antecedente en alguna otra obra, en este caso FLORES PARA ALGERNON, aquí como en la obra de Keyes? se nos pone en la piel de un experimento para aumentar la inteligencia humana. Las dos coinciden en el formato diario, y como la chispa del genio se consume. Si en FLORES PARA ALGERNON eran deficientes y ratones, aquí son prisioneros y conejos. Pero para mi acaban aquí todas las coincidencias, si las comparo (por muy odioso que resulte) FLORES PARA ALGERNON queda como un relato emotivo digno de triunfar en los Oscar de los años 80 (no sé que hizo la película), pero simple, demasiado.

En cambio CAMPO DE CONCENTRACIÓN queda como un señor libro, casi, casi una verdadera exhibición literaria. Además me encanta que el personaje sea tan culto, casi pedante, no en vano se trata de un genio, además que no se arruga a la hora de analizar lo que debía ser la moral del hombre de esa época, aquí señalo que me encanta el título de la obra que escribe Auschwitz: una comedia. Claro que en alguna ocasión se nota demasiado en que año esta escrito, y os problemas de superpoblación, el consumo de drogas. Pero poco importa, uno no puede evitar identificarse con ese prisionero de unos estúpidos militares que son los que tienen la sartén por el mango (o ellos o los que tienen a los militares en el puño).

Por cierto igual me parecieron excesivas las primeras páginas de la segunda parte, juro que no entendí nada, pero si que hicieron el efecto adecuado, un genio puede ser incomprensible. (he de reconocer que temí que toda la segunda parte fuera así, en ese caso hubiera quemado el libro)

Bueno yo le doy todo un 8.

© Iñaki Rodriguez, (297 palabras) (Lista de #cienciaficción) Créditos