Este es uno de esos libros que jamás tendría que haberse publicado. Que el albacea literario de turno se dedique a amontonar y ligar las notas de un autor recién fallecido, compilarlas basándose en criterios de estricto respeto por el estilo del autor, y publicarlas con el bombo de obra póstuma, tendría que estar prohibido, o cuando menos penado con la indiferencia del lector, por cuanto se nos venden libros de origen más que oscuro y dudosa paternidad.
Sin embargo, en este caso me alegro de que John Wilson, el albacea de turno, se tomara la molestia de revolver los papeles de Burgess para publicar esta novela. O novelas, que al cabo no está nada claro que Burgess tuviera intención de que las tres historias que se cuentan en paralelo estuvieran integradas en un solo volumen, y menos aún de la forma en la que lo están.
Se trata de una biografía novelada de Sigmund Freud, un extraño pastiche musical sobre la estancia de Trotsky en Nueva York y una verdadera novela de ciencia-ficción que narra el fin del mundo. Como se ve, la relación entre las tres líneas argumentales está claramente relacionada por la máquina de escribir usada para su mecanografíado (una Olivetti Studio 45) y el papel utilizado (Gefavax 701) Y claro, por el blanco de los ojos de los personajes principales.
Suspicacias aparte, se puede tener una perspectiva amplia y admitir que Burgess tenía realmente la intención de publicar algún día este libro en una versión no muy distinta, pero francamente, prefiero dejarme llevar por la incredulidad y pensar que se trata de una maniobra de los herederos para sacar cuartos a la obra del tío Anthony aún después de muerto.
El caso es que, sospechas aparte, FIN DE LAS NOTICIAS DEL MUNDO es un libro interesante y agradable de leer. Pese a que está dando continuos saltos entre los tres argumentos (sin ninguna relación entre sí, excepto una forzada explicación en las tres últimas páginas y algunos hilvanes aquí y allá) se deja leer con fluidez, y sólo el numerito musical que habla de Trotsky es francamente flojo, y hasta malo. Para más recochineo Wilson dice en el prólogo que incluso ¡¡se encontró la partitura!!
De modo que evitando todo lo que hable de Trotsky queda la historia de ciencia-ficción y la biografía de Freud, que relata desde el punto de vista del propio Freud la elaboración de las teorías que le hicieron el padre de la psiquiatría y psicología modernas, las dificultadas a las que se enfrentó, su éxito internacional y la frustración que le supuso que ni uno sólo de sus discípulos siguiera las pautas que él había marcado, y creara cada uno, desde Carl Jung hasta Otto Rank, una escuela distinta a la del maestro.
Y ya, por fin, nos queda la novela de ciencia-ficción. El argumento es del otro mundo. Tal y como suena; del mundo que amenaza con destruir la Tierra mediante el asombroso método de la colisión directa.
Estadísticas aparte (ya es casualidad que, con el cacho de espacio que hay en el Universo, dos pelotillas infinitesimales vayan a chocar justo en la órbita Solar); Burgess sale muy bien parado de la narración de la catástrofe. Cuenta como, predicho el fenómeno por los científicos de turno, el presi de Estados Unidos ordena la construcción de un Arca en la que se embarcarán los cincuenta yanquis más listos, más guapos y más sanos que haya disponibles. Por puro enchufe, (es marido de la yanqui más lista, guapa y sana disponible, y encima, yerno del diseñador del proyecto); Val Brodie es reclutado como cronista de la aventura. Y nadie mejor que él. Profesor de ciencia-ficción (¡bien por el futuro que pinta Burgess!) y cínico descreído, verá como la Tierra se desmorona, literalmente, a su alrededor mientras que los esfuerzos por salvarse a si mismo se harán día a día más desesperados.
Por supuesto, la esperanza salvadora del Arca atrae a los mas variados personajes y en el relato de esa carrera Burgess sale con nota. Mafiosos, predicadores fundamentalistas, actores fracasados, y un buen cúmulo de fenómenos acompañan a Brodie en su lucha. Pero eso no es todo, la construcción de la nave ha sido encomendada a un exmilitar, estricto hasta el sadismo, y desde luego, los cincuenta elegidos no están dispuestos a dejarse manejar fácilmente por ese siniestro personaje.
Hoy por hoy esta novela de Burgess sólo es posible encontrarla de saldo, pero obviando su descarado comercialismo y la parte que habla de Trotsky, el resto resulta muy recomendable y aunque no es muy agradecida de leer, no resulta de ningún modo decepcionante.
2 de abril de 1999
En la lista de Bem han tenido a bien precisarme que FIN DE LAS NOTICIAS DEL MUNDO... la publicó el propio Burgess mientras aún estaba vivito y coleando... de modo que debo admitir que Burgess ha conseguido tomarme el pelo con ese prólogo a cargo de John Wilson en el que se presenta como recién fallecido.
En fin, que uno no puede estar a todo.
En cualquier caso, y creo que esta vez con las aprobadoras carcajadas del tío Anthony desde el más allá, (al fin y al cabo ese prólogo es claramente paródico) sigo diciendo que es un abuso la publicación de obras póstumas, para la mayor gloria del bolsillo de los herederos, y más que probable descalabro de la fama del autor.
Anthony Burgess