CUBE
CUBE Canadá, 1997
Título original: Cube
Dirección: Vincenzo Natali
Producción: Betty Orr, Mehra Meh
Guión: Graeme Manson, Andre Bijelic
Música: Mark Korven
Fotografía: Derek Rogers
Duración: 90 min.
IMDb:
Reparto: Nicole De Boer (Leaven); Nicky Guadagni (Holloway); David Hewlett (Worth); Andrew Miller (Kazan); Julian Richings (Alderson); Wayne Robson (Rennes); Maurice Dean Wint (Quentin)
Comentarios de: Javier Iglesias Plaza

El cubo de la vida

Creo que nadie con un poco de sentido común puede negar que el cine, el tan cacareado Séptimo Arte, ha sido siempre la más cortesana de las artes, como tampoco que en los últimos años su nivel de prostitución ha llegado a niveles difícilmente tolerables. En un entorno como el hollywoodiense, que todo y no abarcar la producción cinematográfica mundial, sí la lidera y la alimenta, que las películas las hagan guionistas y directores que son poco más que meras marionetas (las más de las veces sin ningún talento) en manos de ejecutivos entrajados sedientos de dinero rápido y fácil, y que, por lo común, cualquier atisbo de genialidad o heterodoxia creativa se quede, merced a la vigilancia de estos vampiros fílmicos, en la sala de montaje o directamente en la trastienda de los círculos independientes de distribución, dice mucho, demasiado, de cómo están las cosas en este ámbito, así como de cuán encarnizado podría ser el debate sobre si al cine deberíamos seguir o no llamándolo arte. Ahora ya no interesa el cine; sólo vender muñecos...

Por eso el buen cine, especialmente el buen cine fantástico, hay que buscarlo lejos de los grandes nombres, los grandes estudios y las grandes sumas de dinero. Ahí está, como ejemplo ilustrador, CUBE, de Vincenzo Natali, una producción canadiense de bajo presupuesto que a base de talento, ingenio, también humildad, consigue unos resultados visuales, argumentales y temáticos que ya quisieran para sí la mayoría de producciones yankis de género cuyos recursos económicos, técnicos y humanos son infinitamente superiores.

CUBE es un film que mezcla hábilmente terror y ciencia-ficción, y que refleja un universo original y turbador a partes iguales. No se me ocurre mejor forma de difinirlo que como el hipotético sueño de un Kafka posmoderno.

Un cubo es el protagonista, un cubo de proporciones faraónicas, que a su vez contiene multitud de otros cubos más pequeños en su interior. El meollo del asunto está en meter a un grupo de personas distintas en su interior y observar cómo actúan y cómo se las arreglan para intentar sobrevivir dentro de esos cubículos llenos de trampas mortales, sin comida y sin bebida, y sin ni tan siquiera saber cómo y por qué llegaron hasta allí. El pretexto argumental viene a decir al final que el Cubo es un experimento militar cuyo fin último es buscar la manera definitiva de tener controlada a la masa, cuya libertad de opción, cuyo libre albedrío dentro de los sistemas políticos liberales, no hace sino conducirla al descontrol y el caos. La película de Natali participa en este sentido de una clara vena distópica y debería añadirse a la larga lista de distopías que la ciencia-ficción ha ido acumulando con los años, al lado de producciones como 1984 de Orwell, BRAZIL de Terry Gilliam, V DE VENDETTA de Alan Moore, entre otras.

Pero lo verdaderamente sobresaliente de CUBE a mi tenor es la metáfora subyacente a este argumento, lo que se puede leer entre líneas, o mejor, observar entre fotogramas. Porque el Cubo no es más que una escala reducida y extrema de la propia existencia del ser humano. Como en el Cubo, los seres humanos nos encontramos de pronto en un mundo abierto y grande pero a la vez cerrado y minúsculo dentro de la escala universal, rodeado de personas que no conocemos y con las que nos vemos obligados a relacionarnos para subsistir. Unas con las que nos llevamos bien, otras a las que terminamos odiando, a las que mataríamos, o que bien te matarían a ti, incluso personas capaces de amar y a las que podríamos haber amado... Y rodeándolo todo y rodeándonos a todos están las invisibles trampas mortales que nos pone la vida como pruebas irrefutables de nuestra insignificancia y fragilidad.

El mundo, el Universo, aunque infinito e insondable, no es más que un enorme Cubo, impasible y depredador, que nos escupe a la cara constantemente diciéndonos que no somos nada, si acaso un accidente. Nosotros, entretanto, como ratas en un laberinto, no podemos hacer otra cosa que buscar una salida sin saber a ciencia cierta si algún día la hemos de hallar; una respuesta que nos otorgue esos significados de los que nos sentimos tan huérfanos y cuya carestía nos hace tan inconfundiblemente (irremediablemente) hombres... y mientras tanto vivir, o lo que es lo mismo, sufrir, luchar, pensar e imaginar... hasta las últimas consecuencias; demostrar con cada aliento que cualquier pared es, hasta que se demuestre lo contrario, susceptible de ser derribada.

Pero esto supongo que lo pienso yo, que no ando muy bien de la cabeza y me gustan las cosas raras, porque a la mayoría le gusta dejarse el cerebro en casa viendo Van Helsings, Underwoles, y Matrixes varios, y comer muchas, muchas palomitas, y flipar con los efectos especiales que todo lo justifican, y luego comprar todos los muñequitos, eso por descontado... y así nos pinta el pelo...


Notas

Este texto es la ampliación del que, en su día, publiqué en Livra bajo el nick de Leviathan

© Javier Iglesias Plaza,
(838 palabras) Créditos
Publicado originalmente en TannHäuser