RESTOS DE POBLACIÓN
Portada Elizabeth Moon
Título original: Remmant Population
Año de publicación: 1996
Editorial: Ediciones B
Colección: Nova, Ciencia-Ficción nº 115
Traducción: Rafael Marín Trechera
Edición: junio 1998
ISBN:
Precio: 13,87 EUR

Mi única otra lectura de esta autora es LA VELOCIDAD DE LA OSCURIDAD, y me dejó más que impactado por el tema central y su tratamiento. Luego vino un jarro de agua fría cuando, en conversación con un médico, me comentó que ese tipo de autistas es casi inexistente en referencia al comportamiento social, aunque no respecto al nivel de inteligencia y fijación sobre algunos objetivos. No obstante, el libro siguió gustándome mucho.

Fue por eso por lo que cogí este con cierta prevención sobre el tratamiento de lo que leí en la sinopsis: una colonia tiene que abandonar un planeta porque no ha cumplido los objetivos comerciales propuestos, pero una dulce ancianita decide quedarse, eludiendo subir a su transbordador en el momento justo, para luego encontrarse con unos extraterrestres muy chulos...

De todos modos me puse a ello y al cabo del segundo o tercer capítulo la novela me enganchó como pocas lo hacen últimamente, y es que la ancianita se las trae porque, ¡joder! es clavada a uno de mis ahora ya desaparecidos abuelos. Si Moon hubiera sido española, habría tenido la duda de si lo conoció o no.

El primer elemento llamativo que uno se encuentra en la obra es la estructura social de los colonos, una mezcla de dictadura con comunidad igualitaria. Es decir, los ciudadanos son iguales entre sí y se llevan aceptablemente bien sin mucho control externo, pero a su vez están supeditados a una compañía que, en cierta medida, los posee y puede hacer lo que quiera con ellos, sobre todo marcando una serie de reglas e imposiciones que, para los colonos, son equivalentes a venir decididas por Dios.

Y eso es lo que ocurre: la colonia no es rentable, y de hecho ha perdido bastante tecnología por el deterioro habitual y porque no hay dinero para traer cosas nuevas, hasta que llega un punto en el que le es retirada la licencia de explotación del planeta.

Entonces todos tienen que recoger e irse con lo puesto a un nuevo lugar, como una especie de ordeno y mando universal. El problema viene cuando los intereses económicos se cruzan con el precio de los pasajes. Nuestra abuela es ya demasiado mayor y muy posiblemente muera en el viaje durante la hibernación, por lo que tiene que pagar por su puesto en la nave, sin tener en cuenta las labores prestadas con anterioridad durante toda una vida dedicada al servicio de la compañía.

Despiadado capitalismo puro y duro. Pero la abuela no se deja avasallar, no. En un requiebro típico de alguien que lo tiene todo claro y que se le dan una higa las normas artificialmente impuestas, hace acto de ausencia y el último transbordador parte sin ella. Y tampoco es que la busquen con mucho ahínco. Total, su pasaje ya ha sido abonado, y ese menos peso muerto que llevará la nave. Más práctica capitalista y un argumento un tanto atípico, porque nuestro héroe es alguien débil y que realmente tiene un pie en la tumba, por lo que no se ajusta mucho al arquetipo de héroe novelesco.

* * *

Bueno, ahora ya estamos con la protagonista en el planeta, completamente sola y viviendo gracias a todo lo que la colonia abandonó. Vuelve a encender el generador energético, a limpiar el centro social y continúa cuidando su huerto.

Y es entonces cuando comienza lo interesante y el meollo de toda la obra. No quiero desvelar más cosas de la trama, pero aun así algo tengo que poner.

Lo primero de todo es el tratamiento de los extraterrestres. Si has leído mucha ciencia-ficción te habrás dado cuenta de que hay dos corrientes imperantes: en la primera y menos común los extraterrestres son tan alienígenas que es prácticamente imposible que podamos entenderlos del todo. Aparte de su morfología única, sus sistemas sociales y su inteligencia son tan diferentes que difícilmente podríamos llegar a comprenderlos.

La segunda y más habitual es la del que, pese a haber nacido en otro planeta y a ser completamente diferente, sus pautas sociales y su estructura mental es muy similar a la nuestra, y con poco esfuerzo que hagamos seremos capaces no sólo de entenderlos, sino también de integrarlos en nuestra sociedad o de hacerlo en la suya.

Los autores que prefieren esta corriente se apoyan en que, ante un mundo de naturaleza semejante y con pautas semejantes, es decir, comer, defender el territorio, cuidar a las crías, los resultados sociales no deben ser muy diferentes a alguna de nuestras sociedades. Incluso la morfología extraterrestre deber ser similar ya que debe resolver problemas análogos.

Pues bien, los de esta novela son del segundo tipo. Y encima son bastante más inteligentes que nosotros, por lo que aprenden demasiado rápido y su mayor problema es que todavía no han encontrado la tecnología como tal.

Será nuestra abuelita la que los pondrá en el camino justo, a la vez que cuidan de ella.

Exactamente en medio de todo esto un nuevo intento de colonia en otra parte del planeta es atacado y destruido por los nativos, por lo que unos meses después llegará un grupo de especialistas en exo-muchas-cosas para investigar el tema.

La cursiva es correcta, porque de especialistas tienen poco, ya que este planeta es el primero en el que se ha encontrado vida extraterrestre inteligente, y encima todos los líos jerárquicos y sociales que se traen de casa determinan que no anden muy encaminados hacia la resolución del misterio.

La sátira está escrita al más alto nivel, con un humor fino y muy bien planteado. Añadamos que la estricta y vertical mente de los especialistas es incapaz de comprender que una abuelita cocó haya podido entender y capturar lo que ellos no.

Y esta es la tercera parte, en la que el contacto extraterrestre termina llevándose a cabo a través de... bueno, dejemos que leas el libro, pero no te sorprendas mucho. La autora te ha dado todas las pistas necesarias para que llegues tu mismo/a a deducir el final aunque yo, al menos, no lo hice.; -).

© Rafael Ontivero, (1.009 palabras) Créditos

He acabado de leer como siempre por duplicado esta novela, es una novela correcta de Elizabeth Moon con algunos mensajes feministas, afortunadamente poco encubiertos, pero en absoluto fuertes alegatos como suelen ser los de la Teper. Esta bien escrita, es correcta y se lee agradablemente.

El tema es bastante simple, una colonia es desplazada de su destino por antieconómica por la compañía que la fundó y una anciana se queda para evitar que no le hagan pagar pasaje a sus hijos para ir a otra colonia. De una manera casual toma contacto con otra especie no terrestre.

Si hay algún pero que hacerle es a la insuficiente descripción de esta especie, pese a que usa bastantes paginas para hacerla y a ciertos convencionalismos, pero lo dicho es agradable de leer aunque repito, convencional y hasta en ocasiones un poco tópica, pero a veces le apetece a uno echarse delante de los ojos un libro de ciencia ficción de toda la vida y no un acertijo verbal, con relaciones tan tangenciales con la ciencia ficción que uno se pregunta porque se quiere publicar como libro de esta tendencia en lugar de hacerlo en una editorial normal y corriente. Muchos autores que tratan temas de ciencia ficción lo han hecho por cierto y no se le han caído los clisos por ello e incluso han vendido bastante mas de lo que hubieran hecho de la otra manera.

No es este ni mucho menos el caso de esta autora.

MI PUNTUACIÓN es de 3 sobre cinco

© Antonio Rodríguez Babiloni, (Lista de #cienciaficcion) (253 palabras) Créditos