CLONES
QUE DIFÍCIL ES SER DIOS Michael Marshall Smith
Título original: Spares
Año de publicación: 1996
Editorial: Mondadori
Colección: Mitos Bolsillo
Traducción: María Vidal
Edición: 1998
ISBN:
Precio: 4,80 EUR

Hay novelas y novelas. Novelas mejores y novelas peores. Novelas que dejan al lector con el alma encogida y novelas que provocan indignación y aburrimiento a partes iguales. Novelas inmortales y novelas olvidables. Pues bien, CLONES tiene la extraña virtud de ser indignante, mala de solemnidad y fácilmente olvidable, pero al menos, y dependiendo del pasaje, no suele ser aburrida.

Viene a ser el equivalente literario de esas películas de tiros estilo la JUNGLA DE CRISTAL o YO SOY LA JUSTICIA, pero claro, como encima hay que rellenar páginas para que no todo quede en tiros, persecuciones y acción desenfrenada, el autor se dedica a intercalar aquí y allí pasajes donde se pretende humanizar al protagonista, un ex-policia alcoholico, drogadicto, medio loco y fundamentalmente indestructible y casi invulnerable como se puede comprobar página a página.

Por resumir un poco el argumento diré que la cuestión trata de que al ex-policia aquí mentado, tras pasarse un tiempecito de celador en una granja en la que se crían clones de ricachos (vamos, un almacén de piezas de repuesto), le da un ataque de mala conciencia y samaritanismo y se dedica a educar a los estupidizados clones. En un momento determinado, se ve obligado a huir con un puñado de ellos. Pero, claro, eso le involucra en diversos líos y follones que el autor desarrolla con hábil torpeza narrativa y una buena cantidad de soluciones sacadas de la manga, que no por trepidantes dejan de ser absurdas.

Para empezar, el escenario donde se desarrolla todo el zipizape es una especie de mega-centro comercial volandero de 200 pisos de altura, varado en tierra por diversas causas. Mafias y malvados sádicos intentan por todos los medios arrebatar al prota los clones y entre tiros, asesinatos, mutilaciones, borracheras, secuestros, idas y venidas de unos y otros se va pasando el rato hasta que hacia la mitad de la novela...

Es muy duro contarlo, pero si ya el mega-centro comercial volandero de 200 pisos es lo bastante desaforado, lo que el autor se inventa para detallar los antecedentes y motivaciones de nuestro ex-policia y muchos de los bultos sospechosos que pululan por la novela es peor que todo eso. Plantea una especie de mundo paralelo interdimensional contra el que hubo una guerra, en la que, por supuesto, estuvieron el ex-policia y la mayor parte de los facinerosos que le acosan. La explicación que da para fundamentar el origen del mundo paralelo interdimensional es una esotérica relación con Internet (ya, yo pensé algo parecido). Pero cuando llegué al modo en el que se descubrió el mundo paralelo interdimensional, por culpa nada menos que de un primo ocioso del gato de Schrödinger, y las razones de la guerra, que ni se molesta demasiado en razonar, me dio un retortijón tal que así que aún me tiene algo pachucho.

Llegado a ese punto estuve en un tris de dar la Gran Patada a la novela, pero tanto despropósito ya me había picado la curiosidad y tenía ganas de ver como era capaz del señor Smith de acabar aquello.

Y francamente, que horror de horrores, más tiros, asesinatos, mutilaciones, borracheras, secuestros, idas y venidas sin pie sin cabeza y con un cimiento tan endeble que al final dejé de leer de forma inteligente y me decidí por el modo peliculadetiros.

Además, el tan M. M. Smith, como narrador, es un incompetente de mucho cuidado. Si como fabulador tiene delito como desarrollador de esas fábulas es de los del tipo explicalotodo, intercalando sin mucho tiento, sesudas digresiones acerca de lo malito de la mente que está el prota, de historia futura, sobre diversos (y superfluos) detalles de la supuesta sociedad que describe y cien majaderías más. En fin, una acumulación de torpezas en un inútil intento de maquillar y dar entidad a lo que no lo tiene.

En cuanto a la traducción no hay nada que objetar. Únicamente compadecer a María Vidal por lo mal que tuvo que pasarlo al traducir esto.

CLONES no vale ni el tiempo ni el dinero que se le puedan dedicar. Lo de la contraportada es de risa; dice...es a un tiempo una parábola futurista, una reflexión acerca de la naturaleza humana y, sobre todo, una trepidante novela de acción, siempre absorbente a la vez que sutil [...] porque es el BLADE RUNNER de los 90.

Lo de trepidante novela de acción puede valer, como he dicho al principio indigna, pero como hasta las peores películas de serie B, no termina de aburrir, pero en cuanto a lo demás, no se lo cree ni su padre.

© Francisco José Súñer Iglesias, (765 palabras) Créditos

El año pasado me releí UN MUNDO FELIZ y 1984, para realizar un trabajo comparativo de ambas novelas que al final no realizé. Decidí comprarme CLONES (lo leí en inglés, con el título de Spares), porque me interesaba y me sigue interesando el tema de la clonación y la manipulación genética. Ni que decir tiene que lo que me llevó a leerlo fue la premisa de la utilización de clones humanos como piezas de repuesto. Pues bien: lo que podría haber sido un interesante libro en torno al tema resulto ser un producto descaradamente comercial, que sólo se distingue por estar competentemente escrito, pero nada más.

Es increíble como Smith dilapidó las posibilidades temáticas del tema, hasta el punto que la parte que transcurre en la granja de clones es tan breve que parece una broma que le haya puesto ese título al libro. No existe reflexión filosófica de ningún tipo ni se aborda la cuestión ética de la utilización de clones como repuestos. En todo el libro no se nos explica como se ha llegado a esa situación quienes son los que están detrás (bueno, si que se dice, pero la mención es tan de pasada y tan simple que se queda en un obvio los ricos están detrás, sin ir más allá).

El libro es un rutinario thriller de acción, que recuerda a cualquier mala película de acción, con constantes tiroteos y persecuciones, y con la utilización de todos los tópicos que se pueda uno imaginar: el amigo asesinado, la alianza con un enemigo, el (inverosímil) perdón del protagonista para el verdugo de su familia, la corrupción policial, una transposición de la guerra del Vietnam a términos de ciencia-ficción (pedestremente metida en el relato), y, en fin, ese final de película mala de Hollywood en el que el robotijo resulta ser el motor del inmenso centro comercial volador.

Lo dicho, lo que podía haber sido un interesante relato filosófico que reflexiona sobre los aspectos más inquietantes de la tecnología es, pura y llanamente, un producto a consumir y a olvidar.

Los comentarios de la contraportada, en especial uno que viene a decir que es un libro altamente imaginativo, suenan a recochineo. Aunque ya conocemos la mentalidad de los que engrasan la mercadotecnia cultural capitalista.

© Jordi Garcia Carafí, (377 palabras) Créditos