Ciclo del Centro Galáctico, 3
GRAN RÍO DEL ESPACIO
GRAN RIO DEL ESPACIO Gregory Benford
Título original: Great Sky River
Año de publicación: 1987
Editorial: Ediciones B
Colección: Vib nº 264/3
Traducción: José María García
Edición: Junio de 1998
Páginas: 542
ISBN:
Precio: 6,60 EUR
  • Menos mal,
  • una de cal
  • y si esto parece un pareado
  • no es por el genio del escribano

Coñas aparte, la mala impresión que tenía de este ciclo (llamado Del Centro Galáctico) por culpa de EN EL OCÉANO DE LA NOCHE y A TRAVÉS DEL MAR DE SOLES se ha suavizado en gran parte gracias a GRAN RÍO DEL ESPACIO.

O casi

Lo del casi lo explico al final. En esta novela Benford ha prescindido en gran medida de los experimentos narrativos, y se ha decantado por un desarrollo más lineal, más sencillo de la historia, ganando de esta forma en claridad y consistencia. No es que haya renunciado totalmente a dar a GRAN RÍO DEL ESPACIO una gruesa patina de respetabilidad literaria, algunos pasajes se acercan a la pesadez de sus insoportables abuelos de EN EL OCÉANO DE LA NOCHE y A TRAVÉS DEL MAR DE SOLES, pero no son tan dañinos a la vista y al buen gusto del lector, y consiguen pasar casi inadvertidos como muestra de la confusión del personaje principal.

Pese a todo, Benford me sigue sin gustar como escritor (lo que resulta natural; odio el estilo best-sellero) pero admiro su genio creador de Ideas.

GRAN RÍO DEL ESPACIO narra las miserias de un grupo de supervivientes humanos en su constante huida de los mecs, las máquinas que hace siglos invadieron el planeta Nieveclara, y que durante largos años convivieron con sus anteriores colonizadores humanos, modificando implacablemente (¡mecformado!) el clima del planeta para hacerlo menos hostil a sus delicados mecanismos.

Ni que decir tiene que las condiciones óptimas para una máquina (clima seco y más bien fresco) son precisamente las contrarias de las que precisa la vida (mucha humedad, conveniente calidez) y cuando los mecs consideran que la mayor parte de trabajo está hecho, atacan a sus más que inteligentes competidores humanos, destruyendo sus reductos y fortificaciones, exterminándolos y dedicándose a la caza, más casual que sistemática, de los supervivientes.

En uno de esos grupos supervivientes, la familia Bishop­ (¿Un guiño a ALIEN?), medra Killen, personaje atormentado por las perdidas y agobiado por el cuidado de su hijo, las luchas de poder internas y la supervivencia diaria. Página a página Benford nos cuenta como Killen y los Bishop­ sale adelante con dificultad en un mundo poblado por máquinas hostiles.

Y es que las cosas se complican cada día más, incluso la posibilidad de grabar la memoria de los moribundos, única forma de conservar el legado de sabiduría de los antepasados, se ve amenaza por la aparición del Mantis, un mec de procedencia desconocida que provoca la muerte total de sus víctimas, friéndoles el cerebro y apoderándose de todos sus recuerdos y pensamientos.

Lo más interesante de todo el libro es que humanos y máquinas, enemigos irreconciliables, se ven, sin embargo, obligados a usar partes mecánicas y biológicas respectivamente para aumentar su potencialidad. Los humanos han complementado su sistema sensorial con instrumentos más eficaces que los órganos naturales, ya apenas ven por sus ojos o escuchan por sus oídos, dejando que los sensores transmitan directamente al cerebro, y se ayudan de servo-prótesis para facilitar sus largos desplazamientos a pie.

Las máquinas por su parte, utilizan componentes biológicos, cultivados en laboratorios, para mejorar su respuesta a los estímulos, aumentar su durabilidad y potenciar la inteligencia consciente (esto último es mío)

La gran paradoja que sugiere Benford es que el aprovechamiento de lo mejor del rival para mejorarse a si mismos, lleva a hombres y mecs a tomar caminos convergentes, caminos que, si las circunstancias lo permitieran, acabarían por convertir a los enemigos en ciborgs, hermanados por la biomecánica y enfrentados por la psicología.

Ahora viene lo del casi del principio. ¿Cómo se las apaña Benford para arruinar este estado de cosas casi ideal? Es difícil decirlo, pero a partir de cierto momento empecé a sentirme incómodo, hasta que llegué casi sin darme cuenta muy cerca de la irritación. Una aventura de gran interés acaba estropeándose cuando Benford, que no está a la altura cuando intenta hacer estas cosas, pretende darle más profundidad a los personajes, humanos y mecs, haciendo del último tercio del libro (más bien cuarta parte) un nuevo cúmulo de pasajes confusos y supuestamente transcendentes, que más bien van por el camino de la pretenciosidad. Por no hablar de las soluciones que da a todas las interrogantes, decepcionantes tras el sugestivo desarrollo anterior de la novela.

Con todo, y pese al catastrófico final, es un libro recomendable y de interesante lectura.

© Francisco José Súñer Iglesias, (751 palabras) Créditos

En primer lugar, recordar que esta novela es la tercera de una serie compuesta por seis, denominada Ciclo del centro galáctico, cuyo tema central es la lucha de la Humanidad por la supervivencia en una Vía Láctea dominada por las máquinas.

La serie, a su vez, se divide en dos bloques principales, marcados por dos protagonistas distintos:

  • Novelas de Nigel Wamsley.
  • Novelas de Killen Bishop­.

Las primeras son las que llevan el peso específico de la historia; los comienzos, la columna central de la trama, y el desenlace.

Las segundas, podemos decir que casi son novelas externas, ambientadas en el universo producido por las primeras, pero totalmente complementarias. El libro que nos ocupa es el primero de estas.

En GRAN RÍO DEL ESPACIO, una Humanidad nómada vive en una huida continua, sin esperanza, en un planeta cuyos verdaderos moradores son las máquinas inteligentes. Durante bastantes más páginas de las que al lector le gustarían, el último reducto humano en la galaxia (luego se demostrará que no es así), se dedica a escapar como puede de la misteriosa civilización mec.

La mejor baza de esta novela, está precisamente en la más sugerida que explicada descripción de esa civilización. Los humanos, cuyos conocimientos tecnológicos sólo se deben a la tradición, no al entendimiento, no son mas que una mera molestia para la sociedad de máquinas, por lo que estas ni siquiera les hacen caso. La repentina aparición de un tipo de mec ya casi olvidado, el Mantis, y cuyo interés en perseguir a los humanos sólo será descubierto al final de la novela, constituye el mayor acierto de la misma.

Presencias como la del Mantis o los Aspectos (personalidades grabadas en soportes injertados en el cerebro de los humanos), rondan por toda la novela, convirtiéndose casi, en los verdaderos protagonistas de la misma. Los restos de la Humanidad que se nos muestran producen una cierta tristeza; los últimos miembros de la especie humana intentando sobrevivir a duras penas, en una constante huida ante quien se saben inferiores, en un mundo que no es el suyo.

Este libro es la perfecta muestra de lo que es Benford como autor. Las ideas que despliega se bastan en sí mismas para mantener el interés del lector hasta el final.

Sin embargo, el estilo narrativo se hace excesivamente pesado en algunos tramos. Las descripciones de lugares son demasiado barrocas y complicadas, con una adjetivación que por momentos se torna más y más difícil; a veces es imposible hacerse una idea mental del dibujo que quiere hacer ver. Y no creo que sea cosa del traductor; ya he leído antes otras traducciones de obras de Benford, y no es un problema aislado de este libro. El resumen de siempre: se intuyen grandes ideas bajo una forma en exceso complicada.

En definitiva, en su mayoría un entretenido libro cuyo final, sumado al del segundo del Ciclo (bastante superior a este), nos empuja a querer saber más de estos desamparados seres humanos, para ver en qué punto y de qué manera confluyen ambas líneas argumentales.

Una última cosa. Lo primero que me llamó la atención de esta serie de novelas, fue su poético rosario de títulos. En los dos anteriores, EN EL OCÉANO DE LA NOCHE y A TRAVÉS DEL MAR DE SOLES, el desarrollo daba la razón a los mismos. En esta obra no.

Baste decir que el espacio sale solamente en las cinco últimas páginas de la misma, y que la frase gran río del espacio está metida con calzador para ver si cuela. Cosas de la lírica.

© Santiago L. Moreno, (592 palabras) (Lista de #cienciaficción) Créditos