EN LAS PROFUNDIDADES
EN LAS PROFUNDIDADES Arthur C. Clarke
Título original: The Deep Range
Año de publicación: 1957
Editorial: Ultramar
Colección: Ciencia-Ficción nº 91
Traducción: José M. Álvarez Flórez
Edición: Noviembre de 1989
Páginas: 196
ISBN:
Precio: 3,60 EUR

Allá por 1997, cuando todavía recalaban en mi ciudad los vendedores de libros de ocasión, que instalaban sus puestos al inicio del verano en las zonas más céntricas, tuve ocasión de adquirir a muy buen precio un lote de obras de ciencia-ficción de Ultramar. Entre ellas se encontraba EN LAS PROFUNDIDADES, de Arthur C. Clarke, obra menor dentro de su bibliografía, pero bastante interesante.

En esta novela, el maestro Clarke nos presenta a Walter Franklin, un ingeniero de astronave que, tras pasar por una traumática experiencia en el espacio exterior, desarrolla una extraña patología que podríamos llamar espaciofobia, ya que nuestro protagonista siente terror ante el vacío espacial. Como consecuencia de ello, su vida sufre un cambio radical, dando un giro de 180 grados. Nunca más podrá volver a tripular una nave, ni siquiera podrá soportar un viaje espacial, por corto que éste sea, sin volverse loco. Franklin presencia, impotente, cómo toda su vida se derrumba a su alrededor. Su esposa y sus hijos se hallan en Marte, y él ha quedado atrapado en la vieja madre Tierra a causa de su rara dolencia. Consciente de que, posiblemente, jamás vuelva a ver a su familia, Walter va amargándose por momentos. Pero afortunadamente, la psiquiatría consigue ayudarle a reencauzar su vida, ofreciéndole un nuevo destino profesional y personal en las profundidades marinas.

Aunque bastante inferior a otras obras de Clarke, como por ejemplo las excelentes CITA CON RAMA y REGRESO A TITÁN, EN LAS PROFUNDIDADES deviene en una amena ficción futurista ambientada en los océanos. En esta novela Clarke da rienda suelta a su pasión por el mar y por todo lo relacionado con él. Su desbordante imaginación recrea un mundo en el que las riquezas del océano son aprovechadas sabiamente por la humanidad, y los ecosistemas marinos preservados con esmero. Y en el cuidado y conservación de los mares encuentra Walter Franklin el bálsamo que, poco a poco, irá curando sus heridas psicológicas. En la profundidad del mar hallará, por fin, la paz y la felicidad que tanto necesita su torturado espíritu. Y entre sus nuevos compañeros encontrará un nuevo amor que le ayudará a superar la difícil prueba que representa el forzoso distanciamiento de su familia marciana.

Walter Franklin es uno de los personajes más atormentados de la literatura de ciencia-ficción. Su situación es realmente pavorosa. Su familia está en Marte, y debido a su peculiar enfermedad, él no puede ir hasta el planeta rojo a visitarlos. Pero lo peor es que su mujer y sus hijos están en una situación parecida a la suya, porque tampoco pueden viajar a la Tierra para verle. La explicación es sencilla: la esposa de Walter es una marciana de segunda generación, lo que significa que su organismo está habituado a la baja gravedad de Marte, y en consecuencia, jamás podría trasladarse a la Tierra, ya que aquí sería aplastada por su propio peso, que vendría a ser el triple de lo que pesaba en su mundo de origen. Y otro tanto les sucedería a sus hijos, marcianos de tercera generación. Con estos mimbres, y algunos más, Clarke teje una historia que trata, básicamente, sobre la extraordinaria capacidad del ser humano para enfrentarse a la adversidad en las peores condiciones y superarla. EN LAS PROFUNDIDADES es un canto a las maravillas que encierran esos mares que nos empeñamos en sobreexplotar y contaminar, pero también a la dignidad y fortaleza del espíritu humano en su eterna lucha contra las dificultades que jalonan la existencia. Obra menor, repito, pero muy apreciable. Disfrutad de su lectura. Vale la pena.

© Francisco José Súñer Iglesias, (595 palabras) Créditos

Clarke es un autor que nunca me ha entusiasmado. Entiéndaseme, no es un autor que me tenga prohibido leer, es que simplemente me resulta indiferente. Correcto en su forma de escribir (al menos tras el tamiz de la traducción), en su forma de tratar los temas que toca, en la de crear personajes y mundos... Pero tan sosito y falto de gancho que si bien nunca rechazaré leer nada de lo que ha escrito, no es menos cierto que nunca buscaré desesperado sus obras.

Miento a medias, claro está, hay cosas de Clarke que me gustan mucho, es más, hay cosas de Clarke que considero como la mejor ciencia-ficción escrita jamás. ¿El que? Es lo que yo llamo EL FRAGMENTO DEL VELERO ESTELAR. No es un cuento, no es una novela, es sencillamente eso, un fragmento. Echa mano a tu ejemplar de FUENTES DEL PARAÍSO y leeté de un tirón los capítulos 12, 14 y 16. Olvidé FUENTES DEL PARAÍSO a los dos días de leerla, pero EL FRAGMENTO DEL VELERO ESTELAR es algo que me ha quedado en la memoria para siempre como ejemplo obvio y elegante de lo que será algún día el primer contacto con una civilización extraterrestre. Impecable.

En cuanto a este EN LAS PROFUNDIDADES especula sobre lo que puede ser el futuro aprovechamiento de los recursos marinos, con profusas descripciones de métodos y técnicas submarinas (Clarke es un consumado submarinista) con personajes ciertamente humanos y sensibles, para acabar con un mensaje místico-vegetariano que, francamente, como omnívoro practicante y consumidor entusiasta de elaborados de gorrino, y tío inteligente, no me queda más remedio que calificar como ridículo.

Pero vayamos por partes. A quien haya leído CUENTOS DEL PLANETA TIERRA le serán muy familiares las primeras páginas de esta novela. Es el relato del mismo título que aparece en esa recopilación. Y si bien parecía que Clarke ya tenía personajes y argumento más que sobrados para desarrollar el tema que al parecer le interesaba, esto es; la exploración y aprovechamiento de los recursos marinos, parece que alguna vocecita le dijo que debía complicar aún más la cosa con personajes de oscuro pasado y metió a capón a Walter Franklin, que sin hacer mucho más que incordiar a instructores, ligues, e incluso a si mismo, se hace con el protagonismo final de la novela.

En cuanto a lo de la descripción de las técnicas submarinas el tal Walter Franklin era también necesario, por cuanto es un novato al que hay que instruir sobre el tema, y no hay mejor excusa que esa para describir una buena cantidad de aparatos submarinos y datos al respecto. Como buen divulgador que es, Clarke sale con nota de este apartado y ayuda al lector a enterarse de algunas cosillas que pasan bajo la superficie del agua.

En una cuestión donde se nota la época en la que se escribió la novela es en la nula sensibilidad ecológica que demuestra Clarke. Hoy día a nadie se le ocurriría describir con todo detalle la masacre de más de un millar de orcas culpables sólo de comer lo que siempre han comido. Pero en el argumento de la novela toman el papel de lobos hambrientos y despiadados, y los humanos, como buenos ordenadores del espacio natural, las exterminan para que reine la paz y la armonía.

En los tiempos que corren, en los que hasta los tiburones han sido declarados especie protegida, esta particular forma de ver la fauna marina de Clarke está claramente desfasada. Además de que algunos de los métodos que propugna para explotar los recursos marinos me recuerdan más a la agricultura intensiva, técnica que hasta el párvulo menos espabilado sabe que es cualquier cosa menos saludable para el medio ambiente, que a los métodos más racionales y respetuosos para el entorno que se le supondrían nuestros más sabios descendientes. Los cuarenta años que ya han pasado por la novela se notan en este aspecto más que en ningún otro.

En cuanto a los conflictos personales de los personajes... bueno, ahí están para el que quiera disfrutarlos. A mi me parecieron paja para darle relieve y personalidad a los mismos. Irrelevante.

Y por último llegamos al mensaje místico-vegetariano. De alguna forma este tipo de cosas me parecen como muy repugnantillas. Resumo aún a riesgo de revelar el argumento; hay un Dalai-Lama empeñado en que dejemos de comer filetes, chuletas y chorizo, y como tiene mucha mano, está en vías de conseguirlo. Hay toda una serie de cuestiones (además de las gastronómicas) que bastarían para echar por tierra muchos de los argumentos que esgrime el tal Dalai-Lama pero que Clarke, hábilmente y por mor de la brillantez argumental, se pasa hábilmente por el forro de la entrepierna.

El primero está más que trillado. Religiones y sistemas filosóficos que se gestaron hace dos mis años en lugares muy concretos con economías muy particulares son difícilmente aplicables fuera de ese contexto, de lo contrario se crean toda una serie de tensiones sociales y morales que pueden llegar a degenerar en guerras de religión. (y si alguien se quiere ilustrar sobre el tema que lea VACAS, CERDOS, GUERRAS Y BRUJAS, de Marvin Harris)

Segundo argumento; según el Lama hay que dejar de comer chicha porque sino, y poniéndose al nivel de cualquier marujona pacata ¿qué van a pensar los extraterrestres con los que nos encontremos cuando sepan que nos comemos a todo bicho viviente que pulula por nuestros alrededores? Nuevo argumento falaz. Sin entrar en muchas profundidades el Lama (Clarke) supone e impone que los carnívoros no pueden tener gran altura moral ni ética. Gran estupidez, muy fisna pero estupidez al fin y al cabo.

Para resumir, no es ni de lejos lo mejor de Clarke, pero, cuestiones ecológicas y filosóficas aparte, no creo que ofenda a nadie que se lo lea.

© Francisco José Súñer Iglesias, (971 palabras) Créditos