EL MUNDO DEL RIO
Philip Jose Farmer
A VUESTROS CUERPOS DISPERSOS EL FABULOSO BARCO FLUVIAL EL OSCURO DESIGNIO EL LABERINTO MAGICO DIOSES DEL MUNDO DEL RIO EL MUNDO DEL RÍO
Título original: To your scattered bodies go The fabulous riverboat The Dark design The Magic Labyrinth Gods of Riverworld Riverworld and Other Stories
Año de publicación: 1971 1983 1984
Editorial: Ultramar
Colección: Mundo del río nº 1 Mundo del río nº 2 Mundo del río nº 3 Mundo del río nº 4 Mundo del río nº 5 Mundo del río nº 6
Traducción: Domingo Santos Víctor Conill
Edición: 1982 1983 1984
Páginas: 277 293 475 436 330 329
ISBN:

4.- El laberinto magico

¡Conseguido! Sir Richard Francis Burton, Alice Hardgreaves y Peter Jarius Frigate, cabezas destacables del aguerrido grupo de supervivientes que emprendió, una vida antes, la costosa peregrinación a la Torre de las Nieblas, el hogar Hi/Tech de los Éticos, ha penetrado dentro y obtenido respuesta a las incógnitas que el autor de la extensa saga, Philip José Farmer, fue sembrando en sus líneas.

Llegar allí, saberlo todo, recompensa todas sus fatigas y afanes, la abrasiva dureza que ha brindado un planeta diseñado para ser un paraíso (que el Hombre de nuevo emporcó con vilezas, miserias, guerras y villanías-a-la-carta) y que ha acabado transformado en un singular, y acaso, hedonista Círculo del Infierno de Dante.

Farmer emplea su dinámica y larga narración para hacer un determinado análisis sobre la Humanidad. El resultado, sin llegar a ser del todo/completamente negativo, desprende amargura. Es acre. Ocre, si me apuran. Merced a la fantástica premisa de contar la existencia de un mundo poblado por los resucitados comprendidos entre la Era de las Cavernas y 1984, y cómo tan diversa mezcla de razas, creencias e individuos (ingrediente básico de todo) reaccionan e interactúan con sujetos de culturas diametralmente opuestas, Farmer hace ver que, aun gozando de cierto confort (buena comida gratis, clima benigno, extinción de taras y enfermedades), y un mensaje evangélico que insta a los revividos a alcanzar un Paraíso Aún Mejor gracias al esfuerzo de redimirse y tender a la paz y la bondad universal, el Hombre preferirá ser una bestia carnicera que depredará a su vecino debido a atavismos muy incrustados en nosotros, y quizás inextirpables, y que tampoco queremos perder.

Farmer también empotra la idea de que los alienígenas (todo-bondad y con conocimiento superior, a años-luz de nuestras habituales mierdas diseñadas para el puteo general y ¡a discreción las disparen!) pueden contemplarnos como un interesante elemento de estudio antes que criaturas sintientes y con potencial para ser alguna vez sus iguales.

Sólo les interesa de nosotros: ¿cómo reaccionarían grupos de vikingos sanguinarios y cowboys de finales del siglo XIX puestos a vivir juntos? Y dándoles tiempo (mucho) para amistarse, enemistarse, aliarse, enfrentarse bajo determinadas férulas morales y condicionamiento buenista, ¿evolucionarían en nuestra dirección (que se supone es la buena-y-correcta) o seguirían exterminando y masacrándose in saecula saeculorum?

¿Así nos ven los aliens (aparte de algunos otros ejemplos filmados por Hollywood)? ¿Cobayas? Estos ETs, que han reformado, empleando una ciencia casi inimaginable, un planeta para acondicionarlo en el quasiidílico Mundo del Río, los Éticos, ocupan sus sillones para caderas cómodas y pesquisan, cuan voyeurs estelares, el día-a-día de la heterogénea masa y anotan los resultados. Sin posterior compasión por los observados. Descartables, como ratas de laboratorio con las que experimentar.

Loga, el Ético rebelde, convence al individualista y combativo Burton de que proceden así. Los Éticos, afirma, son una patulea de hipócritas meapilas que fingen querer un vasto Bien para la Humanidad (la última y perfecta integración con Dios), pero cuanto les interesa es su estudio antropológico-sociológico efectuado en el Mundo del Río. Lo de la Segunda Oportunidad es farfolla para encandilar ingenuos. (Mas Loga bien oculta sus propios y egoístas fines para derribar el supuesto nefando plan de sus camaradas.).

Ese Apocalipsis de malvadas razones activa el gen de indocilidad innato de Burton, per se curioso e inquieto, para sublevarse al Plan. Aquí, Farmer detiene lo justo el relato y plantea, un tanto socarrón: ¿también crees que la Tierra podría ser un área de pruebas tutelado por frías y vastas inteligencias, etc., y que apenas lamentan nuestro sufrimiento, que aun podrían alentar mediante agentes armados de ciertos mensajes? Ya sabes, tipos como Buda, Jesús o Mahoma. Gente con un maletín que contiene mandamientos de grave calado y repercusión. Modificando arraigados tribalismos.

¿Es posible? Y ¿desde cuándo pasa? ¿Es la idolatría nuestra auténtica religión, y un Panteón politeísta a lo que nuestro instinto nos impulsa a adorar, porque actuábamos así en el inmaculado y Remoto Pasado? Piensa: creemos que Elvis vive, pero dudamos que exista Dios. Interesante evidencia de fetichismo, ¿eh?

Farmer era así de listo; impregnó una sólida narración de aventura (que era lo suyo, por otra parte; pertenecía a la —denostada— Generación Lester Dent-Maxwell Grant) con un sutil mensaje de gran potencia que germina en tu mente con fuerza y firmeza para hacer remarcable la saga.

Oh, sí; los combates, duelos y su tensión dramática están muy bien. Inspiran. Motivan. Ejemplifican. Los situó ahí para que el Muy Importante Mensaje (¿nos estudian seres sin compasión y que incrementan nuestras aflicciones con determinadas influencias externas además para medir nuestra reacción?) no agobiase al lector. Jugó a un juego arriesgado, pues la mayoría de seguidores de la ciencia-ficción, atracados de soberbios escrúpulos intelectuales, hubiera preferido que nos amargara todo el largo Mundo del Río especulando especulando con cada vez más alambicadas, tediosas y arrogantes suposiciones sobre la trascendencia del Muy Importante Mensaje antes que entretenernos con una frívola fábula aventurera.

A esos lectores les dan sudores y agujetas los relatos como EL LABERINTO MÁGICO, al leer las activas acrobacias de sus concursantes. E imponen, como enemigos de las camisetas mojadas, que la ciencia-ficción sea un elegante/elitista páramo de grandilocuencias literarias y fárrago de adjetivos sin mayor finalidad que infundir considerable hastío.

No sé quién dio tal poder a esos lectores, asesinos con blogs pretenciosos que deben ser leídos-consultados y su opinión venerada so pena de exilio. Pero tienen una considerable influencia y fuerza y aun marcan (editorialmente) el camino. Relegan a los autores como Farmer a la excomunión y el olvido, incapaces de respetar una variedad de propuestas. Con su reaccionaria doctrina, van convirtiéndolos en exóticas piezas de culto y colección; incluso niegan qué trascendencia tuvo su obra, pues odian que sea un pilar (sólido basamento) para su querida, desnutrida y desnaturalizada sci-fi hard.

Luego echas un vistazo a la cartelera, a ciertas listas de ventas y autores, y ves que son las más circenses y las que tienen regusto a serial las que triunfan. Y, de rebote, su éxito mantiene vivas estas escuálidas propuestas sólo para pijos.

© Antonio Santos, (1.023 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 26 de agosto de 2013

3.- El oscuro designio

Philip José Farmer, contando con mayor espacio que en las dos novelas previas, A VUESTROS CUERPOS DISPERSOS y EL FABULOSO BARCO FLUVIAL, que pretendía rematar la saga en un último y colosal volumen, pero debido a su gran extensión se vio obligado a dividirla y publicar una cuarta parte, puede explayarse con el dramatis personae e incrementarlo incluyendo nuevos sujetos (admitiendo, incluso, el cameo de sí mismo), algunos con suficiente calado como para dedicarles una somera biografía.

Farmer sostiene un pulso consigo mismo, entre su gusto por la literatura popular (que podríamos definir como ligera, más guerrillera, centrada en la acción y las situaciones tipo continuará), y demostrar que era capaz también de ofrecer un relato académico de introspecciones, con pausas y análisis, todo tranquilo-tranquilo, que las manchas de sudor no salen fácilmente de las túnicas de los Graves Pensadores Sesudos que suelen distinguir la ciencia-ficción de calidad.

Halla el equilibrio sabiendo racionar tanto una como otra cosa, dando interés a la parte cerebral (evitando el tedio) con una prosa dinámica, fluida, preñada de sutil ironía, junto a un irreprimible impulso por hacer polémica, centrada en cuestionar que Jesús sea Hijo de Dios, o la misma existencia, aun la utilidad, del Altísimo.

Supongo que Farmer vio mucho más controvertido inquirir sobre la Suprema Figura Divina (para llamar, además, la atención morbosa sobre su saga), cosa inherente a su firma, que profundizar en exceso en eriales políticos o sociales. El año de concepción de la obra acaso aconsejaba proceder así; de todos modos, y perdonadme la digresión, vengo observando que la ciencia-ficción suele envolverse de una bandera liberal (por no decir progre) con personajes que están muy en la onda del pueblo (que no popular).

Quizás, lo revolucionario ahora, en la ciencia-ficción, sea abordar temáticas desde un punto de vista opuesto (no diré conservador, porque los conservadores carecen de imaginación; matarían ipso facto la historia, caso de iniciarla), con personajes que suenen más auténticos, e imperfectos, poblados de fobias, diferentes a las elegantes transposiciones de consignas centelleantes y humanistas, resonantes por su oquedad, al uso presente.

Ya fuera de la digresión, resalto que Farmer hace de EL OSCURO DESIGNIO una narración de protagonismo coral, si bien los personajes que primero inundaron los párrafos (Sir Richard Francis Burton y Samuel Mark Twain Clemens, junto a sus adláteres) mantienen cuota de importante presencia.

Y siendo esta saga un colosal retablo histórico (la Humanidad, desde la Edad de Piedra, a finales del siglo XX, fue resucitada en este singular planeta por los enigmáticos éticos), parece inevitable que el autor centre la trama en figuras fuertes que antaño realizaron hazañas o contribuyeron a la leyenda urbana. También en el Mundo del Río serán héroes, líderes, aventureros. Lo llevan en la sangre. Esto tiene el inconveniente de que, con un mínimo-nimio conocimiento de Historia, pueden citarse doce mejores candidatos para alcanza la Torre De Las Nieblas, hogar de los Éticos, situada en el Polo Norte del Mundo del Río, que algunos de los que Farmer escogió. (Ningún Hernán Cortés, ningún Francisco Pizarro...).

Pero si bien prefiere chinchar a los beatos dudando de la divinidad de Jesús (algo que parece una reacción alérgica a una infancia-juventud martirizada por la obligación de pertenecer a una religión que ya entonces le despertaba serias dudas), también ataca la furia feminista, que encarna el personaje de Jill Gilbirra, australiana de finales del siglo XX con una identidad sexual ambigua, algo que también oprime los costados de su carácter, haciéndola caer en clamorosas contradicciones e injusticias.

Farmer, sin embargo, apenas barrena en la bisexualidad de Gulbirra; no hay nada nuevo bajo el Sol (sólo ocurre que sus actualizaciones lo hacen todo más aparatoso). De todos modos, y no falto del talento para relatarlo, es algo que a Stephen King se le hubiera dado mejor, y apenas empleando excesivo espacio. (Creo yo.).

El autor analiza el feminismo como en EL FABULOSO BARCO FLUVIAL desolló el racismo: Gulbirra es apasionada militante feminista (al estilo Década 70) y arrolla al personal imponiéndole sus postulados. Constantemente va criticando/denostando que si todo es el hombre esto, el hombre aquello, por qué en masculino, por qué Dios debe ser varón (pues porque así lo retrató Miguel Ángel en la Capilla Sixtina), ¿qué pasa con las mujeres, tíos? Picotea sin parar a una Humanidad en esencia machista (o que defendía separaciones de sexos para según qué tareas) porque en su siglo de eso iban.

Gulbirra es de esa clase de estúpidos capaces de llevar a Vlad Tépès a los tribunales por crímenes contra la Humanidad, juzgándolo según nuestras leyes y credos actuales, ignorando deliberadamente su salvaje contexto histórico. (Por cierto, esos imbéciles prefieren enjuiciar antes a Atila El Huno que a Iosif Stalin). Ella juzga conforme a sus ideales y experiencia. Ve paja en el ojo ajeno, obviando la viga incrustada en el suyo. Con renuencia admite su intolerancia cuando se la reprochan. ¿En qué es mejor a los hombres que critica, pues?

Farmer señala que ellas también son parciales; donde antes ponía el Hombre exigen que diga LA Humanidad. Eliminan el artículo masculino para imponer el femenino. Y eso es correcto. Está bien. Es progresista. Es el preclaro lenguaje ginocentrista que, todavía, los perritos falderos progres afirman que es lenguaje no sexista. ¿No; en serio?

Gracias a Gulbirra, Farmer expone que no tenemos solución; en ambos bandos los pecados tienen un carácter, si no mimético, sí hermano. Excluyendo el meritorio currículum que exhibe la capitana de zepelines Gulbirra, el autor resalta con ella la sarta de elegantes hipocresías que la Sociedad ha bendecido por puro e insustancial esnobismo, ignorando con toda su alma los notables defectos y las imposiciones fascistas que el feminismo rampante amamanta.

Y entre estos análisis, ¡tralla! Farmer tiene dotes de pensador, pero también es hombre de acción respetuoso con sus querencias pulp, e impide a sus personajes, incluso al pacifista Clemens, que se amodorren en los sibaríticos sillones de cuero de algún club de eminencias de la ciencia-ficción plenamente especulativa pero nada dinámica. EL MUNDO DEL RÍO rebosa de enigmas. ¿Qué hacéis aquí parados, que no zarpáis en pos de las respuestas, sitas en las Fuentes del Río? ¡En marcha!

© Antonio Santos, (1.034 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 17 de mayo de 2012

2.- El fabuloso barco fluvial

Si bien Philip José Farmer eligió para protagonizar A VUESTROS CUERPOS DISPERSOS a Sir Richard Francis Burton, un hombre netamente combativo e inquieto, dispuesto a afrontar riesgos y peleas frisando lo temerario (y algo insensato, pero con la capacidad de reconocer luego el error), para centrar los esfuerzos de los distintos personajes aparecidos en estas páginas de la secuela de su vasto proyecto literario/saga El Mundo del Río escoge a un personaje antagónico del inglés, a Samuel Langhorne Clemens, alias Mark Twain.

Han pasado veinte años desde aquél pavoroso día de la Resurrección, cuando todo credo o filosofía de mayor o menor calado sobre la vida postmortem se refutó. Durante estos años, los Resucitados han reconstruido la sociedad que disfrutaron en vida (terrestre), emulándola a modo, porque el colosal ensayo de sociología que supone el Valle del Mundo del Río, con su abigarrada amalgama de gentes de casi todos los tiempos no ha producido singulares cambios en la conducta o mentalidad de la gente. Concentrados en simulacros de países, perpetúan tradiciones y costumbres.

Para Clemens, un hombre cosido a puñaladas de remordimientos y terrores, dudas y recelos, la bendición de la Resurrección es una prolongación de los martirios del alma que en vida terrestre padeció. Reconoce que para clases oprimidas y malnutridas, enfermas, de tiempos anteriores al suyo (o su época, ¿para qué ir más lejos?), la comida gratis, la falta de dolencias, la vida sana al aire libre, un trabajo que se efectúa por placer, no por obligación, es un avance brutal. Pero, a él, que preferiría seguir en la oscuridad de la Muerte donde, al menos, tal tiniebla tiene el valor de no hacerle sentir, sufrir, pensar, recordar, flagelarle con remordimientos, ¡qué putada le parece!

Los Éticos, los misteriosos entes que les han Resucitado, podrían estar cargados de buenas intenciones al efectuar este extraño milagro (la psicología de Clemens le impide verlo así sin chorrearlo de vitriolo), pero él con gran gusto renuncia a esta merced.

Y Farmer trata de explorar esta faceta del premio de la Resurrección en la Humanidad a través de diversas opiniones de Clemens. Induce a especular sobre el suicida, que, abrumado por un piélago de circunstancias, externas o de ánimo, piensa que en la sombra sin razón ni memoria de la muerte hallará paz. Merece reflexión qué empuja a alguien a tomar esta drástica decisión. Sobre el suicidio se habla mucho, se escribe, se relativiza y hasta el suicida es una figura semicómica con la que rellenar ciertos chistes. Pero pensemos, pensemos, un instante en él, qué increíble presión le somete, cómo han debido irle las cosas para que encuentre esta salida como lo mejor de su vida.

Nuestra Sociedad se honra (jactancia, más bien, preñada de cínica e hipócrita malignidad) de ser Bondadosa y Equitativa, de Ayudar a quien lo necesite. Su más alto valor es considerar el colmo de la excelencia con la palabra humano. Sin embargo, ¿cuántos casos se dan a conocer que la conducta despótica, despiadada y deliberada de un grupo ha motivado un suicidio? Los agresores no eran alienígenas: eran humanos.

La Raza Humana es una filfa cósmica armada de numerosas artimañas para convencerse (más que persuadir a eventuales observadores estelares) de que es la cumbre del top ten de los más mejores. Con cítrico acento, Clemens refiere parte de esto en sus observaciones y palabras contenidas en la novela, en qué imperdonable falta de respeto cometen los Éticos ignorando esta petición de absoluto olvido.

Que, sucintamente, trata del sueño de hierro del humorista, acompañado por el entrañable Joe Miller, un titántropo, un gigante de gran probóscide y fuerza desmesurada, que pertenece a una supuesta raza prehumana, el mejor amigo que Clemens pudiera desear tener escoltándole en un mundo que continúa aferrado a sus viejas costumbres de matar cuanto vive, quemar cuanto está quieto, violar si es posible.

Decidido a alcanzar las Fuentes del Río y abofetear a los misteriosos Éticos, Clemens sueña con construir un barco de paletas, como los de su Missouri natal, y ascender Río arriba para expresar su malestar. Tiene la intensa certidumbre de que es capaz de hallar hierro en un mundo pobrísimo en metales. Y su fe es recompensada: X, el Ético renegado, desvía un meteorito que proveerá de minerales a Clemens.

Pero los Éticos son humanos (más o menos) y afectan nuestros fallos; el meteorito cae en una zona que pronto se plagará de conflictos, y los minerales indispensables van a parar a la tierra de un acérrimo e hipócrita racista negro, Hawking, que a cambio de sus valiosos metales exige cada vez más cosas (y algunas extravagantes, o imposibles de conceder) al estado que, junto al insidioso y traicionero rey Juan Sin Tierra, Clemens ha constituido: Parolando.

Parolando viene a ser un fortín de libertades en medio de la turbulencia tribal/feudal de los países vecinos, creados por antiguos líderes que encontraban óptima esa forma de gobernar, y que no cesan de crearles problemas.

EL FABULOSO BARCO FLUVIAL es un relato intenso de aventuras que no descuida tanto las especulaciones filosóficas como tampoco el muestrario histórico de personalidades; en él, además de ilustrar al lector sobre quién fue cuándo, o cómo de rápidamente se adapta a la revolución industrial que fabrica Parolando, Farmer aprovecha también la figura de Hawking para evidenciar las extensiones del racismo.

Si bien algunas alegaciones del líder negro son innegables, en una situación en que el mundo ha empezado de nuevo, los centros de poder han basculado lo suficiente, los prejuicios de muchos están devastados, o nunca existieron, Hawking encarna la figura de algo que nuestra actual Sociedad, tan bondadosa, humanitaria, equilibrada, se niega a ver: que, entre las minorías, existen xenófobos tanto o más virulentos que los que siempre se señalan. Clemens le hace este reproche a Hawking (aunque no a la cara, o de forma directa), que enseguida contraataca con el tú, ¡más!, siendo Hawking alguien que, pese a todo, reconoce que está comportándose como aquéllos que tanto odia.

Pero el viejo estímulo es demasiado fuerte y está profundamente arraigado en la carne como para deshacerse de él con facilidad. Y Hawking prefiere pegar antes que recibir.

EL FABULOSO BARCO FLUVIAL concluye (no reventaré el final para quienes, in albis, deseen zambullirse en sus páginas) de forma dramática, premisa que obliga a adquirir el siguiente ejemplar de la saga, para ver cuánto más nos acercamos a los misterios del Mundo del Río, de qué forma, y si aún falta mucho para su resolución.

© Antonio Santos, (1.081 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 26 de julio de 2011

1.- A vuestros cuerpos dispersos

A VUESTROS CUERPOS DISPERSOS

(Esta parte es subjetiva) ¡A ver! ¿Algún lector ha empezado a sentir en su interior el prurito de querer escribir de forma profesional? ¿Ha leído unos cien mil consejos sobre cómo hacerlo en distintos medios, cómo debe encarar la página en blanco, y le han recomendado una laaarga lista de cláaasicos (por citar: Poe, Verne, Asimov) porque en ellos está la verdad, la pureza y el estilo? ¿Sí? Vale. Toca madurar: este libro (que arrastrará a la posesión de los restantes) enseña cómo narrar, construir, ironizar, insertar el misterio y enfocar la acción con frescura y habilidad.

A VUESTROS CUERPOS DISPERSOS, de Philip José Farmer (¡aclamad al autor!) es una novela impregnada de un sentido dinámico de la narración que quizás no sea altamente académica, (¡pero está viva!) pudiendo ser un tesoro que permanece relegado detrás de las fulgurantes glorias del género, quizás en algún caso sobreestimadas, por una cuestión de chauvinismo o clasismo. Esta obra, galardonada con el Premio Hugo en 1972, impresiona por la fortaleza de su construcción y prosa. Su rotundidad manifiesta la madurez del autor, fiel a lo que parece ser su sigul característico: un carácter sexual, desinhibido, donde establece una cierta correlación entre el binomio violencia=sexo, sino muerte.

Hay que admitirle originalidad a la trama: cuantos murieron desde el albor de la Humanidad a 2008 (Farmer, que sui géneris se incluye entre los protagonistas, según confesó más adelante, como Peter Jarius Frigate, moriría en 2009, mientras que su alter ego sería exterminado por un arma alienígena en 2008; casi hizo predicción de la fecha de su fallecimiento) aparecen desnudos en la orilla de un río a la aparente edad de veinticinco años y sin taras, con salud envidiable y estado físico de cuerpos Danone. Pero también conservan todo su bagaje personal, que compendia glorias, ruindades y remordimientos. Entre los resucitados destacará Richard Francis Burton (el explorador decimonónico, no el actor, aunque... también estaría en esas costas), pues ha despertado prematuramente en una gigantesca cámara donde millones de cuerpos giraban en el vacío, reconstruyéndoles según fueron en vida en la Tierra.

Ese mundo no es el nuestro, según deducen mirando al cielo, donde flamean estrellas próximas y nebulosas que impiden ubicar su posición en la Vía Láctea... aunque igual podría ser la Tierra en un futuro remoto, transformada y modificada, como sus cielos.

La experiencia espolea a Burton, personaje de inquieta biografía. Junto a él resucita un asombroso ser: Monat, el alien responsable del deceso de casi toda la Humanidad al activar un rayo letal. En 2008, según Frigate, Monat y Lev Ruach, un judío superviviente de los campos nazis, rusos y árabes de exterminio, una embajada de otro planeta visitó la Tierra (superpoblada, supercontaminada, al límite-límite) y Monat cometió el error de informar que su raza podía hacer vivir por siempre a la gente. Los humanos asaltaron la nave, mataron a los extraterrestres, obligando a Monat a activar el rayo, matando, entre otros, a Frigate y Ruach. Es significativo que, cuando Frigate informó de la identidad de Burton, el judío se rebota por mor de una obra antisemita escrita por el inglés, pero no reprocha nada a Monat, su asesino.

Al grupo se les unirá, además del prehistórico Kazz, Alice Hargreaves (la niña que inspiró a Lewis Carroll escribir ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS), mujer que Farmer describe como una conejita Playboy, y establece una larga y tortuosa relación de amores y desencuentros con Burton.

El alma inquieta de Burton lo hará emprender un viaje hasta las Fuentes del Río, y por el camino, tras la tortuosa experiencia con Herman Goering (encasquillado en sus aficiones de dominación nazi), irá obteniendo nuevas y no menos misteriosas piezas del rompecabezas que constituye el Mundo del río. Por boca de los generosos benefactores para con la Humanidad que son los Éticos, sabrá que a la raza humana se le ha concedido la Segunda Oportunidad de poder alcanzar una evolución moral absoluta y seguir adelante, una ambigüedad que sugiere que así podrán comulgar con Dios definitivamente, y esto radicaliza a Burton en sus desconfianzas.

Sin duda, en su momento, la batería de indecencias que contiene A VUESTROS CUERPOS DISPERSOS podría hacer polémica la obra: desnudez, consumo de drogas, sugerencias de sexo (nunca se describe; está ahí, en un renglón, pero al siguiente todo acabó), aunque hoy día dejan indiferente; se admite el atrevimiento, mas no una reprobación censora.

Farmer, pienso, tiró de recursos fuertes pretendiendo así significarse ante otras obras, pero ceñidos al relato comprendemos su lógica intrínseca. Hasta se puede razonar que los Éticos actuaron prolongando la desnudez de la Humanidad (en el caso de la zona donde resucitó Burton, marcadamente victoriana) para arrancarles ciertos escrúpulos sociales, morales además, mientras minaban la influencia de los preceptos religiosos a los que muchos sujetos aún se aferraban, mostrándole a la gente que algo en apariencia infernal era hasta inofensivo.

Las religiones mayoritarias han organizado el Más Allá de cierto modo (Cielo epatante; Infierno asfixiante) y éste postmortem rompía por completo con lo prometido. Acaso parecía un Jardín de las delicias, de Hieronymus Bosch, no exento de su serpiente del Edén (el Ético Renegado que alerta a Burton sobre lo que ocurre aquí, tío, apúntatelo, que corréis peligro), que disfraza su traición detrás de Burton. No obstante, por el Río serpentean otro gran número de agentes dispuestos a asaltar la misteriosa Torre en el Polo Norte del Mundo del Río y que parece ser el hogar de los Éticos, sede de todas las respuestas que necesitan.

A VUESTROS CUERPOS DISPERSOS forma parte de un colosal retablo de personalidades históricas que permite conocer sobre sus miserias y bondades, así como de qué forma afecta la transición a un mundo donde el hambre, la miseria y la enfermedad parecen al fin derrotadas, dejando por tanto a la Humanidad poder dedicarse a retozar, solazarse y ponderar sobre sus aciertos y reprimir, rechazar, evitar repetir, sus errores, empero acaba incidiendo en ellos, cometiendo los más viejos pecados del modo más moderno.

Farmer elige a Goering (profundamente atormentado por su pasado nazi) como marco para esbozar esta idea. Parece vacilar sobre si debe o no retocar al todoterreno Burton, un hombre baqueteado y experto también en depravaciones de baja intensidad, de determinado y firme carácter, el que le ayuda a oponerse a las maquinaciones siniestramente suaves de los Éticos. Mientras que hunde a Goering en una senda que purifique su alma, mantiene impoluta la de Burton, porque si no, ¡se acaba la historia!

En la Saga del Mundo del Río siempre ha habido algo que me ha irritado: ni un solo español tiene un papel, aunque sea de remoto terciario, de relativa importancia, en toda la trama. Y eso que éste fue el Imperio donde Nunca se Ponía el Sol. Mira que hubo firmas que contribuyeron a que así fuese. Llegar a la guarida de los Éticos, ¿no sería acaso también digna meta de un Cortés, Pizarro, o aun el Cid Camperador?

© Antonio Santos, (1.161 palabras) Créditos
Publicado originalmente en Una historia de la frontera el 6 de junio de 2011

1.- A vuestros cuerpos dispersos / La otra oportunidad

Entre 1975 y 1976 la editorial argentina Intersea decidió sacar al mercado una colección, con tapas en rústica, dedicada a la ciencia-ficción. La colección, que recibió el nombre de Azimut, se nutrió principalmente con títulos de procedencia norteamericana, y ofreció a los aficionados latinoamericanos una breve muestra de la diversidad de tendencias y estilos que convivían dentro de la ciencia-ficción estadounidense durante la primera mitad de la década de los setenta, con algunos guiños a la vieja narrativa pulp de principios del siglo XX, representada por la obra de Edgar Rice Burroughs (1875-1950)

LA OTRA OPORTUNIDAD
LA OTRA OPORTUNIDAD

En Azimut se le dio cabida a todo, desde aventuras trepidantes y exóticas, arropadas de fantasía, firmadas por Edgar Rice Burroughs y Phillip José Farmer, una especie de western pleno de especulaciones teológicas salido de la imaginación de Lin Carter, un autor poco traducido al castellano, una peculiar muestra de space opera escrita por Spinrad durante su fase de maduración literaria, y así hasta llegar a textos de variado registro producidos por autores como Theodore Sturgeon, Thomas Disch, Howard Fast, Isidore Haiblum y Phillip K Dick.

De esta nomina de escritores solo dos gozaron del privilegio de ser publicados en dos ocasiones durante la breve vigencia de la colección, el mencionado Burroughs y Phillip José Farmer (1918-2009) quizá el mas conspicuo y eficiente cultor del estilo de Burroughs, y cuya novela LA OTRA OPORTUNIDAD, conocida en España como A VUESTROS CUERPOS DISPERSOS a causa de la traducción hecha por Domingo Santos, y publicada en el numero 50 de la revista Nueva Dimensión, motiva la presente reseña.

TO YOUR SCATTERED BODIES GO, el titulo original de esta novela recibió en Argentina el prosaico nombre de LA OTRA OPORTUNIDAD debido a la versión que Augusto Chamorro Martínez produjo para Intersea en 1975. Dicho titulo hace alusión a la religión que surge entre los habitantes del Mundo del Río en un intento por explicar, desde una perspectiva mística, la extraña condición en la que se encuentran.

LA OTRA OPORTUNIDAD es el libro que da comienzo a la saga del Mundo del Río, una pentalogia publicada entre 1971 y 1983, y apareció inicialmente por entregas, en las paginas de la revista Worlds of tomorrow durante 1965, antes de ver la luz como novela en 1971. En esta obra la acción parte de una premisa con ribetes metafísicos, la masiva resurrección de la humanidad de todas las épocas en un planeta remoto recorrido por un vasto río serpenteante en cuyas orillas se establecen las comunidades de resucitados, que nos son presentados rejuvenecidos y, por añadidura, completamente desnudos. No cabe duda de que Farmer buscaba provocar reacciones encontradas entre sus lectores al ofrecerles una visión tan iconoclasta del mito del Juicio Final. Un enfoque que se aleja mucho de lo meramente sobrenatural, y racionaliza el fenómeno de la resurrección ofreciendo una explicación, mitad científica mitad fantástica, que supone la existencia de una super tecnología capaz de captar y reproducir en serie, el binomio alma-cuerpo mediante la aplicación de un principio basado en la posibilidad de convertir la materia en energía y viceversa. Esta perspectiva disminuye el impacto sobrenatural del hecho, y sugiere la idea de la intervención de una ciencia suprema en el desarrollo de los eventos.

La fértil inventiva de Farmer añade un detalle esencial para la caracterización de este mundo ante los ojos del lector al dotar a cada resucitado con un cilindro, cuya función es proveer de drogas y alimentos a su poseedor, y que opera gracias al ingenioso principio de conversión antes citado. La existencia de estos artilugios implica la abolición del trabajo como fuente de sustento individual, manteniendo a los resucitados en una situación de pupilaje, respecto a los Éticos, que son los superseres que han creado el vasto mundo del Río. A cambio de esta sumisión los Éticos permiten a los resurrectos una amplia libertad para asociarse, emigrar o guerrear entre si, lo que provoca una reedición de la historia humana que complace la atención de aquellos poderosos ayos.

Toda novela precisa de un protagonista y Farmer consiguió al suyo sacándolo de las paginas del libro titulado BURTON, AVENTURERO DE LAS MIL Y UNA NOCHES escrito por un tal Fairfax Downey, que leyó durante su juventud, y dedicado a contar la vida y proezas de Sir Richard Francis Burton, un aventurero, explorador y escritor ingles del siglo XIX.

A continuación Farmer asocia a Burton con un heterogénea galería de personajes de diversa época y procedencia, aunque predominan los de origen anglosajón, árabe y judío, que van desde una delicada dama victoriana llamada Alice Hargreaves, la mujer que en su infancia inspiro el famoso libro de Lewis Carroll, el propio Farmer oculto bajo la piel de un puntilloso escritor llamado Peter Jairus Frigate, y así hasta llegar a Kazz, un fiero y grotesco neandertal y Monat Grrautt, el extraterrestre humanoide venido de Tau Ceti que aniquiló involuntariamente a la humanidad en el año 2008, pero no se alarmen que se trata de un dato extraído de la cronología del libro.

La novela tiene un comienzo impactante. Corre el año 1889 y se nos ofrece una vivida descripción de la agonía de Burton en su lecho de enfermo en Trieste. El velo de la muerte cae sobre él y Farmer lo traslada al contexto de su novela, haciéndolo volver en si, desnudo y rejuvenecido, flotando en el vacío, en medio de una enorme cámara de resurrección, rodeado de cuerpos completos e incompletos, listos para ser arrojados sobre la superficie del planeta del Río. Todo esto es tan extraordinario que se graba a fuego en la mente del lector.

Luego la historia se encamina por los tópicos de un relato de supervivencia, con los personajes estableciendo vínculos entre si, y adoptando, de paso, una indumentaria semejante a las tradicionales faldas de los escoceses —era impensable que se pasaran el resto de la novela desnudos— Mientras tanto pasan el tiempo fabricando las armas y utensilios, que le ayudaran a dominar el primitivo entorno que les rodea. Todo esto es contado con el habitual toque de sexo, violencia y humor propio de Farmer.

La construcción y botadura de El Hadji, el barco que Burton hace construir para llegar a la fuente del Río, implica la transición hacia un relato sosegado, heredero de las novelas de viajes, con los personajes estrechando sus relaciones a bordo, mientras contemplan la azarosa distribución de razas y culturas que pueblan las orillas del gigantesco río que recorren.

La batalla naval que El Hadji entabla con las huestes combinadas de Tulius Hostilius y Hermann Goering —los villanos del cuento— seguida de la ulterior captura de Burton y su tripulación por los esbirros de estos siniestros individuos, determina el avance a un relato de acción, con algunas ráfagas de intriga y mucha violencia explícita que tiene su clímax en la rebelión y posterior fuga de Burton y su gente de la zona controlada por el ultimo rey de Roma y el antiguo Mariscal del Reich de los Mil Años.

En su tramo final la novela se centra en Burton, y se dedica a contarnos, en clave de intriga, el antagonismo que surge entre Burton y los Éticos —con una subtrama dedicada a la conversión de Goering a la religión de la Otra OportunidadBurton esta obsesionado en descubrir el misterio de la resurrección, y por eso decide viajar hacia la Torre de las Nieblas, lugar de residencia de los Eticos, mediante el extravagante procedimiento de suicidarse una y otra vez para volver a la vida mas cerca de su meta. Los Éticos logran descubrir su artimaña y lo aprehenden, advirtiéndole de paso que cada suicidio le acerca inexorablemente a una muerte irreversible, pues matarse debilita la atracción entre el cuerpo y el psicomorfo, es decir el alma.

La novela acaba con un final abierto con Burton de vuelta entre su banda, y planeando construir otro navío con el cual atravesar el Río y tomar por asalto la remota Torre de las Nieblas.

LA OTRA OPORTUNIDAD es una novela abigarrada, pero dinámica que funciona como un vasto pastiche que entremezcla multitud de personajes, algunos trascendentes y muchos episódicos, sacados de una biblioteca, y puestos por designio de Farmer sobre un ámbito exótico como los actores de un relato estrambótico donde se amalgaman el desafío a lo divino, el sexo, la especulación científica y religiosa, junto con el humor, la ironía y la irreverencia de un autor que abruma y deslumbra con este vasto ejercicio de fantasía iconoclasta.

© Rubén Mesías Cornejo, (1.412 palabras) Créditos

1.- A vuestros cuerpos dispersos

Hay algunos libros que deberían formar parte de los más recomendables del género. A VUESTROS CUERPOS DISPERSOS es uno de ellos. Divertido, ameno, bien escrito y genial.

El aventurero y explorador del siglo XIX Richard F. Burton (no confundir con el actor de mismo nombre artístico del siglo pasado) despierta resucitado en un mundo extraño. Se encuentra con un cuerpo rejuvenecido y desnudo. Lo único que tiene es un juego de toallas de baño y un cilindro que le proporciona comida.

Aturdido por su nuevo estado, se va encontrando seres en iguales condiciones, pertenecientes a distintas épocas (¡incluso un alienígena!). Se junta con varios y deciden explorar el territorio. Descubren que hay árboles, tierra, hierba y un río inmenso que parece circunvalar el planeta. Poco a poco se van formando grupos, después clanes y por último tribus. Por supuesto colisionan violentamente y se producen muertes. Sin embargo los muertos vuelven a resucitar en otro lugar del enorme planeta y todo vuelve a empezar. Burton termina por hacerse preguntas inevitables. ¿Qué hago aquí? ¿Para qué? ¿Porqué? ¿Quién me ha hecho esto? Y decide poner rumbo norte a través del río, para encontrar respuestas, ya que sospecha que están formando parte de un experimento monstruoso.

Realmente diversión y aventura 100%. Además plantea, siempre de forma irónica y salvaje, el poderoso poder de adaptación del ser humano y su poca capacidad de aprender de los propios errores. Estupenda demostración del carácter curioso y a la vez terrorífico de la sociedad. Les ruego que hagan el favor de leérselo. Merece la pena.

Sugerencias: Después de terminar esta maravilla, me fui directamente a mi librería a adquirir los 3 volúmenes siguientes de la saga El mundo del río. Craso error. No he podido terminar ni el segundo libro. En mi opinión se repite en las ideas y alarga en demasía los personajes. No hay color. Una nueva decepción.

Lo que sí les recomiendo es que antes de empezar este libro, lean la apasionante biografía del Capitán Richard F.Burton de Edward Rice.

En mi tabla mágica de los cinco elementos: Inteligencia (I), Curiosidad (C), Lenguaje (L), Imaginación (II) y trato de lo desconocido (D), la puntuación es:

A VUESTROS CUERPOS DISPERSOS: I (8), C (9), L (7), II (9), D(8).

© Manuel Nicolás Cuadrado, (376 palabras) Créditos