JOB: UNA COMEDIA DE JUSTICIA
JOB: UNA COMEDIA DE JUSTICIA Robert A. Heinlein
Título original: Job, a comedy of justice
Año de publicación: 1984
Editorial: Ultramar
Colección: Ciencia-Ficción nos. 35
Traducción: Domingo Santos
Edición: Octubre de 1986
Páginas: 416
ISBN:
Precio: ---

Llevaba más de cuatro años sin catar un Heinlein (CONSIGUE UN TRAJE ESPACIAL: VIAJARÁS) y aunque lo recordaba con simpatía, no fue un libro capaz de hacerme perseguir a éste autor por las estanterías. Pero ni éste ni ningún otro de los libros de Heinlein que me he metido para el cuerpo, desde AMOS DE TÍTERES hasta ESTRELLA DOBLE, me han hecho pensar que Heinlein sea algo más que un autor correcto, sin grandes alardes estilísticos ni temáticos, y con un agradable sentido del humor.

Ahora, tras leerme JOB: UNA COMEDIA DE JUSTICIA, sigo pensando lo mismo, Heinlein como autor es agradable de leer, sus novelas tienen un punto humorístico que las hace divertidas sin llegar a ser hilarantes, y son tan olvidables como digerible es la comida china (excepto, quizá, las costillas asadas)

No es que esperase mucho o poco de esta novela, con el revuelo que hay organizado con TROPAS DE ESPACIO, y las tremendas acusaciones de derechista incorregible que se han vertido sobre Heinlein, me esperaba algo particularmente reaccionario, y más tratándose de una novela de su última época. Pero nada de eso, al contrario, teniendo en cuenta los fascistoides antecedentes que todo el mundo le presupone, me ha sorprendido su actitud beligerante hacia la religión en general, y las sectas fundamentalistas en particular.

También puede deberse a que ser fascista no implica ser religioso, pero quien sabe.

El caso es que Heinlein pone de vuelta y media a todas esta sectas cristianas, se burla de sus objetivos y sus medios y da una visión bastante mundana de lo que es el Cielo y el Infierno.

Y punto, porque por lo demás la novela, divertimentos aparte, es floja, y aunque se deja leer muy bien no lleva a ningún sitio, y deja al lector igual que estaba al empezar. Hace poco comenté PLAYA DE ACERO, de John Varley, otra novela de agradable lectura, divertidos pasajes y vacía como una tinaja antes de la vendimia. PLAYA DE ACERO es, en su parte final, un descarado homenaje a Heinlein, y la primera parte similar a JOB en que ambas tratan de los cambios que sufre el protagonista, y la intervención de un Ente Omnipotente que maneja el destino del personaje a su antojo.

De igual modo que ambas comparten virtudes y defectos, la finalización de JOB es tan decepcionante como previsible y el desarrollo, repito que episodios chuscos aparte, es lánguido e igualmente previsible. Alguna sorpresa hay, Heinlein tenía el suficiente oficio como para incorporarlas en el momento adecuado, pero por la propia estructura de la novela no son sorpresas que determinen el desenlace final, incluso el motivo de las aventuras de Alexander Graham Hergensheimer, que así se llama el/los, protagonista, está tan cogido por lo pelos que uno no sabe muy bien si es el motivo o el fin.

En cuanto a las famosas digresiones heinlenianas son abundantes, interesantes al principio y cargantes al final. Unas veces en boca de los protagonistas y otras metidas a presión en plena narración, interrumpen una y otra vez el devenir de los acontecimientos sin más interés que la propia información que ofrecen. Otro punto negativo es lo poco creíble que resulta el tal Alexander Graham Hergensheimer, supuesto teólogo, predicador frustrado y hábil contable eclesiástico, es un personaje sin pies ni cabeza.

Todo lo que Heinlein cuenta (el propio Alec lo cuenta, la novela está en primera persona) hacen pensar que se trata de un fanático religioso y un puritano recalcitrante. Pues bien, el personajillo actúa de un modo tan opuesto a estos parámetros que pensé que, o bien Heinlein es un pobre descriptor de tipos humanos, o tan hábil como para hacer pensar al lector que mister Hergensheimer es un sepulcro blanqueado, un hipócrita lascivo, vamos. Eso sí, honrado a carta cabal.

Repitiendo lo mismo que dije de PLAYA DE ACERO, muy bien escrito, agradable lectura, objetivos difusos y confusos y buen sabor de boca no exento de perplejidad final.

Por cierto, he probado los helados cubiertos de salsa de chocolate caliente y comprendo hondamente la fijación del protagonista al respecto.

No así lo de lavar platos.

© Francisco José Súñer Iglesias, (687 palabras) Créditos