CAMINANDO HACIA EL FIN DEL MUNDO
CAMINANDO HACIA EL FIN DEL MUNDO Suzy McKee Charnas
Título original: Walk to the End of the World
Año de publicación: 1974
Editorial: Ediciones Minotauro
Colección: ---
Traducción: Teresa Gottlieb
Edición: abril de 1996
Páginas: 298
ISBN:
Precio: 8,41 EUR

Cuando uno no se entera de lo que lee no sabe muy bien si es debido a su propia torpeza, a la torpeza del traductor, a la torpeza del autor o a la suma fatal de todos estos factores.

Por lo pronto, en este caso, no creo que la traductora tenga culpa de nada. Aún sin tener más referencia que el propio volumen traducido, mi impresión general es que el trabajo está bien hecho. En cuanto a mi propia torpeza o falta de atención como lector, bien pudiera ser un factor a tener en cuenta, al fin y al cabo, cuando apenas había pasado de la mitad, dejé el libro abandonado (literalmente) durante una semana en la taquilla del vestuario de mi trabajo, y supongo que el intervalo de siete días hizo que se me olvidaran detalles y no retomara la lectura con la suficiente determinación.

Pero es esta misma circunstancia la que me hace sospechar que la causa fundamental de la vaguedad y poca consistencia del libro, sea causada por la torpeza de la autora. No me parece concebible que un libro interesante pueda ser abandonado durante una semana sin que, ni por un momento, se tenga mucho interés en recuperarlo para averiguar en que quedan las aventuras de los protagonistas.

El planteamiento de las aventuras de los mismos, el desarrollo de esas aventuras y el propio desenlace son tan irrelevantes que, se tome el libro donde se tome, todo queda en una narración tan vacua como intranscendente. Si se quiere, aún es posible exprimir un poco el argumento para sacarle algo de jugo, se podría decir que es una estupenda síntesis de los conflictos generacionales, una metáfora literal de la discriminación de la mujer y hasta el seguimiento de una viaje iniciático en el que los niños se convierten en hombres.

Todas estas cosas ocurren, pero ocurren de una forma tan insustancial que para el caso es como si no ocurrieran. No quiero decir que el libro sea malo de solemnidad. Tiene algunos pasajes atrayentes, que mantienen al lector inmerso en la novela, pero no son lo bastante absorbentes como para evitar que la contemplación de un moscardón revoloteando sea un entretenimiento más satisfactorio.

Además la autora insiste en no dejar que la novela fluya por si sola, de cuando en cuando se empeña en poner al lector en antecedentes acerca de los sucesos históricos que han producido a la sociedad que describe. A mi al menos, es algo que me irrita bastante, y más cuando se hace de una forma tan explícita y literal como es el caso.

¿Y de que va esto? Pues lo cuento; muy allá, en el futuro, hay una guerra muy gorda (el libro es del 74, cuando la guerra fría aún estaba calentita) y todo se va al carajo. Los supervivientes, pocos, deciden que la culpa de todo es de las mujeres y las reducen a una subespecie que sólo sirve para procrear y como fuerza de trabajo.

En esto, los hombres se dedican a dividirse en castas, ponerse ciegos de derivados del cáñamo, darse el gusto al cuerpo por nefanda sea la parte los unos a los otros y, cuando toca, reproducirse copulando (¡que horror!) con una mujer.

Ah, y en los ratos libres a conspirar, conspirar y conspirar.

En esto, un pollo-pera, decide ir en busca de su papá para soltarle cuatro frescas. Esto es algo excepcional porque nadie debería saber quien es su padre (¿la madre? ¿para qué?) y sin embargo el pollo-pera en cuestión si conoce su origen. Pero resulta que el tal papá es un conspirador de cuidado y ha organizado una muy gorda, irritando a más de un jerifalte que decide aprovechar la coyuntura para llegar hasta el papá de marras y reestablecer el orden.

Eso en resumen, porque la cosa se complica con un condiscípulo drogadicto, un militarote muy recio, una mujer que no se sabe muy bien que pinta en todo esto, más conspiradores, más jerifaltes, clanes de jóvenes y de viejos, ciudades, mares, ríos y las razones de cada uno, que no quedan nada claras, aunque no por ello son menos coherentes dentro de la lógica interna de la novela que, aunque parezca mentira, la tiene.

CAMINANDO HACIA EL FIN DEL MUNDO es una buena demostración de que la ideología no basta para hacer literatura, es más, que la ideología, mal manejada, solo produce mala literatura. Es la típica novela correctamente escrita pero sin mayor transcendencia, que habré olvidado dentro de un mes, y sin hacer grandes esfuerzos.

© Francisco José Súñer Iglesias, (757 palabras) Créditos Créditos