ANOCHECER
ANOCHECER Isaac Asimov, Robert Silverberg
Título original: -
Año de publicación: -
Editorial: Plaza & Janés
Colección: Jet 136/22
Traducción: Domingo Santos
Edición: Marzo de 1993
ISBN:
Precio: 5,55 EUR

Esta es la novelización de un relato anterior (1941) del propio Asimov. No sé porqué tenía la seguridad de que a este relato se le habían concedido un buen montón de premios y distintos reconocimientos, pero por mucho que he buscado, ni en la GUIA DE LECTURA, de Miquel Barceló, ni TERMINUS, de Juan José Parera, ¡ni en Internet! he encontrado nada al respecto. En cualquier caso me consta que era uno de los relatos más apreciados por el propio Asimov, y escrito a instancia de John W. Campbell, que sugirió al joven Isaac el argumento.

Lamentablemene no he tenido acceso al relato original, así que me es imposible saber hasta que punto el ascenso del relato lo ha mejorado o, simplemente, hinchado con fines puramente comerciales.

Desde luego es una garantía que la novelización, aparte del propio Asimov, haya contado con la participación de Robert Silverberg. Por el estilo es más asimoviana que silverbergriana, (¡Sielos! ¡Menudo palabro!) que nadie se espere encontrar al Silverberg de LAS CRONICAS DE MAJIPUR, de SADRAC EN EL HORNO o MUERO POR DENTRO, en su papel de ayudante del maestro, se ha adaptado a su estilo y la narración corre directa y diáfana en una única y catastrófica dirección. Incluso la estructura del libro recuerda bastante a LOS PROPIOS DIOSES, una primera parte donde se introduce al lector (y a los propios protagonistas del relato) en los sucesos por venir, una segunda donde se precipitan los acontecimientos y una tercera donde se muestra el doloroso despertar de los protagonistas ante el nuevo statu quo. Además de esta novela, Miquel Barceló adelanta en su GUÍA DE LECTURA que Silverberg también ha colaborado con Asimov en la novelización de A LO MARCIANO y EL NIÑO FEO.

ANOCHECER plantea la concurrencia de una serie de acontecimientos que convergen hasta provocar un hecho insólito, tanto que se da por imposible, y que es capaz de acabar con la civilización de todo un planeta. Si además ese hecho es cíclico, y se repite con toda regularidad cada 2049 años da pie a que Asimov y Silverberg se dediquen a profundizar en la vida y obras de los científicos que, a base de retazos fragmentarios de información, concienzudos cálculos astronómicos, testimonios geológicos y advertencias apocalípticas de una secta de iluminados, son capaces de prever lo que ocurrirá.

Tras este planteamiento, dentro de la más estricta ortodoxia narrativa, se nos presenta el nudo del relato. Pasan unos meses de desesperados avisos y descarnadas descalificaciones y los científicos se disponen a observar el fenómeno todo lo fríamente que su espíritu investigador es capaz. Ni la incredulidad, ni las teorías delirantes, ni los avisos de los iluminados son capaces de arredrar los ánimos de los investigadores, muy en la línea de los que siempre ha retratado Asimov. Y al fin la catástrofe planetaria se abate sobre todos, crédulos, incrédulos, observadores desapasionados y místicos enajenados.

Para acabar, el desenlace. Con el optimismo del que Asimov siempre ha hecho gala, los supervivientes a la locura y la devastación van uniendo sus fuerzas para la reconstrucción. Pero esta vez con el firme propósito de que la memoria de la catástrofe no quede únicamente en manos de cenobitas febriles u oculta bajo toneladas de escombros, y que dentro de 2049 años las consecuencias sean mínimas y el fenómeno pueda ser estudiado reposadamente e incorporado como una fecha más, quizá algo peculiar, a los almanaques.

Aunque durante la lectura hubo ocasiones en las que estuve tentado de discutir varias de las teorías y planteamientos que el tándem Asimov-Silverberg proponían, preferí no pensar en ello y continuar disfrutando (porque eso es lo que hice) con la novela. Y ello a causa de la inocencia de los personajes. Encerrados en su propio mundo, limitados a sus propias vivencias y las observaciones que durante centurias sus antecesores habían efectuado, eran incapaces de concebir situaciones que a mi me parecían obvias. Incluso, algunas de las teorías que el astrónomo protagonista propone en cierto momento, son tan ridículas que me reí con gusto de ellas... hasta que comprendí que él no tenía forma de discernir que lo que proponía, aunque muy cerca de la realidad, no era más que una mínima parte del todo.

Resumiendo, un libro de rápida y apasionante lectura que acaba por hacer reflexionar al lector sobre la fragilidad de las ideas que sobre el mundo y el universo tiene el hombre.

Y no sólo reflexionar... también temer que algún día nuestra sólida concepción del universo se derrumbe sobre nuestras cabezas trayéndonos la destrucción y la locura.

Como ya se temían los irreductibles galos.

© Francisco José Súñer Iglesias, (765 palabras) Créditos