NÉMESIS
NÉMESIS Isaac Asimov
Título original: Nemesis
Año de publicación: 1989
Editorial: Plaza & Janes
Colección: Jet 136/19
Traducción: Manuel Vázquez
Edición: Mayo de 1994
ISBN:
Precio: 4,50 EUR

No he disfrutado con este libro de Asimov. Para nada. Me ha costado metérmelo para el cuerpo y, en general, se puede decir que es una novela floja y farragosa.

Y me temo que él mismo se dio cuenta porque en una nota que presenta el libro advierte de varias cosas y, lo más significativo de todo, que ya no está en plenitud de facultades.

Con todo, y como siempre, las aportaciones en dos campos que Asimov siempre vio desde una óptica con la que sintonizo bastante bien son notables. Por una lado el de las facultades paranormales, por otro el de las inteligencias extraterrestres.

Hace nada menos que quince años que me leí el ciclo original de las Fundaciones y lo que más me sorprendió fue la figura de El Mulo. No era un telépata al uso, ni tenía facultades telekinesicas ni la capacidad de dar la vuelta al espacio y al tiempo. Simplemente caía simpático, muy simpático, tan simpático que quien le tuviera cerca era capaz de matar y morir por él. Y él se aprovechaba de ello para manejar a las gentes a su antojo y llegar a ser la figura dominante.

Con los extraordinarios seres blandos y seres duros de LOS PROPIOS DIOSES Asimov, al que desde según que círculos siempre se ha acusado de no hacer intervenir a seres extraterrestres en sus relatos, daba una lección de como se debe recrear toda una civilización aliénigena (y, este caso, extemporal)

En NÉMESIS hay parte de ambos aspectos creativos de Asimov, un aparente telépata que no es telépata (aunque si bastante chismoso) y una inteligencia extraterrestre no tan original (Lem ya se le adelantó a su debido tiempo) pero si perfectamente descrita.

Por lo demás nada extraordinario. Es el libro que faltaba en la saga de las Fundaciones, en el que se sugiere el inicio de la diáspora humana por la galaxia y el descubrimiento de los medios necesarios para ello. Pero sin garra, no hay nada, en ningún momento, que haga engancharse al relato y en un par de ocasiones, en vista de lo evidente de los planteamientos y las consecuencias estuve tentado de dejarlo.

Aunque claro, después de leerme cuarenta libros de Asimov me lo he llegado a conocer demasiado bien, y es raro que a estas alturas poco o nada salido de su imaginación me pueda sorprender.