Sinopsis
Estamos en 1885. El joven Jonathan Harker viaja hasta Klausenburg, Alemania, en cuyas cercanías se encuentra el castillo en el que reside un enigmático aristócrata: el conde Drácula. Harker ha sido contratado por el conde como bibliotecario, para que organice y lleve su extensísima biblioteca. Una vez allí, encuentra a una misteriosa joven, que asegura estar prisionera y le pide ayuda para escapar. Pero la repentina aparición de Drácula pone en fuga a la mujer.
El inquietante aristócrata lo guía hasta su habitación, mostrando un inusitado interés por el retrato de Lucy, prometida de Harker, que el joven acaba de sacar de su equipaje. Cuando el conde se retira, Jonathan hace unas anotaciones en su diario, en las que revela su verdadera misión: es un cazador de vampiros y su objetivo es acabar con el más poderoso de ellos.
La noche siguiente, Harker se encuentra de nuevo con la hermosa joven que decía estar prisionera del conde, en realidad un vampiro femenino que consigue morderle. Drácula aparece de pronto, haciéndola a un lado. Harker lucha con el conde y, de resultas del forcejeo, pierde el conocimiento mientras ve cómo el siniestro aristócrata se lleva a la mujer. Al recobrar la consciencia, y darse cuenta de la situación, decide intentar cumplir su misión antes de que el virus del vampirismo, que le ha inoculado aquella mujer con su mordedura, le convierta en un no-muerto. Redacta una última entrada en su diario, y lo oculta en el exterior de la tétrica mansión. Luego, busca y encuentra la cripta del castillo y procede a destruir a la mujer vampiro, que reposa en su ataúd, clavándole una estaca en el corazón. Cuando se dispone a hacer lo mismo con Drácula, el señor de los vampiros ya no está en su féretro, sino junto a la puerta de la cripta, que cierra lentamente, como regodeándose en el pánico que refleja el rostro de Jonathan Harker.
Varios días más tarde, a la pequeña población llega el doctor Van Helsing, en busca de su amigo y colaborador Harker. El científico visita la posada desde la que Jonathan partió hacia el castillo de Drácula. Inga, la hija del posadero, le entrega el diario de Harker, que encontró donde este lo escondió, junto a un cruce de caminos, y que ha conservado en contra de los deseos de su padre, quien le dijo que debía quemarlo. Tras leerlo, Van Helsing va al castillo de Drácula, dispuesto a cumplir el último deseo de su amigo: que liberaran su alma, destruyéndole como se destruye a un vampiro. Al llegar, está a punto de ser arrollado por un negro carruaje que abandona la fortaleza.
Buscando a Jonathan, Van Helsing revisa la habitación que su amigo ocupó, descubriendo el marco de la foto de Lucy roto y sin el retrato, del que apenas queda un trozo. Luego encuentra la cripta y a Jonathan Harker, reposando en un ataúd, transformado en un no-muerto, de modo que cumple la última voluntad de su amigo y libera su alma, clavándole una estaca en el corazón. Pero Drácula no se encuentra allí.
En la ciudad de Karltadt, Van Helsing visita a Lucy y su hermano, para darles la noticia de la muerte de Jonathan, aunque se guarda mucho de entrar en detalles. Sin embargo, Lucy ha enfermado poco antes. La dolencia que padece se asemeja muchísimo a una anemia. Tras examinarla, Van Helsing descubre que la muchacha está siendo víctima de Drácula, que pretende vengarse por la muerte de su esclava vampiresa. A pesar de los desvelos de Van Helsing, y debido a una concatenación de desafortunados acontecimientos, Lucy acaba transformándose en un vampiro, por lo que se impone destruirla. Cuando Mina también cae bajo la influencia del vampiro, Van Helsing logra convencer a Arthur para que, a través de su esposa, consigan dar con Drácula y poner fin a su reinado de horror.
Para Montse.

Tras romper las taquillas europeas y estadounidenses con LA MALDICIÓN DE FRANKENSTEIN (THE CURSE OF FRANKENSTEIN, Terence Fisher, 1957)), Hammer Films produjo la primera película de vampiros rodada en Technicolor, una cinta que se convirtió de inmediato en una obra maestra del cine de terror gótico, y, a mi juicio, en la mejor versión fílmica de las andanzas del aristocrático no-muerto imaginado en 1897 por Bram Stoker.
Hasta el momento del estreno del film de la Hammer, la imagen cinéfila icónica del vampírico conde era la de Bela Lugosi, que realizó una creación impresionante del personaje en DRÁCULA (DRACULA, Todd Browning, 1931), la mejor cinta de terror de Universal Pictures, Gran Estudio de cine que, en la década de 1930, prestaría muchísima atención al gótico, produciendo obras tan estimables como EL DOCTOR FRANKENSTEIN (FRANKENSTEIN, James Whale, 1931) y su continuación, LA NOVIA DE FRANKENSTEIN (THE BRIDE OF FRANKENSTEIN, James Whale, 1935), cuyo éxito en taquilla superó al de su predecesora.
La interpretación de Lugosi impresionó tanto al público como a la crítica. Aunque hubo otros actores que dieron vida en la pantalla al Rey de los vampiros, incluido el español Carlos Villarías, durante los veintisiete años siguientes Bela Lugosi sería el Drácula por excelencia. Pero la irrupción de Hammer Films y Christopher Lee lo cambiaría todo para mejor.
Quien haya leído la novela original, escrita en un estilo epistolar, comprobará que existen grandes diferencias entre el libro y la versión cinematográfica de la Hammer. Como creo haber comentado ya en varias ocasiones, las obras literarias llevadas a la pantalla suelen ser, casi siempre, versiones más o menos libres del texto de la novela. En el caso del maestro Hitchcock, llegan a diferir tantísimo, que sus películas apenas guardan semejanza con las novelas en que supuestamente se basan, a excepción hecha del concepto primigenio del relato. Esto se debe a que la literatura y el cine son medios de expresión artística que pueden complementarse, pero que, en esencia, son muy distintos. No es lo mismo narrar un relato por escrito que contarlo en imágenes. Lo que funciona perfectamente en literatura puede no hacerlo en el cine y a la inversa; de ahí las diferencias, a veces sutiles, a veces casi abismales, entre la misma historia contada en un libro o en una película.
Aparte lo explicado en el párrafo anterior, hay otras muchas variables a tener en cuenta. En el caso de Hammer Films, era una productora modesta, cuyas producciones debían ajustarse a unos parámetros muy concretos: metraje no superior a ochenta minutos u hora y media como mucho; presupuesto bajo/medio, pero en ningún caso superior a las cien mil libras, y un rodaje que no superara los dos meses.
Visto el tremendo éxito de su versión del monstruo de Frankenstein, los responsables del legendario Estudio británico decidieron explotar el filón del terror gótico, filmando un nuevo DRÁCULA que se adaptase mejor a los gustos de los espectadores de finales de los años 50 que la demasiado envejecida cinta de Universal.
El guionista seleccionado fue Jimmy Sangster, quien adaptó y condensó el novelón de Stoker, para ajustarlo al estilo de producción de La Casa del Terror. El primer cambio importante del guionista fue transformar a Harker, que en la novela es algo así como un agente inmobiliario, en un cazador de vampiros, que acude al castillo de Drácula con la intención de aniquilarle. Otras variaciones notables, respecto a la novela, fueron convertir a Arthur Holmwood en marido de Mina, y a Lucy en prometida de Harker y hermana de Arthur. Sangster también eliminó por completo de la trama los personajes de Renfield y Quincey Morris. Hubo pasajes de la obra literaria simplificados al máximo, pues filmarlos tal como los describía Stoker hubieran encarecido muchísimo la película. La escalofriante travesía del buque que lleva a Drácula y sus féretros a Inglaterra fue eliminada. En su lugar se filmó otra, más sencilla, que muestra el corto pero inquietante viaje del conde en un carruaje fúnebre.

Un detalle que llamó poderosamente mi atención, la primera vez que vi la película, allá por 1979, fue que, a pesar de mantenerse los nombres ingleses de muchos personajes, la historia no estaba ambientada en la Inglaterra victoriana, sino en algún lugar indeterminado de Centroeuropa, una zona relativamente pequeña, en la que parecía primar la cultura germana.
El tratamiento del vampiro también se simplificó. Si bien se daba por sentado que los vampiros podían transformarse en lobos o murciélagos, Sangster optó por ignorar esto en favor de un mayor realismo de la historia. El guionista sostuvo siempre que la capacidad de Drácula para convertirse en esos animales, o en otros cualesquiera, podía funcionar en un libro, pero no en el cine, pues confería a la película un aire como de cuento fantástico que no la beneficiaba en nada. Se puede estar de acuerdo o no con su opinión, pero, en el caso de la cinta que nos ocupa, estuvo muy acertado.
El Van Helsing de Peter Cushing es distinto al de la novela. Aunque en principio se pensó en buscar un actor de más edad para encarnar al personaje, que Stoker había descrito como casi un anciano, en Hammer, vista la inmensa popularidad alcanzada por Cushing y Lee en la ya mencionada LA MALDICIÓN DE FRANKENSTEIN, decidieron emparejarlos de nuevo.
Cushing se convertiría en la imagen fílmica por antonomasia de Van Helsing. Pero Lee consiguió lo que, hasta entonces, parecía imposible: desbancar a Lugosi como Drácula en el imaginario colectivo. Su impresionante estatura, sumada a su delgadez casi extrema y su aire aristocrático, pasaron a ser los signos distintivos del personaje. El empleo del color, la profusión de sangre y la horrenda visión de sus colmillos provocaron un considerable impacto emocional en los espectadores de la época.
Lo más novedoso fue que Terence Fisher, según sus propias declaraciones, se preocupó de hacer emerger, hasta donde lo permitía la censura, el elemento sexual subyacente en la historia original, dando a entender al público sutilmente que Drácula, en cierto modo, aprovechaba las frustraciones sexuales de sus víctimas femeninas para alcanzar su propósito. No hay punto de comparación entre su actitud cuando ataca a un hombre o a una mujer. En el primer caso, es brutal y despiadado en extremo; en el segundo, parece ejercer todo su poder de seducción a través de su hipnótica mirada.
Christopher Lee siempre estuvo muy agradecido al personaje, que cimentaría su vasta y variada carrera cinematográfica. Pero también pensaba que, si los guionistas y directores se lo hubieran permitido, habría conseguido dotar a su Drácula de mayor profundidad psicológica, basándose en el modo en que Stoker lo había descrito. Según el actor, el novelista había demostrado cierto grado de admiración por el vampiro, pues en el libro lo presentaba como un malvado, pero también como alguien heroico, romántico, erótico, fascinante y dinámico.

El rodaje comenzó el lunes 11 de noviembre de 1957 en los míticos Bray Studios y sus fincas adyacentes, también propiedad de Hammer Films. En vísperas de Navidad de ese mismo año concluyó la fotografía principal. Tras el proceso de postproducción, que incluyó los efectos especiales, la musicalización y el montaje, la película se dio por terminada y lista para su estreno el viernes 3 de enero de 1958. El coste final de la producción fue de algo más de 81.000 libras esterlinas.
A pesar de trabajar con una dotación presupuestaria muy ajustada, Pearson consiguió resolver admirablemente el clímax que muestra la destrucción de Drácula. La escena en la que el vampiro se lleva las manos al rostro, arrancando trozos de su epidermis en descomposición acelerada, sigue resultando tan impactante como cuando se estrenó el film. Para realizarla, a Lee le cubrieron el rostro con un maquillaje especial de color rojo sangriento, cubierto a su vez por una fina capa de cera, de la que se emplea en las funerarias, convenientemente tratada para imitar su tono de piel normal.
El estreno mundial de la película tuvo lugar en Milwaukee, Wisconsin, Estados Unidos, el viernes 8 de mayo de 1958. Se proyectó en sesión doble con LA CABEZA MALÉFICA (THE THING THAT COULDN´T DIE, Will Cowan, 1958), modestísima cinta americana de Serie B producida, curiosamente, por Universal International, que había lanzado el primer DRÁCULA sonoro. Se le dio el título de HORROR OF DRACULA precisamente para evitar confusiones con la película de 1931. Sin embargo, cuando se estrenó en la sala Gaumont Haymarket de Londres, el miércoles 21 de mayo de 1958, fue presentada simplemente como DRACULA.
La película de Fisher y Hammer Films tuvo una recaudación mundial de tres millones y medio de dólares. Si consideramos que había costado 227.000, resulta que generó 3.273.000 dólares de beneficio. Su éxito fue tal, que pasó a ser la primera película no americana que estuvo diez días en cartel en su estreno en Milwaukee. Durante las dos décadas siguientes, sería uno de los films más proyectados en los autocines de USA.
La Hammer produciría una verdadera saga de películas sobre el vampiro de Bram Stoker. En cinco de ellas Lee interpreta a Drácula, y en otras cuatro Cushing a Van Helsing. Sus títulos son los siguientes:

LAS NOVIAS DE DRÁCULA (THE BRIDES OF DRACULA, Terence Fisher, 1960), con Cushing como Van Helsing y David Peel como el Rey de los vampiros. Que, en este caso concreto, y a pesar del título, no es el propio conde, sino su discípulo más aventajado, el barón Meinster.
DRÁCULA, PRÍNCIPE DE LAS TINIEBLAS (DRACULA, PRINCE OF DARKNESS, Terence Fisher, 1966), con Lee como el vampiro.
DRÁCULA VUELVE DE LA TUMBA (DRACULA HAS RISEN FROM THE GRAVE, Freddie Francis, 1968). Lee vuelve a ponerse la capa del vampiro.
EL PODER DE LA SANGRE DE DRÁCULA (TASTE THE BLOOD OF DRACULA, Peter Sasdy, 1970). Lee de nuevo.
DRÁCULA 72 (DRACULA A. D. 1972, Alan Gibson, 1972). Lee como el Rey de los vampiros en pleno siglo XX. Su enemigo, otro Van Helsing (Cushing), descendiente directo del visto en la primera película.
LOS RITOS SATÁNICOS DE DRÁCULA (THE SATANIC RITES OF DRACULA, Alan Gibson, 1973). Lee (Drácula) y Cushing (Van Helsing) de nuevo frente a frente.
LA LEYENDA DE LOS 7 VAMPIROS DE ORO (THE LEGEND OF THE 7 GOLDEN VAMPIRES, Roy Ward Baker, 1974). Estrenada en España como KUNG FU CONTRA LOS 7 VAMPIROS DE ORO, última adaptación clásica Hammer del mito de Drácula, aquí interpretado por dos actores: David de Keyser, como la versión asiática del célebre no-muerto, y John Forbes-Robertson cuando se presenta bajo su aspecto europeo real. A Van Helsing le encarna, naturalmente, Peter Cushing.
Todas las cintas mencionadas funcionaron bien en taquilla, aunque a niveles inferiores al film original, que hoy tiene la merecidísima consideración de obra maestra.
A inicios del cine sonoro no existía el doblaje, por lo que los Estudios de Hollywood, decididos a no perder el mercado de habla no inglesa, abrieron sucursales en numerosos países, en las que se producían versiones de las películas realizadas en USA. El caso español fue especial, ya que este idioma se hablaba en multitud de países, por lo que ese mercado era de vital importancia para la industria del cine. De modo que, en vez de abrir estudios subsidiarios en España y en las naciones de Hispanoamérica, los Grandes Estudios procedieron a ofrecer sustanciosos contratos a todas aquellas personas relacionadas, de un modo u otro, con el mundo del cine y del espectáculo en general. De España, salieron rumbo a Hollywood, los mejores profesionales del momento en todas las ramas de la cinematografía, así como no pocos dramaturgos.
Carlos Villarías (1892-1976) llevaba en USA desde 1923 y fue elegido para interpretar a Drácula en la versión para el público hispano. Las cinta original y la copia con actores de habla española se rodaban simultáneamente, la primera durante el día y la segunda por la noche. George Melford, que no hablaba español y tuvo que valerse de un intérprete, dirigió la de Carlos Villarías. La película no funcionó del todo bien, porque, al igual que otras versiones dobles, los ejecutivos de los estudios hollywoodenses no tuvieron en cuenta la enorme variedad de acentos del español, según el país de referencia. Por tanto, a la hora de confeccionar los repartos, mezclaban actores españoles, mejicanos, peruanos, argentinos, etcétera. Esto provocó que, estrenadas las películas en los mercados de habla española, provocasen rechazo en unos espectadores que encontraban rara, y a veces incluso incomprensible, la forma de hablar de algunos actores.
Por otra parte, todo indica que para Hollywood lo de las versiones dobles era un apaño circunstancial, hasta que las empresas tecnológicas de la época lograsen desarrollar un sistema de sincronización de sonido grabado e imagen que permitiese doblar correctamente las películas. Lo que, por cierto, no tardaría en llegar.
Además, los informes que recibían los ejecutivos de los estudios, enviados por sus agentes en España e Hispanoamérica, recalcaban la fría acogida del público autóctono a esas versiones dobles. De modo que Hollywood optó por hacer copias en español sólo de las películas de segunda categoría.
El DRÁCULA de George Melford y Carlos Villarías fue la excepción que confirmó la regla. Vista hoy, las interpretaciones del elenco son mediocres, sin garra, y en ocasiones poco creíbles. No obstante, su diseño de producción es muy superior al del film de Browning, y su guión está más logrado que el de la versión yanqui, obra de Garret Fort y Dudley Murphy. A título de curiosidad, cabe comentar que el guionista de este film en concreto fue mi paisano Baltasar Fernández Cue, que solía aparecer en los créditos como BFC.
Como he dicho, a nivel interpretativo la cinta de Melford deja mucho que desear, pero su guión y su puesta en escena son memorables. De hecho, es la única película de su clase que recuerdan los historiadores del cine. Durante décadas se consideró perdida, pues, dado su escaso éxito en su momento, apenas se hicieron copias de ella. Se localizó una copia íntegra en la Cinemateca de Cuba en la década de 1970, que serviría para su restauración veinte años más tarde. Considerada cultural, estética e históricamente relevante, en 2015 fue incluida en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, para su preservación en el Registro Nacional de Cine. N del A.
James Henry Kinmel Sangster (1927-2011). Uno de los mejores guionistas que se batieron el cobre en La Casa del Terror, en la que también ejercería de asistente de dirección, director de la segunda unidad de filmación y jefe de producción. Hasta probó suerte en la dirección con EL HORROR DE FRANKENSTEIN (THE HORROR OF FRANKENSTEIN, 1970), LUJURIA PARA UN VAMPIRO (LUST FOR A VAMPIRE, 1971) y MIEDO EN LA NOCHE (FEAR IN THE NIGHT, 1972), films correctos, pero poco destacados entre la producción Hammer.
Entre otros muchos trabajos, Sangster escribió y produjo dos de las películas más representativas de la última etapa profesional de Bette Davis: A MERCED DEL ODIO (THE NANNY, Seth Holt, 1965) y EL ANIVERSARIO (THE ANNYVERSARY, Roy Ward Baker, 1968). Aparte de sus colaboraciones con Hammer Films y otras productoras cinematográficas, trabajó también como guionista en series televisivas inglesas y estadounidenses. N del A.
Reino Unido,