Sinopsis
Territorio de Arizona, 1880. El ranchero Dan Evans y sus dos hijos presencian cómo la banda de Ben Wade asalta una diligencia de la Butterfield Overland Mail, matando al mayoral. Tras despojar al ranchero y sus hijos de sus caballos, para evitar que puedan avisar al Sheriff, Wade y sus hombres, que se dirigen a Méjico, se detienen a tomar una copa en el Saloon de Bisbee, haciéndose pasar por vaqueros de paso. Wade se siente atraído por la cantinera y envía a sus hombres por delante. Esa decisión llevará a su detención por el Sheriff local. Previendo que los forajidos intenten liberarle, el Sheriff lo organiza todo para trasladar al bandido a la cercana Contention City, donde se le embarcará en un tren hacia Yuma. Butterfield, propietario de la compañía de diligencias, considera una cuestión personal enjuiciar al forajido, de modo que ofrece doscientos dólares por cabeza a los dos hombres que se presenten voluntarios para escoltarle. Sólo Potter, el borracho del pueblo, y Dan Evans se arriesgan a enfrentarse a la banda de Wade. Para Evans, ese dinero le permitirá salir adelante, a pesar de la terrible sequía que asola la región, y que amenaza con exterminar su ganado. Mientras tanto, el lugarteniente de Wade, Charlie Prince, se prepara para rescatar a su jefe.

Para Montse.
Delmer Daves (1904-1977) fue un auténtico todoterreno, capaz de dirigir con maestría películas de cualquier género, y que además destacó como un notable guionista. De hecho, muchas de las cintas que dirigió estaban guionizadas por él mismo. Quizá uno de sus guiones más apreciados por los cinéfilos sea el de TÚ Y YO (LOVE AFFAIR, Leo McCarey, 1939), que escribió al alimón con Donald Ogden Stewart, sobre un argumento del propio McCarey y Mildred Cram. Todo parece indicar que fue Daves el que dio forma a la romántica historia, limitándose Stewart a pulir algunos detalles y escenas. Cuando McCarey decidió rodar un remake con Cary Grant y Deborah Kerr, en 1957, recurrió al texto escrito por Daves en 1939, realizando él mismo algunas variaciones puramente cosméticas.
La primera película de Daves como director fue DESTINO TOKYO (DESTINATION TOKYO, 1943), drama bélico submarino, cuyo guión escribió en colaboración con Albert Maltz. A partir de ese momento, se revelaría como uno de los realizadores más eficaces y flexibles de Hollywood, capaz de desenvolverse a la perfección en cualquier temática que le cayera en suerte. Su versatilidad hizo de él uno de los directores más apreciados por los Estudios, que además valoraban muchísimo su talento como guionista, pues era capaz de insuflar interés al argumento en principio más trillado.
EL TREN DE LAS 3:10 es, con diferencia, su película más aclamada. Aunque no figure acreditado como guionista, es indudable que su impronta se percibe en todo el film, pues fue él quien decidió dotar a los personajes de una notabilísima profundidad psicológica, que en el relato de Leonard sólo se apuntaba. En este sentido, puede afirmarse que su película fue un tanto rompedora, porque, hasta entonces, en la inmensa mayoría de los westerns los personajes se dividían entre buenos y malos, cargando las tintas positivas y negativas, de una manera harto artificiosa, sobre unos y otros.
Por el contrario, en EL TREN DE LAS 3:10 el supuesto villano, magníficamente encarnado por Glenn Ford, no se comporta como un malvado al uso. Wade es un forajido, pero, como muchos de los Outlaws (Fuera de la Ley) reales de la época del Oeste, tiene un lado amable. En realidad, salvo en determinados momentos, como cuando tirotea al mayoral y también a uno de sus propios hombres, observa un comportamiento educado y hasta considerado en ocasiones; no hay más que fijarse en cómo actúa con la familia Evans. Por supuesto, podría argumentarse que está fingiendo, para confiar a Evans, y posiblemente haya algo de cierto en eso. Pero el desarrollo de los acontecimientos revelará que, a pesar de su condición de bandolero, a su modo respeta unos principios, aunque sean los suyos propios.
Por otra parte, en el corto espacio de tiempo que pasa en casa de Evans, el espectador intuye que Wade envidia en cierta forma al ranchero, impresión acentuada por los elogiosos comentarios que le hace a Dan sobre su familia. Apenas se nos da información acerca del pasado de Ben Wade. Pero las sugerentes escenas del principio, entre el forajido y Emmy, la triste cantinera, y su reacción ante la familia de Dan, sugieren que, si las circunstancias de su pasado hubieran sido otras, posiblemente su vida habría sido muy similar a la del modesto ranchero.
Además, Ben acaba admirando la integridad de Dan, pues, a pesar de que le tienta con una elevada suma de dinero si le deja en libertad, el ranchero, si bien está a punto de ceder, termina siendo fiel a sus valores y asegurándole que le subirá a ese tren. Viendo que ofreciéndole dinero no conseguirá nada, Wade optará por amenazarle, pero ni siquiera eso conseguirá que Dan flaquee en su resolución. El punto de inflexión del relato, y el que determinará la conclusión del mismo, es la irrupción de Bob Moons, hermano del mayoral asesinado, que pretende matar a Wade, lo que Evans impide.
Aunque en general el del Oeste, sobre todo el clásico, es un cine básicamente de hombres, las mujeres no dejan de tener su importancia en el mismo. En EL TREN DE LAS 3:10 aparecen dos figuras femeninas muy abundantes en el Fart West real. Emmy, la cantinera por la que se siente atraído Wade, parece que en tiempos fue una chica de Saloon, que acabó recalando en Bisbee y lleva una vida triste y anodina, de la que la saca, temporalmente al menos, ese forajido que, en otras circunstancias, pudo haber sido el hombre de su vida. A pesar de estar muy poco tiempo en pantalla, Felicia Farr (nacida en 1932, como mi madre), conmueve al espectador con su interpretación de una mujer con las ilusiones perdidas, que, por un momento, vuelve a sentirse viva y feliz con Ben Wade, con el que se sugiere que acaba haciendo el amor.
Luego tenemos a Alice Evans, que, en cierta manera, representa a aquellas sacrificadas esposas de la época y lugar, cuya vida era cualquier cosa menos cómoda. Tal vez por eso se sienta fascinada por el tipo de hombre que es Wade, tan distinto a su marido. Pero Daves deja claro que, aunque experimente cierta atracción hacia Ben, ama profundamente a Dan, algo que también percibe el forajido. EL TREN DE LAS 3´10 fue la primera película importante de Leora Dana (1923-1983), actriz más recordada por sus trabajos en teatro y televisión.
Un personaje secundario, pero de importancia en el relato, es el de Potter, que, a pesar de ser el borrachín oficial de Bisbee, y del que casi nadie se fía, acabará secundando dignamente a Evans, hasta ser asesinado por la espalda por uno de los hombres de Wade.
También destaca Butterfield, empeñado en llevar a Wade ante la justicia cueste lo que cueste. Claro que, cuando las cosas se ponen realmente difíciles, está dispuesto a tirar la toalla. Sin embargo, es un hombre recto, que no duda en decirle a Evans que le dará los doscientos dólares prometidos, aunque renuncie a cumplir la misión.
Y no debemos olvidar a Richard Jaeckel (1926-1997), el frío Charlie Prince, lugarteniente de Wade que, al contrario que su jefe, no tiene ningún escrúpulo moral. Jaeckel es uno de mis secundarios preferidos, pues su carrera abarcó seis décadas, con papeles memorables en cine y televisión. Este estupendo actor volvería a coincidir con Glenn Ford y Delmer Daves al año siguiente, en el western EL VAQUERO (COWBOY, 1958), film en el también trabajaron Jack Lemmon y Brian Donlevy.
El film guarda cierto paralelismo con SOLO ANTE EL PELIGRO (HIGH NOON, Fred Zinnemann, 1952), ya que en ambas cintas los relojes, el inexorable transcurrir de las horas, acentúa la tensión dramática hasta el impactante final. Conclusión inesperada y por eso mismo genial, en la que Wade, fiel a sus un tanto curiosos principios, y como no le gusta deber favores a nadie, opta por ayudar a Evans a cumplir su cometido, saldando así la deuda que tiene con el ranchero por haberle salvado de morir a manos de Moons. Además, como un sonriente Ben Wade dice al final: Ya me fugué otras veces
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Los últimos dos minutos de la cinta representan, en opinión de este cinéfilo, el mejor clímax jamás filmado en una película del Oeste, realzado maravillosamente por el inolvidable tema interpretado por Frankie Laine. El modo en que Wade mira a Evans, exultante de felicidad ante la lluvia que cae sobre la reseca tierra, mientras el tren avanza hacia Yuma y el ranchero saluda con la mano a su esposa, es sencillamente conmovedor, y parece sugerir que, en el fondo, ese hombre no es tan malo.
En 2007 se estrenaría un remake de EL TREN DE LAS 3:10, de igual título, dirigido por James Mangold e interpretado, en sus principales papeles, por Russell Crowe y Christian Bale. Con algunas variaciones, sobre todo en el final, y una mayor carga dramática, fue una digna actualización de uno de los westerns clásicos más memorables.
EE. UU., 1957