EL LIQUIDADOR
EL LIQUIDADOR Reino Unido, 1965
Título original: The Liquidator
Dirección: Jack Cardiff
Guión: Peter Yeldham. novela de John Gardner
Producción: Jon Pennington para Metro Goldwyn Mayer British Studios Ltd.
Música: Lalo Schifrin
Fotografía: Ted Scaife. Metrocolor/Panavisión
Duración: 105 min.
IMDb:
Reparto: Rod Taylor (Boysie); Trevor Howard (Mostyn); Jill ST. John (Iris); Wilfrid Hyde White (Jefe); David Tomlison (Cuadrante); Akim Tamiroff (Sheriek); Eric Sykes (Griffen); Gabriella Licudi (Corale); John Le Mesurier (Chekhov); Derek Nimmo (Mosca); Jeremy Lloyd (Jovencito); Jennifer Jayne (Janice Benedict); Heller Toren (Asistente); Betty McDowall (Frances Anne); Jo Rowbottom (Betty); Colin Gordon (Vicario); Louise Dunn (Jessie); Henry Cogan (Jakov); Daniel Emilfork (Gregory); Scott Finch (Oficial de operaciones); Ronald Leigh - Hunt (Mac); Richard Wattis (Instructor de vuelo); David Langton (Comandante de Estación); Tony Wright (Controlador de vuelo); Suzy Kendall (Judy)

Sinopsis

Liberación de París, durante la II Guerra Mundial. Mostyn, agente secreto británico, que está a punto de ser asesinado por dos agentes enemigos, es salvado en el último momento por la intervención del sargento de blindados Brian Boysie Oakes, que mata a los espías. Mostyn se maravilla ante la eficacia y supuesta sangre fría de su salvador, y le asegura que nunca se olvidará de él. Pero, en realidad, Boysie es torpe y cobarde, y sólo una serie de afortunados incidentes ha propiciado que le salvara.

Veinte años después, ya con el grado de coronel, a Mostyn se le encarga la misión de reclutar, para el Servicio de Inteligencia británico, un agente muy especial, cuya misión será la de asesinar a todos aquellos que, por sus actividades de espionaje, sean considerados por el Servicio como un peligro para la seguridad nacional. Debe ser alguien de extraordinaria sangre fría, que nunca haya estado relacionado con la Inteligencia. Mostyn recuerda de inmediato a Oakes, que ahora regenta un pequeño café, y se pone en contacto con él. Sus averiguaciones revelan que Boysie es un mujeriego y un hedonista, de modo que Mostyn le tienta con un sueldo astronómico y otras ventajas si accede a trabajar para él. Oakes, deslumbrado por la oportunidad de llevar una vida lujosa, firma, sin leerlos, cuantos papeles le pone delante el coronel. Pero en el fondo es un hombre sin empuje ni determinación, que, al tener conocimiento de lo que se espera de él, se amilana y trata de escurrir el bulto. Mostyn le presiona para que acepte, amenazándole incluso con la cárcel. Boysie intenta cumplir el pacto, pero asesinar a sangre fría no es lo suyo, de modo que contrata los servicios de un profesional, para que vaya eliminando a los objetivos que le asignan. Las cosas marchan bien al principio, pero se complican cuando el espionaje soviético urde un plan para utilizar a Boysie en su beneficio.

Para Montse.

Boysie fichando para el MI6
Boysie fichando para el MI6

El impresionante éxito de la serie de películas de James Bond, agente 007, propició que, en la época, la década de 1960, surgieran como hongos las imitaciones del personaje, gran parte de ellas producidas por la cinematografía trasalpina, a veces en coproducción con las de otros países. La mayoría de estas cintas eran malas de solemnidad, aunque es justo reconocer que algunas de ellas, muy pocas, resultaban aceptables.

En el cine de aquellos años abundaron los trasuntos de Bond, pero ninguno de ellos logró afianzarse del todo, el favor incondicional de los espectadores. En el Reino Unido, la compañía Greater Films Ltd. recuperó el personaje del aventurero Hugh Bulldog Drummond, surgido de la fecunda pluma del novelista H. C. McNeile, y que ya había protagonizado varias cintas, algunas mudas, durante las décadas de 1920, 30, 40 y 50. Incluso Alfred Hitchcock estuvo a punto de dirigir, en 1933, una aventura de Bulldog Drummond. Los derechos cinematográficos del personaje pertenecían entonces a British International Pictures, que se negó a cedérselos, aunque fuera temporalmente, a la Gaumont British, en la que trabajaba por entonces Hitch. En vista de la situación, el orondo cineasta pidió al guionista Charles Bennett que reescribiera la historia, eliminando a Drummond de la ecuación. El resultado fue EL HOMBRE QUE SABÍA DEMASIADO (THE MAN WHO KNEW TOO MUCH, 1934). De todas formas, Hitch nunca estuvo satisfecho con el resultado final, de modo que, en 1956, ya en Hollywood, realizó una nueva versión en color, con James Stewart y Doris Day, que se convirtió en uno de los pocos remakes mejores que la cinta original en que se basaba.

El último film del personaje había sido LLAMANDO A BULLDOG DRUMMOND (CALLING BULLDOG DRUMMOND, Victor Saville, 1951), producido por MGM y protagonizado por Walter Pidgeon, y durante los quince años siguientes el héroe imaginado por McNeile no apareció más en las pantallas. Incluso algunos críticos pensaron que jamás volvería a hacerse una película sobre él. El fenómeno 007 lo cambió todo, así que Drummond disfrutó de un efímero regreso triunfal en MÁS PELIGROSAS QUE LOS HOMBRES (DEADLIER THAN THE MALE, Ralph Thomas, 1967). Funcionó bastante bien en taquilla, lo que determinó el rodaje de una nueva entrega, MÁS PELIGROSAS TODAVÍA (SOME GIRLS DO, Ralph Thomas, 1969). Por desgracia, aunque no fue un fracaso, este film produjo menos beneficios que el anterior, razón por la que se abandonó la idea de abrir una franquicia que compitiera con la de Bond. Las dos cintas de Drummond mencionadas, protagonizadas por Richard Johnson, son tremendamente divertidas, destacando la segunda, rodada en la Costa Brava española. A título de curiosidad, para los aficionados a las armas como un servidor, señalar que en la película se utilizan con profusión los subfusiles (metralletas) españoles Star Z-62, modelo que precedió al Z-70 que muchos lectores, de los que, como yo, ya peinan canas, recordarán del servicio militar.

Los dos imitadores americanos de Bond fueron Derek Flint, encarnado por James Coburn, y Matt Helm, al que dio vida Dean Martin. El primero, una combinación entre 007 y el personaje de cómic Doc Savage, apareció en FLINT, AGENTE SECRETO (OUR MAN FLINT, Daniel Mann, 1966) y F DE FLINT (IN LIKE FLINT, Gordon Douglas, 1967).

Matt Helm fue creado por el escritor Donald Hamilton, aunque las películas muestran un desenfado y una comicidad inexistentes en sus novelas. La serie cinematográfica comprende cuatro títulos: MATT HELM, AGENTE MUY ESPECIAL (MURDERERS´ROW, Henry Levin, 1966); LOS SILENCIADORES (THE SILENCERS, Phil Karlson, 1966); EMBOSCADA A MATT HELM (THE AMBUSHERS, Henry Levin, 1967) y LA MANSIÓN DE LOS SIETE PLACERES (THE WRECKING CREW, Phil Karlson, 1968).

Dándose cuenta de lo poco que le gusta el trrabajo
Dándose cuenta de lo poco que le gusta el trrabajo

Pero, a juicio de este cinéfilo, el efecto colateral más interesante que tuvo la franquicia de 007 fueron los films protagonizados por Harry Palmer, héroe de una serie de novelas de espionaje de Len Deighton, y que venían a ser un contrapunto realista de las aventuras de Bond. En el papel de Palmer, Michael Caine, que, por cierto, mantenía una cordial amistad con Sean Connery, encarnó a un agente secreto que se movía no en ambientes lujosos y cosmopolitas, sino en los más sórdidos que imaginarse pueda, como los espías de verdad. En vez de los fantásticos artilugios diseñados por Q que empleaba Bond, a Palmer le daban cachivaches baratos, por los que, además, tenía que firmar recibos. Tampoco debía de ganar mucho, porque vivía en un apartamento menos que modesto. Sus relaciones con el sexo opuesto estaban caracterizadas por su realismo, pues, si bien no parecía tener demasiados problemas en ese sentido, ya que era un tipo apuesto, la mayoría de las mujeres no caían rendidas en su cama a las primeras de cambio, como le ocurría a Bond. Harry Palmer protagonizó tres cintas en los años 60: IPCRESS (THE IPCRESS FILE, Sidney J. Fury, 1965); FUNERAL EN BERLÍN (FUNERAL IN BERLIN, Guy Hamilton, 1966) y EL CEREBRO DE UN BILLÓN DE DÓLARES (BILLION DOLLAR BRAIN, Ken Russell, 1967). Debe señalarse que estas tres películas fueron producidas por Harry Saltzman, que también producía, junto a Albert Cubby Broccoli, la saga de 007. Posteriormente, ya en los 90, Caine volvería a interpretar al personaje en dos telefilms, EL EXPRESO DE PEKÍN (BULLET TO BEIJING, George Mihalka, 1995) y MEDIANOCHE EN SAN PETERSBURGO (MIDNIGHT IN SAINT PETERSBURG, Douglas Jackson, 1996), aunque estas cintas no estaban basadas en novelas de Deighton.

El caso de EL LIQUIDADOR es muy especial, pues adaptaba a la pantalla la primera aventura del heroico cobarde Brian Boysie Oakes, personaje creado por el británico John Gardner (no confundir con el escritor estadounidense homónimo) y que aparecería en ocho de sus novelas, publicadas entre 1964 y 1976. El tal Boysie no pretendía emular a James Bond, sino que Gardner, con muy mala leche, lo había imaginado como la antítesis de 007. Boysie acababa como agente secreto por pura casualidad, pues carecía de dotes para esa profesión. Pero era un tipo con una extraordinaria buena suerte, de modo que, a pesar de su torpeza, siempre terminaba resolviendo satisfactoriamente los asuntos más enrevesados.

La novela EL LIQUIDADOR, que había sido un éxito de ventas, llamó la atención de la división británica de la Metro Goldwyn Mayer, que adquirió sus derechos para el cine. La idea no era competir frontalmente con la franquicia de 007, algo imposible, como ha demostrado el paso del tiempo. Los responsables de MGM en Gran Bretaña acariciaban el proyecto de desarrollar una serie de películas similares, pero con un marcada impronta humorística. De modo que invirtieron una gran suma de dinero en el film, si bien su presupuesto fue inferior al de OPERACIÓN TRUENO (THUNDERBALL, Terence Young, 1965), la última cinta de Bond estrenada hasta entonces.

Para el papel de Boysie se escogió al australiano Rod Taylor, que había trabajado como actor secundario en la Paramount desde 1954. Con tenacidad y esfuerzo, Taylor había ido escalando puestos en el mundo del cine, pero fue su trabajo en GIGANTE (GIANT , George Stevens, 1956), en cuyos créditos aparecía como Rodney Taylor, el que llamó la atención en la industria. Poco a poco fue consiguiendo papeles más importantes, trabajando en films tan recordados por los cinéfilos como BANQUETE DE BODAS (THE CATERED AFFAIR, Richard Brooks, 1956), junto a Bette Davis, Ernest Borgnine y Barry Fitzgerald; EL ÁRBOL DE LA VIDA (RAINTREE COUNTY, Edward Dmytryk, 1957), con Montgomery Clift y Elizabeth Taylor, y MESAS SEPARADAS (SEPARATE TABLES, Delbert Mann, 1958), nada menos que con David Niven, Burt Lancaster, Rita Hayworth y Deborah Kerr. En 1960 protagonizó EL TIEMPO EN SUS MANOS (THE TIME MACHINE, George Pal), brillante adaptación de la célebre novela de H. G. Wells LA MÁQUINA DEL TIEMPO. Que el maestro Hitch lo escogiera para LOS PÁJAROS (THE BIRDS, 1963) acabó de afianzar su carrera. Posteriormente a EL LIQUIDADOR lo veríamos en el western CHUKA (Ídem, Gordon Douglas, 1967); el drama INTRIGA EN EL GRAN HOTEL (HOTEL, Richard Quine, 1967) y el thriller NADIE HUYE ETERNAMENTE (NOBODY RUN FOREVER, Ralph Thomas, 1968). Su último trabajo relevante en el cine lo hizo junto a John Wayne, Ann Margret, Ben Johnson y Ricardo Montalban en LADRONES DE TRENES (THE TRAIN ROBBERS, Burt Kennedy, 1973). A partir de ahí, su carrera cinematográfica, como la de tantos otros, se estancaría, dedicándose desde ese momento casi exclusivamente a la televisión.

De chófer se vive más tranquilo, pero mira p´alante
De chófer se vive más tranquilo, pero mira p´alante

Volviendo a la cinta que nos ocupa, Taylor está fantástico como el atractivo, sinvergüenza pero simpático, antihéroe Boysie, un oportunista con no demasiadas luces, que sólo aspira a llevar una vida regalada, pero que se ve atrapado por los tentáculos del espionaje. El contraste entre su apostura física, y su carácter un tanto pusilánime, otorga gran comicidad al personaje. No obstante, en situaciones extremas, y empujado sólo por el instinto de supervivencia, que hasta el más cobardica posee, es capaz de salir airoso de cualquier embrollo.

Si bien EL LIQUIDADOR es, básicamente, una comedia de acción, también destila cierta crítica corrosiva hacia el submundo del espionaje y los secretismos gubernamentales, sobre todo a través de las conversaciones entre el cínico Jefe del Servicio de Inteligencia y Mostyn.

Estrenado el film, generó una buena taquilla, pero no fue el exitazo que esperaban sus productores y la MGM, lo que determinaría que se abandonara el proyecto de crear una franquicia sobre el personaje. Esto, en opinión del abajo firmante, fue un error. EL LIQUIDADOR no devino en un bombazo taquillero, pero tampoco en un fracaso, no generando pérdidas. Se podrían haber filmado perfectamente otras dos o tres secuelas, que, seguramente, habrían tenido buena acogida por parte del público. Porque el mérito de esta película residía en que, en vez de copiar descaradamente las aventuras de Bond, ofrecía una imagen desenfadada, pero también notablemente crítica, de las operaciones emprendidas por los servicios de Inteligencia, supuestamente en interés de la seguridad nacional.

El look sesentero del film es sencillamente maravilloso, desde los títulos de crédito, que parodian los de la saga 007, hasta el vestuario y la decoración de la época, sin olvidarnos de los preciosos automóviles. El tema que acompaña los créditos fue obra del gran compositor argentino Lalo Schifrin, con letra de Peter Callander. Shirley Bassey interpretó la canción, que a mí siempre me ha parecido muy superior al tema de JAMES BOND CONTRA GOLDFINGER (GOLDFINGER, Guy Hamilton, 1964), al que Bassey también puso su voz. Los créditos finales están acompañados por una versión más melódica del mismo tema.

© Antonio Quintana Carrandi,
(1.729 palabras) Créditos