ADIÓS A CLASSICS
por Antonio Quintana Carrandi
José Luis Garci
José Luis Garci

Hace mucho, muchísimo tiempo, que casi no veo la televisión, pues me indignan y me repugnan esas programaciones políticamente correctas, donde todo, desde los noticiarios hasta el spot de una marca de chicles, está orientado a la propagación de ideologías tan tóxicas como las Woke y LGTBIQXYZ±. Dada mi condición de cinéfilo, sólo los viernes me sentaba ante la caja tonta, para disfrutar del único, y subrayo lo de único, programa verdaderamente cultural existente en ese desierto de estulticia que es hoy el panorama televisivo español: Classics, conducido por ese estupendo cineasta y erudito del Séptimo Arte que es José Luís Garci. Programa que ya no existe, porque Trece TV, la emisora de la Conferencia Episcopal, ha decidido cancelarlo.

Lo que como amante del cine clásico me irrita no es que Classics haya sido suprimido, sino las razones que ha esgrimido la cadena de los curas para justificar su decisión. Gran parte de los films emitidos por Garci eran en Blanco y Negro. Como en la alienada y profundamente inculta sociedad española actual el B/N no resulta atractivo ni comercial, los mandamases de la cadena instaron a Garci a programar sólo películas en color, imbecilidad supina a la que, por lo visto, y con una dignidad y un buen criterio encomiables, José Luís se negó en redondo.

Recuerdo que, cuando empezó sus emisiones, Trece TV se presentó como una alternativa racional a las demás televisiones, emponzoñadas por la corrección política y con programaciones en las que predominaba lo grotesco y amoral. Se jactaba de ser una opción televisiva diferente en todos los aspectos, y he de admitir que, al principio, parecía que iba a cumplir tales expectativas. Pero con el transcurrir del tiempo, y haciendo bueno aquello de si no puedes con tu enemigo, hazte su amigo, Trece TV ha ido degenerando, lenta pero paulatinamente, hasta convertirse en un calco casi exacto del resto de las televisiones clónicas que tenemos en España. Hoy por hoy, en lo único que se diferencia de ellas, es en su impronta supuestamente católica, que últimamente también ha degenerado por culpa de su institución matriz, la Iglesia, que desde 1962 no ha hecho otra cosa que enfangarse en los lodos surgidos de aquel desatino conocido como Concilio Vaticano II, y cuyo máximo exponente es el Papa progre actual.

El caso es que, para intentar lavar su imagen de cara a sus espectadores, los gerifaltes de la cadena alegaron que las audiencias de Classics no eran las adecuadas. Y fueron aún más claros, por si alguien albergaba dudas al respecto, al afirmar a renglón seguido que las películas en B/N no dan suficiente audiencia. Es decir, que, a pesar de sus rimbombantes declaraciones sobre que son una cadena diferente, y las constantes críticas al materialismo vertidas en sus ñoños y profundamente estúpidos programas de corte religioso, lo que de verdad les interesa es la pela, la cuenta de resultados, los ingresos que generan los cortes publicitarios en una película. Si eso es lo que les importa, no sé a qué demonios están esperando para programar cada noche dos o tres cintas pornográficas, en vez de esa idiotez de El Cascabel. Si es audiencia lo que quieren, seguro que con tal programación batirían en toda línea a la competencia.

Por otra parte, la cinefilia no es, por desgracia, una afición mayoritaria entre el iletrado pueblo español. De modo que, tal como está la cosa, sólo un iluso podría esperar que un programa como el de Garci tuviera audiencias millonarias. Esas quedan para cierta clase de engendros televisivos, consagrados al embrutecimiento de las masas por oscuras razones políticas, en los que se pretende presentar como normales comportamientos y actitudes que no lo son en absoluto. No ya un cinéfilo, sino simplemente alguien aficionado al cine clásico, posee un cociente intelectual muy superior al de los consumidores de esa bazofia catódica.

Puedo admitir que Classics no batiese récords de audiencia. Pero me consta que tenía decenas de miles de seguidores fieles, como un servidor, que esperaban con ansia la llegada del viernes, para ver con qué maravilloso clásico del cine nos sorprendía Garci. Y lo mejor no era la proyección de la película, pues hoy, gracias a las nuevas tecnologías, los cinéfilos tenemos a nuestro alcance títulos de los que, hasta hace poco, sólo habíamos oído hablar. Lo mejor venía con el coloquio, moderado por el presentador y en el que un grupo de cinéfilos diseccionaba la obra fílmica proyectada, revelando a veces algunos detalles curiosos y compartiendo con los aficionados su parecer sobre ella. Debo confesar que el coloquio de Classics, como el de ¡Qué grande es el cine! programa que emitía TVE hace años, antes de convertirse en Tele PSOE, o Televisión Espantosa, según Rosa María Mateos, siempre se me antojaba terriblemente corto. Porque los invitados de Garci, además de mostrar en todo momento una educación, un sentido común, un saber estar y un respeto escrupuloso por las opiniones ajenas, hablaban de la película emitida con entusiasmo y sencillez, como sólo pueden hacerlo los verdaderos aficionados al Séptimo Arte.

Respecto al cine en B/N, los mercaderes de Trece TV, que, como la sucia casta política, siempre están con la palabra cultura en la boca, aunque no tienen ni pajolera idea de su significado real, deberían saber que los grandes maestros del cine siempre defendieron la superioridad estética y artística del B/N sobre el color. Esto no significaba que fueran unos retrógrados que estaban en contra del progreso, porque la mayoría de ellos hizo películas en color, sino que, a la hora de rodar según qué clase de historias, se decantaban por el B/N porque se ajustaba mejor a la impronta que pretendían darle al film. En lo que se refiere al cine más o menos actual, nadie en su sano juicio se atrevería a negar que LA LISTA DE SCHINDLER, que data de 1993, es una obra maestra con mayúsculas. Pues bien: Spielberg decidió rodarla en B/N, a pesar de que algunos avispados le dijeron que no es comercial y que será un fracaso sólo por eso. Fue, con enorme diferencia, la película más taquillera de ese año, ganando además nada menos que siete Oscars, incluido el de mejor película y director. A buen entendedor...

Con su proceder, mi admiración y respeto por José Luís Garci ha aumentado exponencialmente, porque otro en su lugar se habría plegado mansurronamente a las pretensiones de la cadena, con tal de mantenerse en el candelero y seguir cobrando. Pero Garci, que ya tiene mucha mili en la mochila, como suele decirse, y está, como Humphrey Bogart, un tanto de vuelta de todo, no tolera estupideces, así que ha optado por mantener su dignidad, ser fiel a sus principios y convicciones, y desligarse de la insensible dirección de Trece TV.

Los seguidores del programa emprendieron una campaña de recogida de firmas, esperando que Trece TV reconsiderase su decisión. Nunca he estado a favor de este tipo de campañas, porque no sirven absolutamente para nada. Por eso, en vez de firmar ningún documento de protesta, y consciente de que, si todavía se utilizase el papel, los responsables de semejante desaguisado le darían, con toda probabilidad, un uso higiénico a tal manifiesto, he preferido redactar este artículo para expresar mi opinión al respecto. Opinión que, estoy seguro, comparten todos los cinéfilos de España.

La cancelación de Classics no significa sólo el fin del buen cine clásico en B/N en la televisión en abierto, sino la demostración palpable de que vivimos en una sociedad idiotizada, culturalmente huérfana, adoctrinada en la mediocridad y el conformismo y moralmente inane, en la que el cine acabará siendo un simple espectáculo de efectos especiales sin ninguna sustancia argumental.


Notas

Huelga decir que la orientación sexual de mis prójimos no es de mi incumbencia, pero si que lobbys y grupos organizados fuercen, presionen y se infiltren en las instituciones para drenar dinero y recursos de todos en su único y exclusivo beneficio corporativista, sin siquiera atender a cuestiones como que, por ejemplo, las leyes que tratan sobre la violencia de género no aplican en aquellas donde ambos son del mismo sexo.

© Antonio Quintana Carrandi,
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