ASALTO A LA COMISARÍA DEL DISTRITO 13
ASALTO A LA COMISARÍA DEL DISTRITO 13 EE. UU., 1976
Título original: Assault On Precint 13
Dirección: John Carpenter
Guión: John Carpenter
Producción: J. Stein Kaplan, John Carpenter
Música: John Carpenter
Fotografía: Douglas Knapp
Duración: 91 min.
IMDb:
Reparto: Austin Stocker (Bishop); Darwin Jonston (Napoleón Wilson); Laurie Zimmer (Leigh); Martin West (Lawson); Tony Burton (Wells); Charles Cyphers (Starker); Nancy Loomis (Julie); Peter Bruni (heladero); John J. Fox (Warden); Marc Ross (patrullero Tramer); Alan Koss (patrullero Baxter); Kim Richards (Kathy); Frank Doubleday (líder pandillero blanco); Gilbert de la Peña (líder pandillero chicano); Peter Frankland (Caudell); Al Nakauchi (líder pandillero oriental); James Johnson (líder pandillero negro); Gilman Rankin (conductor del autobús celular); Cliff Battuello (primer guardia de seguridad); Horace Johnson (segundo guardia de seguridad); Valentine Villarreal (matón chicano); Kenny Miyamoto (matón oriental); Jerry Viramontes (encapuchado chicano); Len Whitaker (encapuchado negro); Kris Young, Randy Moore, Joe Woo Jr. y William Taylor (pandilleros); Brent Keast (locutor de radio); Maynard Smith (comisario de policía)

Sinopsis

Tras una redada en que resultan muertos varios de sus miembros, una violentísima pandilla de Los Ángeles se juramenta para destruir la comisaría del distrito 13, a la que pertenecían los policías que tomaron parte en la operación. Los pandilleros poseen un abundante suministro de armas, que han robado poco antes. Mientras los delincuentes se disponen a ejecutar su venganza, el teniente Bishop se hace cargo de la comisaría de Anderson, en el distrito 13 de Los Ángeles, para supervisar su cierre, ya que el precinto policial va a ser trasladado a una ubicación más céntrica y moderna. Es una misión rutinaria, que no agrada demasiado a Bishop. Las cosas se complican con la llegada de un autobús celular, que transporta a varios prisioneros, y que se detiene en el lugar porque uno de los reclusos parece estar muy enfermo. Al poco llega un hombre, traumatizado por el asesinato de su pequeña hija a manos de un pandillero. La situación en la comisaría es tan desastrosa, que el agente federal que traslada a los reclusos decide irse de allí, pero en ese momento, mientras cae la noche, los pandilleros inician su ataque. Es el comienzo de una pesadilla, que obligará a los pocos supervivientes, incluidos dos presidiarios, a unir sus fuerzas para tratar de sobrevivir a la amenaza que se cierne sobre ellos.

Policías, ladrones y civiles unidos ante un mal mayor.
Policías, ladrones y civiles unidos ante un mal mayor.

Como cinéfilo, siempre he sentido gran admiración por esos cineastas de raza que se batieron el cobre realizando películas de bajo presupuesto. Nombres como los de Jack Arnold, Christian Nyby, Edgard G. Ulmer o Edward L. Cahn, entre otros muchos, son para mí sinónimo de buen cine, hecho con poco dinero, pero con muchísimo talento. John Carpenter recogió el testigo de estos maestros. En alguna ocasión contó con una notable financiación, caso de su extraordinaria LA COSA (THE THING, 1982). Pero, en general, siempre ha preferido trabajar con presupuestos ajustados, obteniendo, en la mayoría de las ocasiones, excelentes resultados. Otros, como Wes Craven o David Cronenberg, han seguido su estela, pero ninguno ha conseguido igualarle.

Su primer trabajo fue ESTRELLA OSCURA (DARK STAR, 1974), una sátira de ciencia-ficción de bajísimo presupuesto, hoy convertido en un film de culto. Dos años más tarde acometería el rodaje de su segunda película, el magnífico thriller de acción y suspense que nos ocupa, y que está considerada como una de sus cintas más emblemáticas.

Con ESTRELLA OSCURA, Carpenter había demostrado no sólo su talento innato, si no también su habilidad para aprovechar al máximo el presupuesto de que dispusiera, por ínfimo que este fuese. Esto fue determinante para que el productor independiente J. Stein Kaplan, especializado en films de bajo coste, se decidiera a contratarle. Kaplan le encargó filmar una película de acción, asignándole una partida presupuestaria de algo más de 100.000 dólares de la época, que venía a ser el coste medio, por ejemplo, de un episodio de la serie Los ángeles de Charlie. Carpenter aceptó la oferta porque Kaplan le aseguró que tendría el control creativo absoluto de la producción.

El cineasta neoyorkino, criado en Kentucky, era un apasionado del cine fantástico de Serie B de los años 50, pero también un admirador irreductible de los grandes directores del cine clásico. Su preferido entre ellos siempre fue Howard Hawks, de modo que, a la hora de pergeñar el guión de su cinta, decidió introducir algunos elementos de clara impronta hawksiana. El guiño hawksiano más evidente, que nos remite a RÍO BRAVO, es la premisa argumental de un grupo de personajes variopintos, forzados por las circunstancias a hacer causa común y colaborar entre ellos para enfrentarse a un peligroso enemigo.

En cierto modo, ASALTO A LA COMISARÍA DEL DISTRITO 13 también era, como la posterior LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, una mixtura de géneros. Además de las ya citadas referencias al western según Howard Hawks, la película acumulaba tensión y suspense claramente inspirados por el cine de Alfred Hitchcock. Por otra parte, el modo en que los pandilleros van cercando la comisaría durante el primer tercio del metraje, mientras cae la oscuridad, recuerda muchísimo a LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES (NIGHT OF THE LIVING DEAD, George A. Romero, 1968).

Estrenada en noviembre de 1976, ASALTO A LA COMISARÍA DEL DISTRITO 13, sin ser un fracaso de taquilla, no funcionó muy bien. Las críticas contra ella fueron estúpidas, e incluso hubo quien acusó al director de ser un apologista de la violencia obscena, por haberse atrevido a mostrar en pantalla el brutal asesinato de una niña de diez años, a la que un pandillero dispara a quemarropa con una pavorosa Mauser C-96 con silenciador. La hipocresía de una parte considerable de la sociedad estadounidense quedó de manifiesto con críticas como esta, porque, por aquel entonces, la violencia en las grandes urbes norteamericanas era impresionante, con tiroteos diarios. A los moralistas de salón de siempre les parecía mal que se mostrara una escena semejante, pero la triste realidad era que la muerte violenta de menores de edad, la mayoría víctimas de armas de fuego, estaba a la orden del día en los desnortados USA setenteros. Eso sí: a nadie se le ocurrió criticar que el quinqui que mataba a la cría empuñara una Mauser C-96, un arma de guerra y la pistola más potente de la historia, hasta que Smith & Weson sacó al mercado su Magnum 44, el revólver de Harry el sucio.

Irónicamente, al tratarse de una película de acción netamente americana pero que no funcionó bien en su país de origen, en el Festival de Cine de Londres de 1977 arrasó. Como LA NOCHE DE LOS MUERTOS VIVIENTES, ASALTO A LA COMISARÍA DEL DISTRITO 13 tuvo que triunfar primero en Europa, para que sus innegables valores fílmicos fueran reconocidos por la crítica y el público estadounidenses. El séptimo arte tiene estas cosas.

Todos los integrantes del elenco están más que correctos en sus respectivos roles, pero el que se lleva la palma es Darwin Jonston. Su Wilson es duro, estoico, con un irónico y a veces irreverente sentido del humor. La genial interpretación de Jonston enfatiza esos rasgos de la personalidad de Napoleón Wilson, pero también su capacidad para expresar lealtad e incluso ternura, aunque algo contenidas por razones obvias. Jonston dota al personaje de cierta humanidad, evitando así que el espectador lo perciba sólo como un estereotipado héroe de acción.

Quentin Tarantino comentó en una ocasión que Darwin Jonston fue uno de los mejores actores de su generación, pero que la industria cinematográfica no supo aprovechar su talento. Estoy completamente de acuerdo con esta apreciación. Por desgracia, la vida no es justa, y el mundo del cine es más injusto aún. Hollywood rebosa de impresentables chulo piscinas, aupados a la popularidad y el estrellato exclusivamente por su palmito, mientras que incontables intérpretes talentosos quedan en la cuneta, o sobreviven como simples actores de reparto, por culpa de la ceguera de ciertos ejecutivos y de las absurdas modas cinematográficas imperantes. Ese fue el caso de Jonston. Se prodigó como actor invitado en numerosas series televisivas de los 1960 y 1970, y destacó en algunas de las películas independientes más importantes producidas en los Estados Unidos, pero su carrera nunca terminó de afianzarse. Aunque trabajaría en CABEZA BORRADORA (ERASERHEAD, David Lynch, 1977), y de nuevo a las órdenes de Carpenter en LA NIEBLA (THE FOG, 1980), se vería obligado a complementar sus ingresos dedicándose al transporte de equipos de cine como camionero entre película y película. Al final, como los papeles empezaron a escasear, acabaría por dedicarse exclusivamente a esta labor a partir de 1986. Se jubiló en 1994 y falleció de leucemia cuatro años después.

Austin Stocker (1930-2022) tuvo mejor suerte profesional, pues, aunque nunca logró ser una estrella, trabajó regularmente en cine y televisión, construyendo una carrera discreta pero estable.

Caso curioso es el de la chica de la función, Laurie Zimmer, cuya carrera como actriz, más que breve, resultaría anecdótica, pues nadie se acordaría de ella de no ser por ASALTO A LA COMISARÍA DEL DISTRITO 13. Se retiró por completo de la interpretación tres años después de trabajar en esta película, haciéndose profesora en San Francisco y contrayendo matrimonio con el actor Bruce Steele, con el que tendría dos hijos.

La niña, cuyo asesinato a sangre fría es uno de los momentos más espantosos de la historia del cine, es Kim Richards, una actriz infantil bastante popular por aquel entonces, que había aparecido en varias series y algunas películas, además de interpretar a una niña con una pierna más corta que otra en un episodio de La casa de la pradera.

En cuanto a la cinta que nos ocupa, hoy es la película de culto más importante y recordada de los años 70. La popularidad del film no ha dejado de aumentar. En 2005 se rodó una nueva versión, ASALTO AL DISTRITO 13 (ASSAULT ON PRECINT 13, Jean-Francois Richet). Como cinta de acción es impecable, pues contó con un gran presupuesto. Pero tratar de adaptar el argumento a la corrección política, que ya empezaba a hacer estragos en la sociedad estadounidense a principios del siglo XXI, metiendo con calzador una absurda trama de policías corruptos en la mejor tradición fascista, no la benefició en absoluto. Sin embargo, como el mismísimo Carpenter alabó el trabajo de Richet, no seré yo quien contradiga al maestro. Pero para los cinéfilos sólo hay una verdadera ASALTO A LA COMISARÍA DEL DISTRITO 13, y esa es la de John Carpenter. Uno de los directores verdaderamente grandes que ha dado el cine en las últimas décadas.


Notas

Dependiendo del uso. Las primeras C-96 fabricadas por Mauser en Alemania lo fueron en calibre 7, 63 × 25 mm Mauser, preciso y de gran poder de penetración, pero de potencia inferior a los. 45 Colt que usaban los míticos revólveres Peacemaker, y que le superaba en poder de parada. Es decir, mientras el 7, 63 podía atravesar gruesos tablones, por ejemplo, necesitaba más impactos que un. 45 para abatir al objetivo. No obstante, la alta cadencia de tiro y mayor capacidad de munición de la C-96 le daba amplia ventaja sobre cualquier revólver de la época. Son las copias de la C-96, principalmente las españolas (fabricadas por Astra, o Arostegui, no así la de Beistegui Hermanos) y chinas, las que introdujeron calibres más potentes, como el. 45 ACP, y ciertas mejoras funcionales

© Antonio Quintana Carrandi,
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