LOS ÁNGELES PERDIDOS
LOS ÁNGELES PERDIDOS EE. UU. / Suiza, 1948
Título original: The Search
Dirección: Fred Zinnemann
Guión: Richard Schweizer/David Wechsler
Producción: Lazar Wechsler/Metro Goldwyn Mayer/Praesens-Films, Zurich
Música: Robert Blum
Fotografía: Emil Berna
Duración: 93 min.
IMDb:
Reparto: Montgomery Clift (Ralph Steve Stevenson); Aline MacMahon (Deborah R. Murray); Jarmila Novotna (Hanna Malik); Wendell Corey (Jerry Fisher); Ivan Jandl (Karel Jim Malik); Mary Patton (Ellen Fisher); Ewart G. Morrison (Crookes); William Rogers (Tom Fisher); Leopold Borkowski (Joel Markowski); Claude Gambler (Raoul Dubois).

Sinopsis

Alemania, inmediatamente después de finalizada la II Guerra Mundial. Karel, un niño checo superviviente del campo de exterminio nazi de Auchwitz, llega a uno de los campos de tránsito de la U. N. R. R. A. , organización aliada dedicada a prestar ayuda humanitaria a los millones de desplazados que pululan por Europa. Él y un amigo suyo, Raoul, traumatizados por el horror sufrido, y creyendo que aquellas personas de uniforme son como los alemanes, huyen aprovechando el momento en que van a trasladarlos a otro lugar. Raoul perece ahogado, pero Karel logra ocultarse de los soldados que lo buscan y comienza a vagabundear entre las ruinas. Hambriento, se encuentra con Steve, un ingeniero del ejército estadounidense, que le da unos emparedados y consigue llevárselo con él. A partir de ese momento, Steve se irá ganando la confianza del temeroso muchacho, al que bautiza como Jim, mientras realiza gestiones para intentar encontrar a sus padres. Las evidencias parecen confirmar que Jim es huérfano, por lo que Steve valora la posibilidad de llevárselo con él a los Estados Unidos. Pero la madre del pequeño, Hanna Malik, que también ha sobrevivido a la brutalidad nazi, convencida de que su hijo sigue vivo, está buscando incansablemente cualquier pista, cualquier indicio, que pueda conducirla hasta Karel.

Para Montse.

Karel y Raoul <q>disfrutando</q> del rancho.
Karel y Raoul disfrutando del rancho.

Recién terminada la II Guerra Mundial, y revelados al mundo los horrores sin cuento perpetrados por los nazis, Hollywood se embarcó en el rodaje de una serie de títulos ambientados en la devastada y arruinada Europa, con la didáctica intención de mostrar a los estadounidenses el impacto que había tenido la guerra en los países que más directamente habían sufrido sus consecuencias. De hecho, a partir de la segunda mitad de los años 40, floreció en la cinematografía germana una suerte de subgénero denominado en alemán Trümmerfilm, algo así como películas de ruinas, en el que podrían encuadrarse sin problemas varias producciones americanas. Entre ellas cabe mencionar BERLÍN EXPRESS (BERLIN EXPRESS, Jacques Tourneur, 1948), SITIADOS (THE BIG LIFT, George Seaton, 1950), y una cinta protagonizada por el bailarín Gene Kelly, que este cinéfilo considera muy superior en todos los aspectos a sus trabajos en el género musical: Y CON EL DIABLO SOMOS TRES (THE DEVIL MAKES THREE, Andrew Marton, 1952). Caso curioso fue el del judío Billy Wilder, cuya familia europea había sido asesinada en el holocausto, y que en 1948 dirigió BERLÍN OCCIDENTE (A FOREIGH AFFAIR), una comedia romántica ambienta en el ruinoso Berlín de postguerra.

Pero los films citados, siendo todos ellos auténticas joyas del cine clásico, no pueden compararse con LOS ÁNGELES PERDIDOS, porque la obra de Fred Zinnemann se erige como la película más conmovedora que Hollywood dedicó a esa inmensa tragedia humana que fue la II Guerra Mundial.

Zinnemann consagra el primer tercio de la película a mostrar, con absoluta y espeluznante crudeza, la situación por la que atravesaban los niños recogidos por la UNRRA. Muchos de ellos, como el propio Karel, estaban traumatizados por la terrible experiencia vivida. Hiela la sangre en las venas y atenaza el corazón contemplar a esa legión de infantes de ambos sexos, de expresión desvalida y asustada, a veces desconcertada, que se mueven en completo silencio, mientras la voz en off detalla las penalidades e injusticias que han sufrido en los campos de concentración y lo desorientados que se encuentran. No resulta extraño, por tanto, que, tras ser testigos de atrocidades inenarrables cometidas por gente uniformada, desconfíen instintivamente de cualquiera que vista uniforme, aunque este, en realidad, trate de ayudarles.

Los horrores que han vivido estos niños están demasiado recientes en sus memorias. Por eso retroceden atemorizados ante las ambulancias, que asocian con los bombardeos. Más tarde, ya en los vehículos, el rápido rodar de los neumáticos sobre el viejo empedrado produce un ruido monocorde, que los aterrorizados niños confunden con el tableteo de las ametralladoras de las SS. Convencidos de que los llevan a otro campo de concentración, quizás para ser gaseados en las cámaras del mismo, tratan de forzar las portezuelas de las ambulancias para escapar, lo que obliga a los conductores a detener los furgones. Varios niños aprovechan para huir a la carrera, entre ellos Raoul y Karel, que consiguen eludir al personal de la UNRRA que los busca. Raoul muere ahogado en un río y a Karel también se le da por muerto, pero ha sobrevivido y comienza a vagar sin rumbo entre las ruinas.

El punto de inflexión del film lo marca el encuentro entre Karel y Steve. El americano se apiada del chico y, tras compartir con él su comida, logra, con no poco esfuerzo por su parte, llevárselo a la casa que comparte con su amigo y compañero de armas, Jerry Fisher. A partir de aquí, la historia se centra en el proceso de cimentación de la amistad entre el ingeniero estadounidense y el pequeño que apenas habla. La revelación de que esa criatura ha sobrevivido al infierno de Auschwitz reafirma a Steve en su determinación de encontrar a la madre de Jim, nombre que ha dado al chico porque este no recuerda el suyo, o llevárselo a América. Entremedias, Zinnemann intercala segmentos protagonizados por Hanna Malik, obsesionada con encontrar a su hijo, y que acaba colaborando temporalmente con la UNRRA cuando la señora Murray le dice que, probablemente, Karel haya muerto.

Con una sobriedad asombrosa, Zinnemann divide su película en dos partes bien diferenciadas, con estilos narrativos distintos pero complementarios. El primer segmento del film, donde se explica la situación de Europa y se describe la labor de la UNRRA en favor de los niños refugiados, ostenta un tono semi documental, con una voz en off (el gran Rafael Luís Calvo en la versión española) que pone al espectador en situación y le prepara para lo que ha de venir. Lo más destacable de esta parte es la extrema dureza de sus imágenes. Debe señalarse aquí que, para filmar estas secuencias, el director contó con la colaboración de la UNRRA y de las autoridades americanas de ocupación, que le permitieron rodar en un auténtico campo de refugiados. La mayor parte de los niños que aparecen en esta primera parte del film eran verdaderas víctimas de la guerra, lo que otorga un notable plus de credibilidad a una película por lo demás muy realista.

La segunda parte de la cinta adquiere un tono más convencional, incluso un tanto previsible, que, sin embargo, funciona a la perfección en gran medida gracias a la especial complicidad que durante el rodaje se estableció entre Montgomery Cliff y el niño checo Ivan Jandl, que sorprendieron al equipo de rodaje con su increíble compenetración. Increíble porque Ivan Jandl desconocía los rudimentos más básicos del inglés, así que Zinnemann se vio obligado a utilizar los servicios de un intérprete para entenderse con el muchacho. Ivan tuvo que aprenderse de memoria, vocalizándolas, sus frases en inglés. Su deficiente pronunciación dio mayor credibilidad a las escenas en que Steve trata de enseñarle el idioma.

Son muchos los aspectos destacables de esta cinta excepcional, pero quizás el más significativo de ellos sea que Zinnemann optó por supeditar la acción al tono, en vez del tono a la acción, como en la mayoría de las películas de la época. Si la primera parte del film se centra en la cruda descripción de las consecuencias de la guerra en los más vulnerables, los niños, la segunda lo hace en la desesperación de una madre que busca incansablemente a su hijito, pues algo en el fondo de su corazón le dice que está vivo, y en el trauma de un niño que, según va recuperándose de los horrores vividos, empieza a recordar que él también tiene madre, como Tom, el hijo de Jerry Fisher. Una de las escenas más impresionantes es cuando Jim le pregunta a Steve qué es una madre, y el ingeniero, un tanto confundido, trata de explicárselo con la foto de una perrita y su cachorro. La mencionada y otras muchas escenas más, caracterizadas por un vigor emocional irresistible, convierten a LOS ÁNGELES PERDIDOS en la película más tristemente conmovedora de la historia del cine.

Ivan Jandl posando con el Oscar y el Globo de oro para una fotografía de propaganda.
Ivan Jandl posando con el Oscar y el Globo de oro para una fotografía de propaganda.

El film se rodó en escenarios reales de la Alemania ocupada por el ejército de los Estados Unidos. Las imágenes de las ciudades devastadas por los bombardeos, con sus calles vacías y casi irreconocibles como tales por la profusión de escombros y esqueletos de edificios semi derruidos, sobrecogen el ánimo del espectador, sobre todo porque no se trataba de decorados, sino de la más espantosa realidad. Se filmó en Nüremberg y Múnich. Los interiores se rodaron en un estudio de esta última ciudad, que permanecía milagrosamente intacto.

LOS ÁNGELES PERDIDOS se estrenó en USA el viernes 26 de marzo de 1948, obteniendo al principio un éxito discreto, que fue acrecentándose en los meses siguientes, hasta convertirse en una de las cintas mejor consideradas por público y crítica. La película dio a conocer a Montgomery Cliff, pues, aunque la rodó inmediatamente después del western RÍO ROJO (RED RIVER, Howard Hawks, 1948), se estrenó antes que este, que llegó a las pantallas el lunes 23 de agosto de ese año.

La 21ª edición de los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas se celebró el jueves 24 de marzo de 1949, en el Academy Award Theater de Hollywood, California, conducida por Robert Montgomery. LOS ÁNGELES PERDIDOS estaba nominada en las siguientes categorías: dirección (Fred Zinnemann); actor (Montgomery Cliff); argumento (Richard Schweizer y David Wechsler) y guión, escrito también por los argumentistas citados. Sólo obtuvo uno, el de mejor argumento.

Los complejos de una parte de los miembros de la Academia, obsesionados con considerar la cultura europea superior en todo a la estadounidense, cristalizaron en la elección de HAMLET (Ídem, Laurence Olivier, 1948) como mejor película, relegando a la muy superior, en todos los aspectos cinematográficos, EL TESORO DE SIERRA MADRE (THE TREASURE OF SIERRA MADRE, John Huston, 1948), que no obstante consiguió el premio a la mejor dirección. Olivier también fue galardonado como mejor actor, tal vez porque Bogart ni siquiera fue nominado, una injusticia absoluta, pues en el film de Huston realizó uno de los mejores trabajos de su carrera. Por suerte, la sensatez se impuso y Huston ganó la estatuilla por su espléndido guión para EL TESORO DE SIERRA MADRE.

LOS ÁNGELES PERDIDOS ganó un Oscar especial para Ivan Jandl, cuya conmovedora actuación impresionó al público y a la crítica, que le consideraba una jovencísima promesa cinematográfica. Bastante antes de la gala, Louis B. Mayer, el todopoderoso jefazo de la Metro Goldwyn Mayer, sabiendo que al niño le sería entregado un premio especial, y conociendo la precaria situación económica por la que atravesaba su familia, ofreció pagar los costes del viaje y la estancia en USA del joven actor y sus padres, para que pudiera recoger el galardón en persona. Las gestiones de Mayer ante los representantes diplomáticos de Checoslovaquia en los Estados Unidos fueron infructuosas. El gobierno títere que los soviéticos habían impuesto en el país, por la fuerza de las armas, se negó en redondo a permitir la salida de Checoslovaquia de Jandl y sus padres, pues temía que estos solicitaran asilo político en USA, fascinados por el nivel de vida y la libertad existentes en el país norteamericano. Ni siquiera se permitió que la Academia de Hollywood contactara telefónicamente con la familia Jandl para darle la noticia. De modo que el Oscar de Ivan Jandl tuvo que ser recogido por Fred Zinnemann, quien posteriormente se lo entregó al embajador checo en Washington DC. Lo mismo ocurrió con el Globo de Oro de ese año, concedido al jovencísimo intérprete. Con fines meramente propagandísticos, los comunistas checos permitieron que se filtraran a occidente fotografías de estudio de Ivan Jandl, posando con los galardones recibidos. Pero, a todos los efectos, el muchacho quedó atrapado, como millones de personas, en esa inmensa cárcel en que se convirtieron los países del otro lado del Telón de Acero. Aunque posteriormente intervendría en tres películas de la tétrica e irrelevante cinematografía checa de la era comunista, a todos los efectos su prometedora carrera como actor fue cercenada de raíz por razones exclusivamente políticas. Ya adulto, Jandl consiguió cierta notoriedad en su país como locutor radiofónico. Falleció en 1987, con sólo cincuenta años de edad, a consecuencia de la diabetes que padecía.

En cuanto al film que nos ocupa, setenta y seis años después de su estreno sigue fascinando tanto al cinéfilo como al buen conocedor de la II Guerra Mundial y sus consecuencias. La historia de Karel Malik es la de millones de niños, europeos y asiáticos, que sufrieron lo inimaginable en esa locura que devastó gran parte del mundo entre 1939 y 1945. Una película capaz de llegar hasta lo más profundo del más endurecido de los corazones.


Notas

Creada el martes 9 de noviembre de 1943, por decisión del presidente Franklin Delano Roosevelt, la Administración de las Naciones Unidas para el Socorro y la Reconstrucción, UNRRA (United Nations Relief and Rehabilitation Administration), tenía la función primordial de coordinar la distribución de ayuda a la población civil de los territorios liberados tras la contienda. La UNRRA empezó a operar en los Balcanes en 1945, extendiendo su radio de acción, poco después, a casi toda Europa occidental. La intención de sus responsables era abarcar también a las naciones del Este, pero, aparte de Yugoslavia, apenas tuvo presencia en las zonas liberadas (digámoslo así) por los soviéticos, ya que los comunistas consideraban ese organismo como un instrumento de la política imperialista estadounidense, de modo que restringieron al mínimo sus actividades en los territorios que controlaban. Debido a esto, varios millones de personas, que podrían haber sido socorridas por la UNRRA, no recibieron ayuda de ninguna clase, lo que a la larga provocaría hambruna y miseria generalizada entre la desdichada población de esos países.

Aunque su creación había sido ratificada por cuarenta y cuatro naciones, en la práctica ocho décimas partes de la financiación de la UNRRA fueron asumidas por los Estados Unidos, y el resto por Canadá y Gran Bretaña, por este orden. La organización existió sólo durante cuatro años, pero durante ese tiempo socorrió a varios millones de personas desplazadas por la guerra, que eran atendidas en una extensa red de campos que, para el lunes 30 de junio de 1947, fecha en la que fue disuelta, gestionaba casi ochocientos centros de refugiados. Según estimaciones del Congreso estadounidense, para entonces la UNRRA había gastado ya más de 10.000 millones de dólares. Hasta la fecha, y teniendo en cuenta la posterior depreciación del dólar USA, es la mayor inversión en ayuda humanitaria de la historia.

Como en cualquier conflicto bélico, los más afectados por la II Guerra Mundial fueron los niños, de modo que la UNRRA invirtió gran parte de sus recursos en la infancia, a la que se dio prioridad en todo. La actriz Audrey Hepburn, que tenía quince años al acabar la contienda, fue una de los millones de niños europeos atendidos por la UNRRA. Audrey nunca olvidó la ayuda recibida, y desde 1955, siendo ya una actriz consolidada y disfrutando de una posición económica desahogada, prestó su colaboración desinteresada a UNICEF, llegando a ser designada Embajadora de Buena Voluntad del organismo de la ONU en 1988. N del A.

© Antonio Quintana Carrandi,
(2.325 palabras) Créditos