LOS HIJOS DE HITLER
LOS HIJOS DE HITLER EE. UU., 1943
Título original: Hitler´s Children
Dirección: Edward Dmytryk
Guión: Emmet Lavery sobre la novela de Gregor Ziemer
Producción: Edward A. Golden para RKO Radio Pictures
Música: Roy Webb
Fotografía: Russell Metty
Duración: 88 min.
IMDb:
Reparto: Bonita Granville (Anne Müller); Tim Holt (Karl Bruner); Ken Smith (Nichols); Otto Kruger (coronel Henkel); Hans Conried (Dr. Graf); Lloyd Corrigan (Franz Erhart); H. B. Warner (Obispo católico)

Sinopsis

Berlín, 1933. El profesor Nichols dirige la American Colony School, un colegio situado justo enfrente del alemán Horst Wessel, de las Juventudes Hitlerianas, consagrado al adoctrinamiento político de los jóvenes germanos. La activa enemistad entre los alumnos de ambos centros se manifiesta en frecuentes peleas entre ellos. Karl Bruner, alemán nacido en los Estados Unidos, se enfrenta con Ana Miller, ciudadana estadounidense nacida en Alemania como Anne Müller. Sin embargo, la atracción nace entre ellos, aunque las circunstancias harán que pierdan el contacto.

Seis años más tarde, Karl es teniente de las SS y Ana ejerce de profesora en el colegio americano de Berlín. Su reencuentro es dramático, pues él tiene la misión de expulsar del país a varios estudiantes extranjeros matriculados en esa escuela. Puesto que Ana, a pesar de su nacionalidad estadounidense, nació en Alemania, se la considera a todos los efectos súbdita del Tercer Reich, de modo que las SS se hacen cargo de ella. El profesor Nichols trata de ayudarla, recurriendo incluso a los abuelos germanos de la muchacha, pero estos están demasiado aterrorizados ante lo que ocurre para reaccionar. Nichols solicita entonces la ayuda de su viejo amigo Erhart, un periodista antaño valeroso, pero que ahora teme a sus propios hijos, miembros de las Juventudes Hitlerianas. A pesar de su miedo, Erhart aconseja a Nichols que pida permiso al Ministerio de Educación nazi para visitar los campos de trabajo, ya que, posiblemente, Ana esté retenida en uno de ellos.

Para Montse.


Deseo volver a ver en los ojos de los jóvenes el brillo del animal de presa.

Adolf Hitler, MEIN KAMPF
Cartelería original
Cartelería original

Durante los años de la II Guerra Mundial, Hollywood se volcó de lleno en la producción de películas que exaltaran los valores patrióticos estadounidenses, así como la defensa de la democracia, y que también sirvieran para elevar la moral de la retaguardia. En general, y a pesar de su carácter de films coyunturales y propagandísticos, la mayoría estaba muy bien realizada, lo que explica que los cinéfilos todavía los veamos con agrado. Algunos, como LA SEÑORA MINIVER (MRS. MINIVER, William Wyler, 1942), LAS ROCAS BLANCAS DE DOVER (THE WHITE CLIFFS OF DOVER, Clarence Brown, 1944) o DESDE QUE TE FUISTE (SINCE YOU WENT AWAY, John Cromwell, 1944), han devenido en grandes clásicos del cine, trascendiendo su condición original de cintas para un contexto histórico concreto.

Sin embargo, otros films realizados para contentar a ciertos aliados, que primero lo fueron de los nazis, eran sencillamente deleznables. Es el caso de MISIÓN EN MOSCÚ (MISSION TO MOSCU, Michael Curtiz, 1943), que adaptaba el libro de Joseph E. Davies, diplomático y hombre de negocios estadounidense, designado embajador en la URSS por Franklin D. Roosevelt. El tal Davies se reveló como una suerte de multimillonario de izquierdas, subespecie que hoy abunda como la mala hierba, que se significaría por haber escrito un libro cantando alabanzas al sistema imperante en la URSS, al comunismo y al padrecito Stalin. El guión de LA ESTRELLA DEL NORTE (THE NORTH STAR, Lewis Milestone, 1943), a pesar de estar firmado por alguien tan solvente profesionalmente como Lillian Hellman, colaboradora habitual de Wyler, era demencial, pura propaganda comunista, pues no debe olvidarse que esta mujer había apoyado con uñas y dientes al Frente Popular (que no República) durante la guerra civil española, así como la criminal e ilegal invasión soviética de Finlandia. Por otra parte, fue una de las personalidades occidentales empeñadas en negar la hambruna provocada por los comunistas en Ucrania, que se llevó por delante a no menos de cinco millones de ucranianos, las purgas estalinistas que enviaron a Siberia a varios millones de personas y al paredón a otros cientos de miles, y las desastrosas condiciones de vida del noventa por ciento de los rusos. En LA ESTRELLA DEL NORTE, Hellman y Milestone muestran a los campesinos de la Unión Soviética como si fueran granjeros del Medio Oeste estadounidense, cantarines y despreocupados. La triste realidad era que, en aquel tiempo y hasta el fallecimiento de Stalin una década más tarde, la sociedad civil había dejado de existir en la URSS, y el segmento de la población soviética más oprimido era, con enorme diferencia, el campesinado, abocado a una miseria extrema. El comunismo había abolido la propiedad privada, de modo que los granjeros rusos estaban obligados a trabajar en inmensas granjas colectivas, administradas por el estado, en unas condiciones deplorables y tan sólo por la comida, siempre escasa y de poca calidad, y un puñado de rublos extraordinariamente devaluados y que casi no valían ni el papel y la tinta empleados en su impresión. Esta realidad, como es obvio, resultaba muy incómoda para los progres americanos de la época, así que, en las películas de propaganda como la citada, era convenientemente maquillada, cuando no completamente falseada. El gobierno estadounidense, por su parte, conocía a la perfección esa siniestra realidad, pero como la colaboración del ejército rojo era considerada imprescindible para derrotar a los nazis, miraba para otro lado. En LA ESTRELLA DEL NORTE se llega al extremo de mostrar a los germanos extrayendo sangre a los niños rusos, presumiblemente destinada a transfusiones para sus soldados heridos. Algo semejante jamás ocurrió, porque la gran mayoría de los médicos militares alemanes consideraba la sangre de eslavos, judíos y otras etnias, percibidas por los nacionalsocialistas como subhumanas, impura. Pero, dejando a un lado panfletos izquierdistas como el anteriormente citado, lo cierto es que, en general, el cine propagandístico de la época ostentaba una buena factura y funcionó bastante bien en taquilla.

LOS HIJOS DE HITLER fue sin duda una de las mejores películas realizadas durante aquellos años. La cinta adaptaba el libro Educación para la muerte, en el que Gregor Ziemer, educador, escritor y corresponsal de prensa norteamericano, que había vivido en Alemania entre 1928 y 1939, y, por tanto, sabía de lo que estaba hablando, denunciaba el adoctrinamiento de la juventud alemana en el Tercer Reich. Este texto también había servido como base argumental para un cortometraje animado de Walt Disney, con el mismo título de la obra literaria.

En su primer tercio, el film describe admirablemente la situación de la gran mayoría de jóvenes germanos de entonces, contraponiéndola a la de los alumnos del colegio americano de Berlín. Estos últimos no dudan en enfrentarse a los fanatizados estudiantes del Horst Wessel, que no paran de buscarles las cosquillas. La más combativa de las jóvenes alumnas del American Colony School es Ana, que detesta profundamente el nazismo y todo lo que significa. No obstante, no podrá evitar sentirse atraída por el líder de los cachorros nacionalsocialistas, Karl Bruner, que tampoco es inmune al encanto de la muchacha, aunque al principio trate de disimularlo mostrándose hosco e incluso ofensivo con ella. Nichols, al darse cuenta de lo que sienten el uno por el otro, facilita el que se vean con frecuencia, porque piensa que su amor por Ana acabará apartando a Karl de la siniestra ideología nazi. Pero la presión propagandística a que se ve sometido el joven hace mella en él, y acaba por alejarse de la muchacha.

Anne a punto de enfrentarse a su destino
Anne a punto de enfrentarse a su destino

Unos años más tarde, en vísperas de la guerra, Ana y Karl vuelven a encontrarse. Para entonces, él ya es oficial de las SS y todo parece indicar que se ha deshumanizado por completo. Pero al ver de nuevo a Ana, que ya es una mujer y ahora ejerce de profesora en el American Colony School, sus sentimientos por ella renacen. Aunque en principio actúa como lo haría cualquier otro oficial nazi, e incluso envía a Ana a un campo de trabajo, procura que la muchacha sea destinada a ligeras tareas administrativas. La ama y desea que ella acepte sus peculiares ideas políticas. Pero será ella la que consiga que él no sólo renuncie a esas ideas en favor de su amor, sino que abomine públicamente de ellas, lo que acabará por costarles la vida a ambos.

RKO Radio Pictures asignó un presupuesto modesto a la película. La dirección fue encomendada a Irving Reis, quien realizó aproximadamente un tercio de la cinta. Reis, que tenía fama de ser uno de los directores más testarudos de Hollywood, tuvo varias discusiones con el productor, Edward A. Golden, a cuenta de algunos aspectos del relato. Como Golden no dio su brazo a torcer, Reis acabó abandonando la dirección. Entonces RKO llamó a Edward Dmytryk. Este no quería que Reis pensara que se aprovechaba de la situación, de modo que habló con su colega y le dijo que sólo aceptaría dirigir la película si a él le parecía bien. Reis no puso ningún reparo y Dmytryk siguió adelante con el rodaje.

LOS HIJOS DE HITLER se estrenó el viernes 19 de marzo de 1943. La crítica la recibió con indiferencia, e incluso algunos críticos con desdén, por considerarla una cinta propagandística del montón, rodada con muy poco dinero y mucha prisa. Inopinadamente, se convirtió en un enorme éxito, sorprendiendo al Estudio, que había esperado obtener un pequeño beneficio con ella, y se encontró con que fue la película más taquillera de RKO Radio Pictures estrenada ese año. El film había costado, incluyendo todas las partidas presupuestarias, 205.000 dólares. Seis meses después de su lanzamiento, había recaudado 3. 335.000 dólares en su exhibición en todo el país. Fue, además, la cuarta película, de todas las producidas por Hollywood en 1943, que más beneficios produjo.

LOS HIJOS DE HITLER catapultó la carrera de Edward Dmytryk, pues RKO, asumiendo que buena parte de los excelentes resultados cosechados por el film se debían a su dirección, decidió apostar por él, encargándole la realización de varias cintas bélicas y de cine negro, que acabarían consolidándole como uno de los directores más interesantes de los años 40.

Vista hoy, LOS HIJOS DE HITLER sigue poseyendo la misma fuerza dramática que en el momento de su estreno, y a pesar de su estilo y diseño de producción, eminentemente propagandísticos, continúa siendo un film muy estimable, que se ve con agrado ochenta y un años después de su producción.

© Antonio Quintana Carrandi,
(1.415 palabras) Créditos