Monstruos del siglo XX, 18
HIRO-HITO, SEXTA PARTE
por Antonio Quintana Carrandi
Isoroku Yamamoto
Isoroku Yamamoto

La batalla del Mar del Coral representó un revés para los japoneses, pero no fue un encuentro decisivo. Dispuesto a doblegar a los Estados Unidos y conseguir que se avinieran a negociar, Yamamoto emprendió la segunda fase de su plan estratégico, consistente en capturar Midway y ocupar las islas Aleutianas.

La operación fue preparada en el más absoluto secreto durante los meses de abril y mayo de 1942, pues la base del éxito en Midway debía ser la sorpresa. Sin embargo, los japoneses todavía ignoraban que el servicio criptográfico estadounidense había descubierto sus claves, y en consecuencia descifraba los mensajes enemigos que lograba captar. Para finales de mayo, el servicio de información del almirante Nimitz ya sabía que los nipones preparaban un ataque contra una isla que denominaban AF. Nimitz pensaba que podría tratarse de Midway, pero, para estar seguro, encargó a sus criptoanalistas que lo confirmaran. El jefe de su servicio de información, teniente-comandante Joseph Rochefort, ideó una estratagema para descubrirlo: envió al comandante de la base de Midway un mensaje sin codificar, comunicándole el envío urgente de una destiladora. Al día siguiente se interceptó un mensaje radiado japonés, en el que se informaba que AF tenía problemas con el suministro de agua potable. Que el objetivo de los nipones era Midway quedaba así confirmado.

Yamamoto había planeado una acción de distracción en dos de las islas Aleutianas, con el propósito de atraer la atención estadounidense hacia aquel lugar. Mientras los americanos trataban de reforzar las Aleutianas, la fuerza de portaaviones japonesa lanzaría un ataque devastador contra Midway, seguido de un desembarco anfibio. Midway era el punto más vital del Pacífico, pues se hallaba casi en el centro de dicho océano y, quien lo poseyera, contaría con una ventaja estratégica notable.

Yamamoto estaría al mando de una fuerza de reserva, que se situaría entre las Aleutianas y Midway, para cortar el paso a las fuerzas norteamericanas que pudieran acudir en auxilio de los defensores del atolón. Como por aquel entonces Japón no disponía de radares, se dispuso una flotilla de submarinos que debían alertar con suficiente antelación de la posible proximidad de unidades navales norteamericanas. Yamamoto esperaba que esto le diera ventaja para, llegado el momento, concentrar sus fuerzas y cerrar la trampa sobre la flota de Nimitz. Pero este, que, como hemos visto, ya había sido alertado por su servicio de inteligencia, pudo planear su estrategia con comodidad. Envió una Tak Force (Fuerza Operativa) a las Aleutianas. Luego dividió en dos flotillas el resto de sus buques, que fueron a situarse al Pacífico central, al norte de Midway.

Chester William Nimitz
Chester William Nimitz

Los nipones atacaron las islas de Attu y Kiska, en las Aleutianas, el miércoles 3 de junio, sin encontrar resistencia, aunque el grueso de sus fuerzas había sido descubierto por un hidroavión PBY Catalina de reconocimiento de la US Navy. Al amanecer del 4, los portaaviones Soryu, Akagi, Hiryu y Kaga lanzaron sus aviones en un ataque masivo sobre Midway. Estas densas formaciones aéreas fueron localizadas por otro Catalina, que se apresuró a dar la alarma.

La primera oleada de ataque la componían 72 bombarderos, con una escolta de 36 cazas, mandada por el teniente de navío Joichi Tomanaga. Las aeronaves que defendían Midway eran cazas de los Marines, Gruman F4F Wildcat y Brewster F2A Buffalo, siendo estos últimos inferiores en todo a los Mitsubishi A6M Zero nipones. No obstante, la valentía y profesionalidad de sus pilotos logró obstaculizar muchísimo la operación japonesa, aunque a costa de enormes pérdidas. Se entabló una lucha feroz, en la que al principio parecían llevar las de ganar los hijos del imperio del Sol naciente.

Como todo buen conocedor de la historia militar sabe, con frecuencia los planes mejor elaborados, las estrategias diseñadas con más cuidado y atención al detalle, pueden verse trastocados por una simple decisión humana. El vicealmirante nipón Nagumo era un buen marino, pero ha pasado a la historia por su indecisión. De haber seguido el plan original, que contemplaba el bombardeo masivo y sin descanso de Midway, es posible que los japoneses hubieran conseguido aplastar las defensas americanas. Pero Nagumo temía a la flota del Pacífico de Nimitz, de modo que ordenó armar los aviones de la segunda oleada con torpedos y bombas perforantes, adecuados para hundir barcos, pero no para un ataque a tierra. Sin embargo, cuando sus oficiales le informaron que las instalaciones defensivas de la isla no habían sido totalmente destruidas, dio orden de cambiar de nuevo el armamento de los aparatos. Mientras el personal de cubierta trabajaba febrilmente en el cambio de munición, aviones de reconocimiento informaron de la proximidad de unidades navales americanas. Nagumo ordenó despejar las cubiertas de inmediato. Los torpedos y las bombas, que deberían haberse bajado a los pañoles de munición, simplemente se apartaron a un lado de los hangares. Esta precipitada decisión de Nagumo tendría terribles consecuencias para los japoneses.

Cubierta de vuelo del Enterprise
Cubierta de vuelo del Enterprise

La primera oleada de aeronaves estadounidenses fue recibida con intenso fuego antiaéreo y acosada por los Zeros. Mientras tanto, Nagumo ordenaba cambiar de nuevo el armamento de los aviones, preparándolos para enfrentarse a los buques norteamericanos. El primer ataque yanqui fue rechazado, así que Nagumo, considerando que había recuperado la iniciativa, ordenó despegar al centenar de aparatos que ya estaban dispuestos. El despegue de los aviones japoneses coincidió con la llegada de una densa formación de bombarderos en picado Douglas SBD Dauntless, enviados por el contraalmirante Fletcher. En apenas unos minutos, el curso de la batalla, y también el de la guerra en el Pacífico, cambió para siempre.

El Akagi fue alcanzado por dos bombas, una de 1000 libras y otra de 500; otras cuatro de 1000 libras dañaron mortalmente al Kaga; otras tres atravesaron las cubiertas del Soryu, provocando una devastadora destrucción. En el Kaga y el Soryu, siguiendo las instrucciones de Nagumo, se había realizado la misma operación que en el Akagi: la munición, en vez de ser entibada en los pañoles, se había dejado en los extremos de las cubiertas. Al incendiarse los buques, estalló, convirtiéndolos en auténticas piras flotantes, en las que murieron miles de hombres. Al día siguiente, los tres enormes buques, antaño orgullo de la flota imperial, se hundían para siempre.

El Yorktown gravemente dañado
El Yorktown gravemente dañado

El Hiryu contraatacó a la desesperada. Ocho de sus bombarderos Aichi D3A Val lograron dañar severamente al Yorktown. Pero fue una victoria pírrica. Al día siguiente, 5 de junio, navegaba bajo la protección de una escuadrilla de seis Zeros, cuando fue sorprendido por una formación de Dauntless procedentes del Hornet y el Enterprise. Los Zeros, aunque derribaron algunos enemigos, fueron pronto borrados de los cielos. El Hiryu encajó cuatro impactos de bomba, quedando inutilizable. Yamamoto ordenó que su tripulación fuese evacuada y el buque hundido por sus destructores de escolta. El contraalmirante Yamaguchi y el capitán del Hiryu se negaron a abandonar el barco, optando por amarrarse a la superestructura y hundirse con el navío. Cuando los destructores lo torpedearon, enviándolo a las profundidades, se llevó al fondo a 416 de sus tripulantes.

La batalla de Midway se decantó a favor de los estadounidenses, que en principio estaban en considerable inferioridad. Su única ventaja sobre el enemigo era su eficaz sistema de información y criptoanálisis, que le había permitido a Nimitz conocer con anticipación los planes japoneses y desarrollar una estrategia adaptada a los mismos.

La guerra se prolongaría durante tres años más y millones de personas morirían, pero en Midway se invirtieron definitivamente las tornas del conflicto. A partir de ese momento, Japón perdió toda esperanza de ganar la contienda a los estadounidenses, porque lo que seguiría iba a ser una guerra de desgaste, en la que Estados Unidos tenía todas las bazas a su favor, dado su impresionante poderío industrial. La aplastante victoria tanto táctica como estratégica en Midway fue acogida con entusiasmo por el pueblo estadounidense. La expansión nipona en el Pacífico había sido frenada, y ahora USA, consciente de su recién adquirida superioridad aeronaval, se disponía a contraatacar.

Para Yamamoto, el desastre de Midway fue la confirmación de que la guerra estaba perdida. Pero las fuerzas japonesas todavía eran considerables, dominaban vastos territorios y Yamamoto, al igual que otros muchos líderes nipones, empezando por el Emperador, creía que todavía tenían capacidad militar para, a fuerza de resistir los embates de los estadounidenses, forzar a estos a aceptar alguna clase de armisticio favorable a Japón, que le permitiese quedarse con los territorios conquistados. Resulta obvio que los nipones se equivocaban, porque la determinación estadounidense era aniquilar el poderío militar nipón y obligar a Japón a retirarse de los países que ocupaba.

El Alto Mando Imperial tuvo que renunciar a sus planes de cercar Australia, mediante las conquistas de las Nuevas Hébridas, Nueva Caledonia, las islas Fiji y Samoa. Con su flota considerablemente mermada, las ambiciones niponas se ceñían ahora a completar la conquista y dominio de Nueva Guinea.

Pero mientras las armas japonesas encajaban su primera derrota significativa en Midway, el ejército imperial seguía invadiendo inmensos territorios, sometiendo a sus pobladores a las mayores atrocidades que imaginarse puedan.

(Continuará).

© Antonio Quintana Carrandi,
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