LA MALDICIÓN DEL HOMBRE LOBO
LA MALDICIÓN DEL HOMBRE LOBO Reino Unido, 1961
Título original: The Curse Of The Werewolf
Dirección: Terence Fisher
Guión: Anthony Hinds sobre la novela de Guy Endore
Producción: Anthony Hinds para Hammer Films
Música: Benjamin Frankel
Fotografía: Arthur Grant
Duración: 93 min.
IMDb:
Reparto: Clifford Evans (Alfredo); Oliver Reed (León); Yvonne Romain (hija del carcelero); Catherine Feller (Cristina); Anthony Dawson (el marqués siniestro); Josephine LLewellyn (la marquesa); Richard Wordsworth (el mendigo); Hira Talfrey (Teresa); Justin Walters (joven León); John Gabriel (el cura); Warren Mitchell (Pepe Valiente); Anne Blake (Rosa Valiente); George Woodbridge (Dominique); Michael Ripper (el borracho); Ewen Solon (Don Fernando); Peter Sallis (Don Enrique); Martin Matthews (José); David Conville (Rico Gómez); Denis Shaw (prisionero); Charles Lamb (cocinero); Serafina Di Leo (señora Zumara); Sheila Brennan (Vera); Joy Webster (Isabel); Renny Lister (Yvonne)

Sinopsis

España, en las primeras décadas del siglo XIX. Un mendigo es encerrado en una oscura mazmorra por un malvado aristócrata. La hija del carcelero, una niña muda, acude regularmente con su padre para llevarle comida. Pasan los años, la niña se convierte en una hermosa joven y el mendigo preso acaba perdiendo la cordura y animalizándose. El corrompido y envejecido marqués desea a la muchacha, pero como esta le rechaza, ordena que se la encierre con el mendigo y este la viola. Desesperada por salir de allí, la chica finge acceder a los sucios deseos del marqués, asesinándole poco después. En su huida, la desdichada joven es encontrada por don Alfredo, un caballero burgués que se apiada de ella y la aloja en su casa. Encinta por la violación del mendigo, pasados unos meses da a luz a un niño, falleciendo casi de inmediato. La criatura, a la que se llamará León, es criada por don Alfredo como si fuera su propio hijo. Pero una horrible maldición pesa sobre él.

De todos los monstruos del bestiario del terror gótico, el Hombre Lobo es el que menos suerte ha tenido, cinematográficamente hablando. Durante la época clásica protagonizó un sinfín de producciones, la mayor parte de ellas de bajo presupuesto, que no destacaban precisamente por su calidad, apostando por impresionar y aterrar al espectador con la metamorfosis del hombre en fiera. A partir de la desenfadada UN HOMBRE LOBO AMERICANO EN LONDRES (AN AMERICAN WEREWOLF IN LONDON, John Landis, 1981), las cintas sobre licántropos han apostado más por la espectacularidad de sus trucajes que por la densidad de sus argumentos. De modo que, para el cinéfilo que suscribe, esta criatura se sitúa muchos peldaños por debajo de Drácula, el monstruo del doctor Frankenstein o la momia.

Pero como no hay regla sin su correspondiente excepción, la mejor película sobre la licantropía nos la ofreció mi amada Hammer Films, bajo la firme dirección del mejor realizador de la casa, y uno de los mayores expertos en cine fantástico: el maestro Terence Fisher.

En LA MALDICIÓN DEL HOMBRE LOBO Fisher se toma su tiempo para explicarnos el origen romántico del mito. Y lo hace con gran valentía, sacrificando la acción y la espectacularidad durante el primer tercio del metraje, dedicado a poner al espectador en situación, para que comprenda que el Hombre Lobo del título es, en realidad, una víctima de las miserias sociales derivadas de un orden injusto.

La secuencia del bautismo de León, tras la muerte de su madre, es muy reveladora. El niño ha nacido un 25 de diciembre a medianoche, la fecha y la hora en la que, según la tradición cristiana, vino al mundo Jesucristo. Según una antigua creencia del populacho, una criatura nacida en ese día y momento concretos está maldita, pero eso no parece preocupar a don Alfredo. Sin embargo, cuando el sacerdote se dispone a mojarse los dedos en la pila, para administrar al pequeño el sacramento del bautismo, estalla una repentina y furiosa tormenta en el exterior, las aguas de la pileta bautismal se agitan inexplicablemente, y cuando se calman, se refleja en ellas una gárgola representada en un motivo decorativo del templo: el rostro de Lucifer.

Fisher nos introduce poco a poco en la desdichada odisea de León. Don Alfredo intuye que algo está pasando, porque una mañana León, entonces un niño de unos diez años, aparece en su cama con una herida de bala. Un lobo solitario está acechando los rebaños de los lugareños. El encargado de cazarlo es Pepe, que asegura que disparó contra la alimaña la noche pasada. La espantosa verdad va abriéndose camino en la mente de don Alfredo. Dispuesto a ayudar al chico como sea, y convencido de que esa especie de ataque de licantropía es pasajero, el caballero pone barrotes en la ventana del cuarto del pequeño. La confirmación de que algo de verdad debe haber en la leyenda del Hombre Lobo la tiene don Alfredo, y también el espectador, en esa inquietante secuencia en la que el niño se aferra a los barrotes, dando rienda suelta a una agresividad casi animal, mirando a la cámara con ojos inyectados en sangre y mostrando sus dientes caninos.

Sabio alquimista del arte cinematográfico, Fisher entrevera lo inquietante y amenazador con lo cotidiano, narrándonos por un lado la angustia que acosa al pobre León, y por otro su imposible romance con la dulce Cristina. El director dosifica la impronta del mal, de modo que el espectador vaya intuyendo paulatinamente lo que ocurre, hasta alcanzar un clímax impactante, que revela por fin todo el horror que rodea al protagonista. Un hombre que, cuando es consciente de su naturaleza bestial, que no puede controlar, suplica a su padre que lo mate. Su progenitor adoptivo se convierte así en el instrumento de su fin, en nombre de un sentimiento noble e incondicional.

Sin grandes alardes técnicos ni efectismos artificiales, recurriendo tan sólo a la precisión y la funcionalidad características de las producciones Hammer, LA MALDICIÓN DEL HOMBRE LOBO se erige como una de las películas más logradas de la mítica productora británica, así como en uno de los mejores trabajos de un cineasta irrepetible.

La única pega que podría achacársele a la cinta es su ambientación. La novela original de Endore transcurría en París, Francia. Se decidió situar la acción en nuestro país porque, aunque hoy pocos españoles lo sepan, en España, en concreto en el norte de la península, sobre todo en Galicia y Asturias, abundaban antaño las leyendas sobre hombres alobados. Una de las pocas películas decentes del mayoritariamente casposo e irrelevante cine español, es EL BOSQUE DEL LOBO, que dirigió Pedro Olea en 1970 y protagonizó José Luis López Vázquez. La cinta española narraba la historia real de Benito Freire, un buhonero que, influido sin duda por las leyendas sobre licántropos, llegó a creerse un hombre lobo y cometió numerosos asesinatos. Pero el hombre lobo por excelencia del cine es Paul Naschy (Jacinto Molina Álvarez), que hizo escuela con su creación del licántropo Waldemar Daninsky, personaje que apareció por primera vez en el film de 1968 LA MARCA DEL HOMBRE LOBO, dirigido por Enrique López Eguiluz. Ambientar la película de Fisher en la España decimonónica fue en mi opinión un error. Don Mingaye era un gran profesional, pero sus decorados no logran transmitir, en ningún momento, la sensación de que la acción se desarrolle en la España de aquel tiempo.

Llama la atención la aparición de una pareja de la Guardia Civil, cuyos uniformes son muy vistosos, pero no podría asegurar que se correspondan con los que usaba la Benemérita en la época.

La película significó el espaldarazo definitivo para la carrera del joven Oliver Reed, que era sobrino nada menos que de Carol Reed, director de la mítica EL TERCER HOMBRE (THE THIRD MAN, 1949).

© Antonio Quintana Carrandi,
(965 palabras) Créditos