ÁNGELES CON CARAS SUCIAS
ÁNGELES CON CARAS SUCIAS EE. UU., 1938
Título original: Ángels With Dirty Faces
Dirección: Michael Curtiz
Guión: John Wexley, Warren Duff, historia de Rowland Brown
Producción: Samuel Bischoff (sin acreditar), Warner Bros, First National Picture
Música: Max Steiner, Dirección musical de Leo F. Forbstein, Arreglos de Hugo Friedhofer
Fotografía: Sol Polito en B/N
Duración: 97 min.
IMDb:
Reparto: James Cagney (William Rocky Sullivan); Pat O´Brien (padre Jerry Connolly); Humphrey Bogart (James Frazier); Ann Sheridan (Laury Martin-Ferguson); Marilyn Knowlden (Laury niña); George Bancroft (Mac Keefer); Billy Halop (Soapy); Bobby Jordan (Swing); Leo Gorcey (Bim); Gabriel Dell (Patsy); Huntz Hall (Cara de cangrejo); Bernard Punsly (Hunky); Adrian Morris (Blackie); Joe Cunningham (editor de El boletín); Mary Gordon (Sra. McGee); Frankie Burke (joven Rocky Sullivan); William Tracy (joven Jerry Connelly)

Sinopsis

Dos adolescentes de origen irlandés, Rocky Sullivan y Jerry Connolly, intentan robar en un tren de mercancías, pero son sorprendidos. Jerry consigue huir, pero Rocky es detenido y enviado a un reformatorio. Quince años más tarde Rocky Sullivan, que ya es es un conocido gánster, sale de la cárcel y se reencuentra con Jerry Connolly, sacerdote católico en el barrio de los bajos fondos donde ambos se criaron. Rocky despierta la admiración de un grupo de muchachos descarriados, a los que Jerry intenta llevar por el buen camino. Sullivan se entrevista con su antiguo socio, el corrupto leguleyo James Frazier, para reclamarle el dinero que éste debía guardarle hasta su puesta en libertad. Frazier ha empleado ese capital para labrarse una posición en el hampa de la ciudad, y ni él ni su jefe, Mac Keefer, están dispuestos a devolverle el dinero a Rocky, de modo que urden un plan para desembarazarse de él.

Para Montse, que adora esta película

Pongo en mis películas todo el arte que creo que el público puede soportar.

La figura del delincuente juvenil ha tenido una notable presencia en el cine negro, con títulos tan emblemáticos como LA JUVENTUD MANDA (THIS DAY AND AGE, Cecil B. DeMille, 1933), LLAMAD A CUALQUIER PUERTA (KNOCK ON ANY DOOR, Nicholas Ray, 1949), ¡SALVAJE! (THE WILD ONE, Laslo Benedek, 1954), REBELDE SIN CAUSA (REBEL WITHOUT A CAUSE, Nicholas Ray, 1955) o SEMILLA DE MALDAD (THE BLACKBOARD JUNGLE, Richard Brooks, 1955). Pero la mejor película sobre el tema fue CALLE SIN SALIDA (DEAD END, William Wyler, 1937), film que denunciaba la pobreza y la marginalidad como una de las causas principales del gansterismo que asoló USA durante los años 30 del siglo pasado. La cinta tuvo un éxito apoteósico, convirtiendo al grupo de adolescentes que aparecían en ella, conocidos como The Dead End Kids, en verdaderas estrellas mediáticas de la época. Al año siguiente de CALLE SIN SALIDA, estos muchachos volverían a interpretar los mismos papeles en ÁNGELES CON CARAS SUCIAS, una de las mejores películas de gánsteres jamás realizada.

El origen de la película fue la historia escrita por Rowland Brown en 1937. El autor, que había pergeñado su texto con la intención de venderlo para su adaptación al cine, contactó con Mervyn Leroy, que estaba interesado en dirigir una película en que aparecieran los Dead End Kids; pero no pudo comprometerse por su trabajo en Metro Goldwyn Mayer. Brown­ se dirigió entonces a Grand National Pictures, productora con la que llegó a un principio de acuerdo, y que estaba interesada en que la historia la protagonizara James Cagney. Debe recordarse que, por aquel entonces, Cagney trabajaba para Grand National, pues había abandonado la Warner por cuestiones monetarias, siguiendo el consejo de su hermano y representante financiero, William.

Cagney había protagonizado para Grand National EL GRAN TIPO (GREAT GUY, John G. Blystone, 1936), un thriller que combinaba drama, comedia y cine de gánsteres, centrado en las actividades de la Oficina Federal de Pesos y Medidas, que investigaba el fraude en el sector de la alimentación y en muchos otros, corrompidos por el crimen organizado. Inmediatamente después, trabajó en LOS PELIGROS DE LA GLORIA (SOMETHING TO SING ABOUT, Victor Schertzinger, 1937), una comedia musical ambientada en el mundo del cine. Cagney esperaba que esta cinta evitara que se le encasillara en papeles de tipo duro, como había ocurrido en su etapa inicial en la Warner. Sin embargo, la cinta fue un desastre por varios imponderables, no siendo el menos importante de ellos la obsesión de Grand National por realizar un film espectacular, lo que provocó que el presupuesto se disparara hasta superar el millón de dólares, una cifra astronómica para la época. El resultado fue que la película no consiguió amortizar su coste, y aunque vista hoy sus valores cinematográficos son innegables, lo cierto es que fracasó estrepitosamente en taquilla. Esta fue una de las razones, si no la principal, de que Grand National quebrara en 1939.

Momentos desesperados
Momentos desesperados

Entonces intervino Jack L. Warner, que siempre había querido recuperar a Cagney. Coligiendo que la mejor forma de lograrlo era hacerse con la obra de Brown­, que el actor ansiaba protagonizar, se apresuró a comprarla. Para atraerse a Cagney, le ofreció un suculento contrato, que incluía una considerable participación en los beneficios de los films que rodara en Warner Bros. Cagney accedió a volver al Estudio, tras consultar con su hermano.

Varios directores de la casa estaban interesados en el proyecto, e incluso se barajó la posibilidad de que el mismísimo Brown­ asumiera su realización, pues había demostrado con creces su talento como director. Por las razones que fuesen, Brown­ declinó el ofrecimiento, de modo que el propio Warner impuso a Michael Curtiz, un realizador en el que tenía puesta su confianza.

Como era preceptivo en la época, antes de iniciar el rodaje se necesitaba el visto bueno de las instancias censoras, representadas por la denominada Oficina Hays. Joseph L. Breen, que ocupaba un puesto directivo en dicho organismo, ya descollaba como uno de los censores más implacables de su tiempo. Tras leer el guión, se apresuró a escribir a Jack L. Warner, advirtiéndole que el relato era demasiado ambiguo en el aspecto moral, y recomendándole que evitara cualquier intento de presentar el personaje de Cagney desde una óptica demasiado positiva. Breen consideraba que sería inadmisible hacer de alguien como Rocky Sullivan un tipo excesivamente simpático, y mucho menos un héroe, ya que no era más que un delincuente y un asesino. El censor fue incluso más lejos, recalcando que no debían mostrarse en escena policías muriendo bajo los disparos de Rocky. Semejantes recomendaciones, que hoy se nos antojan estúpidas, eran un serio aviso a navegantes, porque los siniestros burócratas de la deleznable Oficina Hays podían impedir la filmación de una película que no se ajustara a sus parámetros morales, como habían demostrado en bastantes ocasiones. De modo que Warner le pasó la papeleta al productor del film, Sam Bischoff, y éste trabajó con Curtiz para adecuar el guión a las exigencias censoras. Además de Wexley y Duff, en las revisiones del texto sugeridas por la Oficina Hays también intervinieron, sin acreditar, Charles MacArthur y el gran Ben Hetch.

A Cagney le atraía el personaje de Rocky Sullivan, un gánster con principios, que actuaba como se espera de un hampón, pero que, en el fondo, tenía corazón. El actor entendió que aquélla era su oportunidad para demostrar que su registro interpretativo iba más allá de los papeles de tipo duro al uso. El resultado fue que se entusiasmó de tal modo con la película, que la de Rocky Sullivan es una de las mejores, si no la mejor, de todas las interpretaciones de su carrera.

Para componer su personaje, Cagney se basó en la descripción de Brown­, pero también en su propia vida. La actitud chulesca de Rocky debió mucho a cierto proxeneta del humilde barrio de Yorkville, Manhattan, donde Cagney había crecido, cuyas maneras y ademanes el actor imitó. También se inspiró en uno de sus amigos de la infancia, Peter Bootah Hessling, que acabó cometiendo un asesinato y fue condenado a muerte por ello. Le ejecutaron en la silla eléctrica el jueves 21 de julio de 1927. Esa noche, Cagney estaba actuando en una obra en Broadway. Se enteró de lo ocurrido al poco de terminar la representación, y, aunque hacía algún tiempo que había perdido el contacto con Hessling, al tomar ambos distintos caminos en la vida, lloró con amargura porque lo había apreciado de veras.

En el film Cagney tuvo ocasión de compartir cartel con Pat O´Brien, al que había conocido doce años antes y que sería su mejor amigo durante casi seis décadas, hasta la muerte de éste, en 1983. O´Brien era un ferviente republicano y Cagney un demócrata convencido, al que en la época tachaban de excesivamente liberal e incluso de filocomunista, aunque luego abrazaría posturas políticas más conservadoras. Las diferencias ideológicas no representaron ningún problema entre ellos, por lo que su firme y sincera amistad ha sido comparada a la que unió a James Stewart y Henry Fonda, conservador a ultranza el primero y acérrimo liberal el segundo, o a la del derechista Gary Cooper con el comunista Ernest Hemingway. O´Brien trabajaba para la Warner desde 1933. Dos años después de rodar ÁNGELES CON CARAS SUCIAS, cuando llegó el momento de renovar su contrato, Jack L. Warner rechazó las condiciones exigidas por O´Brien, así que el actor abandonó el Estudio.

Cuando William Wyler asumió la realización de la ya citada aquí CALLE SIN SALIDA, decidió que los muchachos conflictivos de la historia serían interpretados por los mismos actores jóvenes que les habían encarnado en los escenarios teatrales. El film devino en un éxito, de modo que Billy Halop, Bobby Jordan, Leo Gorcey, Gabriel Dell, Huntz Hall y Bernard Punsley alcanzaron una enorme popularidad. Los muchachos habían firmado un contrato con Samuel Goldwyn por dos años, pero, por lo visto, su comportamiento durante la filmación de CALLE SIN SALIDA había sido cualquier cosa, menos correcto. De hecho, Bogart había protestado ante Wyler y Goldwyn porque los chavales le habían tomado como blanco predilecto de sus bromas, algunas bastante pesadas. Según parece, tampoco Joel McCrea y Sylvia Sidney sentían mucho aprecio por la pandilla de jovenzuelos. Como temía que no iba a poder meterlos en cintura, el productor independiente cortó por lo sano, vendiéndole su contrato a Jack L. Warner. Bogart tuvo que volver a trabajar con los Dead End Kids en un film menor de la Warner, ESCUELA DE CRIMINALES (CRIME SCHOOL, Lewis Seiler, 1938), un drama social sobre los problemas de los internos en un reformatorio juvenil. Huelga decir que encontró la experiencia molesta e irritante. Por suerte, en ÁNGELES CON CARAS SUCIAS no tuve que compartir ninguna escena con esos gamberros, llegaría a decir.

Gorcey y sus compañeros volvieron a interpretar en ÁNGELES CON CARAS SUCIAS los mismos papeles característicos de CALLE SIN SALIDA. También dieron algún que otro problema, pero Curtiz, que sabía lo que había tenido que bregar Wyler con el grupito, no les consintió ninguna tontería, ingeniándoselas para controlarlos. Gorcey, que era el más chulito de ellos, y que en buena parte se interpretaba a sí mismo, se pasó algo de la raya con la estrella de la película. Cagney le bajó los humos con contundencia. En una escena en el sótano donde se reúne la pandilla, y que había sido el escondite de Rocky y Jerry en su juventud, Sullivan golpea a Bim en la nariz. El golpe, aunque no excesivamente fuerte, fue real y Gorcey aprendió por las malas a respetar a los que eran mejores que él. El joven actor siempre le guardó rencor a Cagney por haberle propinado aquella leche.

El rodaje se inició en junio de 1938 y, como era costumbre en el Estudio, se esperaba que éste fuera rápido, dos meses como mucho. Sin embargo, en su afán perfeccionista, Curtiz dedicó mucho tiempo a rodar las secuencias clave de la cinta, el épico enfrentamiento entre Rocky y la policía, y la ejecución del gánster, de modo que la filmación finalizó con un retraso de ocho días sobre el calendario de trabajo previsto. Según declararía Cagney tiempo después, el guión de Wexley y Duff, siendo bueno, distaba de ser perfecto. Esto obligó a los actores a improvisar algunas escenas.

Aunque hoy se supone que en el cine siempre se ha empleado munición de fogueo, lo cierto es que, en la época muda, cuando los trucajes estaban en mantillas, era frecuente recurrir a tiradores expertos para rodar determinadas secuencias. Esta práctica siguió utilizándose hasta bien entrada la década de 1940. Durante el rodaje de la película que le catapultó al estrellato, EL ENEMIGO PÚBLICO (THE PUBLIC ENEMY, William A. Wellman, 1931), Cagney estuvo a punto de resultar herido por la ráfaga de una metralleta Thompson. Algo muy parecido ocurrió durante la filmación del espectacular enfrentamiento de Rocky Sullivan con la policía. Cagney tenía que disparar sus revólveres (cargados con cartuchos sin bala) a través de una ventana, y en la escena siguiente dicha ventana tenía que ser acribillada a balazos con una Thompson por un tirador de élite que ya había intervenido en varias cintas de gánsteres. En vez de alejarse hacia un rincón seguro, el actor se limitó a apartarse de la ventana. Burke, el ametrallador profesional contratado por el Estudio, disparó una corta ráfaga a una orden de Curtiz. Cualquiera que conozca mínimamente el manejo de un arma de fuego, sabe que, por muy buen tirador que sea uno, no hay nadie infalible, y que en el momento en que la bala sale por el cañón, pierdes cualquier control sobre ella. Una de las balas disparadas por Burke golpeó el borde de acero de la ventana, rebotó y pasó muy cerca de la cabeza de James Cagney, que más tarde diría que había vuelto a nacer. No resulta extraño, por tanto, que aparezca tenso, nervioso y sudoroso en la dilatada secuencia, que, seguramente, era lo que pretendía Curtiz. Esta experiencia, y la que vivió en EL ENEMIGO PÚBLICO, le convencieron de que no era buena idea emplear munición real en los rodajes cinematográficos.

Camino a ninguna parte
Camino a ninguna parte

Las secuencias finales se rodaron en una réplica, casi exacta, de la sección que se conocía como La casa de la muerte del penal de Sing Sing, diseñada para el film por el arquitecto Lewis Pilcher. Las poderosas escenas finales siguen despertando controversia entre los cinéfilos, pues, a pesar de los sugerentes primeros planos del padre Connolly­, no queda claro si Rocky finge o realmente está aterrado ante la inminencia de su muerte. Preguntado al respecto, Cagney respondió que había interpretado esas escenas con deliberada ambigüedad, para que los espectadores pudieran formarse su propia opinión, eligiendo el final que mejor casara con sus convicciones.

ÁNGELES CON CARAS SUCIAS se estrenó el sábado 26 de noviembre de 1938, curiosamente no en Los Ángeles o Nueva York, como era habitual en el cine de la época, sino en el Majestic Theatre de Reno, Nevada, la ciudad más importante de ese Estado después de Las Vegas, y, como ésta, una capital del juego. Una semana más tarde, se distribuyó por todo el país, convirtiéndose de inmediato en uno de los títulos más taquilleros de ese año. Las críticas fueron, en general, muy positivas. De hecho, varios críticos señalaron que este film significaba un punto de inflexión en la carrera de James Cagney, siendo, posiblemente, su mejor interpretación hasta entonces. Claro que también hubo algún imbécil que, como Hobe Morrison, de la revista Variety, calificó su historia de previsible y su final de insoportable cursilada. El paso del tiempo ha puesto a cada uno en su sitio, y mientras que sólo los cinéfilos nos acordamos de las idioteces vertidas por el supuesto especialista en cine Morrison, ÁNGELES CON CARAS SUCIAS está hoy considerada, unánimemente, como una de las mejores películas de gánsteres jamás rodadas, y uno de los mejores films del Hollywood clásico. En 2008 fue seleccionada como una de las cien películas más importantes de la historia por el American Film Institute.

El mismo año se estrenó ROBIN DE LOS BOSQUES (THE ADVENTURES OF ROBIN HOOD, Michael Curtiz / William Keighley), superproducción en Technicolor de tres bandas, que costó más de dos millones de dólares y tuvo un éxito apabullante, superior incluso al de ÁNGELES CON CARAS SUCIAS. Es poco conocido que James Cagney había sido elegido por Jack L. Warner para encarnar al mítico arquero del bosque de Sherwood, pero el actor, como se ha dicho, dejó Warner Brothers por cuestiones de dinero. Estaba previsto que esta épica historia, considerada la mejor película de aventuras de todos los tiempos, empezara a rodarse en 1936. Los problemas de todo tipo que generaba una superproducción semejante obligaron a posponer su rodaje hasta 1938, año que, financieramente hablando, prometía ser uno de los peores en la historia de los Estudios propiedad de los hermanos Warner. Los taquillazos que representaron ROBIN DE LOS BOSQUES y ÁNGELES CON CARAS SUCIAS salvaron la facturación de la Warner para ese año fiscal.

En la 11ª edición de los Oscars, celebrada el jueves 23 de febrero de 1939 en el Biltmore Hotel de Los Ángeles, California, ÁNGELES CON CARAS SUCIAS compitió en las categorías de mejor dirección (Michael Curtiz), actor principal (James Cagney) y argumento original (Rowland Brown). No consiguió ninguno de los premios. Curtiz hizo doblete, pues también fue nominado como mejor director por CUATRO HIJAS (FOUR DAUGHTERS), un drama romántico basado en una novela de Fannie Hurst. El galardón se lo llevó, con todo merecimiento, Frank Capra por su maravillosa VIVE COMO QUIERAS (YOU CAN´T TAKE IT WITH YOU).

Debe señalarse que, en algunos estados de la Unión, el film se exhibió con varios cortes decretados por las pacatas autoridades políticas, que se lo hacían encima por quedar bien con los estamentos religiosos más fundamentalistas. Peor suerte corrió ÁNGELES CON CARAS SUCIAS en la culta Europa, que por aquel entonces se encaminaba hacia la guerra. En Suiza, Polonia y Francia fue prohibida, no se sabe muy bien por qué. Pero en las dos últimas naciones mencionadas esto se debió, probablemente, a las presiones de la Iglesia Católica, que no estaba dispuesta a aceptar que un sacerdote fuera amigo de un asesino como Rocky Sullivan.

Al igual que otras películas de éxito, ÁNGELES CON CARAS SUCIAS tuvo sus versiones radiofónicas. El lunes 22 de mayo de 1939, el Lux Radio Theatre emitió una adaptación en la que Cagney y O´Brien retomaban sus papeles del film. El programa Philip Morris Playhouse radió una nueva versión el viernes 19 de septiembre de 1941, siendo la estrella más conocida del reparto Sylvia Sidney, que interpretaba a Laury.

El impacto social de ÁNGELES CON CARAS SUCIAS fue de tal envergadura, que durante muchos años hubo un bar neoyorkino cuyo nombre era Rocky Sullivan´s Pub, en honor al personaje de Cagney en la película.

El mejor film de gánsteres de todos los tiempos

Cagney, Bancroft y Bogart
Cagney, Bancroft y Bogart

La historia de dos amigos que, por avatares del destino, acaban en lados opuestos de la ley ya había sido tratada en varias ocasiones por Hollywood, no hay más que recordar EL ENEMIGO PÚBLICO NÚMERO UNO (MANHATTAN MELODRAMA, W. S. Van Dyke, 1934), o la varias veces mencionada aquí CALLE SIN SALIDA. Pero ÁNGELES CON CARAS SUCIAS es superior a ellas por el cuidado estudio de los personajes principales que ofrece Curtiz.

No se trata de una típica historia de buenos y malos. Rocky puede ser un delincuente, pero en el primer tercio del film queda claro que las circunstancias sociales han influido de forma decisiva en su trayectoria vital. Los Reformatorios eran, en la práctica, auténticas escuelas del crimen, donde comenzaban a forjarse los delincuentes del mañana, bajo la nefasta influencia de unos jóvenes irremediablemente maleados, por culpa de un sistema legal que castigaba con penas desproporcionadas simples hurtos, incluso en grado de tentativa, como le ocurre a Rocky. Por tanto, el film tiene un innegable componente de denuncia social, explicitado en sus primeras y poderosas imágenes, que muestran el hacinamiento y la pobreza absoluta características de ciertos barrios marginales neoyorkinos, en cuyas calles se criaron, a salto de mata, Rocky y Jerry.

Los apuntes críticos de la película están convenientemente matizados, sin duda para evitarse problemas con la omnipresente censura. Pero, fiel al estilo semi documentalista de los films policiacos que producía la Warner en los 30, Curtiz no duda en hacer hincapié en la corrupción imperante en todos los niveles de la sociedad, a través de las libretas con nombres de personalidades de la política, los negocios y la judicatura comprados por Mac Keefer, y que Rocky se apropia cuando desvalija la caja fuerte de Frazier.

ÁNGELES CON CARAS SUCIAS es un extraordinario film noir de la primera etapa del irrepetible movimiento cinematográfico; pero, por encima de cualquier otra consideración, es una película sobre la inquebrantable amistad de dos hombres que, pese a que los derroteros de la vida les han hecho tomar caminos muy distintos, se quieren y respetan profundamente, sin importar las circunstancias personales de cada uno. Jerry sabe que Rocky es un gánster, que incluso tiene algún homicidio en su conciencia, pero en ningún momento le sermonea por ello. Sólo parece ponerse en su contra cuando decide emprender una campaña contra los mafiosos que controlan y corrompen la ciudad, a los que Rocky se ha unido, pero incluso entonces expresa su cariño y amistad hacia el hombre que es para él como un hermano. Por su parte, Rocky reacciona ante las pretensiones de Jerry como podría esperarse de un gánster curtido, pero, aunque parezca furioso, en realidad es más una pose que otra cosa. Cuando se carga a Mac Keefer y a Frazier, no lo hace porque piensen traicionarle a él, sino porque planean el asesinato de su mejor amigo.

La puesta en imágenes de Curtiz es soberbia, a lo que contribuye la excelente fotografía en B/N de Sol Polito, con cuidadosos y artísticos picados y contrapicados, realzados por una iluminación casi impresionista. El fascinante primer plano de Rocky, cuando se dirige a la cámara de ejecución, es uno de los más vigorosos y aterradores del cine clásico.

Cruda, oscura y muy realista, ÁNGELES CON CARAS SUCIAS es uno de los mejores trabajos de Michael Curtiz, un director todo terreno, capaz de desenvolverse con soltura en cualquier género, obteniendo siempre resultados muy notables. Como cinéfilo irreductible, lo único que lamento es que este genial realizador nunca escribiera su autobiografía, ni dejara por escrito su filosofía cinematográfica y sus impresiones sobre el Hollywood clásico en el que desarrolló su carrera.

© Antonio Quintana Carrandi,
(3.442 palabras) Créditos