TIERRA FRÍA
TIERRA FRÍA Sarah Moss
Título original: Cold Earth
Año de publicación: 2013
Editorial: Duomo
Colección: Nefelibata
Traducción: Francisco García Lorenzana
Edición: 2010
Páginas: 230
ISBN:
Precio: Descatalogado

Fantasmagoría suave donde el horror se abre paso desde el pasado

Sarah Moss ha sido profesora de inglés y de literatura americana en la universidad de Kent, de la cual recordaremos que participó en el movimiento anti-guerra vietnamita, como botón de muestra este fragmento de Hipertextual: en mayo de 1970 con el auge de la oposición, agravado por los planes de reclutamiento por sorteo, los campus universitarios de todo el país hervían de estudiantes y profesores que estaban en contra de la participación en el conflicto, y el descontento estalló en una serie de protestas de costa a costa que fue calificada por la revista Time como una huelga estudiantil a lo largo de la nación. Y la Universidad Estatal de Kent no iba a ser menos.

En la actualidad es profesora de Escritura Creativa en la Universidad de Warwick, uno de cuyos estudios indica que las personas con mayor coeficiente intelectual, escuchan Heavy Metal como una forma de superar emociones negativas y afrontar retos académicos. Según la investigación, las personas que admitieron escuchar Heavy Metal puntuaron más alto en una prueba de inteligencia, esta inserción va porque al leer la novela uno cree escuchar una tonadilla algo barroca.

El texto se presenta recurriendo a un método surrealista, algo sí como un diálogo interior que recoge las minucias de la vida en pareja de los protagonistas, que filtra los acontecimientos como un informe académico y a través de la misma llega a palparse el temor ante los peligros de una epidemia, o ante la presencia de fantasmas; señalando de paso que la novela es anterior al Covid19, a una década de distancia rescatamos su capacidad prospectiva, y sin embargo resuenan sus espesas melodías como ejecutadas por una horrorosa orquesta a lo Beksinski (pintor polaco que extrae belleza de la putrefacción, la decadencia, la destrucción y erosión y la muerte, mediante escenas de pesadilla, paisajes postapocalípticos, urbes en desintegración y cuerpos pútridos), que se conecta con los restos biológicos desenterrados y embalados para ser auscultados con detalle en la institución que financia la expedición.

La estructura es sencilla, un capítulo testimonial para cada uno de los seis integrantes del equipo de investigación y quien abre cierra, y así siendo una canción a seis voces hay sin embargo una (esa que evalúa y sintetiza corriendo por debajo del tapiz de relaciones del grupo y que enlaza a las otras), y así cada tramo de cada cual avanza temporalmente sobre lo anterior redactado para redimensionar tanto lo acontecido como lo soñado agregando sus especificidades.

Los tres hombres encabezados por Ianni, repleto de autosuficiencia y agresividad (el recuento de sus actos durante el asesinato son una muestra tremenda de su recurrencia a la violencia), Jim con su tendencia a navegar por realidades alternativas y su preocupación por estar conectado a su familia y la civilización global y Ben con su practicidad resignada y su defensa de la solidaridad, ofrecen un mural de inquietudes normativas y desazones eruditas, poseen menos sustancia y provocan menos impactos.

En cuanto a las tres mujeres, cada una tiene la cabeza peor que la otra, aunque su inmersión en la realidad envolvente de la costa de Groenlandia se aproxima de diferentes maneras al material de la realidad, gélido y desolado.

En el caso de Ruth tras sus rituales de belleza esconde alucinaciones donde se ve ordenando los huesos marrones de su amado quemado en un accidente,.

En el de Nina mediante la áspera y confusa imbricación de su estilo profesoral con pesadillas urbanas y pavores locales que horadan el tiempo recogiendo con frecuencia la frase de Nietszche: si miras fijamente al abismo, el abismo te devuelve la mirada ; aparece el Wendigo de la mitología lovecraftiana y se dedica minuciosa y evocadora a las imágenes de la comunidad desaparecida que elabora con cierto empatía en sus delirios alucinados del duermevela (sus capítulos o cartas son más largas por deformación profesional, es profesora de literatura).

Y en el de Catriona artista y pintora, perseguida por los poltergeist rememorando y que va remezclando la mixtura que logra entre pensamiento-mundo onírico y pensamiento-dimensión mágica en una forma de pensamiento transformador que plasma en sus cuadros (Ogden, Thomas & Muszkat, Susana: Sobre tres formas de pensar: el pensamiento mágico, el pensamiento onírico y el pensamiento transformador).

Nos inquietamos ante el preciso ritmo demoledor de seguridades y pespunteado de leves amenazas que gotean desde las conversaciones y observaciones del grupo enfriando cada vez el paisaje mental que compartimos con los protagonistas, lectura intensa potenciada por zozobras y visiones donde el horror se va imponiendo con sutileza pero con convicción y el canibalismo, las pescas con calcetines, la cacería de focas con varillas de teepe, las combinaciones de golosinas con mayor cantidad de glucosa y los ensueños gastronómicos se prodigan como marco prospectivo mientras acucia el hambre y se instala el miedo.

El aislamiento que entregaba garantías sobre la labor arqueológica a realizar se convertirá en una condena de muerte cuando fallan los mecanismos de extracción del ya que no poseen medios de transporte ni manera de viajar, ni te vienen a buscar, ni manejas reservas de alimentos para sobrevivir al invierno. Sufren de asfixia al aire libre presionados entre el misterio de la comunidad exterminada y las resonancias que llegan desde el exterior con el peligro de una pandemia como una espada sobre sus cabezas.

Para más inri no tienen conexión a internet y parece que una plaga apocalíptica se ha desencadenado segando la vida en cada país del planeta, más desconectados de la realidad cotidiana no pueden hallarse.

A medida que el frío rellena los espacios, los fantasmas de los habitantes de las tumbas empiezan a perturbar a los arqueólogos y afectarlos de distintas maneras, pero cuando el efecto empieza a ser aceptado por el grupo se produce un viraje y culmina la peripecia con una especie de síntesis que tiene mucho de consejos gastronómicos, por aquello del hambre que los acosaba y quizás recordar las porquerías que tragarían para mantenerse viables hasta su rescate y retorno.

Su final penetrado de desorden provoca aturdimiento y genera desorientación, convirtiéndose en una molestia ya que uno desearía mayor claridad en el devenir vital de los sobrevivientes, no obstante, el balance de la obra continúa siendo positivo y recomendable.


Notas
© Luis Antonio Bolaños de la Cruz,
(1.042 palabras) Créditos