EL MILAGRO DE LA CALLE 34
EL MILAGRO DE LA CALLE 34 EE. UU., 1947
Título original: Miracle On 34th Street
Dirección: George Seaton
Guión: George Seaton, historia de Valentine Davies
Producción: William Pelberg para 20th Century Fox
Música: Cyril J. Mockridge, dirección musical de Alfred Newman
Fotografía: Lloyd Ahern, Charles G. Clarke
Duración: 96 min.
IMDb:
Reparto: Maureen O´Hara (Doris Walker); John Payne (Fred Gailey); Edmund Gwenn (Kris Kringle); Natalie Wood (Susan Walker); Gene Lockhart (juez Henry X. Harper); Porter Hall (Granville Sawyer); William Frawley (Charlie Halloran); Jerome Cowan (fiscal Thomas Mara); Philip Tonge (Julian Shellhammer); Harry Antrim (R. H. Macy); Alvin Greenman (Alfred); James Seay (Dr. Pierce); William Forrest (Dr. Rogers); Herbert Hayes (Sr. Gimbel); Lela Bliss (Sra. Shellhammer); Jane Green (Sra. Harper); Robert Hyatt (Tommie Mara); Jean O´Donnell (Srta. Adams); Patty Smith (Alice); Alvin Hammer (George); Theresa Harris (Cleo); Anthony Sydes (Peter); Guy Thomajan (Lou); Marlene Lyden (niña holandesa); Mary Field (madre adoptiva de la niña holandesa); Thelma Ritter (madre de Peter); Ann Staunton (Sra. Mara); Irene Shirley (secretaria de R. H. Macy); Anne O´Neal (secretaria de Sawyer); Percy Helton (Santa Claus borracho)

Sinopsis

Doris Walker trabaja para los almacenes Macy´s de Nueva York, siendo la encargada de organizar el popular desfile de Acción de Gracias patrocinado por esa empresa, y que marca el inicio de la temporada navideña. Cuando el desfile está a punto de comenzar, descubre que el actor que debe encarnar a Santa Claus está ebrio. Por suerte, el simpático viejecito que le avisó del lamentable estado del hombre se presta a interpretar el papel en la cabalgata, obteniendo un considerable éxito con su simpatía personal y su alegría navideña. Esto determina que, concluido el desfile, los almacenes le contraten para ser su Santa Claus durante toda la campaña de Navidad. No obstante, cuando descubre que el anciano se cree el auténtico Kris Kringle, Doris está a punto de despedirle, pero ciertas circunstancias hacen que tenga que contratarlo otra vez.

Al mismo tiempo, el abogado Fred Gailey, vecino de Doris y románticamente interesado por ella, entabla amistad con la pequeña hija de ésta, Susan, descubriendo que su madre la ha educado de una forma muy especial, para que no crea en Santa Claus ni en cosas semejantes. Mientras tanto, Kris tiene un altercado con el señor Sawyer, psicólogo de Macy´s, que consigue que le encierren en un sanatorio. Tras visitar al anciano, Gailey decide impulsar una vista judicial para ayudar a Kris, ejerciendo también su representación legal y renunciando a su trabajo en un prestigioso bufete. Cuando el abogado decide demostrar que Kris es realmente Santa Claus, Doris, que se ha enamorado de él, se muestra contrariada por lo que considera una locura. La evolución del proceso y la determinación de Gailey harán recapacitar a Doris, que acabará no sólo por creer en Santa Claus y procurar inculcarle esa creencia a Susan, sino también por admitir la posibilidad de que Kris Kringle sea el único y auténtico Santa Claus.

Para Montse.

La Navidad ha estado presente en el cine desde que, a finales del siglo XIX, Thomas Alva Edison realizara una película sobre la visita de Santa Claus a un hogar estadounidense. Pero sería a partir de UN CUENTO DE NAVIDAD (A CHRISTMAS CAROL, Edwind L. Marin, 1938), correcta adaptación de la inmortal obra de Charles Dickens, cuando empezarían a menudear las películas de temática navideña. La eclosión del cine navideño propiamente dicho se produjo en la década siguiente, con títulos tan interesantes como RECUERDO DE UNA NOCHE (REMEMBER THE NIGHT, Mitchel Leisen, 1940); DULCE EVOCACIÓN (BEYOND TOMORROW, A. Edward Sutherland, 1940); TE VOLVERÉ A VER (I´LL BE SEEING YOU, William Dieterle / George Cukor, 1944) o CENA DE NAVIDAD (CHRISTMAS IN CONNECTICUT, Peter Godfrey, 1945), por citar sólo los más destacados.

El film navideño por excelencia, el que emiten con preferencia todas las cadenas de televisión cada Navidad desde hace décadas, es ¡QUÉ BELLO ES VIVIR! (IT´S A WONDERFULL LIFE, Frank Capra, 1946). Sin embargo, en el momento de su estreno en USA esta película no funcionó como esperaba su director. No fue, ni mucho menos, un fracaso de taquilla, como han apuntado varios indocumentados, entre ellos no pocos que se las dan de críticos de cine. Pero tuvo que competir con otras producciones supuestamente más serias, lo que jugó en su contra. Por otra parte, fue una producción muy costosa, que tardó bastante en rentabilizar su inversión y en generar beneficios estimables. No obstante, sus reposiciones durante los años 50, siempre durante las vacaciones de Navidad, y su posterior emisión televisiva, acabarían convirtiéndola en todo un clásico no sólo navideño, sino también cinematográfico. Frank Capra siempre dijo que era su mejor película, y que se la proyectaba cada Navidad a su familia. De la misma opinión era James Stewart, quien, para pasmo de la crítica, aseguraba que se trataba del mejor trabajo de su carrera, no dudando en situarlo muy por encima de los títulos que había protagonizado a las órdenes de Alfred Hitchcock o Anthony Mann.

Los años 40 fueron, quizá, la mejor época de 20th Century Fox, los Estudios dirigidos con mano de hierro por el legendario Darryl F. Zanuck. En esa década la Fox contaba con una espléndida nómina de directores, que dieron al acervo cinematográfico obras tan imperecederas como LAURA (Ídem, Otto Preminger, 1944); EL CALLEJÓN DE LAS ALMAS PERDIDAS (NIGHTMARE ALLEY, Edmund Goulding, 1947); EL JUSTICIERO (BOOMERANG! Elia Kazan, 1947); EL BESO DE LA MUERTE (KISS OF DEATH, Henry Hathaway, 1947); LA BARRERA INVISIBLE (GENTLEMAN ´S AGREEMENT, Elia Kazan, 1947); AMBICIOSA (FOREVER AMBAR, Otto Preminger, 1947) o EL FANTASMA Y LA SEÑORA MUIR (THE GHOST AND Mrs. MUIR, Joseph L. Mankiewicz, 1947). No es casual que, salvo la honrosa excepción de la sin igual LAURA, una de las cintas más mágicas de la historia del cine, todos los títulos citados se estrenaran en 1947, que fue el mejor año de la década para 20th Century Fox.

EL MILAGRO DE LA CALLE 34 se basa en una historia escrita por Valentine Davies (1905-1961). Fue William Pelberg, productor que por entonces velaba armas en el seno de la Fox, quien presentó el proyecto a Zanuck. Darryl, temiendo que aquello pudiera resultar un fiasco, como en principio parecía haber ocurrido con ¡QUÉ BELLO ES VIVIR! no parecía muy entusiasmado con producir una cinta navideña. Pelberg, inasequible al desaliento, había obtenido el apoyo de varios ejecutivos del Estudio, que aconsejaron a Zanuck producir la película, porque tenía todas las papeletas para convertirse en un éxito. A regañadientes, el jefazo de la Fox dio su visto bueno al proyecto, pero, curándose en salud, redujo sustancialmente el presupuesto estimado inicialmente por Pelberg. De modo que la cinta acabaría costando poco más de un tercio de lo que Capra había invertido en ¡QUÉ BELLO ES VIVIR!

Davies había reescrito su en principio esquemática historia, convirtiéndola en una novela larga, que cuando fue publicada se convirtió en un Best Seller. Su amigo George Seaton, que sería designado por la Fox para dirigir la película, elaboró diversos borradores a partir de ese texto, pues también iba a ocuparse de guionizar el film. Mientras Seaton perfilaba el guión definitivo, varios departamentos del Estudio colaboraban en el diseño de producción. Se decidió que, además del rodaje en decorados, algunas secuencias se filmarían en escenarios neoyorkinos reales, para conferirle más verosimilitud al relato. La Fox consiguió la colaboración de Macy´s Department Store, que se avino a permitir la filmación en su sede principal, situada entre las calles 34 y 151 Oeste. Otras localizaciones reales neoyorkinas que pueden verse en la película son Madison Avenue y Port Washington. EL MILAGRO DE LA CALLE 34 fue así una de las primeras películas rodadas en parte a pie de calle, favoreciendo de este modo una corriente de pensamiento entre los productores y realizadores del Estudio, según la cual las cámaras debían salir con más frecuencia al exterior, y no quedarse recluidas en los platós de filmación. Quienes más partido sacarían a esta premisa, al menos en el seno de la Fox, serían Elia Kazan y Henry Hathaway.

Edmund Gwenn con la jovencísima Natalie Wood
Edmund Gwenn con la jovencísima Natalie Wood

La confección del reparto no generó ningún problema destacable. Maureen O´Hara había demostrado con creces su valía en títulos como ESMERALDA LA ZÍNGARA (THE HUNCHBACK OF NOTRE DAME, William Dieterle, 1939) y ¡QUÉ VERDE ERA MI VALLE! (HOW GREEN WAS MY VALLEY, John Ford, 1941). John Payne era un rostro habitual de las comedias y musicales de la Fox, destacando también en el Western y el Cine Negro. El rol de la pequeña Susan recayó en Natalie Wood, de ocho años de edad por aquel entonces, que se dio a conocer con esta película. Un detalle curioso es que la actriz infantil, en una sorprendente muestra de precocidad laboral, compaginó los rodajes de EL FANTASMA Y LA SEÑORA MUIR y EL MILAGRO DE LA CALLE 34, trabajando en el primero por las mañanas y dedicando las tardes al segundo.

El personaje de Kris Kringle había sido escrito para el actor sudafricano Cecil Kellaway, descubierto para el cine estadounidense por William Wyler en CUMBRES BORRASCOSAS (WUTHERING HEIGHTS, 1939). Por las razones que fuesen, la Fox decidió que el estilo interpretativo del británico Edmund Gwen, que se llamaba en realidad Edmund Kellaway y era primo de Cecil, se adecuaba mejor al papel.

El fiscal del distrito, Thomas Mara, fue interpretado por Jerome Cowan, un actor de carácter descubierto por el productor independiente Samuel Goldwyn. No muy conocido por el gran público, puede vérsele en EL HALCÓN MALTÉS (THE MALTESE FALCON, John Huston, 1941), EL ÚLTIMO REFUGIO (HIGH SIERRA, Raoul Walsh, 1941) y en varios títulos de enjundia y numerosas producciones menores, ya que intervino en casi un centenar de películas, además de aparecer con frecuencia en series de televisión. Su trabajo en la cinta de Seaton es el más recordado de su carrera. Siguiendo las indicaciones del director, construyó su personaje inspirándose en la figura de Thomas E. Dewey, abogado, fiscal del distrito de Nueva York, gobernador del Estado y aspirante a la presidencia de Estados Unidos en dos ocasiones. Dewey fue uno de los personajes públicos mejor valorados por los estadounidenses por su acendrada defensa de los valores tradicionales norteamericanos, su acrisolada honradez y su decidida lucha contra la Mafia. Él fue quien consiguió procesar y condenar a Charles Lucky Luciano, posiblemente el mafioso más importante de la historia.

EL MILAGRO DE LA CALLE 34 encierra un auténtico regalo para los cinéfilos: la primera aparición en el cine de la gran Thelma Ritter. A pesar de que está menos de cinco minutos en pantalla y no figura en los créditos, consiguió impresionar favorablemente a los espectadores como la perpleja madre de Peter, a la que Kris recomienda que adquiera el regalo para su hijo en Gimbel´s, el principal competidor de Macy´s. Esta escena, y otra más corta con el señor Shellhammer, donde el personaje expresa su agradecimiento al ejecutivo, llamaron la atención de algunas personalidades importantes del Estudio. Entre ellas, Joseph L. Mankiewicz, que exigió la presencia de la actriz en CARTA A TRES ESPOSAS (A LETTER THREE WIVES, 1949), una de las mejores comedias románticas del mítico director. Volvería a llamarla para EVA AL DESNUDO (ALL ABOUT EVE, 1950), film donde su encarnación de Birdie creó escuela. A partir de ese momento, Thelma Ritter pasaría a ser una de las secundarias más solicitadas de la industria, pues, con su fuerte acento de Brooklyn y su desparpajo natural, era la intérprete ideal para dar vida a mujeres de mediana edad, que ya estaban un poco de vuelta de todo. Se adaptaba a la perfección a cualquier género, lo que le valdría nada menos que seis nominaciones al Oscar a la mejor actriz secundaria. Nunca lo obtuvo, lo que demuestra que, como he defendido en numerosas ocasiones, a veces la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood era muy injusta en sus decisiones, al marginar a profesionales que, como la entrañable Thelma, habrían merecido un reconocimiento por su extraordinaria labor.

El personaje negativo es el doctor Granville Sawyer, interpretado por Porter Hall, secundario especializado en roles de villano o en personajes cómicos incompetentes. Aunque apareció en películas tan estimables como EL BOSQUE PETRIFICADO (THE PETRIFIED FOREST, Archie Mayo, 1936); LA TRAGEDIA DE LOUIS PASTEUR (THE STORY OF LOUIS PASTEUR, William Dieterle, 1936); EL GENERAL MURIÓ AL AMANECER (THE GENERAL DIED AT DAWN, Lewis Milestone, 1936); DEJAD PASO AL MAÑANA (MAKE WAY FOR TOMORROW, Leo McCarey, 1937); ALMAS EN EL MAR (SOULS AT SEA, Henry Hathaway, 1937) o CABALLERO SIN ESPADA (Mr. SMITH GOES TO WASHINGTON, Frank Capra, 1939), el gran público le recuerda principalmente por su encarnación del repulsivo, malévolo y cargante psicólogo de EL MILAGRO DE LA CALLE 34.

El rodaje fue como la seda. Aparte de la sustitución del director de fotografía elegido en principio, Charles G. Clarke, responsable de menos de un tercio del metraje, por Lloyd Ahern, el único incidente digno de mención durante el mismo fue la sobrecarga del sistema eléctrico de Macy´s Department Store, que se reveló insuficiente para las necesidades del equipo de producción. La Fox envió a sus propios técnicos a los grandes almacenes, para instalar equipos eléctricos adicionales con sus correspondientes sistemas de seguridad, a fin de garantizar la iluminación necesaria para la película.

La cinta había empezado a filmarse en noviembre de 1946. El invierno de ese año fue uno de los más gélidos que se recordaban en la Gran Manzana. Las secuencias del desfile del Día de Acción de Gracias, patrocinado por los grandes almacenes Macy´s, se rodaron en vivo y el equipo de filmación tuvo que esforzarse al máximo para conseguir las tomas requeridas por el director, que fueron rodadas simultáneamente con nada menos que nueve cámaras por el asistente de dirección, Arthur Jacobson. Edmund Gwen, Mauren O´Hara y Philip Tonge estaban ateridos de frío. La actriz recordaría años más tarde, en sus memorias, cuánto envidiaban a la pequeña Natalie Wood y a John Payne, que estaban contemplando el desfile desde la ventana de un apartamento cercano, bien calentitos.

Maureen O´Hara decidió aprovechar la ocasión para realizar sus compras navideñas en Macy´s. Como el rodaje había levantado cierta expectación en la ciudad, pidió a Jacobson que le proporcionara escolta policial, pues temía que la gente la reconociera y la acosara. Jacobson le respondió: Conozco bien a los neoyorkinos, porque soy uno de ellos. No te preocupes, no te prestarán atención. Eso sí: no te pongas un pañuelo en la cabeza ni gafas oscuras. Simplemente, actúa con naturalidad y nadie se fijará dos veces en ti. Aunque parezca sorprendente, y según cuenta la actriz en sus memorias, eso fue lo que ocurrió.

Siendo el personaje de Santa Claus la seña distintiva del film, la lógica dictaba que la cinta funcionaría mejor en taquilla durante las vacaciones de Navidad. Pero Zanuck, que nunca había creído demasiado en ella, decidió estrenarla en primavera, argumentando que la gente era más propensa a ir al cine en un clima cálido. De hecho, se procuró ocultar el cariz navideño de su historia. El tráiler original de la película omitía cualquier referencia a la Navidad. Se limitaba a mostrar a un productor ficticio deambulando por los Estudios Fox, tropezándose con estrellas como Anne Baxter o Rex Harrison y ensalzando ante ellos las virtudes de la cinta. Los carteles originales del film también fueron cuidadosamente realizados, para que mostraran en primer plano a la pareja protagonista, relegando a Edmund Gwen al fondo de la imagen. Esto provocó que muchísimos espectadores acudieran al cine creyendo que iban a ver una típica y tópica comedia romántica, y no una película tan cargada de espíritu navideño.

EL MILAGRO DE LA CALLE 34 llegó a las carteleras de Los Ángeles el viernes 2 de mayo de 1947, siendo estrenada en Nueva York el miércoles 11 de junio del mismo año. Muchos en la Fox creían que estrenar una película navideña a las puertas del verano era una locura, y algunos pensaban que la campaña publicitaria ideada por Zanuck, caracterizada por la supresión de toda referencia a su contenido navideño, provocaría el rechazo del público, una vez que éste hubiera visto de qué iba la cosa. Pero sucedió exactamente lo contrario: EL MILAGRO DE LA CALLE 34 obtuvo un enorme éxito, e incluso la mayor parte de la crítica la alabó. Para no variar, los meapilas de la Catholic Legion of Decency (Legión Católica de la Decencia, el nombrecito lo dice todo) definieron a la película como moralmente objetable, ya que la protagonizaba una mujer divorciada, que, según los estúpidos criterios de la beatería estulta y tarada de entonces, estaba en pecado. Huelga decir que estas imbecilidades no preocuparon en absoluto al gran público, que disfrutó de la inteligente, original y sensible historia que narraba el film.

Un efecto colateral de la película fue la fabulosa publicidad que obtuvieron los almacenes Macy´s, que en las navidades de 1947 triplicaron sus ventas gracias a la popularidad alcanzada por EL MILAGRO DE LA CALLE 34. Las direcciones de los también neoyorkinos e importantísimos almacenes Gimbel´s y Bloomingdale, felicitaron públicamente a Macy´s por el tremendo espaldarazo publicitario conseguido con el film.

Visto el apoteósico triunfo de la cinta, 20th Century Fox optó por presentarla a la carrera de los Oscars. EL MILAGRO DE LA CALLE 34 compitió en los apartados de mejor película, actor secundario (Edmund Gwen), argumento (Valentine Davies) y guión (George Seaton). Salvo el primero de los mencionados, obtuvo todos los premios. La ceremonia se celebró el sábado 20 de marzo de 1948, en el Shrine Auditorium de Los Ángeles, California, siendo presentada por Agnes Moorehead y Dick Powell.

La película se estrenó en España bajo el título DE ILUSIÓN TAMBIÉN SE VIVE. Su primera proyección en nuestro país fue en Barcelona, el viernes 11 de noviembre de 1949. A Madrid llegaría el lunes 16 de enero de 1950. Tuvo una cálida acogida por parte del público, cosechando también excelentes críticas.

El mejor Santa Claus de la historia del cine

¿Santa Claus? ¿Si? ¿No?
¿Santa Claus? ¿Si? ¿No?

El rol de Santa Claus, también conocido como Papá Noel, ha sido interpretado a lo largo de las décadas por muchos actores. Pero los cinéfilos asociamos su nombre de inmediato con el rostro de Edmund Gwen, porque ningún otro ha conseguido una identificación tan completa y profunda con el personaje. En cierto sentido, es como si el formidable actor británico hubiera nacido para encarnar el genuino espíritu navideño.

La película juega con la ambigüedad, porque, a pesar de que el tribunal supremo del Estado de Nueva York falle a su favor, no acaba de quedar claro si Kris Kringle es realmente Santa Claus o sólo un adorable anciano de buen corazón. Sólo en la escena final parece sugerirse que, posiblemente, fuera el verdadero Santa Claus, lo que deja no poco perplejo a Fred Gailey.

Si bien la película se decanta por un claro tono humanista, explicitado en la reivindicación de esas cosas intangibles como la fe, la esperanza y la ilusión que, en palabras de Fred Gailey, dan sentido a la vida y se contraponen al frío y árido pragmatismo, también defiende, en cierta forma, el modo de vida americano y la sociedad capitalista de su tiempo. Aunque el personaje de Alfred critique abiertamente la mercantilización de la Navidad, más adelante vemos como Charlie Halloran, amigo y agente del juez Harper, advierte a éste de lo que puede ocurrir si opta por fallar que Santa Claus no existe ni ha existido nunca. Halloran enumera ciertos negocios y actividades comerciales que se resentirían de algo así, causando un grave perjuicio económico a miles de personas. Y añade que, si Harper insiste en su postura, no podrá conseguir que sea reelegido

A pesar de lo señalado en el párrafo anterior, el film transita por el sendero de la ternura y de la amabilidad, centrándose en la denodada lucha de Fred Gailey para que Kris sea reconocido como el auténtico y único Santa Claus. Y no porque crea que lo es, sino porque negar la existencia de un Santa Claus sería como negar la razón de ser de la Navidad misma, privando así a la humanidad del mágico espíritu de esta época maravillosa, y haciendo del mundo un lugar mucho más triste.

En 1994, cuarenta y siete años después del estreno de esta entrañable cinta, 20th Century Fox produjo un remake titulado en español MILAGRO EN LA CIUDAD (MIRACLE ON 34th STREET, Les Mayfield), cuyo éxito fue similar al de su ilustre predecesora.

Clásico navideño incombustible, apreciado por generaciones de espectadores, EL MILAGRO DE LA CALLE 34 está al mismo nivel que la varias veces citada aquí ¡QUÉ BELLO ES VIVIR! y también de LA MUJER DEL OBISPO, estrenada el mismo año, a la que dedicaré un próximo trabajo.


Notas

En los Estados Unidos, prácticamente todos los cargos públicos, incluidos los de juez y fiscal, son electos. N del A.

© Antonio Quintana Carrandi,
(2.978 palabras) Créditos