LA CARTA
LA CARTA EE. UU., 1940
Título original: The Letter
Dirección: William Wyler
Guión: Howard Koch sobre la novela de W. Somerset Maugham
Producción: Hal B. Wallis para Warner Bros
Música: Max Steiner
Fotografía: Gaetano Gaudio
Duración: 95 min.
IMDb:
Reparto: Bette Davis (Leslie Crosbie); Herbert Marshall (Robert Crosbie); James Stephenson (Howard Joyce); Cecil Kelaway (Prescott); Frieda Inescort (Dorothy Joyce); Gale Sondergaard (Sra. Hammond); Bruce Lester (John Whiters); Elizabeth Inglis (Adele Ainsworth); Victor Sen Yung (Ong Chi Seng); Doris Lloyd (Sra. Cooper); Willie Fung (Chung Hi)

Sinopsis

Leslie Crosbie mata a balazos a Geoffrey Hammond, declarando más tarde que obró en defensa propia, porque el hombre había intentado violentarla. El difunto no gozaba de buena fama en el lugar, por estar casado con una mestiza euroasiática y por su comportamiento más bien disipado, de modo que tanto la mujer como su esposo, Robert, confían en que todo se arregle. Sin embargo, su abogado y buen amigo de su marido, Howard Joyce, comienza a sospechar de sus motivos para disparar contra Hammond.

Segunda colaboración entre William Wyler y Bette Davis, tras el éxito de JEZABEL, LA CARTA es, sin duda, la mejor de las tres películas que hicieron juntos. Inspirándose en un relato corto de W. Somerset Maugham, posteriormente convertido en obra teatral, Wyler compuso una historia extraordinaria, que funciona a la vez como cinta de suspense, melodrama psicológico y film noir.

El de Leslie Crosbie es uno de los personajes femeninos más complejos encarnados por Davis, una mujer que no es absolutamente malvada, como la Mildred Rogers de CAUTIVO DEL DESEO (también basada en una obra de W. Somerset Maugham), pero tampoco un ángel, pues su ambigüedad moral es notable. Aburrida de su matrimonio con el administrador de una plantación de caucho en la Malasia británica, Robert Crosbie, inicia una tormentosa relación con Geoffrey Hammond, que tendrá un trágico final cuando él, cansado de la aventura extramatrimonial, y seguramente también de la obsesiva posesividad de Leslie, rompa con ella para regresar con su esposa.

El film se inicia con la impactante secuencia del acribillamiento a tiros de Hammond por parte de Leslie, una de las aperturas más brillantes de la historia del cine. A partir de ahí, Wyler construye un relato denso, similar a una tela de araña, en la que se ven envueltos los personajes. Tela urdida por la manipuladora Leslie, que en principio parece manejar a su antojo a la gente, presentándose como víctima de una inexistente agresión sexual y ganándose así la simpatía de todos.

Sin embargo, el mejor amigo de su esposo, el abogado Howard Joyce, no ve claro lo sucedido, y, aunque en un principio acepta las explicaciones de Leslie, no puede evitar sospechar que hay algo más. Esto se confirma a través de la intervención de Ong Chin Seng, su inquietante ayudante, que le informa de la existencia de una carta que la señora Crosbie escribió a Hammond, citándole en su casa la misma noche que disparó contra él. Misiva que demuestra que Leslie mató premeditadamente al hombre, y que la viuda euroasiática de Hammond está dispuesta a entregarle a cambio de una enorme suma de dinero, exactamente todo lo que posee Robert Crosbie.

Uno de los aspectos mejor reflejados en el film es el de la lucha interna de Joyce. Abogado de una honestidad acrisolada, acaba cediendo a los ruegos de Leslie, que le suplica que la salve, porque, si se revela que cometió un asesinato premeditado, posiblemente acabe en la horca. La actitud de Joyce hacia Leslie va cambiando de modo sutil pero progresivo, acabando por ver a la mujer como en realidad es. No le gusta lo que se ve obligado a hacer, le atormenta la idea de empañar su brillante e impoluta carrera profesional con una flagrante ilegalidad. Pero venera a su amigo, sabe que éste adora un tanto ingenuamente a su esposa, y que el descubrimiento de la oscura verdad le sumiría en la desesperación. De modo que, aunque su desprecio por el comportamiento de Leslie es cada vez más evidente, acaba secundando a la mujer, aunque en todo momento queda claro que lo hace a regañadientes.

Conmueve la interpretación del gran Herbert Marshall como el atribulado marido que tiene a su esposa en un altar, la considera un compendio de virtudes femeninas y no duda en ningún momento que hizo lo correcto, lo que habría hecho cualquier otra mujer en parecidas circunstancias. Es, en cierto modo, la figura trágica del relato, un hombre eminentemente bueno, que queda destrozado cuando la mujer a la que ama con todo su corazón, y a la que está dispuesto a perdonar, confiesa: Todavía sigo amando al hombre que maté.

El otro gran personaje femenino de la historia es la enigmática esposa de Hammond, una fémina mestiza, cuyo oscuro exotismo se ve reforzado por su vestuario y peinado, elegidos para ella por el director, y por la iluminación de Gaudio. Desde un principio queda de manifiesto que se mueve exclusivamente por el deseo de venganza, que parece consumirla por dentro. El chantaje a que somete a Leslie a través de Ong Chin Seng no es más que una forma de humillarla, antes de acabar con su vida en la impactante e inesperada secuencia final. Gale Sondergaard encarnó a la perfección a esta misteriosa mujer, cuyo mutismo y altivez inquietan al espectador casi tanto como a Leslie Crosbie.

Wyler compone cada toma, cada escena, cada secuencia con su meticulosidad habitual. Maestro de la técnica del encuadre, cada pasaje de la cinta es una muestra de su extraordinaria habilidad para narrar una historia en imágenes, para conjugar armoniosamente fotografía, iluminación y música. Destacan los primeros planos de Stephenson­, que denotan las dudas y sospechas que acucian al abogado, y sobre todo los de Davis, que revelan el carácter perverso, egoísta y manipulador de Leslie. La escena final, que muestra a Leslie avanzando lentamente por el jardín, bajo la pálida luz de la Luna, antes de caer apuñalada por su rival, es uno de los clímax más memorables del cine clásico.

Es poco conocido que esta película de Wyler es, en realidad, un remake de otra realizada en 1929, con el mismo título y dirigida por Jean de Limur. En esa versión, que hasta la fecha no he podido encontrar, Herbert Marshall interpretó a Geoffrey Hammond, que tenía, al parecer, un protagonismo notable, aunque secundario. Como ya he comentado, aún no he podido ver el film de 1929, pero creo que Wyler acertó al eliminar el personaje de la historia, reduciendo su aparición a la fabulosa escena inicial. El cuento original fue publicado por W. Somerset Maugham en 1927. Para escribirlo se inspiró en un suceso real, acontecido en la Malasia británica a principios de siglo, que devino en un enorme escándalo, ya que implicaba a una mujer inglesa que, supuestamente, había asesinado a tiros a su amante, que vivía en concubinato con una nativa.

LA CARTA tuvo una buena acogida de publico y crítica en el momento de su estreno, pero fue ampliamente superada en taquilla por EL CIELO Y TÚ (ALL THIS, AND HEAVEN TOO, Anatole Litvak), un hermoso melodrama, también de la Warner y asimismo interpretado por Davis. Esto determinó que ambas producciones fueran nominadas para los Oscars de 1940. LA CARTA aspiraba a los galardones a la mejor película (Hal B. Wallis /Warner Bros.); director (William Wyler); actriz principal (Bette Davis); actor secundario (James Stephenson); banda sonora original (Max Steiner); fotografía en B/N (Gaetano Gaudio) y montaje (Warren Low). Por desgracia, no obtuvo ningún premio. REBECA (REBECCA, Alfred Hitchcock) fue elegida como mejor película. John Ford se llevó la estatuilla a la mejor dirección por su extraordinaria LAS UVAS DE LA IRA (THE GRAPES OF WRATH). Ginger Rogers consiguió el galardón a la mejor actriz por ESPEJISMO DE AMOR (KITTY FOYLE, Sam Wood). James Stephenson fue batido por Walter Brennan y su creación de Roy Bean, el juez de la horca, en EL FORASTERO (THE WESTERNER), curiosamente un film de Wyler, así que, en cierto modo, todo quedaba en casa. La partitura de Max Steiner no pudo competir con la compuesta por Leigh Harline, Paul J. Smith y Ned Washington para PINOCHO (PINOCCHIO), adaptación animada de un célebre cuento infantil, que contó nada menos que con siete directores, producida por la Disney. George Barnes, responsable de la fotografía de REBECA, se impuso a Gaudio. Anne Bauchens y su trabajo de montaje en POLICÍA MONTADA DEL CANADÁ (NORTH WEST MOUNTED POLICE, Cecil B. DeMille) batió a Low. La ceremonia de entrega de premios tuvo lugar en el Biltmore Hotel de Los Angeles, California, el 27 de febrero de 1941. Fue conducida por Bob Hope, quien además recibió un Oscar honorífico por sus inestimables servicios a la industria cinematográfica.

Como en todas las ediciones de los Premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, hubo cintas muy notables que ni siquiera consiguieron ser nominadas en una categoría. Tal fue el caso de LUNA NUEVA (HIS GIRL FRIDAY, Howard Hawks) y EL BAZAR DE LAS SORPRESAS (THE SOP AROUND THE CORNER, Ernst Lubitsch).

Europa estaba en guerra. Estados Unidos era oficialmente neutral, pero apoyaba a Gran Bretaña, así que la ceremonia tuvo un marcado acento patriótico, que se incrementaría en años posteriores. La gala se abrió con un discurso radiado del presidente Franklin Delano Roosevelt, quien dio las gracias a Hollywood y sus profesionales, por mostrar al mundo el modo de vida americano y su defensa a ultranza de los valores democráticos.

En LA CARTA, Wyler logró obtener de Davis una de sus interpretaciones más memorables. De hecho, muchísimo tiempo después la actriz reconocería que, dejando aparte la relación sentimental que los unió durante un tiempo, William Wyler fue el mejor director con el que había trabajado, un realizador extraordinariamente duro, a veces implacable, que, sin embargo, era capaz de forzar a los actores a encontrar dentro de ellos una fuerza interpretativa que muchos ni siquiera sabían que poseían. Viendo las impresionantes películas que nos legó este genial director, cualquier cinéfilo que se precie estará de acuerdo con esta apreciación de Bette.

© Antonio Quintana Carrandi,
(1.509 palabras) Créditos