La ley seca: Centenario de una ley absurda, 16
LA OTRA CARA DE CAPONE 2ª PARTE
por Antonio Quintana Carrandi
Al y Sonny en un partido de beisbol

Teresa esperaba que sus hijos se casaran con muchachas italianas, educadas a la manera tradicional, de modo que no le hizo ninguna gracia que Al contrajera matrimonio, el 30 de diciembre de 1918, con una estadounidense de ascendencia irlandesa, Mary Josephine Coughlin, llamada Mae. La ceremonia se celebró en la iglesia St. Mary Star of the Sea de Brooklyn, Nueva York. Gabriele hizo buenas migas con su nuera desde el principio, porque Mae era inteligente, bonita pero discreta, pertenecía a la clase media y era, además, una devota católica. Al principio, Teresa también aceptó a la chica, pero las aguas no tardarían en enturbiarse por la actitud de la matrona italiana, acostumbrada a imponer su voluntad. Mae había dado a luz a un niño tres semanas antes de la boda, hecho avalado por la fecha que figura en la partida de nacimiento de Sonny, y que induce a pensar que Al Capone se casó por haber dejado embarazada a la chica. Pero algunos autores especularon, en años posteriores, con una supuesta esterilidad de Al, llegando a afirmar que Sonny no era, en realidad, su hijo, sino fruto de una anterior relación íntima de Mae. Sea como fuere, lo que no puede dudarse es que Al adoraba al pequeño Sonny, lamentándose continuamente porque sus múltiples ocupaciones no le dejaban más tiempo libre para dedicárselo a su hijo.

La tradición italiana de la época establecía que, a la muerte del cabeza de familia, el primogénito debía encargarse del mantenimiento de la madre. Gabriele murió en noviembre de 1920, y, puesto que el hijo mayor, Vincenzo, se había marchado de casa siendo todavía un adolescente, esa obligación pasaba al segundo hijo por orden de nacimiento, en este caso Raffaele o Ralph. Pero éste siempre se caracterizó por su poco empuje, y como ya para entonces Al había demostrado con creces ser el más espabilado de los hermanos, asumió la responsabilidad por voluntad propia.

Conforme fue progresando, adquirió una casa en Chicago, en el nº 7.244 de Prairie Avenue, trasladando a su familia allí. Su intención era tener a las personas que más le importaban bajo el mismo techo. Pero Teresa aborrecía a Mae, y Mafalda, una adolescente por aquel entonces, hizo piña con su madre para ningunear a la esposa de su hermano. En presencia de Al, Teresa y su hija procuraban guardar las formas y dispensar a Mae un trato cortés pero frío. Cuando Scarface no estaba, que en realidad era la mayor parte del tiempo, Teresa y Mafalda hacían el vacío a Mae. La cosa llegó al extremo de dividir la vivienda en dos zonas bien delimitadas, una para la madre y la hermana de Capone y la otra para su mujer y su hijo.

Albert Francis Capone, Sonny, nació oficialmente el 4 de diciembre de 1918 y fue, sin ninguna duda, la persona a la que más quiso Al durante toda su vida. Siendo un bebé se le diagnosticó un problema de oído, que se agravaría con el tiempo. Al se volcó en su hijo, costeándole los tratamientos médicos más avanzados del momento, que sólo estaban al alcance de economías más que saneadas. De todas formas, además de la sordera, Sonny tendría muchos problemas de salud a lo largo de su vida, y quizás por eso su padre entregó aquellos espléndidos donativos a los orfanatos y hospitales infantiles. A pesar de sus dolencias, Sonny alcanzaría la provecta edad de 85 años, pues falleció en 2004.

El único hijo del gánster más legendario que ha existido llevo una existencia tranquila, dedicado al trabajo honesto. En cierta ocasión, en que le acuciaban los problemas económicos, el Outfit de Chicago le ofreció ayuda, instándole a unirse a la Organización. Sonny estuvo a punto de ceder, pero, al comentárselo a su madre, con la que siempre mantuvo una relación muy estrecha, ella le aconsejó que no lo hiciera, porque no deseaba que siguiera los pasos de su padre y acabara como él. Además, sostenía que la tranquilidad es más valiosa que cualquier otra cosa. Sonny se casaría en dos ocasiones, teniendo cuatro hijas de su primera esposa, por lo que todavía existen muchos descendientes directos de Al Capone.

Mae aguantó estoicamente los desplantes de su suegra y cuñada, no dando nunca motivos para ninguna discusión o conflicto. En realidad, cedió una y otra vez, porque no quería disgustar a Al en las pocas ocasiones en que éste paraba por casa. Pero, cuando Teresa quiso monopolizar la educación de su nieto, Mae defendió sus derechos de madre como gato panza arriba. Seguramente, Teresa intentó convencer a su hijo para que pusiera al niño bajo su custodia, pero Al amaba a su esposa y quería muchísimo al chico, de modo que nunca cedió a sus pretensiones. De modo que, en lo que se refería a Sonny, la última palabra siempre fue la de Mae. Tras la muerte de Capone, el vínculo entre Mae y Sonny se fortaleció más aún. La principal preocupación de la mujer fue mantener a su hijo alejado del delito y de la, para ella, negativa influencia de su suegra.

La relación de Al Capone con su mujer sigue siendo una incógnita aún hoy día, ya que los miembros de la familia que conocieron a la pareja nunca se han explayado sobre el asunto. Al demostró en numerosas ocasiones y de mil formas distintas que amaba profundamente a Mae, de modo que apenas hay dudas sobre el cariño que sentía por ella. Pero también se sabe que su promiscuidad era proverbial. Tuvo docenas, tal vez centenares de aventuras sexuales, posiblemente con las chicas más selectas de sus prostíbulos, pero no parece que ninguna de ellas significara nada para él. A partir de su encarcelamiento, en 1931, mantendría una constante comunicación epistolar con Mae, cuyos detalles y contenido desconocemos, porque, como ya se dijo en una entrega anterior, la mujer las destruyó para preservar su intimidad, cuando sintió próxima la muerte. Mae nunca volvió a casarse. Falleció en una residencia para la tercera edad de Hollywood, Florida, en 1986. Tenía 89 años, ya que había nacido en 1897 y era, por tanto, dos años mayor que Al.

Al Capone nunca ha sido presentado en el cine o la televisión de forma realista, pues la leyenda tejida en torno a su compleja personalidad ha desvirtuado los hechos hasta límites inconcebibles. En cierto modo, era un Showman, que disfrutaba posando para las cámaras y haciendo declaraciones a la prensa. Un aspecto obviado en las plasmaciones cinematográficas o televisivas del personaje es su modo de vestir. La prensa de Chicago en los años 20 parecía obsesionada con el look del gángster. Tenía preferencia por los colores llamativos, resultando su indumentaria un tanto hortera a veces, sobre todo en comparación con sus hombres y otros gángsteres de la época. Además, todos los actores que le han encarnado eran mucho mayores que él, pues en 1925, cuando estaba en la cima de su poder, tan sólo tenía 26 años. Por otra parte, la imagen que de él han dado televisión y cine apenas se corresponde con la realidad. El mejor ejemplo de esto lo tenemos en la interpretación demasiado exagerada de Robert De Niro, un buen actor demasiado sobrevalorado, en LOS INTOCABLES DE ELLIOT NESS (THE UNTOUCHABLES, Brian De Palma, 1987). El auténtico Sacarface solía mantener las formas, aunque también sucumbía a ataques de ira, siempre en ocasiones muy puntuales. Nadie que conozca bien la biografía del personaje, y su forma de ser, puede creerse que reaccionara como lo hizo De Niro al final de la película. El verdadero Capone mantenía siempre la compostura cuando se veía obligado a comparecer ante un tribunal, por la cuenta que le traía.

Frank Nitti (1886-1943) fue el heredero del imperio criminal de Capone. Durante su mandato, la Organización intentó introducirse en el mundo del cine, buscando controlar varios Grandes Estudios, como Fox, Columbia o RKO Radio Pictures. Varias importantes figuras del Outfit responsabilizaron a Nitti del fracaso de la ambiciosa operación. Pero para entonces Nitti ya apenas estaba interesado en nada, pues le había sido diagnosticado un cáncer terminal, que acabaría con su vida en breve y de forma muy dolorosa. No resignándose a tal fin, Frank Nitti se suicidó, disparándose en la cabeza, el 19 de marzo de 1943. Tenía 57 años.

Tony Accardo

A partir de ese momento, el Outfit de Chicago sería administrado, durante más de cuatro décadas, por Tony Accardo (1906-1992) y Paul Ricca (1897-1972), dos de los discípulos más aventajados de Al Capone. Estos dos genios del crimen llevaron a la Organización consolidada por Scarface a su cénit, expandiendo los negocios de la misma fuera de Illinois y diversificando sus intereses, que comprenden también, además del juego, la prostitución, el narcotráfico y el contrabando de armas, muchos negocios legales, que le sirven para blanquear los beneficios obtenidos de las actividades delictivas. El Outfit tiene su propio asiento en La Comisión, el órgano supremo de dirección de la Mafia estadounidense, y, según estimó el FBI hace unos años, sigue siendo una de las organizaciones criminales más prósperas del país.

La relación entre Mafia y política es mucho más estrecha de lo que se sospecha. Posiblemente, más incluso de lo que demostró en su tiempo el Comité Kefauver. En las elecciones presidenciales de noviembre de 1960, los candidatos Richard Nixon, republicano, y John F. Kennedy, demócrata, estaban muy igualados, pero al final el segundo de ellos se alzaría con la victoria por un estrecho margen de votos electorales. Kennedy obtuvo 303 y Nixon 219. Según informaciones reveladas años más tarde, Joseph Kennedy, el padre de JFK, que vivía obsesionado con poner a uno de sus hijos en la Casa Blanca, maniobró para obtener la colaboración de sus antiguos socios de los tiempos de la Prohibición, pues era un secreto a voces que el patriarca del clan Kennedy había estado en tratos con significados contrabandistas de alcohol, algunos de ellos, presumiblemente, pertenecientes al Outfit de Chicago. Illinois era un Estado importante, donde estaban en juego 20 votos electorales. Nunca ha podido demostrarse que el Outfit tuviera algo que ver en la victoria de Kennedy en Illinois, pero lo cierto es que la influencia de la Mafia en los procesos electorales en ese Estado, según diversas agencias federales, siempre ha sido más que notoria.

Paul Ricca también pasó una temporada entre rejas por evasión de impuestos. Le condenaron a 9 años, pero sólo cumplió 27 meses. También se procedió contra él por haber entrado ilegalmente en el país, pero, aunque la acusación llegaría a demostrarse, y hasta se dictó una orden de expulsión en su contra, ésta fue más tarde revocada. Murió de un fallo cardiaco el 11 de octubre de 1972.

Tony Accardo fue el verdadero jefe del Outfit, ejerciendo Ricca como su principal apoderado. Se le conoció en ambientes criminales como El Rey de las tragaperras, pues expandió estas odiosas máquinas por todo el territorio controlado por la Organización, instalándolas en bares, restaurantes, gasolineras e incluso burdeles. Llegó a un acuerdo con las denominadas Cinco Familias del Crimen Organizado de Nueva York, que controlaban el negocio del juego en Las Vegas, Nevada, consiguiendo que los casinos legales de esa ciudad instalaran sus tragaperras. Accardo fue un gángster innovador. Reformó por completo el negocio de la prostitución, reconvirtiendo los infectos prostíbulos de antaño en agencias de Call Girls; es decir, de prostitutas cuyos servicios se contrataban a través del teléfono. De este modo, se eliminaban los sórdidos garitos de antes, al tiempo que se le daba al ejercicio de la prostitución un mayor dinamismo, pues las chicas ya no eran simples meretrices, sino acompañantes. En general, bajo el liderazgo de Accardo el Outfi t conoció una era de esplendor sin precedentes, ni siquiera durante la Prohibición. Además, Accardo fue eliminando dos de las prácticas más rentables, pero también más peligrosas, por sus impredecibles consecuencias políticas y legales, del Crimen Organizado: la extorsión política y la sindical. Se cree que ordenó, asimismo, el asesinato de San Giancana en 1975, individuo de la vieja escuela, que le había creado muchos problemas al Outfit y que, además, estaba siendo investigado por el FBI.

Tony Accardo sostenía que los métodos ultra violentos de Capone habían pasado a la historia, pues prefería resolver los problemas, siempre que fuera posible, por las buenas, al estilo de Johnny Torrio. Pero cuando algo le afectaba personalmente, tomaba represalias ejemplarizantes. En 1978, mientras disfrutaba de unas cortas vacaciones en California, su vivienda de River Forest fue asaltada. Lo más probable es que los ladrones ni siquiera supieran quién era el dueño de aquella casa, porque, de haberlo sabido, no habrían sido tan estúpidos como para desvalijarla. El caso fue que, poco después, siete personas (los tres ladrones y otras cuatro que habrían colaborado de un modo u otro con ellos) aparecieron estranguladas o degolladas. En 2002, una década después de muerto Accardo, Nicholas Calabrese, un sicario del Outfit arrepentido, que colaboraba con el FBI, admitió haber participado en aquellos crímenes, que fueron ordenados por Accardo en persona. A Calabrese se le había otorgado inmunidad absoluta a cambio de su testimonio, pero el resto de los asesinos supervivientes de aquella masacre fueron arrestados, juzgados y condenados a largas penas de prisión.

Tony Accardo nunca piso una celda. Cuando ya se consideraba demasiado viejo para ocuparse de los negocios, pasó sus últimos años viviendo con su hija y su yerno en una discreta casa de Barrington Hills (Illinois). Fue el último gángster de renombre formado durante la Ley Seca y en las filas de la organización de Al Capone. De hecho, superó a Scarface, pues nunca se le pudo probar nada, ni siquiera la socorrida evasión de impuestos, que tantos gángsteres envió a prisión. En cierto modo, su fallecimiento marcó el fin de una era del Crimen Organizado en los Estados Unidos.

© Antonio Quintana Carrandi (2.303 palabras) Créditos