LOS HIJOS DE LA FURIA Y DE LA NOCHE
LOS HIJOS DE LA FURIA Y DE LA NOCHE Carlos Aguilar
Título original: ---
Año de publicación: 2021
Editorial: Quatermass Ediciones
Colección: Singulares
Traducción: ---
Edición: 2021
Páginas: 168
ISBN:
Precio: 18 EUR

Carlos Aguilar vuelve al género del western con ésta novela que bebe directamente de los spaghetti-western (y los paella-western, y hasta los frankfut-western, que también los hubo), y de las novelas de Marcial LaFuente Estefanía, Clark Carrados y otros tantos.

Como la mayoría de sus referentes, la novela tiene un aire crepuscular y descreído, un ritmo desaforado, cuando procede, y la poética del tipo duro que ha pasado por mil penalidades quedándose con el recordatorio permanente de tantas cicatrices en el alma como en el cuerpo.

El argumento es simple: en plena postguerra civil norteamericana, en la imprecisa frontera entre Estados Unidos y México, el ex-coronel nordista Duryea, enfermo y postrado, masca su rencor y sus ansias de venganza contra los antiguos correligionarios que le traicionaron. Para sustanciar esa venganza contrata a Coburn, un ex-soldado sudista al que promete una enorme cantidad de dinero para que acabe con Conte, en quien personifica todo su odio.

Un impertérrito Coburn acepta el encargo y se dirige al pueblo de Piedras Negras donde deberá encontrarse con el resto de pistoleros que le secundarán en su aventura. Durante el viaje tiene encuentros de todo tipo, algunos directamente oníricos, otros de índole más normal en aquellas tierras salvajes.

El periplo de Coburn se envuelve en polvo, balas, muertos, sangre y alcohol, como debe ser, e igualmente como deben finalizar éste tipo de relatos, Coburn acaba redimido de la ferocidad de su vida anterior.

Algo que hace entrañable la novela, al igual que sucedía con UN HOMBRE CINCO BALAS, es que todos y cada uno de los personajes tienen rostro, son trasuntos, literales, de actores que en la época se hicieron más que conocidos en éste tipo de producciones. Coburn es, obviamente, James Coburn, Duryea, Dan Duryea, Conte, Richard Conte, pero además tenemos en el elenco nombres tan significativos como Chelo Alonso, Soledad Miranda, John Philip Law, Woody Strode, Eli Wallach, Jack Elam, Richard Boone, Franco Nero, Pedro Armendariz, Tony Franciosa, o Lee Van Cleef, entre los muchos personajes que pueblan la narración. El libro, que está ilustrado con fotografías de cada uno de los personajes, tiene al final un índice onomástico donde se relacionan las películas de las que se han extraído las imágenes. Un reparto con el que productores y directores se hubieran dejado todos los pelos en la gatera.

El estilo de LOS HIJOS DE LA FURIA Y DE LA NOCHE también va acorde con aquellas producciones. Carlos Aguilar escribe estas novelas de forma seca y directa. Los diálogos son muy noir, igualmente ásperos y cortantes, llenos de ingenio crudo y siempre insinuando veladas amenazas. Al no hacerle falta describir en detalle, por conocidos, los escenarios en los que se mueven Coburn y su pandilla puede centrarse en narrar sus andanzas, y al igual que aquellas novelas y películas las fanfarronadas e inconsistencias surgen aquí y allá, dándole es sabor de literatura popular, como el encuentro de Coburn con Elam y Julian, sus socios, que se desarrolla en un abarrotado saloon, y en el Coburn se lía a golpes con uno y otro con una excusa más bien peregrina.

Otra inconsistencia curiosa, todo lo más porque sucede en párrafos casi consecutivos, es la resurrección de un caballo caído durante una de las refriegas. Durante muchas páginas se insiste en el detalle del caballo único, lo que no deja de ser un fastidio cuando son dos los pistoleros que deambulan por el desierto, pero de repente aparece un segundo caballo. En el ínterin uno de ellos debe acercarse a un poblado a comprar provisiones y recabar información, dejémoslo en que también compró ese segundo caballo, aunque es algo que no se menciona.

Pueden parecer detalles tontos pero le añaden ese sabor a fantasmada apresurada que tenían aquellas novelitas y películas, protagonizadas por héroes imperturbables capaces de hazañas imposibles sin alterar la expresión de su rostro y sin darles la menor importancia.

LOS HIJOS DE LA FURIA Y DE LA NOCHE es una novela que nos retrotrae a aquellos tiempos, en los que las narrativas eran más claras y eficaces. Además de un ejercicio de nostalgia, puede servir para reconciliarse con cierta forma de contar historias.

© Francisco José Súñer Iglesias (696 palabras) Créditos