UN PASO MÁS HACIA EL TOTALITARISMO
por Antonio Quintana Carrandi
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La degeneración absoluta de la vida política española es más que evidente desde hace años, más en concreto desde que José Luis Rodríguez Zapatero alcanzó la presidencia en circunstancias terribles. Uno de los proyectos más queridos por tan oscuro personaje fue la dolorosa ley de Memoria Histórica, cuyo objetivo principal es reescribir el pasado de España de acuerdo con los postulados ideológicos de los socialistas radicales y sus socios, y complementada con la Educación para la Ciudadanía, asignatura ideada para adoctrinar a los infantes en la corrección política y así crear nuevos votantes afines para las elecciones futuras. Desde entonces, hace ya más de una década, los promotores de tales genialidades y sus cómplices han persistido en su labor de socavar, lenta pero tenazmente, las libertades de los españoles. En concreto las de opinión, pensamiento, expresión, investigación y cátedra, con la evidente aunque nunca confesa intención de imponer su peculiar versión de la historia, plagada no ya de tergiversaciones, lo que sería hasta cierto punto comprensible, sino de falsedades puras y duras.

El Ejecutivo actual sigue avanzando en la dirección marcada por Zapatero, como revela inequívocamente su proceder, empezando por su designio de ampliar los supuestos abarcados por la Ley de Memoria Histórica, ahora denominada, para más escarnio, Democrática. De hecho, cierto reino de Taifas autonómico se ha adelantado a las pretensiones del gobierno de Pedro Sánchez, abogando por castigar, con desproporcionadas sanciones económicas, a todo aquel que ose disentir de la sacrosanta verdad oficial que quieren imponernos por decreto, y que en nada se asemeja a la realidad histórica. Y de nuevo, en un intento de justificar lo injustificable en un estado democrático, se airea una vez más el esperpento del franquismo, asegurando que sólo quieren disuadir a aquellos que aspiren a blanquearlo.

La cosa, naturalmente, tiene mayor alcance y no se limita sólo a lo referente al anterior régimen. Con la excusa de impedir el supuesto blanqueo del franquismo, lo que se pretende es construir un relato al gusto de las castas políticas dominantes, en el que todo lo que esté en abierta contradicción con la corrección política imperante sea simplemente eliminado. Entre ello, los aspectos más reprobables del pasado de ciertas formaciones y personalidades políticas. Asimismo, los herederos ideológicos de tales formaciones y personajes aspiran a purgar la historia de cualquier atisbo de sombra que pueda empañar la falsa imagen de impolutos demócratas que se han creado. Es decir, que desde el poder se pretende imponer al ciudadano lo que puede o no saber de la historia de su país. Como en la extinta URSS, o en Corea del Norte, vamos.

La dinámica es similar a la de los años 30 del siglo pasado, aunque se hayan variado un tanto las formas. Si bien en ocasiones se sigue recurriendo a la violencia, el salvajismo de antaño sería difícilmente justificable en la actualidad, sobre todo porque la idolatrada lucha de clases, antiguo mantra de la izquierda, carece hoy de sentido. Sin embargo, como entonces, la izquierda española sigue dominando el arte de la manipulación de masas, tarea en la que colaboran con entusiasmo unos medios de comunicación mercenarios, subvencionados con prodigalidad desde el poder político. Dichos medios, recurriendo al buenismo más patológico que imaginarse pueda, así como a argumentaciones sentimentaloides de una simpleza e irracionalidad absolutas, pero muy eficaces desde el punto de vista propagandístico, contribuyen a la alienación de una ciudadanía cuyo espíritu crítico ha sido anulado por décadas de propaganda constante y las perniciosas leyes de Educación, pergeñadas desde hace casi cuarenta años exclusivamente por el PSOE.

Pero hay otros culpables de la situación actual, aparte de los izquierdistas. Me refiero a eso que se conoce como la derecha sociológica española, abanderada por el PP, que hace mucho tiempo renunció miserablemente a la lucha por las ideas, en un inútil intento por caer simpática a la izquierda, por adaptarse a la idea de la democracia que ésta defiende. Con su inacción, con su renuncia a defender los valores y principios más elementales y consustanciales a cualquier formación conservadora que se precie de serlo, el acomplejado PP se ha erigido en una especie de auxiliar de los adalides de la Memoria Histórica, aunque sus responsables la critiquen con la boca grande. Y aunque se lleven las manos a la cabeza por los despropósitos de Sánchez y sus socios, éstos están en el poder no por la voluntad popular expresada en las urnas, sino por una torticera moción de censura, facilitada por el cerrilismo de Mariano Rajoy. A su manera, los peperos también están contribuyendo a convertir España en una nación de analfabetos funcionales e ignorantes históricos, pues durante las dos legislaturas del gobierno rajoyniano ni siquiera se planteó la posibilidad de derogar la sectaria Ley de Memoria Histórica, que tanto daño ha hecho y continúa haciendo a la historia de España. Algo por lo que, sin duda, tendrán que pagar de una u otra forma tarde o temprano.

Al tratar de imponer por ley, de forma categórica y acientífica, su versión de la historia española más o menos reciente, la izquierda revela que no sólo es consciente de la falsedad de la misma, sino de que no podría mantenerla en un debate abierto. En ningún país realmente democrático existe una legislación semejante. Es significativo que la única nación que pretende implantar una medida similar sea la Rusia de Putin, antiguo gerifalte del KGB (hoy FSB), que no es una auténtica democracia ni por asomo.

Sin embargo, se vislumbra un atisbo de esperanza en el horizonte. El adormecimiento de la sociedad en aras de la corrección política puede y debe invertirse. Las nuevas tecnologías nos ofrecen una herramienta eficaz para la lucha contra la demagogia, a la que todos podemos contribuir en la medida de nuestras posibilidades, aportando nuestro granito de arena. Eso es lo que, modestamente, trato de hacer yo a través de mi serie de artículos Verdades históricas políticamente incorrectas. Si con ello consigo que alguien, independientemente de su ideología política o creencias personales, se replantee lo que le han contado hasta ahora, y se anime a conocer la historia real de España, con sus luces y sombras, sus héroes y sus villanos, indagando entre la ingente documentación que dejaron los protagonistas de los hechos de todo signo político y condición social, y no resignándose a aceptar acríticamente la patética y sectaria Memoria Histórica social-comunista que quieren imponernos por la fuerza, me daré por satisfecho.

© Antonio Quintana Carrandi (1.071 palabras) Créditos