LA MELODÍA DE LA VIDA
LA MELODÍA DE LA VIDA EE. UU., 1932
Título original: Symphony Of Six Million
Dirección: Gregory La Cava
Guión: Bernard Schubert y J. Walter Ruben sobre una novela de Fanny Hurst
Producción: David O. Selznick y Pandro S. Berman para RKO Radio Pictures
Música: Max Steiner
Fotografía: Leo Tover
Duración: 94 min.
IMDb:
Reparto: Ricardo Cortez (Félix); Irene Dunne (Jessica); Anna Appel (Hannah); Gregory Ratoff (Meyer); Noel Madison (Magnus); Lita Chevret (Birdie); John St. Polis (Dr. Schifflen); Helen Freeman (Miss Spencer)

Sinopsis

Un niño judío, Félix Klauber, sueña con hacerse médico. Cuando crece y se doctora en medicina, abre una clínica para atender a las personas necesitadas de su humilde barrio, la mayoría de las cuales ni siquiera puede pagarle en dinero. A instancias de su madre, que ha sido manipulada por Magnus, su hermano menor, Félix se muda a un distrito adinerado, en el que pronto se labra una excelente reputación profesional. Aunque mantiene la modesta clínica de su antigua calle, apenas va ya por allí, lo que entristece a su amiga de la infancia, Jessica, que siempre le ha amado. La muchacha, que ejerce de profesora en un colegio para niños ciegos, vive esperando que Félix recuerde los principios que le llevaron a convertirse en médico, y vuelva a prestar sus cuidados a los más necesitados.

LA MELODÍA DE LA VIDA está considerado en la actualidad como un título menor en la filmografía de Gregory La Cava, uno de los directores más interesantes de los años 30 y principios de los 40. A decir verdad, muchos críticos no la consideran una gran obra del cine clásico. Puede que no lo sea, tal vez su argumento demasiado folletinesco le resulte cargante a un espectador actual. Pero no debemos olvidar que este tipo de cine era el que primaba durante los inicios de la década de los 30, marcada por el profundo impacto que tuvo la Gran Depresión en la otrora opulenta sociedad estadounidense.

LA MELODÍA DE LA VIDA se inscribe en esa variante del melodrama fílmico que cuenta historias de abnegados doctores, entregados por completo a su profesión. Aquí se trata de los avatares de un chico que aspira a convertirse en médico, para atender a las humildes gentes del barrio en que vive su familia. El muchacho logra su propósito, en gran parte gracias a la ayuda y sacrificios de sus progenitores. Ya adulto y terminada la carrera de medicina, el joven doctor Klauber ofrece sus servicios desinteresadamente a sus convecinos, regentando una espartana clínica situada en un viejo inmueble. Klauber es feliz, pues ha hecho realidad su vocación, que ejerce casi como un ministerio religioso. El dinero no le preocupa, pues sigue viviendo en casa de sus padres, como siempre. El cariño y el respeto de sus vecinos le basta. Y está su amiga de la infancia, Jessica, que le adora y que a él no le es indiferente. Pero el hermano de Félix, Magnus, piensa que puesto que su hermano es un gran médico, es una pena que desperdicie su talento en el ghetto judío de Nueva York, ayudando a personas que apenas pueden pagarle. Magnus piensa que la medicina es un negocio como otro cualquiera, así que convence a su madre para que le pida a Félix que cambie de residencia y por tanto de clientela. Magnus juega bien sus cartas, apelando a la situación de su padre, que es demasiado viejo para seguir trabajando de sastre, y a la de su bonita hermana, que según él merecería vivir en una zona más elegante para tener un futuro mejor. Félix accede exclusivamente por amor a su familia y abre una consulta en Park Avenue, convirtiéndose muy pronto en el médico más solicitado por la alta sociedad.

Las cosas salen tal como Magnus había previsto y Félix no deja de progresar en su profesión. Sin embargo, no se siente plenamente feliz, no está satisfecho del todo, pues la mayoría de sus pacientes son encopetadas damas, hipocondríacas unas y neuróticas otras. Un terrible suceso hace que tome conciencia de lo que representa ser médico. Un niño del ghetto se encuentra muy enfermo y Jessica cree que el único que puede salvarlo es Félix, así que intenta que vaya a verle, pero el galeno se olvida del asunto y el pequeño muere. Informado de lo ocurrido por la muchacha, Félix Klauber empieza a cuestionarse seriamente su proceder, decidiendo regresar al barrio pobre de sus orígenes. Poco después debe intervenir quirúrgicamente a su propio padre, que muere en la mesa de operaciones. Félix cae entonces en una profunda depresión, jurando que nunca más operará a nadie. Pero cuando se enfrenta a la posibilidad de operar a Jessica, para corregirle el defecto de la columna vertebral que la hace cojear, acaba por hacerlo, demostrándose a sí mismo que todavía es un gran cirujano.

El film es una adaptación de la novela del mismo título de Fanny Hurst, cuyos libros se vendían como rosquillas y fueron llevados al cine en muchas ocasiones. Sin embargo, sus obras, en aras de una sensibilidad mal entendida, rayaban en ocasiones en la ramplonería más cursi, lo que explica que esta autora sea hoy prácticamente desconocida por las nuevas generaciones de lectores. LA MELODÍA DE LA VIDA es la mejor plasmación cinematográfica de una novela suya, y sin duda la que mejor ha soportado el paso del tiempo. La Cava intento quitar algo de hierro a la tremenda carga dramática del texto, añadiendo a la historia algunos toques humorísticos y concentrándolos sobre todo en la primera parte de la película. Formado en el cómic, el cine mudo y los dibujos animados, el director logró atenuar algo el rigor del tremebundo folletín de Hurst, suavizándolo tenuemente con ligeros toques de comedia y ese naturalismo improvisado tan característico de su cine.

Irene Dunne interpreta con convicción a la dulce y tierna muchacha tullida que ama en silencio a Félix Klauber y espera que él recupere la fe en los principios y valores que le empujaron a convertirse en médico. Por su parte Ricardo Cortez, judío neoyorkino como su personaje, logra una interpretación más que contenida, lo que hace muy creíble a su personaje.

De Gregory La Cava se recuerdan DAMAS DEL TEATRO (STAGE DOOR, 1937), LA MUCHACHA DE LA QUINTA AVENIDA (5TH AVENUE GIRL, 1939) y, sobre todo, AL SERVICIO DE LAS DAMAS (MY MAN GODFREY, 1936), considerada su mejor película. Sin embargo, las cintas que integran su corta pero intensa filmografía sonora merecen una revisión desprejuiciada. LA MELODÍA DE LA VIDA está muy lejos de ser una obra maestra, posiblemente ni siquiera sea una gran película. Pero para un cinéfilo es una cinta a descubrir, uno de los títulos representativos del cine que se hacía en los Estados Unidos al comienzo de los años 30 del siglo XX.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.049 palabras) Créditos