Sinopsis
Marsella, Francia. Henry Scarlett comete un delito y se ve obligado a huir al extranjero. Su hija, Silvia, le acompaña, pero como la policía buscará a un hombre mayor y a su hija, decide disfrazarse de muchacho, adquiriendo la identidad de Sylvester. Logran llegar a Inglaterra con la ayuda de Jimmy Monckley, un simpático sinvergüenza al que se unen para timar a la gente. Monckley no sospecha que Sylvester es en realidad una mujer, y ella, por su parte, empieza a cuestionarse cosas que hasta entonces daba por sentadas.
Cuando rodó LA GRAN AVENTURA DE SILVIA, Katharine Hepburn ya tenía ocho películas a sus espaldas: DOBLE SACRIFICIO (A BILL OF DIVORCEMENT, George Cukor, 1932); HACIA LAS ALTURAS (CHRISTOPHER STRONG, Dorothy Arzner, 1933); GLORIA DE UN DÍA (MORNING GLORY, Lowell Sherman, 1933); LAS CUATRO HERMANITAS (LITTLE WOMEN, George Cukor, 1933); MÍSTICA Y REBELDE (SPITFIRE, John Cromwell, 1934); SANGRE GITANA (THE LITTLE MINISTER, Richard Wallace, 1934); CORAZONES ROTOS (BREAK OF HEARTS, Philip Moeller, 1935) y SUEÑOS DE JUVENTUD (ALICE ADAMS, George Stevens, 1935). Con GLORIA DE UN DÍA había ganado el Oscar a la mejor actriz y LAS CUATRO HERMANITAS había sido un exitazo, pero su carrera en el cine distaba mucho de estar asentada. Sólo media docena de indocumentados ponían en duda su talento interpretativo, pero lo cierto era que Kate no gustaba a la mayoría del público. Alta, muy delgada y de rasgos angulosos, pelirroja, con la piel salpicada de pecas, su peculiar belleza no se ajustaba a los cánones imperantes en la época. Además, tenía fama de extravagante, por su costumbre de vestir ropas masculinas fuera del plató, y también de descarada por su afilada lengua, que raras veces contenía. En su trato con la prensa era bastante cortante, todo lo contrario que sus colegas de profesión que, aleccionados por los departamentos de propaganda de los Estudios, se esforzaban en complacer a los periodistas. Cuando terminó de rodar LA GRAN AVENTURA DE SILVIA concedió alguna entrevista, intentando mostrarse un poco más amable con los reporteros, porque tanto ella como los ejecutivos de RKO sabían que su carrera necesitaba imperiosamente toda la publicidad posible. Pero durante su vida mantendría un tira y afloja con los periodistas, que no comprendían su obsesión por preservar su vida privada.
Desde su primera película se había dedicado a dar consejos a todo el mundo, empezando por los directores, como si en vez de ser una principiante llevara en el mundo del cine una eternidad. Se la consideraba una entrometida, que pretendía enseñar su trabajo a personas que llevaban años desempeñándolo eficazmente, por lo que al principio no fue muy apreciada en los círculos cinematográficos. En cambio, sí entabló una excelente relación con el anodino personal de los estudios: constructores de decorados, electricistas, etcétera. Toda su vida sostuvo que esas personas, esos modestos trabajadores cuyos nombres rara vez salían en los créditos, eran la verdadera alma de una película, los que creaban el ambiente necesario para que un buen actor se sintiera cómodo y pudiera sacar lo mejor de sí mismo.
El que ya era uno de sus mejores amigos y su director predilecto, George Cukor, llevaba tiempo queriendo llevar a la pantalla cierta novela de Compton MacKenzie. El cineasta consideraba a Kate la intérprete idónea para el papel por su aire andrógino, así que le pasó el libro, rogándole que lo leyera. A Kate le encantó la historia y estuvo de acuerdo en protagonizar la película. Pero Pandro S. Berman, productor de la RKO, que había producido las tres últimas películas de la actriz, además de actuar como productor asociado en HACIA LAS ALTURAS y MÍSTICA Y REBELDE, motejaba el argumento del libro de absurdo. Cukor y Hepburn tuvieron que emplearse a fondo y gastar mucha labia y saliva para vencer la resistencia de Berman, pero al final lograron su objetivo.
Las dudas de Berman eran muy razonables. Protagonizar LA GRAN AVENTURA DE SILVIA fue una decisión muy arriesgada y no poco atrevida para Kate. La trama de la historia era muy excéntrica para la época, pues narraba las peripecias de una chica que, para ayudar a su padre, ladrón y timador compulsivo, se disfrazaba de chico. Marlene Dietrich ya se había vestido de hombre en MARRUECOS (MOROCCO, Josef Von Sternberg, 1930) y Greta Garbo en LA REINA CRISTINA DE SUECIA (QUEEN CHRISTINA, Rouben Mamoulian, 1933), dos películas que habían obtenido un gran éxito. En ambas ocasiones la forma de abordar aquellas transformaciones había tenido más que ver con una broma o una sátira que con el sexo en sí. Sin embargo, el asunto se enfocaba desde otro ángulo más complejo en LA GRAN AVENTURA DE SILVIA. Obligada por las circunstancias a disfrazarse de hombre, Silvia comenzaba a examinar con sentido crítico su propia sexualidad y su reacción ante los hombres, algo que no aparecía en los dos títulos antes citados. El planteamiento, por tanto, era notablemente escandaloso para la moral de los años 30.
A pesar de todo, Hepburn y Cukor pensaban que LA GRAN AVENTURA DE SILVIA sería una película decisiva, así que insistieron para que RKO contratase a John Collier, que tenía fama de ser un maestro de la sofisticación. El autor también se desenvolvía bien en el campo de lo estrafalario, pues había obtenido excelentes críticas por MI ESPOSA SIMIA, una novela satírica sobre un hombre que contrae matrimonio con una mona. Collier era buen escritor, aunque polémico y muy transgresor. George y Kate pensaron que era el más adecuado para escribir el guión de un film semejante. Cuando Collier terminó su trabajo, Cukor, temiendo que el público no reaccionara bien al ver a Katharine Hepburn transformada en un muchacho desde el principio, encargó a Gladys Unger y Mortimer Offner que suavizaran un poco el texto. Unger y Offner escribieron un prólogo de diez minutos de metraje y un epílogo de quince, que mostraban a Silvia primero como una hija afligida por el fallecimiento de su madre, y después como una atractiva y fascinante jovencita. Berman aprobó la contratación de Collier, Unger y Offner, pero intuía que aquel proyecto no llegaría a buen puerto.
El tiempo dio la razón al productor. LA GRAN AVENTURA DE SILVIA fue el fracaso más estrepitoso del Estudio, provocando que la percepción de Hepburn como veneno para la taquilla que tenía la industria se acrecentara. Los primeros pases de prueba en un cine de barrio de Pasadena fueron un desastre. Cukor, de incógnito entre el público asistente, fue testigo de cómo la gente se levantaba y abandonaba el cine, indignada, al llegar a la escena en que el personaje de Bunny Beatty besaba en los labios a Kate Hepburn, tomándola por un atractivo jovenzuelo. El director declararía, años más tarde, que en aquel momento se sintió terriblemente mal, aunque comprendió enseguida por qué los espectadores reaccionaban así. En el prólogo habían visto a Kate como una jovencita dulce, simpática y encantadora, y no podían aceptar de ninguna manera aquel beso lésbico. El público que se quedó a pesar de esto no dejaba de murmurar, molesto por lo que veía. Los pocos espectadores que todavía había en el cine dejaron la sala en el momento en que se insinuaba que el personaje de Brian Aherne se sentía más atraído hacia Silvia como jovencito que como jovencita. Lesbianismo y homosexualismo, aunque fueran sugeridos apenas, eran demasiado para la gente.
Kate asistió al preestreno del film en compañía de Natalie Paley, que tenía un papel secundario en LA GRAN AVENTURA DE SILVIA. Algunas escenas habían sido concebidas con la intención de provocar hilaridad en el público, pero no hubo ni una risa. Paley, entristecida, preguntó a Kate por qué no se reía la gente. Kate respondió que, aunque en el momento de filmar aquellas escenas le habían parecido muy divertidas, el público no les encontraba ninguna gracia. Ocurrió exactamente igual que en las proyecciones de prueba a las que asistió Cukor:el cine se vació. Una escena clave, de la que Kate se sentía particularmente orgullosa, en la que Silvia recita en primer plano un poema de Edna St. Vincent Millay, fue acogida con abucheos. En ese punto Kate se hundió en su asiento y murmuró:Es un desastre
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Pandro S. Berman estaba furioso. LA GRAN AVENTURA DE SILVIA, estrenada a principios de 1936, había sido definida por muchos como la peor película de la historia. Kate y Cukor hablaron con él, recomendándole que retirara el film del circuito de exhibición y lo archivase. Director y estrella estaban dispuestos a compensarle, haciendo una película para él sin percibir ni un centavo. Berman se despachó a gusto con ellos. Les dijo que el cine era una industria, cuyo principal objetivo era hacer dinero, y no un laboratorio para que gente como ellos diera rienda suelta a sus veleidades intelectualoides. Terminó bramando que no quería verlos nunca más a ninguno de los dos. Pero lo cierto es que todavía produjo cuatro películas más de Katharine Hepburn: MARÍA ESTUARDO (MARY OF SCOTLAND, John Ford, 1936); UNA MUJER SE REBELA (A WOMAN REBELS, Mark Sandrich, 1936); OLIVIA (QUALITY STREET, George Stevens, 1937) y DAMAS DEL TEATRO (STAGE DOOR, Gregory La Cava, 1937). Tan sólo esta última fue bien acogida por el público. Los tres primeros títulos mencionados, todos ellos de época, fueron rotundos fracasos, aunque no tan sonados como el de LA GRAN AVENTURA DE SILVIA, provocando que la industria y la crítica dieran casi por terminada la carrera cinematográfica de Katharine Hepburn.
RKO retiró la película de los cines durante varios meses, encargando a Jane Loring que realizara un nuevo montaje, destinado a atenuar algo el impacto de las escenas consideradas ofensivas. Luego el film fue puesto de nuevo en circulación, pero casi nadie fue a verlo. Las críticas fueron inmisericordes. Lo único que se salvó de la quema fue la interpretación de Cary Grant como un mordaz vividor típicamente cockney. Si LA GRAN AVENTURA DE SILVIA fue un mazazo para Hepburn, Cukor y la RKO, para Grant significó su descubrimiento como genial comediante cinematográfico.
Era la primera vez que Grant trabajaba con Katharine Hepburn y al principio no tuvo una buena impresión de ella. Pero conforme avanzaba el rodaje, el británico comenzó a sentirse fascinado por aquella mujer que tenía un algo, una especie de magnetismo, que el actor no había descubierto en ninguna otra. Entre ellos se inició una buena amistad, que se consolidaría en las tres ocasiones más en las que compartieron cartel: LA FIERA DE MI NIÑA (BRINGING UP BABY, Howard Hawks, 1938), VIVIR PARA GOZAR (HOLIDAY, George Cukor, 1938) e HISTORIAS DE FILADELFIA (THE PHILADELPHIA STORY, George Cukor, 1940). Cary Grant llegó a afirmar que todo lo que sabía sobre la comedia se lo había enseñado Katharine Hepburn.
Kate cobró cincuenta mil dólares por la película, algo más de tres veces lo que percibió Grant, cuyo salario fue de quince mil dólares. Con el tiempo, el caché de Grant superaría con mucho al de Hepburn, incluso en sus mejores momentos como actriz. Kate tenía derecho por contrato a un elevado porcentaje de los beneficios en taquilla. Pero en 1984, casi medio siglo después de su estreno, LA GRAN AVENTURA DE SILVIA ni siquiera había amortizado su coste de un millón de dólares, suma fabulosa en 1936. A todos los efectos, la película es una de las más ruinosas de la historia del cine.
Algunos críticos actuales han intentado reivindicarla, definiéndola como una cinta que se adelantó a su tiempo y englobándola en la nebulosa esfera de lo políticamente correcto, exclusivamente por mostrar un beso lésbico y no por razones estrictamente cinematográficas. Con todo, no puede negarse que el personaje andrógino de Kate encierra un retrato notable de una mujer vitalista, sensible y honesta que se enfrenta a su propia sexualidad, pero el relato no acaba de funcionar, no encuentra un ritmo adecuado, resultando en ocasiones demasiado lento. Sin embargo, a pesar de sus defectos, LA GRAN AVENTURA DE SILVIA es, como todos los que hizo en los inicios de su carrera, un film imprescindible para todo aquel que desee profundizar en la vida y obra de esa gran dama de la escena que fue Katharine Hepburn.
EE. UU., 1936