HACIA EL TOTALITARISMO
por Antonio Quintana Carrandi
Cartelería soviética

Que el gobierno y sus socios están aprovechando la crisis sanitaria para impulsar sus programas políticos es evidente, a la vista de las maniobras realizadas durante los pasados meses. Las veleidades totalitarias de este nuevo Frente Popular no conocen límites. El propio Iglesias reconoció, no hace mucho, que el comunismo sólo puede prosperar en situaciones excepcionales, es decir, en escenarios de crisis económica y social. La pandemia del coronavirus ha provocado la situación excepcional con la que siempre ha soñado el de la coleta, que, gracias a una absurda maniobra política y a la complicidad de Sánchez, ha conseguido posicionarse en el gobierno precisamente cuando su apoyo electoral estaba disminuyendo a marchas forzadas. El paralelismo con la llegada al poder de los nazis en la Alemania de 1932 es evidente, y ya sabemos a qué condujo aquello.

El proyecto totalitario de Podemos se estructura en fases, siendo una de las más importantes alterar el espectro económico, adaptándolo a sus particulares conceptos marxistas. La idea es sustituir la economía de mercado libre por otra subvencionada por el estado. En esa dirección apuntan medidas como el denominado Ingreso Mínimo Vital, concebido por Iglesias no como una ayuda temporal a las familias necesitadas, sino como un elemento estructural de la política económica de su partido, cuyo objetivo es simplemente crear una gran masa ciudadana que subsista única y exclusivamente gracias a la subvención estatal, y por tanto dependiente del poder y cautiva del mismo. Exactamente igual que hicieron los socialistos en Andalucía durante casi cuarenta años, con lo del PER y otros chanchullos por el estilo.

La pretensión de ir eliminando paulatinamente el dinero en efectivo, recientemente presentada ante el Congreso por los palanganeros de Podemos, forma parte de la misma estrategia. Se trata de una medida pensada para ir aumentando progresivamente el control sobre la ciudadanía, e impulsar así la agenda totalitaria que comparten Sánchez e Iglesias. Las referencias a la lucha contra el fraude fiscal y evitar la transmisión del virus a través de billetes y monedas, sólo son la cortina de humo tras la que pretenden ocultar su verdadero propósito: conseguir un control absoluto sobre la economía de las personas. Los peligros que encierran tales maniobras son evidentes. Una economía subvencionada convertiría en rehén del gobierno a la mayor parte de la población, que se vería obligada a aceptar sumisamente los designios de quien tuviera la sartén por el mango, presumiblemente ellos. Más o menos, el modelo que impera en la Venezuela antes chavista y ahora madurista, madre de Podemos y la mayor tiranía de Hispanoamérica después de Cuba.

A la izquierda, mucho más si es extrema como la que ahora nos gobierna, nunca le ha gustado la economía de mercado libre, porque fomenta precisamente eso, la libertad. En el marco de una economía liberal, personas y empresas pueden desarrollar plenamente sus capacidades, fomentando la colaborando entre los agentes sociales, creando riqueza, y aportando estabilidad a la sociedad. Además, la economía liberal también impulsa la cultura del propio esfuerzo, del afán de superación y por tanto de la independencia individual. Y eso es algo con lo que la izquierda española, que ideológicamente todavía arrastra el dogmatismo marxista de los años 30 del siglo pasado, no comulga. Aunque hoy se utilicen diversos eufemismos para referirse a ello, lo cierto es que Podemos, que es quien de verdad corta el bacalao en este kakistocrático gobierno que sufrimos, está por el bolchevismo puro y duro. Y citando a don Julián Besteiro, el único líder decente que tuvo el PSOE durante la II República y la guerra civil: El bolchevismo es la mayor aberración que han conocido los siglos.

La crisis del coronavirus ha planteado a la sociedad española tres amenazas principales. La primera es la meramente sanitaria, que, a trancas y barrancas, vamos capeando en la medida de lo posible. Las restantes son la económica y la política. Estas dos están intrínsecamente unidas por los manejos de Podemos, que planea utilizar la primera para moldear la segunda de acuerdo con sus designios. El comunismo es, básicamente, una enfermedad política que sólo puede desarrollarse en las sociedades aquejadas por una pobreza extrema. Todos los economistas, hasta aquellos cuyas predicciones pueden considerarse más optimistas, coinciden en afirmar que la crisis económica que se nos echa encima será tan grave como la sanitaria que todavía padecemos. Es decir, que miles de españoles, sino millones, podrían engrosar el censo de los pobres, convirtiéndose así en potenciales compradores de las soluciones milagrosas de Podemos. Un cóctel explosivo que, si no lo remediamos a tiempo, pondría a España en el camino de Venezuela. Una España económica y políticamente estable es lo que menos desea coleta morada, pues en tal escenario no podrían medrar ni él ni sus cuates, así que desde Podemos harán todo lo necesario, y más si pueden, para que la vuelta a la normalidad se ajuste a sus deseos.

Para no levantar demasiadas suspicacias, la hoja de ruta totalitaria avanza despacio. Sin prisa pero sin pausa, los comunistas podemitas van quemando etapas, con ayuda del PSOE bolchevizado de Sánchez. En general, los proyectos, ideas y sugerencias que emanan de este gobierno sectario suelen analizarse por separado, como si una cosa no tuviese que ver con otra. Esto es un grave error, porque todo ello forma parte de una concepción política unitaria, de un intento de imponer en España el pensamiento único de corte marxista. Con el fin de minimizar en lo posible reacciones adversas por parte de la población, el belitre de la coleta se mueve con cautela, erosionando poco a poco nuestras libertades en una tenaz labor de zapa. Algo que, por desgracia, parece que le está funcionando.

Combatir el totalitarismo de Sánchez e Iglesias es una cuestión de conciencia y de principios democráticos. La forma de hacerlo es apoyando la recuperación económica de la empresa privada, de los autónomos, que son los verdaderos creadores de la riqueza nacional. Al mismo tiempo, se debe ayudar a los menos favorecidos, a los que se han quedado en la cuneta por culpa de los efectos económicos del Covid-19 y el Estado de Emergencia. Ahora bien, tal ayuda debe prestarse sólo durante el tiempo imprescindible para que sus beneficiarios levanten cabeza y puedan valerse por sí mismos, no prolongándose más allá de lo estrictamente necesario. Y por supuesto, esta ayuda no puede estar sujeta a contrapartidas políticas de ninguna clase. Por lo tanto, como ya apunté en un artículo anterior, la del Ingreso Mínimo Vital debe ser una medida excepcional, aplicada con criterios rigurosos, económicos y no políticos. Cualquier otra cosa beneficiaría sólo a los comunistas de Podemos y sería desastrosa para España.

En los meses siguientes nuestro país se jugará mucho, pues, en cierto modo, deberá escoger entre la economía liberal clásica, creadora de riqueza y oportunidades y de la que todos nos hemos beneficiado de un modo u otro, o el autoritarismo de impronta marxista, que ha convertido en eriales a tantos países, en los que sólo los privilegiados del politburó comen caliente y se pueden permitir el lujo de vivir en cómodas dachas sitas en exclusivas zonas residenciales. Estamos ante el desafío histórico más importante que se le ha planteado a España en las últimas décadas. De cómo reaccionemos ante las aspiraciones dictatoriales de la extrema izquierda dependerá nuestro futuro. Pararles los pies a estos fanáticos resentidos es una cuestión de higienización social y hasta de mera supervivencia de la democracia. De no hacerlo ahora, que todavía estamos a tiempo, tendremos que lamentarlo amargamente después.


Notas
© Antonio Quintana Carrandi, (1.259 palabras) Créditos