LA EXTRAÑA PASAJERA
LA EXTRAÑA PASAJERA EE. UU., 1942
Título original: Now, voyager
Dirección: Irving Rapper
Guión: Casey Robinson, basado en una novela de Olive Higgins Prouty
Producción: Hal B. Wallis para Warner Bros/First National
Música: Max Steiner
Fotografía: Sol Polito
Duración: 117 min.
IMDb:
Reparto: Bette Davis (Charlotte Vale); Paul Henreid (Jerry Durrance); Claude Rains (Dr. Jaquith); Gladys Cooper (Sra. Henry Windle Vale); Bonita Granville (June Vale); Charles Drake (Leslie Trotter); Ilka Chase (Lisa Vale); Franklin Pangborn (Sr. Thompson); Katharine Alexander (Sra. Trask); John Loder (Elliot Livingston); James Rennie (Frank McIntyre); Mary Wickes (Dora Pickford); Janis Wilson (Tina Durrance); Donald Douglas (George Weston)

Sinopsis

Charlotte Vale, una mujer de mediana edad de clase alta, vive reprimida y controlada por su adusta madre. Su cuñada, Lisa, decide que la visite un eminente y agradable psiquiatra, el doctor Jaquish. Gracias a su ayuda y consejos, Charlotte logra superar sus miedos, imponerse a su madre y recuperar su autoestima, volviéndose más extrovertida y descubriendo su atractivo femenino. Dispuesta a empezar una nueva vida, se embarca en un crucero por Sudamérica. Durante el viaje entablará amistad con un apuesto arquitecto atrapado en un matrimonio infeliz.

En la década de los 40 Bette Davis era la máxima estrella de Warner Bros. Jack L. Warner, el todopoderoso magnate del Estudio, la consideraba poco menos que como la gallina de los huevos de oro, pues la mayoría de sus películas habían devenido en rotundos éxitos. No obstante, sus relaciones personales con la actriz eran un tanto tirantes, pues ambos tenían un fuerte carácter. Tenían buena opinión uno del otro a nivel profesional, pero todo parece indicar que no se llevaban bien. Warner, como todos los grandes productores del Hollywood Dorado, era un autócrata obsesionado con el control absoluto de aquellos que dependían de él. Davis, a pesar de su estatus en Warner Bros, gracias al cual su nombre era considerado en primer lugar para protagonizar cualquier producción de Serie A, consideraba que muchas de las películas que le ofrecía el Estudio no estaban a su altura. Para acabar de complicar las cosas, tenía una vena rebelde que se manifestaba en ocasiones y que no era del agrado de Warner. Con todo, Warner la respetaba profundamente, porque había demostrado mucho coraje cuando, convencida de que no le daba papeles a su medida, le había desafiado, intentando irse con el director y productor húngaro, afincado en Gran Bretaña, Alexander Korda. Por esa razón siempre procuraba que ella echara un vistazo a los guiones más relevantes que pasaban por su mesa. Cuando Bette leyó el tratamiento previo de un guión sobre la exitosa novela Now, Voyager, de Olive Higgins Prouty, quedó prendada del mismo y le dijo a Warner que quería ese papel.

El de LA EXTRAÑA PASAJERA es uno de los personajes femeninos que atraían a Davis. La película narra la conversión de la gris y anodina Charlotte Vale, que vive anulada y en cierto sentido esclavizada por su insensible madre, en una bella y seductora mujer, capaz de tomar sus propias decisiones. El artífice de tal milagro es el doctor Jaquish, prestigioso psiquiatra especializado en tratar a personas con baja autoestima.

Bette ofrece una prodigiosa interpretación dando vida a dos mujeres en una. En el primer segmento de la cinta, encarna magistralmente a la cohibida tía Charlotte, que aparentemente es una mujer sin sustancia, supeditada en todo a los caprichos y manías de su vieja y estirada madre y blanco continuo de las burlas de sus parientes. Pero bajo el sobrepeso, los monjiles vestidos, el atroz peinado, las hirsutas cejas y los antiestéticos lentes, se oculta una personalidad notable. El doctor Jaquish, que ha acudido a la mansión Vale a instancias de la cuñada de Charlotte, único familiar que parece preocuparse por ella, descubre enseguida lo que ocurre en esa casa y no duda en enfrentarse con la agria señora Windle Vale.

Jaquith se lleva a Charlotte a su clínica, que él prefiere definir como una casa de reposo. La mujer hace progresos, pero el médico estima que no son suficientes, por lo que acaba recomendándole que salga al mundo a probar sus alas. Así comienza para Charlotte Vale su gran aventura, gracias a la cual hallará dentro de sí misma una fortaleza que no creía poseer, recuperará su autoestima, encontrará el amor y algo más que dará pleno sentido a su vida.

Lo más destacable del film es el tratamiento sincero y realista de la relación entre la protagonista y Jerry, un hombre infelizmente casado que, no obstante, por sentido de la responsabilidad y por amor a sus hijas, especialmente a Tina, debe asumir que no puede tener a Charlotte por completo, lo cual queda maravillosamente plasmado en la frase de Bette Davis con que se cierra la película.

La veterana Gladys Cooper compuso uno de los personajes femeninos negativos más logrados del cine clásico. La madre de Charlotte es una mujer fría y despiadada, con un carácter que se ha agriado aún más con el paso del tiempo. No tiene empacho en reconocer ante Jaquith que Charlotte fue la hija de su vejez, una niña no deseada, que llegó cuando ya no esperaba tener más hijos. Habla del cariño que como madre siente por Charlotte, pero la trata de forma tiránica. Lo que realmente le gusta es mandar, controlarlo todo y a todos a su antojo. Es una perfecta arpía, que ha ido perfilando sus malas artes a lo largo de los años. Conscientemente ha convertido a su hija en una sombra de sí misma, en un ser acobardado y débil, sobre el que puede ejercer su dominio sin problemas... hasta que entra en escena el doctor Jaquith. La intervención del galeno es proverbial, pues aleja a Charlotte de aquel mausoleo y le facilita el que se abra al mundo, encontrándose y valorándose a sí misma. Cuando unos meses después Charlotte regresa al hogar, pues a pesar de todo sigue queriendo a su madre, ésta se muestra mucho más despectiva con ella e intenta, por todos los medios a su alcance, recuperar a su Charlotte, la criatura indefensa y temerosa que siempre tuvo pegada a sus faldas. Llega incluso a chantajear a su hija, pero ya es demasiado tarde para algo así, porque Charlotte, aunque sigue respetándola, no le tiene miedo. La vieja y arrogante dama llega a tirarse por las escaleras, en un intento por atraer de nuevo a su lado a Charlotte. Sin embargo, el cambio producido en la mujer es demasiado profundo para que las manipulaciones de su madre puedan invertirlo. Más tarde, cuando la anciana muere de un fallo cardiaco durante una discusión entre ellas, Charlotte se sentirá culpable por ello durante un tiempo, pero pronto comprenderá que la autora de sus días forjó su propio fin con su amargura y resentimiento.

El del doctor Jaquith es el personaje más entrañable del film. Una eminencia en su especialidad, el tratamiento de las depresiones nerviosas, no se comporta como un psiquiatra al uso y sus métodos son poco ortodoxos pero eficaces. Jaquith tiene una importancia capital en el desarrollo de la historia, pues además de conseguir que Charlotte se abra a él, se convierte en uno de sus mejores amigos y en el fiel consejero de la mujer.

LA EXTRAÑA PASAJERA fue un gran éxito, lo que animó a Warner Bros a presentarla a los Oscars. Obtuvo tres nominaciones, las correspondientes a mejor actriz (Bette Davis), actriz secundaria (Gladys Cooper) y banda sonora de drama o comedia (Max Steiner). Consiguió este último premio, imponiéndose Steiner a Frank Skinner por LAS MIL Y UNA NOCHES (ARABIAN NIGHTS, John Rawlins); Frank Churchill y Edward Plum por BAMBI (Ídem, David D. Hand); Alfred Newman por EL CISNE NEGRO (THE BLACK SWAN, Henry King); Dimitri Tiomkin por LOS HERMANOS CORSOS (THE CORSICAN BROTHERS, Gregory Ratoff); Victor Young por TIGRES DEL AIRE (FLYING TIGERS, David Miller), REINA DE PLATA (SILVER QUEEN, Lloyd Bacon) y ELLA Y SU SECRETARIO (TAKE A LETTER, DARLING, Mitchell Leisen); Roy Webb por ME CASÉ CON UNA BRUJA (I MARRIED WITH WITCH, Rene Clair) y JUANA DE PARÍS (JOAN OF PARIS, Robert Stevenson); Miklós Rózsa por EL LIBRO DE LA SELVA (THE JUNGLE BOOK, Zoltan Korda); Leigh Harline por EL ORGULLO DE LOS YANQUIS (THE PRIDE OF THE YANKEES, Sam Wood); Edward Kay por FURIA EN KLONDIKE (KLONDIKE FURY, William K. Howard); Herbert Stothart por NIEBLA EN EL PASADO (RANDON HARVEST, Mervyn LeRoy); Richard Hageman por EL EMBRUJO DE SHANGHAI (THE SHANGHAI GESTURE, Josef Von Sternberg); Frederick Hollander y Morris Stoloff por EL ASUNTO DEL DÍA (THE TALK OF THE TOWN, George Stevens) y Werner Heymann por SER O NO SER (TO BE OR NOT TO BE, Ernst Lubitsch). También fue nominado Max Terr por su composición para el reestreno de la mítica LA QUIMERA DEL ORO (THE GOLDEN RUSH, Charles Chaplin, 1925). Como puede verse, un tropel de estupendos compositores competía por el galardón, lo que da más realce y valor a la fabulosa partitura de Steiner para LA EXTRAÑA PASAJERA.

En el apartado de mejor actriz protagonista figuraban, además de Davis, la maravillosa Teresa Wright por EL ORGULLO DE LOS YANQUIS, la sin par Katharine Hepburn por LA MUJER DEL AÑO (WOMAN OF THE YEAR, George Steven), la bellísima Rosalind Russell por MI HERMANA ELENA (MY SISTER EILEEN, Alexander Hall) y Greer Garson, la más señora de las actrices del Hollywood clásico, por LA SEÑORA MINIVER (MRS. MINIVER, William Wyler). Garson fue quien se hizo con la codiciada estatuilla. Su largo y tedioso discurso de agradecimiento, plagado de alusiones a la necesidad de comprar bonos de guerra, ha pasado a los anales de la gala de los Oscars.

La dulce Teresa Wright también fue nominada como mejor actriz secundaria por LA SEÑORA MINIVER, compitiendo con su compañera de reparto, Dame May Whitty, que interpretaba a Lady Beldon. Wright se hizo con el premio por su encarnación de Carol Beldon, nieta del personaje de Whitty. Las otras nominadas fueron Susan Peters por NIEBLA EN EL PASADO y Agnes Moorehead por EL CUARTO MANDAMIENTO (MAGNIFICENT AMBERSONS, Orson Welles).

Irving Rapper (1898-1999), hoy poco conocido por el público, fue uno de los mejores cineastas del Hollywood clásico. Nacido en Londres, se trasladó muy pronto a USA, donde ejerció de director teatral y ocasional actor en Broadway, Nueva York. Como muchos talentos de las tablas, sucumbió a la atracción del Séptimo Arte, trasladándose a Hollywood y empezando a trabajar para Warner Bros. Era 1936 y su primer trabajo en el mítico Estudio fue el de escritor y director de diálogos, una nueva profesión cinematográfica que había surgido con el auge del sonoro.

Las funciones de escribir y dirigir diálogos se habían revelado como de capital importancia en el cine sonoro. En la época de las películas silentes bastaba con que los actores fingieran hablar de lo que fuera, pues la acción se aclaraba mediante la inserción ocasional de carteles. Cuando eclosionó el sonoro, se descubrió que las voces de muchas estrellas no se correspondían con su apostura física, pues, por ejemplo, un tipo atlético, musculoso y de apariencia viril, podía tener una vocecilla atiplada y ridícula. Otros actores, de procedencia extrajera, tenían un acento horrible, o bien no pronunciaban correctamente el inglés americano. Aunque algunos se sometieron a clases intensivas de dicción y siguieron en la brecha, la mayoría no pudo adaptarse y el cine hablado acabó con sus carreras.

Para los que se quedaron, y para los que vinieron detrás, no bastaba con tener buena voz. Los Estudios descubrieron que algunos actores, dueños de voces bien timbradas, poderosas y sugestivas, no conseguían declamar bien sus frases. Sólo aquellos que tenían una dilatada experiencia teatral previa eran capaces de dar la adecuada entonación a sus parlamentos. Quizás el actor que mejor superó la transición del mudo al sonoro fue Ronald Colman, que apenas tuvo que hacer nada para adaptarse al nuevo sistema.

Decididos a resolver la papeleta, los gerifaltes de los Estudios crearon la figura del director de diálogos, profesión que en la época dorada de Hollywood alcanzaría gran importancia. Su trabajo consistía en colaborar con el director del film en las escenas dialogadas, procurando que éstas resultaran creíbles, se adaptaran bien al argumento y, sobre todo, que los actores hablaran con naturalidad. Como los guiones eran, en su mayor parte, adaptaciones de novelas u obras teatrales, se hacía imprescindible adaptar sus diálogos, en ocasiones demasiado farragosos y discursivos, a un medio tan dinámico como el cine. Así nació otra figura clave del cine clásico:la del escritor de diálogos. Irving Rapper compaginó ambos cometidos, convirtiéndose muy pronto en el mejor en las dos especialidades. Gracias a eso llegó a conocer muy bien a las principales estrellas de Warner Bros, entre ellas la reina indiscutible del Estudio, Bette Davis, con la que entablaría una profunda amistad que se prolongaría durante el resto de sus vidas.

Rapper aspiraba a dirigir sus propias películas. El Estudio le ofreció algunos proyectos, pero los rechazó todos por su mediocridad. Para Warner Bros se reveló como uno de sus activos más importantes, pues, dada su condición de políglota, ejercía de asistente de Michael Curtiz, William Dieterle o Anatole Litvak, directores de origen extranjero que tenían graves problemas para manejarse con el inglés. Mientras tanto, esperaba pacientemente su oportunidad como director. Aunque este extremo no ha podido ser confirmado, parece ser que Davis insistió ante Jack L. Warner para que a Rapper se le diera la oportunidad de dirigir. Ese mismo año de 1941 hizo CON UN PIE EN EL CIELO (ONE FOOT IN HEAVEN), film que en principio tenía que realizar Anatole Litvak.

En LA EXTRAÑA PASAJERA, su cuarta película como director, Rapper por fin pudo cumplir uno de sus sueños:trabajar con Bette Davis. La actriz confesaría que, si bien su director preferido era William Wyler, con el que más cómoda se sentía era con Rapper. El realizador la dirigiría en tres ocasiones más. EL TRIGO ESTÁ VERDE (THE CORN IS GREEN, 1945) fue un espléndido drama rural que cosechó buenas críticas, obtuvo excelentes resultados en la taquilla y dos nominaciones a los Oscars. Cuarenta y cuatro años más tarde, Katharine Hepburn protagonizaría un remake televisivo dirigido por el genial George Cukor. En ENGAÑO (DECEPTION, 1946), Davis, Henreid y Rains volvieron a unirse bajo la batuta de Rapper, en un drama romántico ambientado en el mundo de los directores de orquesta y del periodo inmediatamente posterior a la II Guerra Mundial. Tras esta película, los problemas de Davis con Warner Bros se recrudecieron, hasta el punto de que, poco después, dejó de ser la reina indiscutible del Estudio. Nadie quería contratarla y su carrera empezaba a estar bajo mínimos. Por suerte Darryl Zanuck, el todopoderoso jefazo de 20th Century Fox, pensó en ella para reemplazar a la lesionada Claudette Colbert en EVA AL DESNUDO (ALL ABOUT EVE, Joseph L. Mankiewicz, 1950). Gracias a esta oportunidad Bette pudo remontar el bache, demostrando que todavía tenía mucho que ofrecer como actriz. Inmediatamente después del film de Mankiewicz hizo VENENO PARA TUS LABIOS (MANīS POISON, 1951), su última colaboración con Rapper, un thriller británico en el que compartió protagonismo con su nuevo amor, Gary Merrill, al que había conocido durante el rodaje de EVA AL DESNUDO.

Si bien todas sus películas con Rapper son notables, LA EXTRAÑA PASAJERA es la mejor de ellas, quizás porque el de Charlotte Vale fue uno de sus personajes más queridos. La actriz se metió a fondo en el papel, llegando a aconsejar al maquillador y los encargados del vestuario sobre el look que debía lucir la protagonista en el prólogo de la historia.

Hermoso melodrama con un final inesperado, por lo atípico, LA EXTRAÑA PASAJERA se revela como una de las interpretaciones más conmovedoramente poderosas de Bette Davis, en una de esas imperecederas joyas cinematográficas que alumbró Hollywood en su mejor época.

© Antonio Quintana Carrandi, (2.533 palabras) Créditos