Primavera del 2020
LOS PELIGROS DEL INGRESO MÍNIMO VITAL
por Antonio Quintana Carrandi
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Las secuelas económicas que dejará la pandemia del coronavirus serán brutales, y exigirán un profundo compromiso social para paliarlas. Miles de familias están a verlas venir, sin apenas ingresos, mientras las facturas se les siguen acumulando. Es imprescindible ofrecerles una salida, una ayuda que les permita capear el temporal hasta que la situación se vaya normalizando. En este sentido, la implantación de una especie de ingreso o renta mínima vital puede resultar muy positiva.

Ahora bien, tal y como lo plantean desde el gobierno social-comunista que padecemos, la medida suscita mucha inquietud entre las personas sensatas. En realidad, Podemos ya llevaba en su programa eso de la renta mínima, y todo indica que el profesor no numerario de la coleta piensa utilizar la emergencia sanitaria que atravesamos para impulsar esta idea. Lo que ocurre es que los podemitas no ven eso del ingreso mínimo vital como una solución pasajera, sino como una maniobra clientelar, una forma de ganarse el apoyo de una legión de estómagos agradecidos. En Podemos han aprendido bien la lección de los socialistas andaluces, que, subvenciones y ayuditas varias por medio, consiguieron crear una clientela cautiva que les permitió casi eternizarse en el gobierno de esa región y hacer y deshacer a capricho, convirtiendo Andalucía en la zona de España con más paro y menor iniciativa empresarial.

Además de la emergencia sanitaria, tenemos también una emergencia financiera y social. El paro, que ya ha alcanzado cotas históricas, aunque las instancias oficiales traten de maquillar las cifras, aumentará aún más en los meses que tenemos por delante. Es fundamental reactivar cuanto antes la economía, pero también asegurarse de que nadie quede en la cuneta, de que nadie pase necesidades ni mucho menos hambre. Por lo tanto, estoy a favor de implementar una ayuda económica para quien la necesite, pero con carácter temporal y no estructural. Es decir: ayudar a las personas necesitadas, pero dejándoles bien claro desde el principio que tal ayuda es pasajera, y que concluirá cuando el mercado laboral se normalice.

Bajo ningún concepto debe permitirse que la gestión de estas ayudas quede en manos de camarillas políticas, porque esto redundaría en una degradación aún mayor de la calidad de la democracia en España, ya bastante tocada por los manejos del duopolio PP/PSOE. Lo verdaderamente vital es asegurar que el manejo de los fondos dedicados a este tema esté en manos de personas serias y responsables, a poder ser técnicos financieros lo más independientes políticamente que se pueda.

Debo insistir en que tales ayudas son necesarias, pero sólo deben ofertarse durante un tiempo prudencial, y mirando bien a quiénes se conceden y por qué motivos, para evitar que los gorrones de siempre coman la rica sopa boba a costa del erario público. Si se observan las condiciones que apunto, el ingreso mínimo vital nos ayudará a salir de la crisis. Pero si, por el contrario, se permite que la mafia progre meta su pezuña en el asunto, las consecuencias políticas y económicas pueden resultar fatales para España a medio plazo.

© Antonio Quintana Carrandi, (506 palabras) Créditos