Primavera del 2020
EL NEGOCIO DEL CORONAVIRUS
por Antonio Quintana Carrandi
Matryx, Pixabay License

Aunque no sea políticamente correcto decirlo, son muchos los que están aprovechando la pandemia para lucrarse. La semana pasada compré una caja de guantes de látex y dos mascarillas. Por cada mascarilla me cobraron once euros, más veinticuatro por los guantes. Total, cuarenta y seis machacantes. En enero las mismas mascarillas costaban cuatro euros la unidad, y la caja de cien guantes ocho. Juzguen ustedes mismos.

La naturaleza humana es así y no va a cambiar. En esta sociedad desnortada, donde el único valor que se respeta es el dinero y los principios más elementales brillan por su ausencia, no hay escrúpulos de ninguna clase a la hora de aprovecharse de una situación extrema para el lucro personal. El mejor ejemplo lo tenemos en el llamado mercado negro, también conocido en España como estraperlo, un efecto colateral de la escasez que provocan las guerras y los periodos de penuria que las siguen, y que enriqueció a más de un sinvergüenza a costa de la desgracia ajena.

Podrá replicárseme que hay personas honorables, que en las circunstancias por las que atravesamos tratan de observar un comportamiento honrado, ayudando a los demás en lo que pueden. Es cierto, y por ejemplo ahí están, para demostrarlo, los propietarios de locales comerciales que han perdonado el alquiler a sus inquilinos hasta que puedan abrir sus negocios. Pero, mal que nos pese, son comportamientos muy minoritarios, a los que se da mucha publicidad porque siempre gusta eso de demostrar que hay buena gente por el mundo. Está muy bien eso de salir al balcón a aplaudir todas las tardes a las ocho, queda uno como muy solidario y tal. Al fin y al cabo, chocar la palma de una mano contra otra no cuesta nada. Pero luego cada cual va a lo suyo y punto. Cuando pase esto, verán ustedes como salen a la luz pública cosas que harían enrojecer a quien tuviese un mínimo de vergüenza, y la mayoría de ellas relacionadas con el vil metal. Me gustaría equivocarme, pero me temo que no será ese el caso.

Se nos ha dicho que el gobierno ha tomado medidas para impedir que, aprovechando la situación económica creada por la pandemia, los buitres financieros se ceben en la bolsa. No sé en qué consistirán dichas medidas, pero si son como las que el ejecutivo ha tomado para paliar la crisis sanitaria, sospecho que se revelarán absolutamente ineficaces. Además, la experiencia demuestra que cuando los políticos van, los gurus de las finanzas vienen. O, como suele decirse, hecha la ley, hecha la trampa. La situación es la misma en todo el mundo, así que tengo por seguro que esta epidemia les servirá a muchos magnates para acrecentar exponencialmente sus ya de por sí desorbitados beneficios.

Pero si es despreciable que alguien se aproveche de la crisis sanitaria a título personal, lo es más el proceder de ciertos países. China está haciendo el negocio del siglo con el coronavirus, pues la mayor parte de los equipos de protección y los test para detectar la enfermedad se producen allí. El gigante asiático, una tiranía comunista sin fisuras, combinada con el capitalismo más salvaje e inhumano que imaginarse pueda, no sólo está llenando sus arcas a nuestra costa, sino que además aprovecha la situación para promocionarse ante el resto del mundo. Recuerdo que hace unas semanas salió en televisión el embajador chino en España, llenándose la boca con elogios hacia nuestro país y asegurando que contamos con la amistad y la colaboración del pueblo chino. Pero eso sí: los cargamentos de material sanitario chino se pagan al contado, y a veces hasta se subastan, llevándoselos el mejor postor, el que más pague en efectivo. Y en ocasiones, ese comprador adquiere la mercancía para revenderla a un precio abusivo. Esto es lo que está ocurriendo, aunque se intente ocultarlo a la opinión pública.

Si algo está demostrando la pandemia, es que eso de la globalización es un cuento chino, nunca mejor empleada la expresión. Ha tenido que venírsenos encima esta desgracia, para que nos demos cuenta de que apenas fabricábamos cosas tan elementales como guantes o mascarillas, no hablo ya de los dichosos test o de los EPIS. De ahí la tremenda carencia de estos productos que hay en nuestro país, y de ahí también el que tengamos que depender de las importaciones chinas, pagadas al contado y a precios exorbitantes.

Quizás sea de otra época. Puede que la mayoría de la gente piense que los valores y los principios que respeto estén anticuados. Pero me hierve la sangre al ver como tantísimo canalla está haciendo negocio con una pandemia que ha matado, sólo en España, a más de 25.000 personas. Y ya veremos lo que pasa con la vacuna, cuando den con ella.

© Antonio Quintana Carrandi, (794 palabras) Créditos