Primavera del 2020
SALTARSE EL CONFINAMIENTO
por Antonio Quintana Carrandi

Hace unos días, un portavoz policial comentó en televisión que en España había más tontos que contagiados, aludiendo a la legión de descerebrados, o simplemente sinvergüenzas, que desde el principio se las ingenió para saltarse el confinamiento. Estos tipejos no sólo actúan insolidariamente, sino que en ocasiones hacen gala de la típica chulería hispana y hasta se enfrentan a las fuerzas del orden. Con su indigno proceder pueden estar expandiendo el virus, poniendo en mayor riesgo aún a la sociedad.

Hay ejemplos para todos los gustos. Desde el listillo que está todo el puñetero día en la calle, con la excusa de pasear al perro, hasta la patética munícipe progre que, para celebrar el Día del Padre, se puso a bailar en plena calle con una cerveza en la mano. Uno que no tenía chucho sacó a pasear a una gallina. Otro fue sorprendido paseando un perro de juguete. Una elementa se largó al monte con su perro, allí sufrió un accidente y tuvo que ser auxiliada por la Guardia Civil, que, al igual que la policía nacional, las locales y autonómicas, no da abasto a la hora de controlar a tanto imbécil. Como en Semana Santa se prohibieron los actos multitudinarios característicos de estas fechas, hubo grupos de personas que escenificaron, en plena calle, una suerte de mini procesiones. Otros fueron sorprendidos paseando por las playas, o acampados en la montaña. Pero lo más sangrante, el colmo de la idiocia y la irresponsabilidad, fue ver cómo algunos se desplazaban alegremente hasta los lugares en que tienen su segunda residencia, para disfrutar de fines de semana o del puente de Semana Santa, como si la situación fuese normal.

En realidad, hasta cierto punto sí que es normal que algunos elementos actúen así, porque los que tienen que dar ejemplo no lo hacen. Hacia mediados de febrero ya había indicios más que preocupantes de lo que podía ocurrir, pero parece ser que desde este patético gobierno kakistocrático, que el Diablo confunda, no se tomaron las medidas pertinentes, priorizando la ideología sobre la salud de la población. Y así, no sólo se permitió la celebración de actos como partidos de fútbol y similares, sino que incluso se alentó desde el ejecutivo a la asistencia masiva a la deleznable manifestación del 8 de marzo, escaparate de las feminazas podemitas, en el que un puñado de inconscientes enarbolaron la pancarta aquella que rezaba: El machismo mata más que el coronavirus. Cuando escribo esto, el jueves 16 de abril, las cifras oficiales hablan ya de 19.000 muertos. Creo por tanto que sobran los comentarios.

Y ahora, para rematar, sale a la luz pública el chulesco proceder de Cobardiano Rajoy, único culpable de que en España gobierne hoy la más baja kakistocracia. Mientras la población permanece confinada en sus casas, el ex presidente sale cada mañana a ejercitarse en el trote cochinero, desafiando la ley y el sentido común. Aunque ya se sabe que este último es el menos común de los sentidos entre los integrantes de la casta politiquera española.

Como es obvio, desde el ejecutivo de Sánchez­ se han apresurado a magnificar el hecho, asegurando que habrá una investigación. Estoy de acuerdo, porque si todos los españoles somos iguales ante la ley, como nos repiten machaconamente, es justo y deseable que este individuo, por muy presidente que haya sido, reciba una sanción adecuada. Pero en ese caso debería sancionarse igualmente a Iglesias, que también parece haber vulnerado la cuarentena. O todos moros, o todos cristianos.

Sin duda esta crisis cambiará muchas cosas, pero no creo que cambie el modo de ser de demasiados españolitos de a pie, mayormente incultos y chulos a rabiar. Estoy convencido de que, si queremos superar esta situación lo antes posible, deberían tomarse medidas más drásticas contra esos individuos que nos ponen en riesgo a todos con su forma de actuar.

© Antonio Quintana Carrandi,
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