AHORA LE TOCA A ENID BLYTON
por Antonio Quintana Carrandi
Enid Blyton
Enid Blyton

La perniciosa corrección política, ideología nacida en Estados Unidos para enmascarar las afinidades filomarxistas de sus impulsores, va imponiéndose en este desnortado mundo occidental de hoy día, rico en bienes materiales pero paupérrimo en principios y valores. No hace nada, dos escritores de la talla de Pérez Reverte y Vargas Llosa han sido tachados de machistas retrógrados por individuos infinitamente menos ilustrados que ellos. La izquierda ultramontana se ha dedicado desde siempre a expedir carnets de demócrata, pero de un tiempo a esta parte también se dedica a certificar quiénes son respetables y quiénes no. Los izquierdistas más recalcitrantes se han apropiado del feminismo, el animalismo, el pacifismo, el ecologismo y un montón de ismos más, pervirtiéndolos y convirtiéndolos en causitas con las que soliviantar al personal más manipulable, en sustitución de la antaño sacrosanta lucha de clases, mito ideológico de la izquierda hoy ampliamente superado por la realidad social y económica. Y así, mientras se ensalza a historiadores dedicados a la institucionalización de la mentira pura y dura, y a escritores que pergeñan novelas presuntamente históricas, que muestran a los torturadores y asesinos de las infames chekas frentepopulistas, y a los terroristas rurales del mal llamado maquis, como héroes románticos que luchaban por la libertad, un puñado de autores clásicos son estigmatizados como peligrosos reaccionarios.

Lo más grave de todo es que, gracias a la flojera y desinterés de cierta parte de la clase política, compuesta por señoritos golfos, cuya única preocupación es cosechar un montón de votos para repartirse cargos y dinero público, la demagogia políticamente correcta de la extremísima izquierda no sólo va imponiéndose, como apuntaba al principio, sino que hasta gobiernos conservadores o liberales la van asumiendo. De ahí que día sí, y día también, asistamos a la proclamación a bombo y platillo de una astracanada progre más.

Ahora le ha tocado a Enid Blyton (1897-1968), posiblemente la autora de libros infantiles más prolífica, leída y famosa del pasado siglo XX. Aún conservo muchos de sus libros, que en su día, cuando contaba ocho años o así, devoré con deleite. Pronto conocería la ciencia-ficción, una auténtica catarsis que me empujaría a arrinconar los libros de Blyton y otros similares en favor de las novelas de a duro, Asimov, Henlein, etcétera. Pero, como para tantos niños españoles de la época, para mí las sencillísimas novelas de Enid Blyton representaron una sana introducción al mundo de la literatura, de la mano de una autora excepcional. Eran las suyas historias sencillas, repletas de emoción y misterio, que enganchaban al lector infantil desde la primera página y no le soltaban hasta la última. Se trataba de novelas de aventuras en estado puro, carentes de conflictos morales y retratos psicológicos que, por otra parte, le hubieran impedido a la escritora conectar con el público menudo al que iban dirigidas. Blyton fue la primera autora de best-sellers infantiles. Sólo J. K. Rowling ha conseguido llegar a su nivel de aceptación popular, con sus novelas protagonizadas por Harry Potter. Blyton publicaba docenas de libros anuales, lo que ha inducido a pensar a algunos que tenía negros trabajando para ella, una soberana estupidez. Enid Blyton era una trabajadora compulsiva, que no escribía para vivir, sino que vivía para escribir; que se pasaba días y a veces hasta noches enteras enclaustrada en su despacho, tecleando frenéticamente en su máquina de escribir. Su obsesión por el trabajo influyó negativamente en su vida familiar, pero esa es otra historia.

El caso es que Blyton se ha convertido, con el paso de los años, en una autora incómoda para los adalides de la infame corrección política. Los progres están arremetiendo contra ella sin descanso desde hace décadas. Se empezó por reprocharle el recurso a unas estructuras gramaticales simples, sin considerar que esto obedecía al tipo de lectores para el que estaban pensados los libros, niños de entre siete y doce años, todavía poco formados. También se criticó su limitado vocabulario, que en realidad es culto y vastísimo, si se compara con el de la patulea iletrada que medra en la sucia politiquería española. Pero lo que clama al cielo es que se le acuse de racista, sexista y homófoba. Nada de todo eso hay en sus novelas. No puede tachársela de racista porque, por ejemplo, en algunas de sus obras aparezcan mayordomos negros, algo más habitual de lo que se piensa en la Inglaterra de los años 50. Por otro lado, su descripción de los personajes femeninos y sus roles en la sociedad se ajusta a lo que era normal en su tiempo, aunque hoy se nos antoje un tanto desfasado.

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Tengo para mí que los denostadores de Blyton nunca la han leído. En realidad, tampoco creo que hayan leído a Reverte, Vargas Llosa o cualquier otro de los autores que han puesto en la picota progre. Las de racista, sexista u homófobo no son más que etiquetas, como la de fascista, que la izquierda radical y analfabeta, y a veces hasta la presuntamente civilizada e instruida, llamada comúnmente socialdemócrata, pone a las personas que les resultan molestas por su nula disposición a plegarse a sus postulados ideológicos. Por eso, que determinada gente vierta sus exabruptos políticamente correctos sobre Blyton no me ha sorprendido en absoluto.

Lo que sí me ha sorprendido desagradablemente es que la Real Casa de la Moneda Británica, una institución que, como otras muchas, debiera estar muy por encima de la idiocia políticamente correcta, se haya negado a acuñar una moneda conmemorativa con la efigie de la escritora. Esto viene a demostrar que, como dije unos párrafos más arriba, la odiosa corrección política va triunfando no por sus propios méritos, de los que carece, sino por la dejadez y acomplejamiento de unos políticos atrapados en una espiral de patético buenismo electoralista, e incapaces de defender con firmeza los valores y principios más elementales.

Pero lo peor de todo es que, aunque los libros de Blyton siguen reeditándose en España, se trata de ediciones revisadas: es decir, tergiversadas y en buena parte reescritas, para que se ajusten lo más posible al ideario que, de unos años acá, y Educación para la Progresía mediante, se trata de inculcar en las nuevas generaciones. Otra perversión más de la izquierda bien pensante, aunque, en realidad, como ha quedado demostrado en innumerables ocasiones a lo largo de la historia, piense poco, tarde y mal.

Resulta evidente que la sociedad descrita por Blyton en sus obras es muy diferente a la actual en varios detalles. Pero reescribir o censurar determinados pasajes de sus novelas es simplemente una aberración. Lo lógico sería reeditarlas con notas al pie, o anexos en los que se explicaran o contextualizaran determinados puntos. Pero ya se sabe que la lógica y el sentido común están reñidos con la corrección política, así que me temo que mi sugerencia caerá en saco roto.

Los que tuvimos la suerte de nacer y crecer en un mundo en el que no existía internet, televisión masiva y a la carta y todo eso, nos refugiamos desde muy pequeños en la lectura, que llenó nuestras vidas de aventuras, abrió nuestras mentes y fomentó en nosotros el espíritu crítico. De Enid Blyton se puede decir lo que en su día se dijo de Corín Tellado: es lectura obligada para acceder a otras lecturas. Como autora de libros infantiles no tuvo rival. Sus novelas seguirán reeditándose y siendo leídas por millones de niños, cuando nadie se acuerde, ni por asomo, de los analfabetos funcionales que hoy la llaman racista, sexista y homófoba.


Notas

E incluso adelantada a su tiempo. Una de sus famosas series, Los Cinco es, tal y como comenta un lector de El Mundo: [...] en muchos aspectos, cumple con todas las paranoias actuales:una pandilla paritaria, dos chicos y dos chicas, con un perro al que consideran uno más, animalistas, con una de las chicas que desea ser trans y volverse un hombre, amantes de la naturaleza, ecologistas y que van en bicicleta a todos lados, como la niña ésa del cambio climático. https://tinyurl.com/pecados-enid-blyton.

Aunque esto no son más que chismorreos a los que hay que dar el pábulo justo, se comenta que Enid Blyton tenía una vida sexual de lo más desenvuelta. Algo igualmente adelantado a su tiempo. https://tinyurl.com/polemicas-enid-blyton.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.386 palabras) Créditos