La trilogía del hombre sin nombre, 3
EL BUENO, EL FEO Y EL MALO
EL BUENO, EL FEO Y EL MALO Italia, España, Alemania, 1966
Título original: Il buono, il brutto, il cattivo
Dirección: Sergio Leone
Guión: Sergio Leone, Luciano Vincenzoni, Furio Scarpelli
Producción: Alberto Grimaldi
Música: Ennio Morricone
Fotografía: Tonino Delli Colli
Duración: 182 min.
IMDb:
Reparto: Clint Eastwood (Rubio); Lee Van Cleef (Sentencia); Eli Wallach (Tuco Ramírez); Aldo Giuffrè (Capitán de la Unión); Luigi Pistilli (Padre Pablo Ramirez); Rada Rassimov (Maria); Claudio Scarchilli (Peón); John Bartha (Sheriff); Livio Lorenzon (Baker); Antonio Casale (Jackson);

Cuando Clint regreso a Estados Unidos, tras concluir el rodaje de LA MUERTE TENÍA UN PRECIO, Rawhide estaba dando sus últimas boqueadas. La serie, que había figurado entre las diez más vistas de la televisión estadounidense, justo detrás de la hoy mítica Bonanza, había descendido al puesto número 44 del ranking. Como se quería remontar la mala racha, tanto los productores como los ejecutivos de la cadena de televisión valoraron la posibilidad de empezar a filmar en color, que era la tendencia entre las series de mayor audiencia. Eso significaba un aumento notable del presupuesto por episodio, ya que la película de color era sustancialmente más cara que la de B/N. Pero James Aubrey, jefe de programación de la cadena, consideraba que Rawhide había llegado al límite y era partidario de cancelarla. Sin embargo, Aubrey cesó en su puesto muy pronto, y el vicepresidente ejecutivo de la emisora, Mike Dann, comentó en una reunión que a William Paley, presidente de CBS, le gustaba mucho Rawhide y no quería ponerle punto final. Claro que, para mantener en producción el programa, había que hacer cambios drásticos, y estos se concretaron en los despidos de Eric Fleming, James Murdock y Sheb Wooley, pues se pensaba que sus personajes estaban agotados. En su lugar se contrató a David Wilson, el afroamericano Raymond St. Jacques y John Ireland. Rowdy Yates, el personaje de Clint y el más popular, se convirtió en el principal protagonista, lo que no fue del agrado del actor. Eastwood comentó, con cierta amargura, que antes protagonizaba la mitad de los capítulos, y a partir del despido de Fleming tuvo que protagonizarlos todos por el mismo dinero. Clint se quejó al nuevo productor de la serie, Ben Brady, pero no hubo nada que hacer. La CBS no daría su brazo a torcer en el aspecto económico, y a Eastwood no le quedaba otra que aceptarlo o dejarlo, así de claro.

De todas formas, Rawhide estaba prácticamente acabada. Los cambios no se tradujeron en una mejoría de los niveles de audiencia, y, para colmo, la serie fue cambiada de día y hora de emisión, pasando a programarse los martes por la noche, en competencia con Combat, una estupenda producción bélica que rápidamente había pasado a figurar en el Top Ten de los programas más vistos. La última temporada de Rawhide constó sólo de trece episodios, finalizando en enero de 1966.

El fin de Rawhide fue acogido por Clint con un suspiro de alivio. En Europa su segundo spaghetti western había causado sensación, y Sergio Leone contaba con él para el último título de su trilogía. Eastwood deseaba abrirse camino en la pantalla grande y no derramó una lágrima por la desaparición de Rawhide. La CBS, por intercesión de Irving Leonard, se avino a compensarle con algo más de 100.000 dólares, en concepto de indemnización por los diecisiete capítulos que no llegaron a rodarse.

Eastwood emprendió viaje a Italia, donde, además del trabajo para Leone, pensaba interpretar un pequeño papel en LAS BRUJAS (LE STREGHE, Luchino Visconti, Mauro Bollognini, Franco Rossi, Vittorio De Sica y Pier Paolo Pasolini, 1967), película de episodios producida por Dino De Laurentiis, que se revelaría como una de las peores de su carrera. Después se fue a París, para asistir al estreno en la capital gala de LA MUERTE TENÍA UN PRECIO, y más tarde se dispuso a acometer el rodaje de la que sería su última colaboración con Sergio Leone.

En EL BUENO, EL FEO Y EL MALO Clint interpretaría de nuevo al misterioso Hombre sin Nombre, y Lee Van Cleef encarnaría a un villano despiadado. El tercero en discordia sería un intrigante bandido llamado Tuco. Los tres se hallarían a la caza de un tesoro enterrado por los confederados. La acción del film se desarrollaría durante la Guerra de Secesión.

Clint albergaba ciertas reticencias sobre esta película. El primer film se había centrado en su personaje, que en el segundo perdió algo de protagonismo en favor de Lee Van Cleef. La tercera cinta iba a centrarse en Tuco, un papel escrito en principio para Gian María Volonté, que al final recayó en el magnífico Eli Walach. Parece ser que Eastwood se lo pensó un poco antes de firmar con Leone. El actor comentó que en la primera película estaba solo, en la segunda los protagonistas eran dos y en la tercera tres. Si esto sigue así, dijo sarcásticamente, ¿qué será lo próximo? ¿Un film en el que deba compartir el protagonismo con el 7º de Caballería? Era evidente que el actor estaba muy preocupado porque Tuco eclipsara a su personaje, pero Leone le tranquilizó. Aunque Marlon Brando hiciera de Tuco, le dijo, estaría trabajando para ti cuando no estuvieras en pantalla.

Clint Eastwood era un actor en alza, y eso se notaba en la sorda pugna entre los que manejaban entonces su carrera. Ruth Marsh era su publicista y le recomendó hacer EL BUENO, EL FEO Y EL MALO. En la agencia William Morris se enfurecieron al conocer la intervención de Marsh, pues consideraban que la carrera del actor era asunto exclusivamente suyo. Irving Leonard, por su parte, aborrecía a Marsh y se sentía celoso del ascendiente que sobre el actor tenía la publicista, hasta el punto de pretender que otra firma asumiera la publicidad de Clint. Era un momento delicado, porque POR UN PUÑADO DE DÓLARES y LA MUERTE TENÍA UN PRECIO todavía no se habían estrenado en USA, y no estaba claro cómo iban a reaccionar los espectadores americanos ante unos westerns tan atípicos. Clint no tenía ninguna otra oferta a la vista, y anhelaba la seguridad económica que le daría el tercer western de Leone. Pero William Morris, deseosa de quedar bien con el actor, consiguió renegociar su contrato con Leone, obteniendo para Clint un salario de un cuarto de millón de dólares, además de un diez por ciento de los beneficios que generase la película. Esto, sumado a lo que el actor había percibido durante sus años en Rawhide, le convirtió en un hombre rico.

Ruth Marsh, que tanto había luchado por Clint, fue víctima de los manejos de Leonard y la agencia William Morris. Cuando Clint habló con ella, y le dijo que, sintiéndolo mucho, debía hacer caso a la agencia y a su representante personal y prescindir de sus servicios, a la mujer se le vino el alma al suelo. Años más tarde, con Eastwood convertido ya en una estrella del cine, Marsh intentó que Clint volviese a contratarla, pero para entonces ya se ocupaba de esta tarea Jerry Pam, de Gutman & Pam, que era una de las firmas publicitarias más importantes de Hollywood. Aunque Gutman & Pam se ocuparon de la publicidad de Clint durante veinte años, esta acabaría quedando en manos de la poderosa Warner Bros.

Leone, mientras tanto, estaba ultimando la preproducción de EL BUENO, EL FEO Y EL MALO. Gian María Volonté debería haber asumido el rol de Tuco, pero rechazó aparecer en otra cinta de Leone porque, según parece, la elitista crítica italiana, de tendencia izquierdista, le había puesto a parir, arguyendo que un actor como él no debía rebajarse a protagonizar subproductos de consumo. Como buen comunista con ínfulas de intelectualillo, Volonté le dijo que no a Leone, y este pensó de inmediato en Eli Wallach, un respetadísimo actor de Broadway, que tantas escenas había robado a juicio de los críticos en LOS 7 MAGNIFICOS. Wallach no conocía a Leone, así que se las arregló para ver POR UN PUÑADO DE DÓLARES, que ya se encontraba en USA pero todavía no había sido estrenada. Le basto ver cinco minutos de la película para decidirse a aceptar la oferta del italiano. En opinión de Wallach, Leone había logrado inyectar sabia nueva a un género tan trillado como el Western.

El proceso de rodaje de EL BUENO, EL FEO Y EL MALO fue como el de los dos films anteriores. No obstante, hubo algunas novedades, la más importante de ellas el tratamiento del color. Las dos primeras películas ostentaban un colorido chillón y tosco. Leone, que deseaba darle otro ambiente a la cinta, confió el asunto a Tonino Delli Colli, operador muy hábil a la hora de captar la luz natural, y que podría dotar al film de cierta brillantez y elegancia pictórica. Colli realizó un trabajo magnífico, y a efectos estéticos EL BUENO, EL FEO Y EL MALO es la mejor de las películas que componen la trilogía.

Concluido el rodaje de interiores en Cinecittá, el equipo se trasladó a España, donde se filmarían las escenas del Profundo Sur en la meseta, y las del Oeste de nuevo en tierras almerienses. La filmación iba a ser muy compleja, porque requeriría unos escenarios variados y muy elaborados. Debían aparecer una ciudad sitiada, un campo de batalla de la Guerra de Secesión y también un vasto campo de prisioneros. Sin embargo, la secuencia que ha quedado grabada en la retina de todo cinéfilo, es la del duelo final a tres bandas entre Eastwood, Van Cleef y Wallach. El cementerio en el que tiene lugar este clímax memorable fue construido por doscientos soldados españoles, que levantaron un camposanto con varios miles de lápidas en círculo, como evocando un circo romano. Ennio Morricone declararía más tarde que Leone le había encargado una partitura especial para esta secuencia, una música que, según el director, debía sugerir al espectador que los cadáveres se estaban riendo en sus tumbas. La secuencia es perfecta, con giros hipnóticos de la cámara, interrumpidos ocasionalmente por sugerentes primeros planos. Con el añadido de la efectiva música de Morricone, da la impresión de un increíble ballet visual.

La escena más complicada y cara de rodar fue la de la voladura de un puente. Del trabajo se iban a ocupar un oficial del ejército español, experto en explosivos, y un técnico de efectos especiales. Todo estaba preparado, pero Leone retrasó la voz de ¡Acción! pues esperaba que las nubes que tapaban el sol pasaran. La escena se filmaría con tres cámaras: la primera para imágenes ralentizadas, la segunda con objetivo de gran angular, para captar la explosión con todos sus detalles, y la tercera para obtener los primeros planos. El técnico de efectos especiales acordó con el oficial español que la señal para la voladura sería la palabra ¡Vaya! gritada en castellano. Fue precisamente ese técnico el culpable del desaguisado posterior, porque inmediatamente se volvió hacia un miembro del equipo, ordenándole que conectara los motores de las cámaras, y como el sujeto no se daba la suficiente prisa en obedecerle, le gritó: ¡Vaya de una vez! Leone, que todavía estaba mirando al cielo e impacientándose porque las nubes no acababan de pasar, se sobresaltó al escuchar la horrísona deflagración. El técnico de efectos especiales huyó de allí como alma que lleva el diablo. El caos fue mayúsculo, y cuando todos esperaban que Leone estallara en una explosión de ira, se limitó a decir: Vamos a comer.

Por suerte, nadie resultó ni siquiera herido de levedad, pero hubo que reconstruir el puente y volarlo de nuevo, lo que, sumado a los salarios del medio centenar de soldados españoles que aparecen, elevó considerablemente el coste final de la película.

Las tres aventuras del Hombre sin Nombre, a las que algunos se refirieron despectivamente como La trilogía de la paella, llegaron a las pantallas de Estados Unidos en enero de 1967. United Artists, distribuidora de las cintas, utilizó una estrategia inusual para unas películas extranjeras. Los tres títulos fueron promocionados a lo grande, casi como si se tratara de films de James Bond, que por entonces rompían las taquillas allá donde se proyectaban. El presupuesto publicitario asignado para los films de Leone por United Artists fue elevadísimo, pero los resultados fueron los esperados. Para el estreno oficial de la trilogía se reservaron los cines más emblemáticos del país: el Pantages de Los Ángeles, el Music Hall de Boston y el Oriental de Chicago. En enero se estrenó POR UN PUÑADO DE DÓLARES, en mayo LA MUERTE TENÍA UN PRECIO y en diciembre, coincidiendo con las vacaciones de Navidad, EL BUENO, EL FEO Y EL MALO. Clint Eastwood realizó un viaje por todo Estados Unidos para promocionar las películas.

EL BUENO, EL FEO Y EL MALO se convirtió en la más taquillera de las tres cintas de Leone, pues recaudo, sólo en USA, la friolera de ocho millones de dólares. Fue también el film más taquillero de Eastwood hasta EL FUERA DE LA LEY (THE OUTLAW JOSEY WALES, Clint Eastwood, 1976).

La Trilogía del Hombre sin Nombre dignificó el Spaghetti Western, aunque las opiniones de los críticos se dividieron. Hubo quien alabó la originalidad de Leone y el trabajo de Eastwood, y también quien los denostó sin piedad. Pero el público de todo el mundo, que es el que tiene la última palabra, acogió los films con entusiasmo.

Leone, exultante, ya tenía en mente un proyecto mucho más ambicioso y quería a Eastwood de protagonista. El cineasta lo concebía como una cuarta entrega de las aventuras del Misterioso Forastero. Pero aunque Leone llegó a trasladarse a Los Ángeles, para explicarle a Clint de qué iba la cosa y obtener su aprobación, el actor rechazó la oferta. Aquellos tres westerns habían hecho de él uno de los rostros más populares del cine mundial, y estaba ansioso por enfrentarse a nuevos retos profesionales. El proyecto de Leone dio origen a HASTA QUE LLEGÓ SU HORA (C´ERA UNA VOLTA IL WEST, 1969), el último gran título del Spaghetti Western, y estaría protagonizada por Charles Bronson, Henry Fonda, Jason Robards y Claudia Cardinale.

El Spaghetti Western fue degenerando en burdas imitaciones de los señeros títulos de Leone, hasta llegar a hastiar al público. Pero las tres magníficas películas del cineasta italiano permanecerán siempre como muestra del mejor cine trasalpino de género.

© Antonio Quintana Carrandi, (2.296 palabras) Créditos