EVA AL DESNUDO
EVA AL DESNUDO EE. UU., 1950
Título original: All About Eve
Dirección: Joseph L. Mankiewicz
Guión: Joseph L. Mankiewicz sobre un relato de Mary Orr
Producción: Darryl F. Zanuck para 20th Century Fox
Música: Alfred Newman
Fotografía: Milton Krasner en B/N
Duración: 158 min.
IMDb:
Reparto: Bette Davis (Margo Channing); Anne Baxter (Eve Harrington); George Sanders (Addison DeWitt); Celeste Holm (Karen Richards); Gary Merrill (Bill Simpson); Hugh Marlowe (Lloyd Richards); Thelma Ritter (Birdie Coonan); Marilyn Monroe (Claudia Casswell); Gregory Ratoff (Max Fabian); Barbara Bates (Phoebe)

Sinopsis

Eve Harrington es galardonada con el premio Sarah Siddon a la mejor actriz teatral. Tres de los asistentes a la entrega del galardón recuerdan cómo consiguió hacerse un nombre en el mundo de la interpretación. Porque Eve Harrington es una mujer manipuladora, ambiciosa y egoísta, que no ha reparado en medios para alcanzar el triunfo.

Si CAUTIVOS DEL MAL (THE BAD AND THE BEAUTIFUL, Vincente Minnelli, 1952) es la mejor película sobre los entresijos del mundo del cine, EVA AL DESNUDO es el film más importante que Hollywood dedicó al mundo del teatro. La industria cinematográfica ya había producido cintas ambientadas en el universo teatral, pero ninguna tan fascinante como la que nos ocupa. Joseph Leo Mankiewicz conocía bien aquel ambiente, y lo plasmó en un film maravilloso, atemporal, único, en el que se aprecia la fascinación que sobre su director y guionista ejerció siempre el mundillo de las tablas. No debe sorprender, por tanto, que esta sea considerada unánimemente como su mejor película.

El principio

Mankiewicz llevaba largo tiempo acariciando la idea de realizar la película definitiva sobre el teatro, sus actores y las tramas reales que se entretejen entre bambalinas, de las que nunca son conscientes los espectadores, pero que afectan en mayor o menor medida a las personas que han consagrado sus vidas a esa profesión. Tenía el concepto, e incluso había elaborado un borrador del guión. Sin embargo, le faltaba el segundo acto, como se suele decir en el argot teatral. Lo que tenía escrito hubiera dado para una película medianamente aceptable, pero él no estaba dispuesto a alumbrar ninguna mediocridad, de modo que apartó a un lado el proyecto y siguió con sus labores habituales, esperando el golpe de inspiración que le permitiera escribir un guión realmente perfecto.

A principios de 1949 Mankiewicz estaba rodando ODIO ENTRE HERMANOS (HOUSE OF STRANGERS), un correctísimo film noir donde Edward G. Robinson estaba componiendo una de sus mejores interpretaciones. Poco antes se había estrenado CARTA A TRES ESPOSAS (LETTER TOO THREE WIVES, 1948), que estaba cosechando un éxito enorme y había catapultado la carrera de Mankiewicz a lo más alto. Fue entonces cuando la oficina neoyorkina de 20th Century Fox, el estudio para el que trabajaba y el primero en permitirle acceder a la dirección, le envió LA SAGACIDAD DE EVA (THE WISDOM OF EVE), cuento de Mary Orr publicado por la revista Cosmopolitan en 1946. El relato se basaba en la experiencia que la actriz teatral Elizabeth Bergner, y su marido, el director y productor de cine Paul Czinner, habían tenido con una ambiciosa aspirante a estrella, una chica joven, manipuladora y carente de escrúpulos. En el relato esta chica conseguía su objetivo, obteniendo un contrato en Hollywood, y además el amor de un reputado comediógrafo, que abandonaba a su mujer por ella. El cuento había dado pie a una obra teatral radiofónica, con el mismo título, que había sido emitida por la emisora NBC en su programa Radio Guild Playhouse.

Tras leer el cuento varias veces, Mankiewicz concluyó que el texto le ofrecía un punto de partida, una fuerza motriz, ideal para desarrollar más en profundidad la película que tenía en mente. No obstante, le era imposible ponerse a trabajar sobre su idea en aquel momento, porque después de filmar ODIO ENTRE HERMANOS tenía otra cinta apalabrada con el Estudio, UN RAYO DE LUZ (NO WAY OUT, 1950), crudo melodrama antirracista, cuyo rodaje debía comenzar en octubre de 1949. Pero estaba entusiasmado con el proyecto, y aprovechó las vacaciones de verano para escribir el guión, para lo cual, como había hecho con el de CARTA A TRES ESPOSAS, decidió recluirse durante tres semanas, para que nada le distrajera de su labor creativa. Su amigo, el actor Ronald Colman, le prestó un bungalow en Santa Bárbara, California, donde pudo trabajar a sus anchas. Empezaba a escribir a las ocho de la tarde y trabajaba hasta las tres o las cuatro de la madrugada, a veces escuchando al mismo tiempo la radio. Tras dormir unas horas, jugaba al tenis, daba largos paseos para despejar la mente, y a las ocho volvía a escribir.

Lo cierto fue que Mankiewicz no empleó mucho del cuento original, sino que se basó en él para mejorar su propia historia. La Eva imaginada por Mankiewicz no lograba conquistar al autor teatral, y además era desenmascarada por un crítico temible, Addison DeWitt, personaje que no existía en el relato de Orr, y que Joseph Leo concibió como su alter ego. Su propósito era narrar la historia mediante flashbacks, de manera que la progresión de la misma correspondiese a tres puntos de vista distintos. Así, la historia debería evolucionar a través del testimonio de tres de los personajes principales: Margo, la gran estrella, DeWitt, el crítico mordaz, y Karen, la mujer del autor dramático.

Con el planteamiento básico organizado, Mankiewicz se dedicó a lo que más le gustaba: crear diálogos memorables. Como dialoguista era un genio, pero en EVA AL DESNUDO se superó a sí mismo, porque los diálogos de esta joya cinematográfica son hábiles, sugerentes, chispeantes en ocasiones, mordaces en otras y, sobre todo, atemporales. Construir un buen diálogo es una de las tareas más difíciles de un escritor, no importa si escribe una novela, un guión de cine o televisión o un libreto teatral. Los de EVA AL DESNUDO son tan excepcionales, que su guión todavía se emplea hoy día como libro de texto en todas las academias cinematográficas del mundo.

Una vez concluido su trabajo, Joseph Leo se lo dio a leer a su primera esposa, Rosa Stradner, con la que se había casado en 1939. Mankiewicz sabía que su mujer era su crítico más severo, pero también que era muy inteligente y tenía una especie de sexto sentido para discernir lo que se podía mejorar en un guión. La pareja discutía con frecuencia por esta razón, pero, al final, Mankiewicz acababa por hacer caso a su cónyuge y revisaba los textos en los puntos que ella le indicaba. En este caso, lo de que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer era cierto.

Como tenía que embarcarse en el rodaje de UN RAYO DE LUZ, Joseph Leo le pasó el guión terminado al productor Sol C. Siegel, que acababa de fichar por la 20th Century Fox. Quería que Siegel, que gozaba de un gran prestigio profesional, se lo presentara a Darryl F. Zanuck, el todopoderoso magnate del estudio, esperando que este diese luz verde al proyecto. Las cosas no salieron exactamente como Mankiewicz deseaba, porque Zanuck, tras leer el guión, se entusiasmó, dijo que de allí saldría una obra maestra... y decidió producirlo él mismo.

Mankiewicz estaba un poco disgustado, porque no sólo quería dirigir la película, sino también producirla. Al fin y al cabo, tenía una dilatadísima experiencia en el campo de la producción. Pero como Zanuck era el que mandaba, no le quedó otra que resignarse. Los problemas no habían hecho más que empezar.

La lucha por el reparto

Zanuck lo tenía claro: Marlene Dietrich sería Margo Channing, Jeanne Crain interpretaría a Eva y José Ferrer a DeWitt. Mankiewicz discrepaba, ya que no le gustaba un pelo la Dietrich, y consideraba que Crain no estaba a la altura del personaje de Eva. Tenía, en cambio, muy buena opinión de José Ferrer, pero tampoco creía que fuera adecuado para el papel del crítico teatral. Mankiewicz había puesto los ojos en Anne Baxter, que le parecía perfecta para el rol de Eva. Baxter, que había conseguido un contrato con la Fox después de que Zanuck viera sus pruebas para REBECA (REBECCA, Alfred Hitchcock, 1940), había estado hasta entonces protagonizando las películas que Jeanne Crain se negaba a hacer, y lo cierto es que estaba un poco harta de que se la considerase como una suplente de última hora y poco más. Mankiewicz y Zanuck mantuvieron un tenso tira y afloja sobre este asunto, aunque al final el segundo tuvo que ceder. Irónicamente, Anne Baxter, que asumía los papeles rechazados por Jeanne Crain, se hizo con el personaje que ésta más ambicionaba.

A Mankiewicz le costó menos convencer a Zanuck en cuanto a la sustitución de José Ferrer por George Sanders, un actor que generalmente interpretaba papeles de villano en films de aventuras o de misterio. Para el personaje de Karen Richards fue seleccionada Celeste Holm, especializada en estereotipados roles de rubia impertinente. Esta actriz había ganado el Oscar a la mejor secundaria por LA BARRERA INVISIBLE (GENTLEMAN´S AGREEMENT, Elia Kazan, 1947). Zanuck, quizás intuyendo que Mankiewicz sabía lo que se traía entre manos, no se entrometió en la elección de Celeste Holm, ni tampoco en la de Hugh Marlowe para Lloyd, el autor dramático, ni en la de Gary Merrill para Bill, el director de escena. Al fin y al cabo, se trataba de actores consagrados, que además estaban en la nómina de la Fox.

Como también estaba en nómina Thelma Ritter, que se encargó de dar vida a Birdie Cohan, la ayudante de Margo y conciencia crítica de la actriz. Ritter era una intérprete excepcional, capaz de insuflar vida y gracia a cualquier papel. En EVA AL DESNUDO hace una de sus interpretaciones más celebradas, y a pesar de estar relativamente poco tiempo en pantalla, consiguió que los cinéfilos de medio mundo asociaran la película con ella, además de con Bette Davis. Las cuatro damas de la película, Davis, Baxter, Holm y Ritter, fueron nominadas a los Premios de la Academia, pero por desgracia ninguna de ellas ganó.

El breve papel de Miss Casswell, la protegida de Addison DeWitt, le cayó en suerte a Marilyn Monroe, que fue avalada por su agente, Johnny Hyde, viejo amigo de Mankiewicz. La explosiva Marilyn había sido contratada por la Fox exclusivamente por su físico, pero Zanuck la consideraba una rubia tonta de la que, tarde o temprano, tendrían que deshacerse, pues no parecía tener talento como actriz. Cuando se enteró de que formaría parte del reparto de EVA AL DESNUDO, a Darryl casi le da una lipotimia. En ese momento no podía ni imaginar que Marilyn Monroe se convertiría muy pronto en la principal estrella femenina de 20th Century Fox.

Quedaba el papel principal, el de Margo Channing. Eliminada Marlene Dietrich, la siguiente opción era Gertrude Lawrence, actriz teatral que declinó el ofrecimiento, pues prefirió protagonizar la obra EL REY Y YO (THE KING AND I), que fue estrenada en Broadway el 21 de marzo de 1951. EL REY Y YO, versión teatral, fue un éxito, pero Gertrude Lawrence, enferma de cáncer, falleció tan sólo un año y medio más tarde. Entonces Zanuck propuso a Claudette Colbert, que había estado inmensa en SUCEDIÓ UNA NOCHE (IT APPENED ONE NIGHT, Frank Capra, 1934), y Mankiewicz estuvo de acuerdo. La señora Colbert, una de las damas mejor consideradas de Hollywood, se mostró entusiasmada con el personaje. Claudette, a pesar de su brillantísima carrera, tenía una espina clavada en su amor propio. Un año antes había estado a punto de protagonizar EL ESTADO DE LA UNIÓN (STATE OF UNION, Frank Capra, 1948) junto a Gary Cooper. Pero Cooper fue reemplazado por Spencer Tracy, que declaró que sólo haría la película si su partenaire era Katharine Hepburn. Como la indómita Kate era una de sus mejores amigas, Claudette no se enfadó, aunque se llevó una desilusión tremenda. Desgraciadamente, tampoco pudo protagonizar EVA AL DESNUDO. Cuando Zanuck contactó con ella, la actriz estaba de vacaciones en Suiza. Tenía pensado interrumpirlas y partir para los Estados Unidos, pero un desafortunado accidente de esquí le provocó lesiones en la espalda. El rodaje no podía suspenderse, porque eso le costaría una fortuna al Estudio, así que se imponía sustituirla de inmediato. Zanuck tuvo entonces una idea genial: recurrir a Bette Davis. La actriz estaba en horas bajas, pues poco antes había sido destronada por Warner Bros, Estudio en el que había reinado durante dos décadas, y nadie quería contratarla en aquel momento. Bette y Zanuck no se llevaban nada bien, pero después de leer el estupendo guión, la actriz firmó el contrato inmediatamente. EVA AL DESNUDO sería providencial para Bette Davis, pues cambió su vida y su carrera, dándole la oportunidad de demostrar que todavía no estaba acabada, ni mucho menos.

La inclusión de Bette Davis en el reparto y a última hora no les hizo ninguna gracia a los otros actores. Gary Merrill fue el que más hostilidad le mostró a la antigua Abeja Reina de Warner Bros. En esos momentos, no podía sospechar que entre Bette y él surgiría una intensa atracción, que los llevaría a unirse en un matrimonio que duraría diez años y sería el tercero y más prolongado de la actriz.

El rodaje dio comienzo el 11 de abril de 1950, en el Curran Theatre de San Francisco, que pasaría por el elegante teatro de Broadway donde transcurría buena parte de la acción. Al principio, las relaciones entre Mankiewicz y sus actores fueron un poco difíciles. Anne Baxter se quejaba del modo de trabajar de George Sanders, que era un magnífico actor, pero de personalidad apagada. Cuando no rodaba, Sanders se recluía en su camerino y se echaba largas siestas. Era lento en entrar en calor, y no conseguía meterse bien en el personaje hasta la octava o novena tomas, algo que exasperaba a Baxter y molestaba a Mankiewicz. Pero una vez que alcanzaba el tono requerido, salían a la superficie sus grandes dotes actorales y estaba sencillamente perfecto. Un director como William Wyler, que no se cansaba de repetir tomas hasta alcanzar la perfección absoluta, podía sacar mucho partido de alguien como Sanders, pero a Mankiewicz le fastidiaba bastante.

La que dio la nota fue Marilyn Monroe. Una escena que tenía con Sanders en el vestíbulo del teatro tuvo que repetirse 25 veces, ya que la rubia explosiva no era capaz de recordar sus frases. Mankiewicz se estaba hartando de ella, pues en otra ocasión llegó al plató con más de una hora de retraso. Al director le preocupaba la reacción de Bette Davis, que siempre había destacado por ser una profesional entregada. Pero Bette se limitó a emitir un comentario sarcástico acerca de la falta de seriedad de esas estrellitas que están empezando.

Aunque nadie pareció darse cuenta entonces, lo cierto es que Marilyn empezaba a dar muestras de la terrible inseguridad en sí misma que caracterizaría su carrera. Muy asustada ante la idea de trabajar con todos aquellos actores consagrados, y más aún de hacerlo con una gran figura como Bette Davis, constantemente temía meter la pata y estaba espantosamente nerviosa. Mankiewicz demostró tener mucha mano izquierda, porque se las arregló para tranquilizarla e infundirle confianza.

Para Mankiewicz fue un verdadero placer trabajar con Davis. El primer día de rodaje, Bette se presentó en el plató media hora antes de que la llamasen, perfectamente vestida y maquillada. Cuando empezó la filmación, estuvo perfecta en cada palabra, en cada sílaba, y no vaciló en ningún momento. Era la genuina encarnación de Margo Channing, ni más ni menos. No tuvo que repetir ninguna toma, y un agradecido Mankiewicz la definió como el sueño de cualquier director: una actriz bien preparada.

Al poco de iniciarse el rodaje se celebró la gala de los Oscars correspondientes a las películas estrenadas en 1948. Mankiewicz fue galardonado con dos estatuillas, como director y guionista de la deliciosa CARTA A TRES ESPOSAS, y el reparto de EVA AL DESNUDO le felicitó efusivamente y le hizo un pequeño regalo.

La pasión real de Bette Davis y Gary Merrill

Conforme avanzaba la filmación, se hizo evidente que Davis y Merrill sentían una creciente atracción. En las escenas románticas ponían, en opinión de George Sanders, demasiada pasión. Mankiewicz fue de los primeros en darse cuenta de que se estaban enamorando, y en una escena en la que tenían que abrazarse, los separó porque, según él, se estaban animando demasiado. Claro que aquello no molestaba al director, al contrario, le parecía estupendo porque favorecía la química del film.

Un éxito apoteósico

El rodaje finalizó el 7 de junio de 1950, y tras una proyección de prueba en un anodino cine de barrio, se retocaron algunos detalles y se procedió a su estreno oficial, que se verificó el 13 de octubre de 1950 en el Roxy Theatre de Nueva York. Al tratarse de una cinta de presupuesto moderado, para los niveles de producción de aquellos años, se amortizó su coste sólo con el estreno, e incluso se obtuvo un pequeño beneficio. En poco tiempo recaudó 3.100.000 dólares en las taquillas estadounidenses. Sus continuas reposiciones en salas cinematográficas, y sus innumerables pases televisivos, han hecho de ella una de las películas más rentables de la década de los 50, siempre en proporción a su coste.

EVA AL DESNUDO se estrenó en España en Barcelona, simultáneamente en los cines Fantasio y París, el 12 de diciembre de 1951. A Madrid llegó el 12 de abril de 1952 y se proyectó por primera vez en la sala Callao. En ambas ocasiones obtuvo los elogios del público, y fue saludada por la crítica como una de las mejores películas americanas que se habían estrenado en nuestro país en los últimos diez años.

La gran triunfadora de los Oscars

EVA AL DESNUDO batió el récord de las 13 nominaciones a los Oscars que ostentaba LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ (GONE WITH THE WIND, Victor Fleming, 1939). Fue nominada en los apartados de mejor película (Darryl F. Zanuck); director (J. L. Mankiewicz); actriz (Bette Davis y Anne Baxter); actor secundario (George Sanders); actriz secundaria (Celeste Holm y Thelma Ritter); guión (J. L. Mankiewicz); banda sonora (Alfred Newman); sonido (Thomas T. Moulton); montaje (Barbara McLean); fotografía en B/N (Milton Krasner); dirección artística en B/N (Lyle Wheller y George Davis, con los decoradores Thomas Little y Walter M. Scott) y vestuario (Edith Head). Gano seis Oscars: película, director, actor secundario, guión adaptado, vestuario y sonido. Bette Davis y Anne Baxter perdieron frente a Judy Holliday por NACIDA AYER (BORN YESTERDAY, George Cukor). Celeste Holm y Thelma Ritter fueron desbancadas por Josephine Hull y su papel en EL INVISIBLE HARVEY (HARVEY, Henry Koster). El premio a la mejor fotografía en B/N fue para Robert Krasker por EL TERCER HOMBRE (THE THIRD MAN, Carol Reed). El de montaje se lo llevaron Ralph Winter y Conrad Nervig por LAS MINAS DEL REY SALOMÓN (KING SOLOMON´S MINES, Compton Bennett y Andrew Marton). EL CREPÚSCULO DE LOS DIOSES (SUNSET BOULEVARD, Billy Wilder) acaparó los premios a la mejor dirección artística/decorados en B/N (Hans Dreider, John Meeham, Samuel Comer y Ray Moyer) y banda sonora (Frank Waxman). A título de curiosidad, cabe comentar que Mankiewicz también estaba nominado, junto con Lesser Samuels, en la categoría de mejor guión original por UN RAYO DE LUZ. La ceremonia de la 23ª edición de los Oscars se celebró en el RKO Pantages Theatre de Los Ángeles el 23 de marzo de 1951, y estuvo presentada por Fred Astaire.

La mejor película de Mankiewicz

Con EVA AL DESNUDO, Joseph Leo Mankiewicz conquistó, por segundo año consecutivo, los Oscars de mejor director y mejor guión. Sus actores, exceptuando a Sanders, no tuvieron tanta suerte, porque ninguno se hizo con una estatuilla. Pero en un caso insólito en la historia de Hollywood, prácticamente todo el elenco principal fue nominado. Un caso especialmente triste fue el de Bette Davis y Anne Baxter. Si sólo hubiese sido nominada para mejor actriz una de ellas, la designada hubiese tenido todas las papeletas para hacerse con el galardón. Por desgracia, sus candidaturas dividieron los votos del jurado, y el premio se lo llevó Judy Holliday, es justo reconocer que por una interpretación memorable. En una irónica jugada del destino, lo mismo les ocurrió a Celeste Holm y Thelma Ritter, que vieron como Josephine Hull les arrebataba la estatuilla con una actuación sólo correcta, que no podía ni compararse a las logradas por las actrices de Mankiewicz.

Bette se resarció de su derrota en los Oscars ganando el Premio de la Crítica de Nueva York, y en el festival de Cannes fue elegida como mejor actriz, obteniendo EVA AL DESNUDO el premio especial del jurado.

Una ácida visión del mundo de las tablas

EVA AL DESNUDO nos presenta el enfrentamiento entre dos actrices, una veterana y que saborea las mieles del triunfo, aunque es consciente de estar en el ocaso de su carrera, y una novata, ambiciosa, calculadora e hipócrita, que maniobra en la sombra para hacer a un lado a la estrella y ocupar su lugar. La historia está narrada desde los puntos de vista de Margo, Karen y DeWitt, pero el del cínico y perspicaz crítico, alter ego, como he dicho antes, del propio director, es el más relevante. Mankiewicz era un excelente cineasta, pero también era básicamente un hombre de teatro, que conocía muy bien el ambiente en que se desarrolla la historia y la forma de ser de las gentes de las candilejas. Por esa razón el film no trata sobre el teatro como arte, sino sobre las personas que trabajan en él, sus pequeñas miserias y grandezas. Por eso es muy significativo que en todo el metraje no asistamos a una sola representación.

Bette Davis está sencillamente fabulosa, interpretándose a sí misma, como hace algún tiempo comentó una persona muy querida para mí. Entre Margo Channing y Bette había no pocos puntos en común, pues ambas eran actrices consagradas, que se enfrentaban al reto de la decadencia artística y a la llegada de arribistas que aspiraban a sustituirlas. En la película, Margo acababa por aceptar que su vida profesional comenzaba a decaer, pero tenía la compensación del sincero y profundo amor de Bill Simpson. En la vida real, Bette remontó el bache que supuso su salida de Warner Bros y la consiguiente pérdida de popularidad, dándole un nuevo giro a su carrera, y que le permitiría permanecer durante algunos años más en el candelero.

Si Alfred Hitchcock era el mago del suspense, Mankiewicz fue el mago de la palabra. Sus películas se centran en los personajes. Los diálogos, elegantes y ocurrentes, ponían de relieve sus exquisitas inteligencia y sofisticación como guionista, a la vez que le servían para expresar más patentemente su deseo de ir aún más lejos en sus propuestas fílmicas. Buen conocedor de los entresijos de la industria del cine, creía que las películas podían aportar algo más que mero entretenimiento, que sus films entrañaban un ejercicio de responsabilidad de cara al público y a sí mismo. EVA AL DESNUDO fue el cenit de su carrera. La veintena de títulos que dirigió son casi todos ellos obras maestras, joyas imperecederas del mejor cine clásico. Pero con EVA AL DESNUDO se ganó a pulso un lugar destacado entre los mejores realizadores de la historia del cine.

© Antonio Quintana Carrandi,
(3.701 palabras) Créditos