La trilogía del hombre sin nombre
LA MUERTE TENÍA UN PRECIO
LA MUERTE TENÍA UN PRECIO Italia, España, Alemania, 1965
Título original: Per qualche dollaro in più
Dirección: Sergio Leone
Guión: Sergio Leone, Fulvio Morsella, Luciano Vincenzoni
Producción: Arturo González, Alberto Grimaldi
Música: Ennio Morricone
Fotografía: Massimo Dallamano
Duración: 132 min.
IMDb:
Reparto: Clint Eastwood (El Manco (Hombre sin nombre)); Lee Van Cleef (Coronel Douglas Mortimer); Gian Maria Volontè (El Indio); Mario Brega (Nino); Luigi Pistilli (Groguy); Aldo Sambrell (Cuchillio); Klaus Kinski (Juan Wild); Joseph Egger (Profeta); Panos Papadopulos (Sancho); Tomás Blanco (Sheriff); Roberto Camardiel (Jefe de estación); José Terrón (Guy Calloway); José Canalejas (Chico); Antonio Molino Rojo (Frisco);

La concepción de LA MUERTE TENÍA UN PRECIO fue más conflictiva que la del film precedente. En Jolly Films, intuyendo que tenían un filón entre manos, intentaron asegurarse los servicios exclusivos de Leone amarrándole con un contrato leonino. Leone no quería atarse a una productora. Sabía que manteniendo su independencia podía convertirse en el principal beneficiario económico de sus películas, y sospechando que Jolly Films se estaba quedando con parte de los beneficios que le correspondían, demandó a la productora rompiendo tratos con la misma. POR UN PUÑADO DE DÓLARES era vista como la primera de una serie de películas exitosas, y tan prometedor se adivinaba el futuro de los Spaghetti-westerns, que Alberto Grimaldi, abogado de Leone que llevaba su pleito contra Jolly Films, decidió invertir él mismo en la industria del cine, fundando PEA (Produzioni Europee Associate), que llegaría a ser una de las productoras más prestigiosas de Italia. Leone se mostró encantado, porque la inexperiencia de Grimaldi en materia cinematográfica le dejaba las manos libres para hacer la película a su manera. Grimaldi y Leone llegaron a un acuerdo, por el que éste último percibiría un 60 por ciento de los beneficios que diera la cinta, que tendría un presupuesto de trescientos cincuenta mil dólares.

Clint Eastwood, que en su país sólo era una estrella mediana de la televisión, se había convertido en el actor más popular en Europa. Había accedido a protagonizar la secuela, y en vista del apoteósico éxito de POR UN PUÑADO DE DÓLARES, se atrevió a pedir cincuenta mil de salario, una cantidad que, considerando su caché actual, hoy puede parecernos ridícula, pero que en 1965 era un buen pellizco. Leone no le regateó ni un centavo.

Un entusiasmado Leone conminó al guionista, Luciano Vincenzoni, a reducir los diálogos al mínimo imprescindible, convencido de que la profunda expresividad corporal del actor no necesitaba de muchas explicaciones verbales. Leone estaba conformando la que se convertiría en la imagen clásica de Clint, la de un hombre de pocas palabras y acciones contundentes, duro y frío, pero que sugería un fondo complejo, con unas vivencias interiores referidas a su pasado que quedaban por completo en manos de la imaginación del espectador.

Clint recibió un billete de avión en primera clase, además de los cincuenta mil dólares de salario, pero seguiría sin cobrar ningún porcentaje de los beneficios. POR UN PUÑADO DE DÓLARES le había convertido en un rostro popular en Europa, sobre todo en Italia, donde le habían puesto el apodo de Il Cigarillo. En una entrevista en la prensa, la mismísima Sofía Loren llegó a decir que, en aquel momento, el actor más famoso en Italia era Clint Eastwood. Clint estaba tan entusiasmado con el nuevo largometraje como Leone, pero había algo que no le gustaba e intentó convencer al director para que lo suprimiera. Leone le respondió que no podían dejar en casa a la principal estrella, que el puro era una seña de identidad del personaje. A Eastwood no le quedó otra que ceder.

La inclusión de Volonté en el film respondía a la intención de Leone de ofrecer al público un producto similar a POR UN PUÑADO DE DÓLARES. En LA MUERTE TENÍA UN PRECIO Volonté encarnó a un criminal aún más abyecto que el cruel Ramón Rojo, El Indio, que se erige en el enemigo directo del personaje de Eastwood. Pero según la idea de Leone, en esta ocasión habría un tercero en discordia, y la elección del actor que debía darle vida se convirtió en un quebradero de cabeza para el cineasta.

La principal variación, con respecto al film anterior, era la inclusión de ese tercer personaje, otro caza-recompensas apodado Coronel, cuyos motivos para perseguir a El Indio no eran económicos, sino personales. Leone soñaba con darle el rol a Lee Marvin, actor de físico recio y contundente, que había interpretado memorables secundarios en cintas de prestigio. Dispuesto a convencer a Marvin, Leone viajó de nuevo a los Estados Unidos. Marvin estuvo a punto de decir que sí, pero entonces le ofrecieron protagonizar, junto a Jane Fonda y un caballo, LA INGENUA EXPLOSIVA (CAT BALLOU, Elliot Silverstein, 1965) y se decidió por esta oferta, en principio por la comodidad que representaba para él un rodaje en su propio país. Acertó de lleno, porque la película fue muy exitosa y, contra todo pronóstico de la crítica, ganaría el Oscar al mejor actor protagonista frente a figuras de la talla de Richard Burton, Laurence Olivier o Rod Steiger.

Leone no se desanimó. Permaneció algún tiempo en USA, haciéndose proyectar innumerables westerns más o menos recientes, buscando entre sus repartos un rostro adecuado y un caché asequible. Cuando vio SÓLO ANTE EL PELIGRO (HIGH NOON, Fred Zinneman, 1952), cinta que ya conocía, reparó en el actor que interpretaba el fugaz personaje de Jack Colby. Le impresionó aquel rostro, que le recordaba los autorretratos del pintor Vincent Van Gogh. Aquella mirada maligna había convertido a Lee Van Cleef en un secundario habitual en los westerns americanos y Leone se convenció de que había dado con su hombre. Pero sus asesores trataron de quitarle aquella idea de la cabeza. Lee Van Cleef era alcohólico, se había sometido a una cura de desintoxicación y mostraba propensión a las depresiones. En aquel momento no tenía trabajo y malvivía pintando cuadros que vendía a treinta dólares. Sólo John Ford le había dado recientemente un pequeño papel en EL HOMBRE QUE MATÓ A LIBERTY VALANCE (THE MAN WHO SHOT LIBERTY VALANCE, 1962) y eran muchos los que consideraban que estaba acabado. Pero Leone no dio su brazo a torcer. Se entrevistó con el actor en su pequeño apartamento, donde pintaba, y cuando le ofreció cincuenta mil dólares, la misma suma que percibiría Eastwood, Van Cleef se quitó el delantal que llevaba puesto y pregunto: ¿Cuándo empezamos?.

Leone ya tenía su tercer protagonista, pero el rostro de Van Cleef le preocupaba, sobre todo su nariz demasiado aguileña. Intentó convencerle para que se sometiera a una intervención de cirugía plástica, pero el actor se negó en redondo. Cuando Leone sugirió que se utilizara el maquillaje para suavizar sus prematuras arrugas, Van Cleef volvió a negarse. Ese perfil tan poco fotogénico en apariencia, con esas marcadas arrugas que surcaban su rostro, terminaría de redondear el aspecto de amargo sufrimiento que caracterizaría al coronel Mortimer, confiriéndole realismo al personaje.

Antes de emprender viaje a Italia, Clint había leído una copia del guión que le había enviado Leone, encontrando cosas que no le convencían. Ni corto ni perezoso llamó por teléfono al guionista, Luciano Vincenzoni, que hablaba un perfecto inglés, y le sugirió la posibilidad de alterar sus diálogos. Vincenzoni no tuvo inconveniente en admitir que Eastwood tenía ideas muy buenas, y posiblemente fue el primero en darse cuenta de que el actor estadounidense estaba llamado a convertirse no sólo en un buen intérprete, sino en un gran cineasta.

El nuevo Spaghetti-western de Leone se rodaría entre finales de primavera y principios de verano, que era cuando Eastwood disfrutaba de sus vacaciones anuales en Rawhide. El proceso fue el mismo del film anterior. En los estudios Cinecittá se filmaron los interiores. Luego el equipo se trasladó a España para rodar los exteriores.

La estructura de LA MUERTE TENÍA UN PRECIO es de una inteligencia extrema, a pesar de su violencia salvaje, que incluye el acribillamiento a balazos de un bebé de dieciocho meses y su madre. Volonté consiguió una interpretación brutal y torturada, Lee Van Cleef aportó elegancia, pasión e ingenio a su personaje, y en cuanto a Clint, en ninguna otra película de Leone estuvo tan brillante.

Ennio Morricone volvió a ocuparse de la música. Su partitura para LA MUERTE TENÍA UN PRECIO es una de las más populares de la historia del cine. En esta ocasión potenció el silbido (il fischio en italiano) utilizándolo como si de un instrumento solista más se tratase. El tema central de la película es tan icónico en el mundo del western como los que compusieron Jerome Moross para HORIZONTES DE GRANDEZA (THE BIG COUNTRY, William Wyler, 1958) y Elmer Bernstein para LOS SIETE MAGNÍFICOS (THE MAGNIFICENT SEVEN, John Sturges, 1960).

El segundo western de Leone cimentó el éxito de Clint Eastwood en Estados Unidos, algo sorprendente. Italia había sido el refugio de viejas glorias fílmicas en horas bajas, la antesala de su completo olvido. Pero Clint le dio la vuelta al proceso. Marchó a Italia siendo un modesto actor televisivo, moderadamente famoso, y regresó transformado en una estrella. Era como hacer las Américas pero a la inversa.

LA MUERTE TENÍA UN PRECIO fue mucho más exitosa que POR UN PUÑADO DE DÓLARES. Vincenzoni, que como he dicho hablaba bien inglés, recibió el encargo de negociar el primer acuerdo de distribución de las películas de Leone en el mercado estadounidense. Leone y Vincenzoni invitaron a Arthur Krim y Arnold Picker, ejecutivos de United Artists, a una proyección en un cine de Roma. Los cuatro hombres acudieron de incógnito, como unos espectadores más. Krim y Picker se quedaron boquiabiertos al presenciar el espectáculo de cientos de personas abriéndose paso a empujones y codazos, deseosos de entrar en la sala. Cuando terminó la película y abandonaron el lugar en un coche, Arthur Krim simplemente preguntó: ¿Cuánto? Vincenzoni consiguió un millón de dólares garantizados, más el cincuenta por ciento de los beneficios de explotación en Estados Unidos. Los mercados de Italia, Francia, Alemania y España quedaban fuera del acuerdo. El doblaje al inglés y otros derechos se vendieron por novecientos mil dólares. El contrato fue firmado en una suite de un gran hotel romano. Tras estampar su firma, Arnold Picker preguntó: ¿Tienen pensado hacer otra película? Si es así, nos gustaría colaborar. Leone no atinó a responder, porque se había quedado en blanco por la sorpresa. Pero Vincenzoni esbozó sobre la marcha una idea, que sería la base de EL BUENO, EL FEO Y EL MALO. Krim y Picker se entusiasmaron, y éste último dijo: ¡Formidable! ¿Cuánto costará la película? Leone y Vincenzoni no salían de su asombro. El guionista respondió que tal vez un millón, o un millón doscientos mil dólares. Trato hecho, dijo Picker.

LA MUERTE TENÍA UN PRECIO rompió las taquillas allí donde se proyectó. Durante mucho tiempo fue la película más comercial del cine italiano después de LE SEGUÍAN LLAMANDO TRINIDAD (CONTINUAVANO A CHIAMARLO TRINITA, E. B. Clucher, 1972), curiosamente una parodia de los westerns de Leone.

Tras los apoteósicos triunfos de POR UN PUÑADO DE DÓLARES y LA MUERTE TENÍA UN PRECIO, el cineasta italiano estaba decidido a ofrecer al público adicto un film similar, pero mucho más espectacular y con cierto tono épico: EL BUENO, EL FEO Y EL MALO.

© Antonio Quintana Carrandi, (1.778 palabras) Créditos