OBSESIÓN
OBSESIÓN EE. UU., 1954
Título original: Magnificent Obsession
Dirección: Douglas Sirk
Guión: Robert Blees, sobre la novela de Lloyd C. Douglas
Producción: Ross Hunter para Universal International
Música: Frank Skinner
Fotografía: Russell Metty
Duración: 98 min.
IMDb:
Reparto: Jane Wyman (Helen Phillips); Rock Hudson (Bob Merrick); Agnes Moorehead (Nancy Ashford); Otto Kruger (Randolph); Barbara Rush (Joyce Phillips); Gregg Palmer (Tom Masterson); Paul Cavanagh (Dr. Giraud); Sara Shane (Valerie); Richard H. Cutting (Dr. Dodge); Judy Nugent (Judy); Helen Kleeb (Mrs. Eden); Rudolph Anders (Dr. Fuss); Fred Nurney (Dr. Laradetti); John Mylong (Dr. Hofer); Alexander Campbell (Dr. Allan); Mae Clarke (Mrs. Miller); Harvey Grant (Chris); Joe Mell (Dan)

Sinopsis

Un multimillonario egoísta y engreído, Bob Merrick, sufre un accidente cuando pilotaba temerariamente una motora. Para atenderle, la policía pide prestado un pulmón artificial al doctor Phillips, que al poco sufre un ataque y, al no disponer del vital aparato, fallece. La viuda de Phillips, Helen, descubre que su marido, que cobraba elevados honorarios a sus ricos pacientes, repartía luego ese dinero, de manera anónima, entre los más necesitados, por lo que está casi en la ruina. Mientras Helen trata de hacer frente a la situación, Merrick descubre que el doctor Phillips ha muerto indirectamente por causa suya, y esto tiene un impacto tremendo en su ánimo. Al principio intenta torpemente resarcir a Helen, pero provoca sin pretenderlo un accidente en el que la mujer pierde la vista. Los remordimientos hacen mella en él. Fingiéndose otra persona, establece una relación con la ciega Helen, y poco a poco surge el amor entre ellos.

Su verdadero nombre era Hans Detlef Sierk, pero ha pasado a la historia del cine como Douglas Sirk, el Rey del melodrama fílmico. Nacido en Hamburgo, Alemania, pero hijo de padres daneses, fue periodista, actor ocasional y director artístico, antes de estrenarse como realizador teatral en 1922. Dirigió su primera película en 1935, pero para entonces, con Hitler en el poder, la situación política en Alemania era incierta, y dado que no simpatizaba en absoluto con la ideología nazi, Sierk decidió abandonar el país. Con la excusa de buscar localizaciones para rodar exteriores en África, salió de Alemania con un permiso especial del gobierno y no regresó. En vez de al Continente Negro se dirigió a Francia, donde rodó dos películas más. Era una época muy convulsa, y sabedores de que muchos cineastas europeos estaban deseando alejarse del Viejo Continente y de los vientos de guerra que parecían cernirse en el horizonte, los gerifaltes de las Majors hollywoodenses andaban a la caza de talentos. Jack Warner no había visto ninguna película de Sierk, pero sus agentes en Europa le habían proporcionado amplios informes sobre él, describiéndole como un cineasta muy prometedor. El magnate de Warner Bros. no se lo pensó dos veces y le envió un telegrama a Sirk, ofreciéndole trabajo en Estados Unidos. El cineasta aceptó, pero sus comienzos en Hollywood no fueron nada fáciles, pues, por las razones que fuesen, Jack Warner pareció perder el interés en él. Sierk, ahora ya firmando sus trabajos con su seudónimo de Douglas Sirk, tardó nada menos que tres años en poder dirigir su primera película, una modesta producción independiente. Le costó bastante labrarse una carrera en Hollywood, pero en 1950, cuando ya llevaba nueve títulos estrenados, Universal le ofreció un contrato que le permitió filmar veintiuna películas en ocho años, films que le consolidaron como realizador y le dieron a conocer internacionalmente.

Universal siempre había mostrado predilección por el cine de entretenimiento, por el escapismo y la evasión más sencillos. Por esta razón, desde el principio la producción fílmica de Sirk fue dirigida por el Estudio principalmente hacia el melodrama, género en el que llegaría a ser el mayor especialista. En cierto modo, resulta irónico que alguien como él, que había destacado como un refinado director teatral, acabara obteniendo fama y gloria gracias a unos tremendos dramones fílmicos, basados casi todos ellos en mamotretos literarios prácticamente ilegibles. Pero, para ser honestos, hay que reconocer que, en manos de Sirk, la historia más rocambolesca y estomagante acababa por devenir en una buena película, pues poseía la rara habilidad de infundir fuerza y colorido a los relatos más insulsos.

El productor Ross Hunter valoraba muchísimo a Sirk. Después de producirle el western clásico RAZA DE VIOLENCIA (TAZA, SON OF COCHISE, 1953), Hunter le propuso trabajar con la entonces gran estrella Jane Wyman. La idea del productor era rodar un remake de SUBLIME OBSESIÓN (MAGNIFICENT OBSESSION, John M. Stahl, 1935), un melodrama protagonizado por Robert Taylor e Irene Dunne, que en su día había obtenido un gran éxito. El director accedió, y como pretendía adaptar con la mayor fidelidad la novela de Lloyd C. Douglas, se dispuso a leerla. La obra le causó muy mala impresión, hasta el punto de que fue incapaz de terminarla. Sirk le confesó a Hunter que, a su juicio, aquel novelón era un bodrio infumable, maravillándose de que Stahl hubiese sacado de ahí una película potable. Admiraba a Stahl, pero no se veía capacitado para hacer un film sobre un material tan deleznable. Hunter admitió que la novela no era buena, pero insistió en que Stahl había demostrado que se podía llevar al cine. Sirk dudaba, pero ante la insistencia de Hunter, se avino a leer un borrador del argumento que le pasó éste. No muy convencido, se dejó embarcar en el proyecto y colaboró estrechamente con Robert Blees en el tratamiento del guión. Cuando terminaron el trabajo, y obtuvieron el visto bueno de Universal, Sirk comenzó el rodaje de una historia que siempre diría que tenía algo de irracional, pero que aun así le atraía, porque representaba un auténtico reto, según sus propias palabras, convertir un dramón tan disparatado en una película con una estructura sólida. El resultado fue muchísimo mejor de lo que había esperado, pues OBSESIÓN, versión de 1954, figura como uno de los grandes títulos del melodrama fílmico.

Jane Wyman era buena actriz, pero estaba considerada una mujer muy poco atractiva, y en las altas esferas de la Universal se temía que no estuviera a la altura de la hermosa Irene Dunne. Sin embargo realizó una notable interpretación, y su escaso atractivo físico devino, paradójicamente, en favor de la excelente acogida del film. En efecto, el público femenino la veía como una mujer normal, más cercana a la imagen típica de la americana media que la mayoría de las bellezas de Hollywood, lo que hizo que muchísimas espectadoras se identificaran con ella. Por su parte, Rock Hudson, uno de los valores masculinos en alza de Universal, era un prometedor actor al que el Estudio estaba promocionando en westerns y películas de aventuras. Emparejar a un galán semejante con la supuestamente poco agraciada Wyman era arriesgado, pues según algunos directivos de Universal, nadie se creería que un hombre de su juventud y apostura se enamorara de la prematuramente envejecida ex de Ronald Reagan. Pero Sirk, que acababa de dirigirle por primera vez en RAZA DE VIOLENCIA, el único western de su carrera como realizador, sabía que era un excelente intérprete y apostó por él desde el principio. Para asombro de muchos, en la película se reveló la existencia de una química muy especial entre Hudson y Wyman, que contribuyó a aportar un plus de credibilidad a sus personajes.

Aunque la cinta parecía tener todas las papeletas para convertirse en un fracaso, Sirk logró equilibrar el conjunto, desarrollando un modelo fílmico que funcionaba estupendamente y que perfeccionaría en posteriores trabajos, convirtiéndolo casi en una seña de identidad de su cine. Es evidente que la película es bastante almibarada, lo que se debe, aparte de a su base literaria, a los tonos pastel de la fotografía de Russell Metty. Pero no debe olvidarse que estamos ante un melodrama típico, hecho para complacer a un público muy determinado. Un público que quedó encantado con el resultado, pues OBSESIÓN cosechó un enorme éxito en su estreno. Para no variar, la crítica se mostró inmisericorde con un film semejante. Incluso hubo un idiota que se atrevió a escribir en un periódico: Hudson es incluso peor actor que Taylor. Pero eso a los espectadores no les importaba. La película de Sirk batía récords de taquilla allí donde se exhibía. De hecho, fue uno de los mayores éxitos de la temporada, y la cinta que más beneficios proporcionó a Universal aquel año.

Los críticos pusieron el grito en el cielo cuando la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood anunció que Jane Wyman optaría al Oscar a la mejor actriz, y en la prensa especializada menudearon los artículos en contra de su candidatura, olvidando que ya había ganado el mismo premio por BELINDA (BELINDA, Jean Negulesco, 1948), otro melodrama notable, donde interpretaba a una joven sordomuda. En dicho film aparecía también esa entrañable secundaria de lujo que fue Agnes Moorehead, que en OBSESIÓN interpreta a una enfermera y que coincidiría con Wyman en numerosos títulos.

La 27ª Edición de los Oscars se celebró el miércoles 30 de marzo de 1955 en el RKO Pantages Theatre de Hollywood. OBSESIÓN sólo tuvo una nominación, la de Jane Wyman, que competía con Judy Garland por HA NACIDO UNA ESTRELLA (A STAR IS BORN, George Cukor), Grace Kelly por LA ANGUSTÍA DE VIVIR (THE COUNTRY GIRL, George Seaton), Audrey Hepburn por SABRINA (Ídem, Billy Wilder) y Dorothy Dandridge, la primera afroamericana en ser nominada como mejor actriz, por CARMEN JONES (Ídem, Otto Preminger). La favorita era Judy Garland, que no pudo asistir a la gala por encontrarse convaleciente tras el parto de su tercer hijo. Un equipo de televisión se instaló en su habitación, para que pudiera dar las gracias a la Academia caso de ganar el galardón. Pero la premiada fue Grace Kelly, que había realizado una interpretación conmovedoramente desgarradora en la cinta de Seaton, adaptación de una obra de Clifford Odets sobre un actor teatral hundido por su adicción al alcohol, al que intentan rescatar de su lamentable estado su esposa y su director de escena habitual. Fueron muchos los que consideraron que la Academia había cometido una injusticia con Garland, entre ellos el inefable Groucho Marx, que le envió un telegrama calificando su derrota de robo. Wyman, al igual que Dandridge, apenas tuvo posibilidades de ganar, pues Kelly, Hepburn y Garland protagonizaban auténticas obras maestras. Sin embargo, su nominación se interpretó como un reconocimiento a su excelente labor interpretativa en un papel que, por sus características, se prestaba muchísimo a la sobreactuación.

OBSESIÓN funcionó de maravilla, tanto que Universal decidió reunir de nuevo a actriz, actor y director en una nueva producción, SÓLO EL CIELO LO SABE (ALL THAT HEAVEN ALLOWS, 1955), que si bien seguía siendo en esencia un melodrama, poseía unos valores cinematográficos más acentuados gracias a que incluía unas dosis nada desdeñables de crítica social.

A partir de OBSESIÓN se iniciaría una fecunda colaboración entre Douglas Sirk y Rock Hudson, que realizaría sus mejores trabajos a las órdenes del danés. Hasta que Sirk entró en su vida, Hudson era sólo un chico guapo y poco más, de los que había legiones en Hollywood. Sirk supo ver más allá de la fachada, descubriendo en Hudson grandes cualidades interpretativas, en las que otros realizadores con los que había trabajado el actor no habían reparado. La excepción fue Raoul Walsh, que se mostró muy satisfecho del trabajo de Rock cuando le dirigió en HISTORIA DE UN CONDENADO (THE LAWLESS BREED, 1952). Hudson nunca estuvo mejor que cuando Sirk estaba tras la cámara, como demuestran HIMNO DE BATALLA (BATTLE HYMN, 1956), ESCRITO SOBRE EL VIENTO (WRITTEN ON THE WIND, 1956) o ÁNGELES SIN BRILLO (THE TAMISHED ANGELS, 1957). El segundo de los títulos mencionados es, tal vez, la mejor película de Douglas Sirk, donde refleja la decadencia de una parte de la sociedad norteamericana, la más alta, en un opresivo clima en el que se entremezclan la frustración sexual, el dinero y el alcohol. A partir de un argumento melodramático, Sirk consiguió realizar su film más crítico y duro, utilizando magistralmente los elementos cinematográficos como el color, la música, la composición o el encuadre, y obteniendo lo mejor de un reparto de campanillas, en el que además de Hudson figuraban Lauren Bacall, Robert Stack y Dorothy Malone.

OBSESIÓN puede considerarse un film menor en la producción de Sirk, pero es muy estimable pues sentó las bases de su posterior especialización en el melodrama, género al que supo dotar de una dignidad de la que, quizá, carecían otros productos fílmicos similares.

© Antonio Quintana Carrandi,
(1.816 palabras) Créditos