Sinopsis
El Carterista Skip McCoy roba el billetero a una mujer en el metro. La chica, Candy, actúa sin saberlo como correo de una célula de espías comunistas, y en el billetero llevaba un microfilm que debía entregar a cierta persona. Candy, que estaba vigilada por las autoridades, intenta recuperar el microfilm, siendo descubierta por McCoy, que ha visto los fotogramas y espera sacar una buena tajada por ellos. La muchacha se enamora del carterista, que está siendo presionado por la policía, que lo ha identificado gracias a la confidente Moe Williams. Por amor a Skip, Candy está dispuesta incluso a arriesgar su vida, colaborando con las autoridades para desarticular la célula comunista.
Los 50 fueron años turbulentos en Estados Unidos. La peligrosa expansión del comunismo tuvo como efecto colateral la radicalización de gran parte de la sociedad en torno al Comité de Actividades Antiamericanas, facilitando el ascenso al estrellato político del nefasto senador Joseph McCarthy, que poco antes había emprendido una cruzada anti-roja centrada principalmente en Hollywood. En mayo de 1950, un comité senatorial, presidido por el senador Kefauver, emprendió una exhaustiva investigación sobre el crimen organizado y el alcance de sus ramificaciones. Las sesiones, transmitidas por la televisión, escandalizaron a todo el país, pues pusieron de relieve algo que hasta entonces había sido un secreto a voces: el tremendo poder de los gánsteres y sus conexiones con la alta política. Su consecuencia inmediata fue un clima social enrarecido, que se extendió rápidamente a toda la nación, y que sumado a la amenaza de una guerra nuclear, a la proliferación de redes de espionaje comunista y al incremento de la delincuencia, sumió al pueblo estadounidense en una gran zozobra. El Séptimo Arte se hizo eco de la situación, produciendo varias películas notables, que mostraban de un lado los entresijos de las poderosas organizaciones criminales, y de otro, el temor del ciudadano medio ante la indudable extensión de la influencia comunista. Una de las mejores cintas de esta época concreta fue MANOS PELIGROSAS, la obra maestra del noir dirigida por Sam Fuller.
El argumento original de Dwight Taylor trataba sobre el tráfico de estupefacientes, que tras el del alcohol durante los años de la Prohibición, estaba convirtiéndose a marchas forzadas en uno de los negocios más lucrativos de la Mafia. Fuller respetó lo escrito por Taylor pero, consciente del clima anticomunista existente, decidió modificar el argumento y sustituir las drogas por un microfilm, y a los mafiosos por espías rojos. Dado el ambiente que había entonces en USA, estos ligeros cambios beneficiaron muchísimo la carrera comercial de MANOS PELIGROSAS, que se convirtió en uno de los grandes éxitos de taquilla de 1953.
Fuller estructura la película en tres partes bien diferenciadas. En la primera, Skip McCoy, perfecto antihéroe del cine negro, se niega a colaborar con las autoridades, pues, como alega, no alberga sentimientos patrióticos y no le gusta que nadie agite banderitas ante sus narices. La segunda se centra en la búsqueda del microfilm por parte de la muchacha, y en el intento de Joey por recuperar el fotograma que falta. La tercera presenta la conclusión de la historia, en la que Skip se enfrenta a Joey no porque sea comunista, sino para vengar a Candy, contra la que el rojo ha disparado enviándola al hospital, y también la muerte de Moe, asesinada poco antes por el siniestro individuo.
En MANOS PELIGROSAS el director ofrece un descarnado retrato de tres seres marginales, que tratan de sobrevivir como confidentes o rateros en una sociedad no tan inmaculada como los poderes públicos pretenden. Las circunstancias de sus vidas han hecho de ellos personas escépticas y cínicas. En sus relaciones apenas hay espacio para la amistad, al menos como ésta es entendida por la mayoría de la gente, pues lo importante en sus vidas es la supervivencia, explicitada en el beneficio económico. Moe, por ejemplo, malvive vendiendo corbatas por las calles e información a todo el que esté dispuesto a pagarla. El concepto del patriotismo, como dije antes, tampoco es apreciado por los protagonistas, especialmente por McCoy, que en un principio rehúsa colaborar con la policía e intenta vender el microfilm a los rojos por una importante suma de dinero. Candy, por su parte, es una chica de vida fácil, que trata de sobrevivir en un mundo cruel, convirtiéndose en la novia de un atractivo individuo que maneja mucho dinero. La posición de estos tres seres dentro de la escala social los lleva a colaborar, un tanto ingenuamente, con los espías soviéticos, aunque acaban reaccionando y enfrentándose a ellos.
Los tres actores principales están soberbios, pero quien dejó una huella indeleble en generaciones de cinéfilos fue Thelma Ritter, que en MANOS PELIGROSAS realizó la mejor interpretación de su carrera como Moe Williams, una mujer a la que la vida ha golpeado en demasiadas ocasiones, que subsiste miserablemente a base de ejercer de soplona, que se siente vieja y cansada, y cuyo mayor deseo es poder pagarse una buena tumba para cuando abandone este valle de lágrimas. La veterana actriz les roba el protagonismo a dos estrellas del calibre de Richard Widmak y Jean Peters, y cuando ella entra en escena eclipsa a todos los demás.
Fuller despliega su inmenso talento fílmico, caracterizado por unas imágenes de gran fisicidad, en las que los picados y contrapicados reemplazan en ocasiones a los más tradicionales planos máster. El director combinó con sabiduría el rodaje de los interiores en estudio, con las naturalistas y casi documentales tomas exteriores de Nueva York. Algunas secuencias fueron rodadas con la pesada cámara al hombro del operador, algo muy difícil en la época.
Considerada una película anticomunista, el trasfondo político es en realidad secundario, pues el director lo utiliza tan sólo para subrayar el clima existente entonces en Estados Unidos. Lo que Fuller realmente pretendía, y sin duda consiguió, era ofrecer un retrato realista del submundo neoyorkino.
MANOS PELIGROSAS era un producto pensado inicialmente para Marilyn Monroe, exuberante rubia oxigenada que la Fox estaba promocionando como el definitivo Sex Symbol del cine. Pero la Monroe no pudo hacerla porque tenía otro compromiso profesional, así que Darryl F. Zanuck, el todopoderoso jefazo del Estudio, decidió pasarle el papel a Jean Peters. Marilyn no era mala actriz, pero no habría estado nada convincente como Candy, un rol femenino que, a mi juicio, superaba sus limitadas capacidades interpretativas. Según parece, Betty Grable, la rubia favorita de los soldados durante la II Guerra Mundial, cuya curvilínea figura decoró muchos aviones de combate, mostró interés por el papel, pero Zanuck insistió en dárselo a Peters. Evidentemente, el Páter Familias de la Fox sabía lo que hacía.
En los 50 el partido comunista italiano era una fuerza política muy influyente en Europa occidental, y acogió con disgusto una película como MANOS PELIGROSAS, que Zanuck presentó en la Mostra de Venecia de 1953. En la crítica italiana predominaba el izquierdismo más estulto y radical, así que el film de Fuller fue denostado sin misericordia. Dado que la cinta encierra una potente carga antisoviética, los comunistas italianos y franceses presionaron políticamente para que no se estrenara, y al no conseguir esto, se las arreglaron para que en los respectivos doblajes desapareciera cualquier referencia al comunismo. Al doblarse al italiano, los traidores rojos pasaron a convertirse en miembros de una poderosa y apolítica organización de espionaje internacional. En el doblaje francés, los villanos del film aparecían, irónicamente, como traficantes de drogas, tal como eran descritos en el texto original de Taylor. Afortunadamente, cuando la película volvió a doblarse al francés y al italiano, unas décadas después, se respetaron los diálogos originales, signo evidente del cambio de los tiempos y del desgaste y desprestigio de una ideología tan abyecta como el comunismo.
Obra capital del cine negro, MANOS PELIGROSAS es, sin ningún género de dudas, la mejor película de Sam Fuller, un realizador muy dotado para el tratamiento fílmico de la violencia, como demostraría en sus siguientes trabajos, EL DIABLO DE LAS AGUAS TURBIAS (HELL AND HIGH WATER, 1954) y LA CASA DE BAMBÚ (HOUSE OF BAMBOO, 1955). En estas dos cintas sacaría un extraordinario partido del CinemaScope, formato panorámico que la Fox lanzó con LA TÚNICA SAGRADA (THE ROBE, Henry Koster, 1953). Curiosamente, MANOS PELIGROSAS fue la última producción Fox rodada en formato tradicional, pues a partir de entonces, y hasta la llegada del Panavisión, el estudio rodaría todas sus películas en CinemaScope.
EE. UU., 1953