A TRAVÉS DEL PACÍFICO
A TRAVÉS DEL PACÍFICO EE. UU., 1942
Título original: Across The Pacific
Dirección: John Huston
Guión: Richard Macaulay
Producción: Jerry Wald y Jack Saper para Warner Bros.
Música: Adolph Deutsch, con arreglos de Clifford Vaughan y dirección de Leo F. Forbstein
Fotografía: Arthur Edeson
Duración: 97 min.
IMDb:
Reparto: Humphrey Bogart (Rick Leland); Mary Astor (Alberta Marlow); Sidney Greenstreet (Dr. Lorenz); Charles Halton (A. V. Smith); Victor Sen Yung (Joe Totsuiko); Roland Got (Sugi); Lee Tung Foo (Sam Wing On); Frank Wilcox (Capitán Morrison); Paul Stanton (Coronel Hart); Roland Drew (Capitán Harkness); Monte Blue (Dan Morton); Richard Loo (Oficial Miyuma)

Sinopsis

Rick Leland, oficial de artillería, es expulsado con deshonor del ejército estadounidense. Decidido a abandonar el país, acepta un empleo en Centroamérica. En el barco en que viaja entabla contacto con un enigmático individuo, el doctor Lorenz, que parece muy interesado en su pasado militar. Lorenz es, en realidad, un agente al servicio de los japoneses, que planean utilizar los conocimientos de Leland, que conoce a la perfección las defensas del canal de Panamá, para atacar esta infraestructura vital para la marina americana. Leland se muestra dispuesto a colaborar, pero en realidad es un agente de la inteligencia militar estadounidense que persigue a los saboteadores.

Tras el infame ataque a Pearl Harbor en diciembre de 1941, Hollywood colaboró en el esfuerzo de guerra produciendo una pléyade de títulos que, bajo su apariencia de películas de entretenimiento, ocultaban una gran carga propagandística en favor, obviamente, de la causa aliada. El género que mejor se adaptó a la influencia del llamado cine de propaganda bélica fue el noir, que ofreció una serie de films muy correctos, algunos espléndidos, que trataban de combinar sus elementos característicos con los del cine bélico tradicional y el de espionaje, dando a veces excelentes resultados tanto artísticos como comerciales. A TRAVÉS DEL PACÍFICO es un buen ejemplo de esta práctica.

Con su primera película como director, EL HALCÓN MALTES (THE MALTESE FALCON, 1941), John Huston se había revelado como un realizador interesante y con garra. Contratado por Warner Bros., Huston recibió el encargo de dirigir A TRAVÉS DEL PACÍFICO, un proyecto que no le interesaba demasiado. No obstante, se hizo cargo del asunto con la profesionalidad característica de los cineastas de otro tiempo. En sus manos, el guión de Macaulay, un tanto desmañado por basarse en un serial radiofónico, adquirió nueva fuerza, si bien el material de base no permitía realizar virguerías fílmicas. Sin embargo, Huston contó con el protagonismo de Humphrey Bogart, Mary Astor y Sidney Greenstreet, el genial terceto de intérpretes con el que había debutado un año antes en la dirección, y esos tres estupendos actores supieron insuflar alma a unos personajes que, sobre el papel, resultaban demasiado estereotipados. Lo más flojo de todo, a juicio del director, era la imagen que se daba de los japoneses, que según él casi parecían de tebeo. A pesar de ello, trató de hacer su trabajo lo mejor posible, pero fue llamado a filas y le sustituyó tras la cámara Vincent Sherman, en todo inferior a él, que concluyó el film y rodó la secuencia en la que Leland se libra de sus ataduras y se hace con una ametralladora, con la que frustra los planes de Lorenz y sus cómplices. A título de curiosidad, cabe decir que Huston juzgaba inverosímil esta escena y pretendía cambiarla, aunque no le dio tiempo a hacerlo.

El principal defecto de la película es que no logra combinar del todo la intriga negra, de ecos hammettianos, con el contexto prebélico. Pero, a pesar de los altibajos de la progresión narrativa, debidos quizás al cambio de director en la última fase del rodaje, A TRAVÉS DEL PACÍFICO, estando muy lejos de ser una obra maestra, se revela como una cinta muy digna. Un botón de muestra más, en definitiva, del cine que produjo Hollywood durante la II Guerra Mundial y toda una gozada para cualquier amante de la cinematografía clásica.

© Antonio Quintana Carrandi, (558 palabras) Créditos