LA VENGANZA DE FRANKENSTEIN
LA VENGANZA DE FRANKENSTEIN Reino Unido, 1958
Título original: The Revenge Of Frankenstein
Dirección: Terence Fisher
Guión: Jimmy Sangster, H. Hurford Janes y George Batx, este último sin acreditar.
Producción: Anthony Hinds para Hammer Films/Columbia Pictures
Música: Leonard Salzedo
Fotografía: Jack Asher
IMDb:
Reparto: Peter Cushing (Dr. Victor Frankenstein); Francis Matthews (Dr. Hans Kleve); Eunice Gayson (Margaret); Michael Gwynn (Karl); John Welsh (Bergman); Lionel Jeffries (Fritz); Oscar Quitak (Enano); John Stuart (Inspector); Charles Lloyd Pack (Presidente); Margery Cresley (Condesa Barscynnska).

Sinopsis

A pesar de haber sido condenado a morir en la guillotina, Victor Frankenstein logra eludir la ejecución. Bajo la falsa identidad del doctor Stein, ejerce como médico de cabecera, consiguiendo labrarse una intachable reputación. Pero no ha renunciado a su proyecto de crear un ser humano, utilizando como base partes de cadáveres.

Terence Fisher fue, con diferencia, el mejor director que trabajó en el seno de la Hammer. Además de la serie de cintas que dedicó al conde Drácula, Fisher destacaría sobre todo en su tratamiento fílmico de los caracteres creados por Mary Shelley en su novela EL MONSTRUO DEL DOCTOR FRANKENSTEIN O LA LEYENDA DEL MODERNO PROMETEO, trasladados al cine por la americana Universal en las décadas de los 30 y 40, y puestos al día por la británica Hammer Films a partir de finales de los 50. No obstante, en la Hammer se prestaría más atención al personaje del científico que al de la criatura, entroncando así con la novela original y amplificando muchas de las sugerencias subversivas de la misma, llegando en ocasiones a superarlas. LA VENGANZA DE FRANKENSTEIN fue la segunda incursión de Fisher en el universo gótico imaginado por Shelley, tras la impactante LA MALDICIÓN DE FRANKENSTEIN (THE CURSE OF FRANKENSTEIN, 1957), cinta que, junto a EL EXPERIMENTO DEL DOCTOR QUATERMASS (THE QUATERMASS EXPERIMENT, Val Guest, 1955) y DRÁCULA (HORROR OF DRACULA, Terence Fisher, 1958), cimentaría el éxito a nivel mundial de Hammer Films.

En esta obra maestra sin paliativos, Fisher recupera el personaje del barón Frankenstein en el mismo momento en que terminaba LA MALDICIÓN DE FRANKENSTEIN, con el científico aristócrata a punto de ser guillotinado, y le salva in extremis para situarle, poco después, en Carlsberg, donde, además de granjearse una buena reputación como galeno, dirige un hospital para pobres donde obtiene, sin llamar demasiado la atención, la materia prima que precisa para sus experimentos.

En esta ocasión la maldad de Frankenstein es mucho más ambigua. Así, por ejemplo, el marco en el que se desenvuelve revela la hipocresía y ruindad de ciertos sectores bien pensantes de la sociedad decimonónica. Los miembros de la exclusiva élite médica de Carlsberg no ocultan su desprecio por el altruismo demostrado por Stein / Frankenstein al atender desinteresadamente a los pobres. Los menesterosos atendidos por Stein / Frankenstein también le detestan por su aparente caridad, y cuando los acontecimientos se precipiten, y la verdadera identidad del barón sea desvelada, serán ellos mismos los que, guiados por una mezcla de furia e ignorancia, ejecuten la condena impuesta por el orden social establecido.

Fisher juega con el contraste y lo irónico, transformando cada gesto de los protagonistas en un catálogo de dobles intenciones y enriqueciendo la película con ello. Pero lo mejor de la cinta es su final abierto, que no desvelaré aquí en atención a quien no la haya visto, pero que, como señaló Dennis Meikle en el libro que dedicó a la mítica productora, deviene en la ironía absoluta.

Existe una teoría cinematográfica, según la cual el verdadero Free Cinema británico no es el que nos han contado, sino el realizado en el seno de Hammer Films entre finales de los 50 y principios de los 70. De ser así, LA MALDICIÓN DE FRANKENSTEIN se adaptaría perfectamente a tal planteamiento especulativo, porque pocas veces una película ha mostrado tan agresivamente y diseccionado con tanta perfección un tejido social tan vivo, palpitante y real.

Además de las citadas en este artículo, Fisher volvería sobre el personaje del inquietante barón en otras tres películas: FRANKENSTEIN CREÓ A LA MUJER (FRANKENSTEIN CREATED WOMAN, 1967), EL CEREBRO DE FRANKENSTEIN (FRANKENSTEIN MUST BE DESTROYED, 1969) y FRANKENSTEIN Y EL MONSTRUO DEL INFIERNO (FRANKENSTEIN AND THE MONSTER FROM HELL, 1970). La más original y lograda de todas ellas es la primera, que reseñaré en una próxima ocasión.

© Antonio Quintana Carrandi, (632 palabras) Créditos